lunes, 8 de febrero de 2016

La bella y la (s) bestia (s)



En tiempos en que se necesitan, no se diga políticos más ilustrados, sino simplemente ilustrados medianamente y capaces para hacerse cargo del Estado con eficiencia y pulcritud, encontramos más bien actores iluminados y envueltos en el fanatismo más grosero, aún por conocerse por cierto, en algunos casos de liderazgo local y mundial. Los tiempos políticos en las Américas y el mundo son complejos y difíciles.

07 de Febrero de 2016

La economía y la política globales viven un presente incierto e infeliz. El PIB mundial crecerá poco, sobre todo en los países en desarrollo y a un ritmo de 3% a 6 % en países en desarrollo. Thomas Piketty ha planteado que en la actualidad el 1% de la población mundial tiene acceso a los mayores índices de concentración de riqueza de la historia del capitalismo y a nivel estadunidense ocurre algo similar. El calentamiento global está afectando a todos por igual y amenaza con hundir islas, islotes y costas; los migrantes y los refugiados de guerra aumentan exponencialmente y a ese ritmo son victimados por los países que más tienen. Los derechos humanos son violados por actores formales e informales y la inseguridad internacional da carta blanca a ambos para organizar una guerra de todos contra todos e instalarnos por parejo en el miedo global. Existen el ébola en África y ahora el zika en muchas regiones del globo. El sistema de salud estadunidense (quizá la iniciativa más avanzada de la modernidad estadunidense) apenas levanta vuelo y ya se le quiere castigar en nombre del libertarismo derechista; la reconciliación finalmente encontrada con Irán y el pacto antinuclear que el G5+1 logró ahí se quiere cancelar, al igual que la política de apertura hacia Cuba que ya es hito en las Américas, lo cual puede permitir que por fin lleguemos al siglo XXI en las relaciones interamericanas. En junio de 2015 la Suprema Corte de Justicia de EU declara legal el matrimonio entre personas del mismo sexo y ahora mismo debatirá sobre si losdreamers (hijos de inmigrantes indocumentados que migraron pequeños con sus padres) tienen derecho a la ciudadanía plena.

En fin, son tanto los temas que emergen y se convierten en parte de las agendas de Estado de gobiernos europeos y de otras comarcas. Lo cierto es que mientras esto ocurre, en EU, Sarah Palin y Donald Trump, al igual que Ted Cruz y Marco Rubio, se dan el lujo de encerrarse en su cápsula de cristal, en un discurso extremista y arremeter contra todos estos temas de la modernidad sin siquiera comprenderlos ni, desde luego, sugerir salidas dignas para solucionarlos. Lo hacen en el nombre de razones divinas, sin racionalidad y sin congruencia. Lo hacen por revanchismo y en contra de la historia. Lo hacen por el resentimiento que les causa que un negro con ideas modernas haya llegado a la Casa Blanca. Son los republicanos que, como decía Gore Vidal, son parte de una entidad —que no partido— cuyo estado de ánimo, como el de la Juventud Hitleriana, se basa en el odio.

Y salvo la exgobernadora de Alaska, ellos pueden ser candidatos presidenciales y luego convertirse en Presidente. Sus posturas sorprenden, cuando no asustan y están en contra de la historia y el progreso. Pero eso sí, hacen declaraciones sensacionales. Por ejemplo, Palin sustenta su apoyo a la candidatura de Trump: “estoy muy satisfecha de que Trump haya visto la luz y entienda que la santidad de la vida inocente y cómo un bebé en la matriz debería ser protegido. Tal y como lo hizo Justin Bieber”. O aquella memorable frase de que desde Alaska se podía ver Rusia, dando a entender que estaba capacitada como vicepresidenta para lidiar con Moscú. Por su lado, Trump ha declarado sobre Putin, “en términos de liderazgo está obteniendo una ‘A’. La razón es que está haciendo de nuestro Presidente carne molida”. O sus perlas misóginas acerca de las periodistas, “no importa lo que escriba si tan solo tiene un bonito trasero”. Ted Cruz, reconocido por su postura anticientífica (como buen dominionista de la derecha cristiana), niega la evidencia científica del cambio climático y reivindica la acumulación de riqueza como una señal de la bendición de Dios. Rubio por su cuenta, se avienta al ruedo: “los seres humanos no son responsables del cambio climático. Creo que el clima cambia porque nunca ha habido un momento en donde el clima no esté cambiando”.

Son la bella y las bestias del presente político de Estados Unidos.

lunes, 25 de enero de 2016

El arte de lo invisible



Lo que cuenta de la precampaña de Donald Trump y de los acólitos republicanos que le hacen comparsa, es, entre otras cosas, lo que no se ve. No lo invisible, sino lo no visible. Esto ocurre, ya porque se ocultan, detrás de la narrativa de este peculiar personaje, aspectos de la realidad o porque quienes lo favorecen no quieren ver lo que Trump representa en el fondo y que va en contra de los intereses de la masa resucitada de estadunidenses profundos, generalmente pobres o clases medias precarias.

24 de Enero de 2016

Los muy ricos y poderosos, esos, no cuentan tanto pues no representan un alto índice de votos en la votación general. A pesar del despropósito de su campaña que ha llegado a rozar antitéticamente todos los principios y las etiquetas de la política de altura, éste es un logro importante, cuyo mérito, insisto en decirlo, obliga a que no subestimemos su candidatura. O en su defecto, el impacto que la misma ya está teniendo en la correlación de fuerzas del Partido Republicano (PR), en el clima político dominante y en el proceso ideológico estadunidense. Esto es lo que ha convertido a la precampaña en una extraordinaria y nunca vista desde los tiempos del populismo de derecha de Barry Goldwater.

En la precampaña republicana difícilmente hemos oído de Trump y socios propuestas concretas sobre varios temas respecto a los que Obama puede presumir de haber acertado durante sus siete años de mandato. Por ejemplo, la economía. Al tomar posesión de la presidencia EU vivía una segunda gran depresión, se perdían 800 mil trabajos por mes, 5 millones de personas perdían su casa y 13 trillones de dólares en riqueza familiar se esfumaban. La industria automotriz estaba al borde del colapso. En 2016, la economía crece en forma estable aunque no al ritmo deseable, el sector privado, que ha gozado de 70 meses de estabilidad, ha creado más de 14 millones de empleos y la industria automotriz logró su mejor año de la historia. Datos duros que no han sido incluidos en el debate del PR. Es de mencionar que se ha logrado cubrir a 18 millones de estadunidenses por concepto de seguro de salud y si esto no es revertido por la inercia conservadora, podría apuntar a convertirse en un derecho universal. Hay otros temas de política exterior como el pacto nuclear con Irán o el restablecimiento de relaciones con Cuba, que se han convertido en baluartes de una política exterior conciliadora y no guerrerista como la que heredó Bush y que quieren retomar los republicanos. Lo importante aquí es la ausencia de debate abierto y democrático que están queriendo imponer Trump y sus colegas. Ante la ausencia de debate serio, los republicanos han calificado a Obama de “niñito” o “estúpido” apelativos que subsumen su desprecio racial contra el presidente afro estadunidense (tal diminutivo es de uso peyorativo en EU contra las minorías raciales) quien terminó con el reinado blanco de la presidencia estadunidense. ¿Qué sigue? Probablemente habrá una recaída después del caucus en Iowa en donde se perfilarán las posibilidades potenciales de los dos partidos para sobrellevar la crisis en la que se ha sumido el sistema de partidos en EU. No obstante, pasará algo más: seremos testigos de la capacidad que tendrán o no la mayoría de los estadunidenses de continuar con una buena tradición modernizadora de la política estadunidense y que es catapultada por un personaje, que a ojo de sus detractores es una anomalía, pero que a la de otros es un transformador con rasgos cosmopolitas y con una gran visión de la cosa pública. Habrá que decir que, en el fondo, a Obama se le quieren negar estos atributos. Y el tono maximalista del discurso de la derecha maltrecha, encabezada por un outsider como Trump, lo refleja nítidamente. De tal forma que, hábil o no, la estrategia de la invisibilidad ha resultado efectiva por el momento. En esta etapa de las primarias ha podido ocultar su verdadera cara. No obstante, su sonsonete insolentemente rancio y antimoderno no podrá pasar desapercibido en el mediano plazo y muy pronto mostrará su verdadero rostro que, de acuerdo con las encuestas, le es desagradable a la mayoría de los votantes estadunidenses (toda vez que voten todos). No optar por esta opción será de mutuo beneficio para ellos y para el público de todo el mundo que ve con preocupación cómo este lepenismo estadunidense adquiere peligrosa consistencia, nada menos que a nuestras puertas.

lunes, 11 de enero de 2016

Adiós a las armas




El presidente Barack Obama no se da por vencido en ninguno de los críticos temas que directamente ha introducido al ruedo político y frente a los que los republicanos, cautivos de una derechización rampante, se defienden como gatos boca arriba, cual dogma de fe, sin argumentos, sólo con consignas.

10 de Enero de 2016

Inventa mundos nuevos y cuida tu palabra;
El adjetivo, cuando no da vida, mata
Vicente Huidobro

Como diría el poeta chileno Vicente Huidobro, son esclavos de la consigna, así como lo son las izquierdas enredadas de nuestro continente y de otros territorios que sufren los coletazos extremistas de ambas corrientes ideológicas. En política, el propósito del estadista es el de ser, sobre todo, efectivo y, si de pasada se puede, también seductor. Obama es ambas cosas. En su entrevista del jueves pasado con Anderson Cooper de CNN y ante un público plural hizo una defensa honesta, cautelosa y analítica del control de armas en su país. Estableció claramente que su propósito no es desarmar a los estadunidenses, que en nombre de la segunda enmienda se abastecen de armas para protegerse, sino de evitar que caigan las armas equivocadas en las manos equivocadas. Habló también de la tendencia a desvirtuar su reciente acción ejecutiva por sus opositores en las cámaras y en el lobby más poderoso en favor de las armas, la Asociación Nacional del Rifle. Lo que Obama ha hecho ha sido provocar un debate nacional sobre un tema polémico que nadie había querido afrontar y, de pasada, hacer que sus oponentes republicanos y aliados demócratas se resbalen y se definan (adelantó que no apoyará a ningún candidato que no se pronuncie en favor del control de armas). Y no es poca cosa el tema en un país que tiene a la población más armada per cápita en el mundo, 30 mil muertes anuales por armas y que sólo en diciembre pasado consumió un millón 600 mil armas de todo calibre, la mayor venta en un mes en dos décadas.

Esto ocurre en momentos en que la violencia y las matanzas a manos de criminales, terroristas y también policías, llegan a un extremo intolerable. La masacre de San Bernardino, California, el reciente atentado en Filadelfia contra la policía a manos de un seguidor del Estado Islámico y los asesinatos de afroestadunidenses en Illinois y otras partes son algunos de los muchos hechos de violencia dirigida y casual que se han vivido durante la presidencia de Obama. Los partidarios de la portación de armas en forma indiscriminada, no regulada y sin la verificación de los antecedentes penales de los consumidores o del registro adecuado del vendedor, basan su resistencia en la segunda enmienda de la Constitución. Se trata de una defensa que ya no corresponde a los tiempos en que, previo a la revolución de 1760, lealistas (probritánicos) y patriotas (independentistas) se enfrentaron, armándose estos últimos para defenderse de la corona y de la tiranía. Esto ya no es una realidad vigente en la actualidad. Y Obama así lo ha palpado y el público estadunidense también: más de 60% de la población está con Obama en su propuesta de control de armas. Ni está sometido EU a una tiranía o imperio, ni nada tendría que hacer una agrupación de ciudadanos armados si la atacara el propio ejército estadunidense.

Al margen de este debate muy estadunidense hay que decir que resulta antiético en una sociedad democrática plantear la defensa de su seguridad con el argumento de las armas como primera escala estratégica. Ni la seguridad de la sociedad estadunidense está resguardada por poseer un arsenal e incluso una pistola de gran calibre, ni la posesión de armas garantiza que EU no pueda ser atacado por actores no estatales, como el Estado Islámico, tal y como ocurrió en 2001 y en 2015. Y, en esto, Obama tiene un punto en su favor que eventualmente prenderá en el seno del debate. Al introducir de nuevo otro tema que captura el interés nacional, el presidente Obama ha demostrado ser un buen político, lo cual se mide en parte por la gran cantidad de opositores que, desesperados, recurren a la diatriba y no al argumento racional para combatirlo. Así como la novela autobiográfica de Hemingway, que titula este artículo, tuvo 47 finales por la indecisión de su autor, la historia que inicia Obama sobre el tema, y casi al final de su mandato, empieza ya a tener desenlaces varios en EU. Es de esperarse que el que prevalezca sea el de la moderación y la cordura cívica de sus ciudadanos y dirigentes.

lunes, 4 de enero de 2016

Trumpland



27 de diciembre de 2015

Donald Trump intenta ahora reinventarse, una vez más, con un discurso islamofóbico. Sus variantes narrativas le han dado muy buenos resultados en las encuestas de opinión desde que empezó la precampaña republicana, primero denigrando a los mexicanos, luego a las mujeres y ahora a la población islámica en EU, con relativo éxito político.


Give me your tired, your poor, Your huddled masses yearning to breathe free.
Poema de Emma Lazarus, inscrito en la base de la Estatua de la Libertad en Nueva York



Aun cuando su lugar en las encuestas aún lo mantiene en punta con más de 30% de las preferencias republicanas, todavía no queda claro si la trumpmanía prenderá entre los votantes estadunidenses en esta etapa de la contienda, así como en la subsiguiente, cuando se dirima quién será el presidente o la presidenta electa a partir de 2016.

Lo que sí es cada vez más claro es que Trump ha reactivado a aquel sector de la población blanca estadunidense que ha representado históricamente un resentimiento racial y de clase que ha recorrido ominosamente los corredores del poder y de la sociedad estadunidense por décadas; se trata del estadunidense profundo que se identifica con las añoranzas delirantes y recalcitrantes del Tea Party. En esto, Trump ha tenido un triste éxito en tiempos en que las normas e instituciones nacionales e internacionales han diseñado exitosamente el blindajenormativo para preservar los derechos universales y democráticos, tanto de las minorías como de los desprotegidos de la tierra. Si bien el viraje al que está obligando Trump al Partido Republicano (PR) —y al sistema político en su conjunto— no será hacia el fascismo, como presagian equivocadamente algunos, su radicalismo, aparte de haber despertado fobias que se creían olvidadas, ha transformado —contaminándolo— el proceso político estadunidense.

Tanto la nomenclatura del PR, como sus precandidatos, han sido cómplices silenciosos de esta tendenciosa, por oportunista y farsante, trumpmanía, corriente política y discursiva que Trump inaugura, exclusivamente en aras de cosechar el mayor número de votos cautivos entre los sectores asustados por los atentados terroristas ocurridos en California recientemente y también por las olas migratorias que la guerra provocada por George W. Bush y aliados han acelerado en el Oriente Medio en los años recientes, pero en forma muy aguda en 2015.

El problema con Trump es que, con su corrosiva narrativa, ha impuesto un código de no ética e iniciado una carrera antiética en el proceso político estadunidense, que se antoja de no retorno. Se trata de un hecho inédito en la política de EU, toda vez que ha roto los equilibrios que el sistema político de ese país se había dado desde que los padres fundadores redactaron la Constitución. Trump y sus inevitables aliados (algunos renegados como Jeb Bush van en los últimos lugares en las querencias de los electores, precisamente por oponérsele) han arrasado con varias de las disposiciones constitucionales que hacían de ese país uno con enormes atractivos para el conjunto de las naciones. De ellos, el derecho constitucional a la nacionalidad estadunidense es uno de varios. El PR ha tolerado esta imposición a costa de las tradiciones democráticas y de esto tendrá que hacerse cargo cuando pierda toda posibilidad de acceder a la Casa Blanca, debido a los juegos peligrosos de la intolerancia y los prejuicios maximalistas de los sectores híperconservadores que dominan el teatro político en EU desde que, en 2008, ascendiera con fuerza el Tea Party y que han ocasionado la pérdida del centro de equilibrio que le es básico a todo partido político a fin de gobernar para todos. Es, en este sentido, que el PR es el artífice de la inauguración de una era de retroceso político que, en las actuales circunstancias de inseguridad que se viven a nivel global, sitúa a Estados Unidos en una de las peores encrucijadas de su historia desde Nixon, todo lo cual repercutirá en una mayor inseguridad nacional de continuar la narrativa incendiaria e intolerante que domina hoy el debate político en Washington. ¡Feliz año a todos los lectores!

lunes, 21 de diciembre de 2015

¿Recomienzo o fin de la política?


13 de Diciembre de 2015
 
En política la construcción de liderazgos incluye, fundamentalmente, articular un discurso coherente con la realidad dominante. Implica que las acciones de los actores sean también congruentes con las expectativas democráticas de la ciudadanía, quien paga, después de todo, por las instituciones de la política democrática.
               
 
                          “El poder tiende a corromper
y el poder absoluto corrompe absolutamente”.
                                                     Lord Acton 

La gobernanza democrática es un asunto también de eficiencia, de calidad, de responsabilidad y honestidad en el manejo de los recursos y la cosa pública. Dicha gobernanza descansa en la política como instrumento de mediación para dirimir las diferencias entre las partes, sean las que fueren. No es un espacio monopólico de una fuerza política o una corriente ideológica. En democracia, la gobernanza es el arte de la representación política que debe de ser conducida con aplomo y sensibilidad. Lo que si no es: el espacio desde el cual se articule un discurso totalizador y excluyente, pues esto resultaría en la antítesis de la gobernanza democrática, que es conducida por estadistas que debieran ser no sólo demócratas, sino también visionarios con una convicción amable de servicio a la nación entera y siempre pensando en implementar políticas que satisfagan el bien común.

La gobernanza democrática no es cueva desde la que se pertrechen facciones del poder o de creencias ideológicas, para imponer a los demás su credo o voluntad política, ya por la fuerza o por el conjunto de trampas técnicas o logísticas que, bien lo sabemos, están siempre a la mano de los actores políticos que habitan regímenes democráticos. Esto es, también, una antítesis de la vida democrática que padecemos en forma generalizada en las Américas (incluido Estados Unidos). Es una gran falla geológica de la política democrática, pero que se puede salvar con instituciones republicanas que funcionen. Tal es el caso de la Suprema Corte de Justicia en EU, la cual interviene como la última instancia y dirime en aquellos conflictos que han rebasado las fronteras de la negociación deseable.

En Venezuela acaba de haber elecciones como también las hubo en Argentina. En ambos casos el oficialismo fue derrotado. En el primero el chavismo-madurista fue vencido en las urnas por la Mesa de la Unidad Democrática (MUD), una amplia coalición de fuerzas que hoy representa la demanda generalizada de venezolanos por el cambio: la MUD obtuvo 112 contra 55 del oficialista Partido Socialista de Venezuela. Con este resultado contundente, la MUD asegura la mayoría calificada para legislar, entre otros, respecto a temas, como el de la amnistía a los presos políticos, incluso, el desafuero del presidente  Maduro.

En Argentina, Mauricio Macri, candidato de la Unión-PRO (Propuesta Republicana) partido de centro conservador, derrotó al kirchnerismo, en medio de un estado de ánimo de fractura de consensos dentro del peronismo y de confrontación de aquél en contra del nuevo jefe de Estado. El estrecho triunfo de Macri es un hito en la historia argentina, dado que desde 1916, no había sido electo un Presidente no peronista o no radical. Por ahora, hemos visto ya, cómo frente a la propuesta conciliadora del nuevo Presidente, el kirchnerismo en el legislativo, más que el conjunto del peronismo, han decidido confrontarlo y no asistir (incluida la expresidenta) a la ceremonia de traspaso como respuesta al fallo judicial que adelantó el fin de la presidencia de Fernández y la toma de poder de Macri. Este hecho nos recuerda la recurrente polarización transicionista cuando de suceder a partidos de Estado se trata (recordemos el boicot priista al foxismo durante la fallida transición democrática de 2001).

Venezuela vive una polarización aún mayor. Ésta la ha desatado desde hace tiempo el tono intimidatorio de Maduro quien, en el fondo, no acaba de aceptar el resultado electoral. El aún Presidente ha declarado: “A mí no me va a parar nadie, ni la Asamblea burguesa ni la Asamblea de derecha. Esta batalla se pone buena”. A reserva de comentar pronto el futuro de Bolivia y de Ecuador, está visto que los procesos políticos en estos países han quedado desenmascarados y expuestos por su carácter poco democrático e incluyente. Por desgracia, no se ha visto el triunfo (el recomienzo) de la política democrática, la cual se lee con reserva por estos liderazgos, que en el fondo son conservadores. La demagogia bolivarista está cayendo en una espiral tanto de farsa como de tragedia. Al tiempo.
  

lunes, 30 de noviembre de 2015

La puñalada, la traición y el fuego

29 de Noviembre de 2015

Vladimir Putin creía que lo tenía todo asegurado. Ya se estaba preparando para intentar amansar a sus muy preconstruidos enemigos, con su geopolítica regional en Siria y, de paso, sacar tajada frente al boicot que Occidente le impuso a Moscú por su inolvidable intromisión en Crimea y, posteriormente, en Ucrania, todo lo cual se ha convertido en un escenario clásico de los tiempos de la Guerra Fría.

Cerró filas con China y con Turquía, con quienes firmó sendos acuerdos comerciales, incluidos varios sobre  gasoductos con Turquía. Se iniciaba una etapa de prosperidad en su política exterior en una área de influencia, que asumía como propia, para cerrar otra de desprestigio. Le duró poco. Su espíritu guerrerista, sovietista y provocador lo traicionó de nuevo.

Turquía reportó hace pocos días la violación de su espacio aéreo por parte de Rusia en más de diez ocasiones y Ankara derribó el caza ruso responsable de esta violación de la soberanía turca y, además, amenazó a Moscú con hacerlo de nuevo en caso de otra provocación similar de la Federación Rusa. Y China calló. Mientras Putin sacaba la tarjeta amarilla a EU y a las potencias de Occidente, sus sinodales, incluyendo Turquía, miembro de la OTAN, le sacaron la roja. Hoy en día, el Presidente ruso se siente traicionado por Turquía y se queja de haber sido apuñalado por la espalda. Es, en esta narrativa conspiracionista, víctima de una conspiración turca y, sobre todo, estadunidense y occidental. De nuevo, todos actúan en contra suya y de Rusia.

Ante los varios reportes de inteligencia que validan la enérgica respuesta turca, resulta que ya tenemos una variación sumamente crítica en el conflicto escenificado en Siria. Por lo pronto, el EI ya irrumpió, desde Paris 13/11, en la vida de todos nosotros (incluso, México se ha convertido ya en blanco). Recep Tayyip Erdogan, presidente turco, amenaza a Putin y le sugiere que “no juegue con fuego” y que no se adentre en su espacio aéreo soberano, al tiempo que ofrece la rama de olivo; y, en el ínter, Putin reimpone visas a los turcos para entrar a Rusia y advierte de los riesgos sobre la relación comercial con Ankara, a quien presumiblemente sancionará económicamente.

Lo cierto es que de haber podido convertirse en un actor racional, confiable y en un apoyo responsable en el conflicto sirio, Moscú, confundiendo los hechos objetivos que dominan ese terrible conflicto humanitario y de seguridad, vuelve a mandar señales equivocadas a todos los actores involucrados y, de pasada, pierde toda legitimidad internacional. O de qué otra forma se puede interpretar que Putin acusara exaltadamente a Turquía y a todos los demás involucrados (excepto Irán) de ser cómplices del EI, sólo porque condenaron la violación del espacio aéreo turco y se pusieron del lado de Ankara.

Putin dibuja, de nuevo, un círculo perverso alrededor de un conflicto que ya alcanza grandes magnitudes. Estamos siendo testigos, otra vez, de la diplomacia imprudente que domina desde hace tiempo la política externa de Moscú, que además de ver moros con tranchete en todo lo que se mueve a su alrededor, condiciona la solución de una muy grave crisis de alcances globales a los caprichos autocráticos de él y del grupo de cleptócratas que lo rodea.

lunes, 23 de noviembre de 2015

París, otra vez


15 de Noviembre de 2015

Francia es, hoy por hoy, el país más inseguro de la UE y esto se tiene que detener. De nuevo, París se cimbra y con ella el mundo. El pasado viernes 13 se sufrieron varios atentados simultáneos en diversas localidades de la Ciudad Luz, en los que perdieron la vida un número todavía indeterminado de personas.

Hasta ahora se sabe que ocurrieron siete ataques coordinados, entre ellos varias explosiones cerca del Estadio de Francia durante un juego amistoso de futbol entre Francia y Alemania, tiroteos en dos restaurantes, en un bar, en un centro comercial y una toma de rehenes en la conocida sala de conciertos Bataclan. De acuerdo con los informes policiales, los ataques han dejado hasta ahora, al menos, 128 víctimas mortales y 250 heridos, 99 de los cuales se encuentran en “estado crítico”.

El 13 de noviembre de 2015 será, como lo fue el 9/11, un punto de inflexión para Francia y el mundo en la lucha contra el terrorismo. ¿Qué es lo novedoso de estos ataques? Primero su multiplicidad. En unas horas, los terroristas perpetraron siete ataques en forma casi simultánea. Segundo su grado de barbarismo provocó los ataques más sangrientos en tierras europeas desde que se inició la guerra contra el terrorismo. Tercero, de acuerdo con los informes de las agencias de seguridad, hubo un alto grado de colaboración interna para permitir que los yihadistas operaran, lo cual nos demuestra que el EI ha tenido un gran éxito en su campaña de reclutamiento a través de las redes; esto demuestra, lamentablemente, que los fundados temores en los países occidentales son ciertos: el enemigo está adentro y convive con las sociedades a las que eventualmente atacará y esto ya se vio desde el 7 de enero de este año, cuando tres ciudadanos franceses y yihadistas de Al-Qaeda y el EI perpetraron una masacre también en París, en la que decapitaron a la dirección de la revista satírica Charlie Hebdo, que había plantado cara al extremismo islámico usando el humor satírico de sus caricaturas para criticar el uso político de Mahoma que éste hace. Asimismo, los dos días siguientes, el 8 y el 9 de enero, el mundo atestiguó cómo un solo individuo en curiosa coincidencia con las acciones de los responsables del anterior hecho, penetraba en un mercado judío parisino matando a cuatro rehenes, después de matar a una mujer policía en plena calle. Y en cuarto y último lugar, se ha podido demostrar que por primera vez los terroristas se autoinmolan al atentar en suelo europeo, como fue el caso en las detonaciones en el estadio de futbol y en el Bataclan.

De acuerdo con los informes policiales, dos hombres no identificados armados con rifles Kaláshnikov abrieron fuego en los restaurantes Le Petit Cambodge y Le Carillon dejando entre 12 y 14 muertos y una decena de heridos. Sobresale aquí, que éste y los otros seis ataques tienen un alto contenido simbólico, destacándose que François Hollande se encontraba, junto al ministro de Relaciones Exteriores alemán, presenciando el partido. No se diga el hecho de que el concierto en el Bataclan era conducido por el grupo estadunidense, Eagles of Death Metal y que los atentados contra paseantes hayan ocurrido en dos de los distritos (el 10 y el 11) más concurridos de París en noche de viernes. El desafío en contra del poder presidencial francés (el EI acusa a Francia de ser el país que “porta la cruz” en su contra) y la sociedad civil global es claramente demostrativo de que el EI (que ya reivindicó su autoría) ha emprendido una escalada en su estrategia (el avión ruso caído en octubre pasado en el Sinaí quizá fue el primer aviso), todo lo cual no augura para nadie un futuro tranquilo y sí altamente incierto en lo que se refiere a la convivencia civilizada internacional. Y esto incluye cuidar el respeto por igual para todos los inmigrantes en Europa.

Esté o no debilitado el EI, lo cierto es que la coalición de países que lo combate en Siria, principalmente, habrán de acordar con urgencia una salida integral a la crisis (que incluya por ahora la lamentable permanencia de Bashar al-Assad, el protegido de Putin), lo cual supone identificar completamente las fuentes de financiamiento y la articulación celular principalmente al interior de las sociedades de Occidente. Sólo con estas medidas, entre otras fundamentales, se podrá cancelar de por vida la existencia de esta escalofriante expresión terrorista que nos amenaza a todos por igual.

lunes, 9 de noviembre de 2015

Patriotas en silla de ruedas

01 de Noviembre de 2015

Nunca, en toda su historia moderna, el Partido Republicano (PR) había estado tan mal equipado para enfrentar las tareas de gobierno. Vaya, ni siquiera tiene un líder carismático como ocurrió en la era de Reagan en la década de los ochenta

Aunque aún es temprano para perfilar su futuro inmediato en las elecciones presidenciales de 2016, ya hay indicios que parecen confirmar el gradual estancamiento que confrontan en esta contienda. Los debates realizados hasta ahora por sus precandidatos con miras a las elecciones primarias presentan un panorama que no satisface a nadie. Por un lado, el establishment del partido ve con horror cómo Trump (cómico-político grotesco por si no hiciera falta) se perfila como el favorito inevitable y deviene en “costumbre” para el electorado, por más que Ben Carson lo empiece a alcanzar. Esto derruye las expectativas de que actores relativamente moderados como Jeb Bush o Marco Rubio (ganador en el tercer debate) puedan perfilarse como candidatos viables; sea quien sea el ganador, Trump ya envenenó el debate. Al mismo tiempo, el Tea Party y elFreedom Party, facciones hiperconservadoras del PR, no están contentos con nada ni con ninguna de las alternativas a la vista. Prueba de ello es la sucesión delSpeaker en la Cámara de Representantes ante la abrupta renuncia de John Boehner, quien no pudo soportar la presión de la extrema derecha republicana. Su sucesión fue compleja debido a que ningún diputado de ese partido se animaba a quedar atrapado en el medio de los chantajes de ambas facciones. Su reemplazo ha sido Paul Ryan, fallido excompañero de fórmula de Mitt Romney en la contienda presidencial pasada. La suya fue una designación condicionada y secuestrada por un puñado de 40 diputados hiperconservadores, mismos que tienen secuestrados los destinos del PR desde que John McCain tuviera a bien designar a Sarah Palin como su compañera de fórmula y de pasada entregar el partido a los sectores más reaccionarios del republicanismo.

De este tamaño es la crisis que vive el PR y de pasada la política estadunidense. Y de este tamaño es el reto tanto de sus precandidatos como de sus electores. Ocurre que en el fondo de este conflicto intramuros del PR, está el hecho de que la sociedad estadunidense ha cambiado dramáticamente en las décadas recientes, pero el PR se ha negado a cambiar junto con ella. Los estadunidenses se han movido hacia adelante, han asumido con novedosa tolerancia asuntos como el comportamiento y las responsabilidades personales, así como sus valores sociales. Mientras tanto el PR se ha quedado estancado en el medio de tabús sociales retrógrados y en un mar de prejuicios acerca de la raza, el género, la libertad sexual, la inmigración, la religión y su obsesión por reconvertirse en el policía del mundo. Muy a pesar de que el liderazgo republicano y sus seguidores en el mundo financiero y de negocios, reconocen la necesidad de moderación en sus posturas pasadas de moda, la base social, especialmente, en el Sur, se resiste a aceptar este cambio. Y esta resistencia les está costando muy caro. Enfrentan ya, no sólo la oposición dentro de sus propias filas, sino también el peligro de la cambiante demografía en EU. Por ejemplo, está la fuerza de la población latina, sin cuyo voto ya no es posible concebir el triunfo de un candidato presidencial, los ciudadanos inmigrados de otras latitudes y los millennials, quienes son más liberales que sus padres y abuelos. Agreguemos a las mujeres, las madres solteras, los afroestadunidenses y la población homosexual para entender lo alejado que el PR de hoy se encuentra de la modernidad política.


Se puede comprender cómo la actual narrativa de los republicanos está fuera de la realidad social y política estadunidense y el grado de descomposición que ésta demuestra frente a los grandes temas del momento. Los patriotas en silla de ruedas y sus posiciones retardatarias no sólo le han impuesto la agenda a su partido y al país entero. También son responsables de que sus precandidatos sean cómplices por omisión de este retraso discursivo y político, lo cual es muy probable que el electorado se los cobre muy caro. Se han convertido todos ellos en escorpiones y sus aguijonazos acabarán envenenándolos mortalmente a todos por igual. Lo peor que puede ocurrirle a políticos con aspiraciones.

La UNAM y el mundo

18 de Octubre de 2015

El sistema internacional se construye a través de procesos sociales donde las ideas y las ideolo-gías impactan los intereses y las identidades nacionales de los Estados y sus sociedades. Influyen también en la evolución de la dinámica de los poderes del Estado en el concierto mundial y en la interacción social que ocurre como resultado de la integración económica y humana.

Con la implosión de la URSS, la caída del Muro de Berlín y los atentados del 11 de septiembre de 2001, entre los más destacados acontecimientos globales, el sistema internacional ha sufrido grandes cambios que han afectado las relaciones entre los distintos actores del orden internacional. Por ende, la política exterior de los Estados y el impacto de esto sobre la globalización (y viceversa: de la globalización sobre las políticas mundiales) ha modificado las dinámicas del nuevo orden internacional de la posguerra fría.

Se trata de discutir si existe o no una relación entre la globalización y la identificación de las nuevas conexiones entre economía y política, capitalismo y democracia, seguridad, migración, progreso, cultura y sociedad; y de valorar las nuevas identidades que estas conexiones tienen en el contexto globalizador, tan racional como irracional en su dinámica endógena y exógena. Es de trascendencia indagar cómo la globalización afecta en el siglo XXI aspectos fundacionales del orden mundial, tales como el papel del Estado, la soberanía, la frontera, la guerra y las migraciones. Y cómo los temas más específicos de este fenómeno chocan, y se relacionan entre sí. El impacto de la globalización ha sido tan grande como diverso e incluso confuso y caótico. Requiere ser estudiado también con relación a cómo el orden mundial, la gobernanza global, el sistema económico internacional y su arquitectura institucional se han ido (¿mal?) reinventando accidentadamente; y sin lograr del todo una propuesta de diseño estratégico que le haga justicia a los muchos fenómenos que ha producido y en los que la globalización ha influido con gran fuerza, tales como la naturaleza de las políticas exteriores, las migraciones, la desigualdad, los conflictos locales y fronterizos, los derechos humanos, el pluriculturalismo, el multiculturalismo o, incluso, el polémico monoculturalismo plural (concepto desarrollado por Amartya Sen); la violencia transnacional, las transiciones políticas, la carrera armamentista, la economía mundial, regional y la integración comercial. Son todos temas inmersos en un sistema internacional que vive hoy una crisis de vértebras maltrechas y que debe articular en función de proyectos globales, pero también nacionales, las necesidades (mal digeridas hoy por el sistema mundial) de la economía política internacional.

La UNAM, que no está fuera sino dentro del mundo, debe dotarse de un espacio que nos ofrezca un ángulo de lectura desde México de todo lo que sucede en el mundo y las implicaciones para México. Se trata de definir qué Universidad queremos tener para 2025 en función de y con miras al diagnóstico de la problemática internacional y del papel que la UNAM y México debieran jugar en el nuevo tiempo que está siendo marcado por el avance galopante de la globalización. La carencia de una instancia académica de estas características, que dé cuenta de investigaciones disciplinarias e interdisciplinarias sobre el mundo de trascendencia para México; que estudie, investigue, valore y diagnostique la cuestión internacional, así como el papel que México juega en el entorno global, nos ha impedido tener una visión global y de carácter estratégico sobre la situación, tanto de la disciplina como tal (las RI son una disciplina científica), como del proceso político mundial. Como resultado de esta saga, la creación de un espacios académico ad hoc, hoy inexistente, es una exigencia a la academia de nuestro tiempo de la que la UNAM no puede quedar exenta. El entorno mundial en el cual han quedado insertos los países de la comunidad internacional en los últimos años hacen necesario que la UNAM ponga la atención sistemática, desde las ciencias sociales, que el cambiante entorno global nos exige. Es por esto que se vuelve imprescindible la creación del Instituto de Investigaciones Internacionales de la UNAM. Con esto, nuestra máxima casa de estudios daría un gran paso hacia su modernización y le estaría haciendo un gran servicio a la nación a la que se debe.



Cancha pareja

04 de Octubre de 2015

A la memoria de Adolfo Aguilar Zinser

Men commit the error of not knowing when to limit their hopes
Machiavelli


Por décadas los mexicanos hemos sido testigos de que el sistema político no es parejo o justo, ni existe equidad en la relación entre Estado y sociedad. Ejemplos hay cientos en todos los ámbitos estatales, así como en los muchos espacios de la vida pública.

En su obsesión por ganar la batalla cultural, el régimen priista se ha apoderado de todos los espacios posibles, dejando para el día siguiente transformaciones nodales de la democracia política, social y económica; así como, obstaculizando todo avance hacia la modernidad nacional. Su proyecto de nación ha sido y será mantenerse en el poder a toda costa, caiga quien caiga y se tenga que negociar con quien sea, incluidos los grandes grupos de poder económico y político, los hampones del crimen organizado o del sindicalismo charro, público y privado. Este sistema único en el mundo ha simulado dar pasos hacia adelante promoviendo reformas y fundando instituciones que al día de hoy son disfuncionales en cuanto a la consolidación democrática se refiere. Ha dominado el trato de caverna y, por tanto, el arreglo en lo oscurito. El Estado mexicano ha sido Estado ornato y Estado camaleónico. Ha logrado imponer un estado de ánimo de condescendencia pública frente a las diversas formas de autoritarismo que ha asumido a través del tiempo. Es, al tiempo, paternalista, filantrópico, mesiánico, patriotero y autoritario, implacable e impune. Representa, en el siglo XXI, la confirmación de todo lo que no pudimos ser desde la reforma o quizá, incluso antes.
La cultura del priismo ha invadido persistentemente los espacios y aparatos de la vida pública y la coexistencia social, incluidos la familia, la escuela pública y privada, el futbol, la televisión y muchos medios informativos, etcétera, así como los partidos de oposición y los actores políticos que, desde diversos ángulos, observan y ejercen la política. La fallida transición política foxista y su infausto anexo sexenal calderonista demostraron cómo (a diferencia de las transiciones española y chilena, que supieron, aunque defectuosamente, acotar el franquismo y el pinochetismo) puede quedar secuestrada una gran agenda de transformaciones democráticas. Gracias a los agentes del priismo, dentro y fuera del PAN, la prometida transición política (y el consecuente retroceso histórico que implicó para la nación) quedó confinada a una mediocre alternancia en cuyo curso dominó el intacto aparato priista. El resto de los partidos no se han salvado de esta medianía política. No existe oposición partidista a esta tradición de control hegemónico y arbitrario. Independientemente de su identidad ideológica, estos entes no sólo son desprendimientos directos e indirectos del priismo, sino que han contribuido a que éste se fortalezca y se constituya en un bloque dominante que a gritos pelea su derecho a la continuidad de su potestad cuasi absolutista en lo que a los destinos de México se refiere (“se acabó la sana distancia”, Beltrones dixit). Si esto no es la antítesis de la sociedad abierta, que despierten y vengan Bergson y Popper a explicárnoslo de nuevo.

El desplegado “Por una cancha pareja para candidaturas independientes” firmado por cien personajes de nuestra vida pública (chilanga) es manifestación de inconformidad y propuesta. Manifestación de inconformidad histórica por nuestro retraso político y propuesta de cambios radicales en nuestra forma de vida política. A diferencia de muchos estimables colegas, que se quedaron atorados en la línea: “candidatos independientes”, lo verdaderamente importante de este reclamo ciudadano nos remite a “la cancha pareja”, como el espacio central desde el cual se construirá el clima hacia la amplia participación ciudadana por encima de los partidos de oposición, que ya no la representan, no existen como tales. Así, lo primero es el ring y lo segundo, el pugilista. Si se lograra entender esto, anteponiendo a los intereses personales o de grupo la urgente necesidad de diseñar un nuevo proyecto nacional, y se aceptara que esto es resultado de las muchas carencias que nos lastiman, entonces tendrá sentido continuar debatiendo tan grave asunto. Es de reconocerse que en este desplegado haya habido una reunión de nombres que en los tiempos de la fallida transición actuaron para paralizar la transformación del sistema político (desde los confines mismos del Palacio de Cobián) y los que lucharon tenazmente por consumarla.