martes, 19 de mayo de 2015

Espías en conflicto

José Luis Valdés Ugalde 17/05/2015

La historia del espionaje, con milenios de antigüedad desde Mesopotamia, sigue siendo motivo de polémica y conflicto entre los más importantes actores del entorno global, que por razones de sobrevivencia ejercen esta actividad, mejor conocida como operaciones de inteligencia.

¿Es confiable el que no espía o desconfiable el que espía? Ni una ni otra. Es un negocio en donde no hay ni malos ni buenos. El caso más reciente: el affaire entre la omnipresente Agencia Nacional de Seguridad de Estados Unidos (NSA, por sus siglas en inglés) y el Servicio Federal de Inteligencia Alemán o BND, que tiene a la canciller Ángela Merkel ante la urgente necesidad de dar explicaciones y/o de dejar caer a su ministro del Interior, Thomas de Maizière o al presidente de la BND, Gerhard Schindler. Se trata de una crisis que se inicia con una relación de colaboración entre Estados Unidos y Alemania a partir de los atentados del 9/11. Desde entonces el sistema internacional quedó circunscrito en forma crítica y tediosa a una dinámica compleja y con márgenes de maniobra estrechos. Tal es el caso del espionaje global. Las guerras del espionaje se volvieron guerras políticas.

Según publica Der Spiegel en su antepenúltimo número (02-05-2015), desde 2001 EU reclamó a Alemania no haber controlado debidamente la salida de Hamburgo de los comandos terroristas encabezados por Mohamed Atta, arquitecto de todo el complot que provocaría el acto más espectacular de demolición urbana no deseada conocido hasta hoy. Es una triste historia originada el 18 de mayo de 2000, cuando Atta solicitó una visa a Estados Unidos, que le fue concedida en Berlín. Resultaba surrealista no sólo que Atta y su grupo circularan por países de Europa Occidental y EU con toda libertad planeando un operativo terrorista de gran magnitud, sino también que ninguna autoridad detectara sus planes y movimientos, muy a pesar de que hay indicios de que el FBI seguía los pasos de algunos de los 19 miembros de los cuatro comandos, pero prefirió no actuar. Desde entonces, el susto de todos: Gerhard Schröder, canciller socialdemócrata (y con él el Estado alemán) ofreció colaboración total a Estados Unidos y se inició así el proceso gradual de supresión de la privacidad de sociedades y gobiernos del mundo entero, que quedaron a la deriva y expuestos a la voluntad no sólo de Washington, sino también de aquellos que, desde la Guerra Fría, se las ingeniaron para apuntalar su tecnología y recursos para obtener información de inteligencia. Tal es el caso de Berlín.

En 2012 los dos países firmaron un Memorándum de Entendimiento, en el que sentaron bases de colaboración para, con tecnología de EU, detectar riesgos a la seguridad nacional, provenientes del terrorismo y el crimen organizado, fundamentalmente. En el memorándum, se expresaba el acuerdo explícito de “no espiarse a sí mismos” y no pasar la “línea roja” de la sociedad civil ni, eventualmente, el espionaje industrial. En ambos casos la línea fue traspasada por el BND con ayuda de la NSA. En 2004 Estados Unidos le instala a la BND una central de espionaje en Bad Aibling, Bavaria, (BAS), base creada por los aliados en 1947 y administrada por la NSA. Todo un observatorio europeo al servicio de EU primero y de Alemania después. Una sociedad muy funcional a pesar de la retórica política de ambos. Según Der Spiegel, el presidente del BND sabía desde 2005 del espionaje industrial que se realizaba desde BAS. También se tenían claros “los conceptos” de búsqueda y “los selectores” que la NSA diseñó para el BND. En 2013 se habían encontrado miles de datos de búsqueda activos, de objetivos civiles y gubernamentales franceses y alemanes. Ante tal hallazgo, los operadores del sistema recibieron instrucciones superiores de borrarlos. Si Schindler o De Maizière fueron responsables de esta orden es muy malo, si no, aún peor por ser prueba de incompetencia o negligencia al tolerar una “autonomía” excesiva de la inteligencia alemana, lo cual indicaría que está fuera de control, tal y como ocurre con la NSA desde que Snowden revelara sus secretos. En ambos casos, como fue juzgado en EU en el caso del espionaje telefónico, se trata de una actividad ilegal y, eventualmente, de un grave problema de Estado. Ahora la canciller Merkel tendrá que reflexionar con cautela sobre su famosa frase de 2013: “A los amigos no se les espía”.

domingo, 3 de mayo de 2015

Hillary vs. Hillary

José Luis Valdés Ugalde 03/05/2015

Hillary Clinton se ha lanzado al ruedo electoral con el eslogan: “Todos necesitan un campeón. Yo quiero ser tu campeón”. Apunta como la favorita para obtener la nominación de su partido a la candidatura presidencial. Aunque están por definirse algunas precandidaturas, como la de Elizabeth Warren senadora por Massachusetts, ocupante de la curul que por mucho tiempo tuvo Edward Kennedy y representante de la izquierda demócrata, por el momento no se ven perspectivas claras de que vaya a ser desplazada. Al tiempo que es la candidata a vencer, la rival más importante para Hillary será Hillary misma.

Veamos por qué. Se trata de una política profesional con años de experiencia, como una primera dama proactiva (suyo es el primer esfuerzo por reformar el sistema de salud que Obama retoma), después como senadora por Nueva York, luego como precandidata perdedora frente a Obama en 2008 y como jefa de la diplomacia de EU. Es una política equipada con inteligencia y experiencia. Ha logrado obtener las simpatías de públicos amplios. De acuerdo con una encuesta de CNN, Clinton pasó de tener un apoyo popular de cerca de 67%, cuando era secretaria de Estado, a un nada despreciable 55%; curva de descenso debido a su transición como funcionaria a la vida civil. Cuenta con gran simpatía entre sectores de la población, cuyas causas de emancipación han sido explícitamente apoyadas por Clinton: cuenta con un apoyo por encima de 50% entre las mujeres, la población homosexual, la población no blanca, entiéndanse así las poblaciones afroestadunidense y latina (votantes demócratas fijos). Además, cuenta con el precedente sentado por Obama, primer jefe de Estado negro de la historia del mundo occidental, en donde la política democrática sigue dominada mayoritariamente por la clase política blanca. Esto pavimenta el camino para que Hillary se proyecte como líder de EU. Hay que agregar que del lado republicano le esperan contrincantes atrapados por el ultraconservadurismo, cuestión que los ubica en la premodernidad política acerca de muchos temas como el del aborto, la Reforma Migratoria, los derechos de las mujeres, los homosexuales y la población negra. Y esto puede representarle ventaja.

Por otro lado, Hillary tendrá que remontar algunos pasivos potenciales que la persiguen. El primero es si podrá quitarse de encima la sombra de su esposo, el expresidente Clinton (cuestión improbable dado que Bill Clinton y su popularidad significan más un activo, con todas sus desventajas). El segundo será defenderse de las críticas sobre su voto a favor que, como senadora, otorgó para emprender la guerra fallida de George W. Bush. El tercero y más reciente será el grado de responsabilidad a su cargo como secretaria de Estado por el ataque al consulado estadunidense en Bengasi, Libia, donde murió el embajador Christopher Stevens. Sobre esto la oposición republicana ha sugerido una supuesta mala administración de la señora Clinton de su cuenta electrónica privada, en la cual habría habido correos (aparentemente borrados) relacionados con esta crisis. Y el cuarto se refiere a un tema que Jeb Bush (el candidato del establishment republicano y muy probable candidato) también afrontará: el de su pertenencia a una “dinastía” que ha dominado el espectro político por más de tres décadas. Esto no tendría que ser raro en un país que ha tenido a los Kennedy o a los Roosevelt a cargo de segmentos importantes de la política estadunidense.

A Clinton le espera resolver el conflicto entre estos dos lados de su persona política. Como menciona The Economist (abril-11-17, 2015), lo que realmente importará en la campaña de Clinton, es cuál será su programa económico y social, así como su plan de política exterior. El precedente que le hereda Obama será determinante y como una palanca. No obstante, tendrá que distanciarse del Presidente para ser una alternativa creíble. Tanto esto, como pasar de ser celebridad a candidata y “campeona”, implicará un gran desafío: dos aspectos, que, de manejar bien, le pueden dar la presidencia de EU por primera vez a una mujer.

martes, 21 de abril de 2015

Cuba a la vista

 
Por fin, Cuba está a la vista de todos. Y eso es bueno, más aún si juega en beneficio de su gente y compromete la voluntad del poder para profundizar reformas indispensables para la isla. La audacia del presidente Obama logra su primer cometido: el inicio del restablecimiento de las relaciones diplomáticas, rotas por 50 años. Esto ocurre a pesar de las resistencias de los patriotas en silla de ruedas, a saber, los republicanos y su extrema derecha que han secuestrado a la mitad de EU y de la agenda política. Sigo pensando que Obama, ciertamente muy distinto al Obama de 2008, ha sido una buena noticia para EU y el mundo, tal y como lo es el papa Francisco para el Vaticano y las relaciones internacionales (Bergoglio fue pieza clave en el acercamiento entre Castro y Obama; y eventualmente influirá en la esperable moderación a los excesos de Cristina Fernández). El presidente Castro también hace un movimiento aperturista; por un momento se aleja del dogmatismo ideológico y opta por el pragmatismo. La mayoría de cubanos y estadunidenses aprueban este paso gigante. La OEA, la ONU y la UE lo celebran. Se trata de un paso nodal para superar el que se piensa como último bastión de la Guerra Fría en el continente.

Obama y Castro dieron la gran sorpresa; la noticia no se esperaba, aunque se auguraba: el tema del acercamiento fue anunciado en el programa del demócrata en 2008 y 2012. Washington ya había enviado señales al haber moderado algunas políticas, como la de divisas e intercambio de visitantes. No obstante, hoy ya es obvio que a algunos actores les resulta incómoda la noticia. En EU, Ted Cruz, Marco Rubio y Jeb Bush se quedaron sin el protagonismo que esperaban en un tema de su interés, al tiempo que se oponen al acuerdo supuestamente hasta que el régimen castrista no se haga cargo de las conocidas violaciones a los derechos humanos y las libertades políticas. Aunque por supuesto éste, que es un tema de todos los interesados en una Cuba democrática, no debiera ser un patrimonio de la derecha estadunidense, quien lo usa a su conveniencia. La mismo ocurre con esos otros patriotas chovinistas y excéntricos en ratón loco, que usaban la retórica antiimperialista como recurso para salvar cara frente a sus diversos fracasos políticos y económicos en casa. Hoy han callado. Ahora ni Maduro ni el kirchnerismo ni Evo y menos Correa, a quien le cae el Papa de visita oficial muy pronto, y deben moderarse, no se atreverán a tocar a Obama tan fácilmente; ni a valerse de la antigua retórica para ganar la discusión: Cuba está de por medio y por el momento ésta ya está tejiendo una alianza estratégica con EU que modificará la correlación de fuerzas en el continente. En consecuencia, EU ya no será el único culpable de los males que vive la región.

El guiño ha sido histórico por las anteriores razones, y en buena medida porque ambas partes, pero sobre todo EU, han entrado en razón. EU ha reconocido el grave fracaso cometido con su vecino más cercano después de México y Canadá. Obama, en un meditado acto de lucidez reconocido por todos, se percató de esto, una verdad a voces, pero que nadie se atrevía a afrontar. El hecho de que lo haya hecho el jefe de Estado ofrece razones para el optimismo acerca de un avance amable de la política estadunidense. Estará en manos del Congreso (muy endurecido en sus posturas por la mayoría republicana) y de los duros en Cuba, que prefieren mantenerse en la línea del aislamiento con el fin de seguir capitalizando políticamente el bloqueo. Esto se ve remoto dado el profundo avance y penetración social que la noticia ha tenido en la propia Cuba, en donde ya esperan (con alguna ingenuidad) la derrama inmediata de beneficios económicos. Por lo pronto, hoy se puede constatar que EU, contra los pronósticos, sí tiene una política exterior para las Américas que el acercamiento con Cuba va a catapultar. Habrá que ver si los astros se alinean para que este curso siga su ritmo y pueda salvar los escollos que seguramente encontrará en el camino. Servirá también como paradigma frente a lo poco que en las Américas se ha hecho para resolver sustentablemente sus problemas sin necesidad de culpar al exterior de nuestras miserias y, justificar así, la ausencia de una política exterior coherente y consistente. Por lo pronto, el eje de conflicto EU-Cuba ha llegado a su fin en América Latina.

*Investigador y profesor visitante en el Lateinamerika–Institut, de la Freie Universität Berlin

lunes, 6 de abril de 2015

El laberinto multicultural europeo

José Luis Valdés Ugalde 05/04/2015

Suponíamos que el invento multicultural europeo hace 30 años alejaría de toda sospecha a los estados que, por norma, garantizaban la preservación de la inclusión y la diversidad, así como los derechos humanos de las poblaciones migrantes. Desde la formación de la Unión, Europa había apostado por basar su estabilidad social en el colchón multicultural que daba sentido a la coexistencia de sus inmigrantes. Aunque la patente de corso del multiculturalismo es angloamericana; Europa, de Gran Bretaña a Alemania, Francia y al sureste del continente, ha afrontado el permanente flujo poblacional, principalmente del sur, de Asia y del oriente del globo.

No obstante, existe una confusión en términos. Primeramente, es un mito que los gobiernos europeos adoptaron políticas multiculturales debido a que las poblaciones minoritarias deseaban afirmar sus diferencias, al tiempo que se “integraban” a las sociedades de adopción. En realidad era inefectivo que se partiera de esta idea en la implementación de las políticas multiculturales, debido a que el problema más grave que afrontaban las minorías indias, caribeñas o paquistaníes en el RU (todas ellas partes de la migración laboral) era la explosiva mezcla de racismo con desigualdad que, hacia finales de los 70 y principios de los 80, exacerbó los ánimos políticos y provocó revueltas de negros y asiáticos principalmente. No era la religión ni la etnicidad (no hay indicios de que los inmigrantes se plantearan la cuestión cultural políticamente), sino los derechos ciudadanos de diversas poblaciones integradas al mercado de trabajo, más no incluidas socialmente. A partir de entonces, y a pesar de sus miedos a que el “sentido de identidad” se contaminara o racializara y con el fin de evitar que los conflictos políticos crecieran, los británicos se animaron por incluir a las minorías en el ámbito de la política, vía el reconocimiento de organizaciones representativas de sus intereses. Esto implicó que minorías negras, indias y paquistaníes tuvieran acceso, tanto al nivel municipal como nacional a la participación política. El acento puesto en la etnicidad, por sobre los derechos sociales como origen del diferendo, era insuficiente para acallar la protesta y nivelar las diferencias. Este es el gran problema con el multiculturalismo en Europa.

En el caso alemán y el francés las cosas pintaron distinto. Alemania, después de la Segunda Guerra Mundial, sufrió el decrecimiento de su fuerza de trabajo, por lo cual se vio obligada a importar trabajadores. A diferencia de los británicos que importaron a los migrantes de sus excolonias, los alemanes volvieron su vista al sur: Grecia, Italia, España y Turquía, principalmente fueron países proveedores. Al tiempo que esto ocurría, esta fuerza de trabajo no arribaba como inmigrante, sino como Gastarbeiter (trabajadores huésped), quienes tenían que volver a sus países de origen una vez solucionado el problema para la economía alemana. El caso es que, como ocurre en EU, estos migrantes de ser una necesidad temporal se convirtieron en una necesidad permanente, principalmente los turcos. Francia, que junto al RU enfrenta hoy al radicalismo religioso, acogió inevitablemente a inmigrantes de sus excolonias, pero que, al igual que en Alemania, eran predominantemente seculares. No obstante, Francia opta por lo que Malik concibe como asimilacionismo, que es el polo opuesto de multiculturalismo, es decir los franceses han insistido en tratar a sus inmigrantes como “individuos”, en lugar de como miembros de una cultura o comunidad minoritaria dada. En todo caso, los tres países se encuentran igualmente divididos socialmente, a pesar de su diferentes políticas multiculturales. Y hoy más, debido al extremismo islámico.

Hoy los tiempos europeos nos muestran una nueva forma de confrontación no esperada. Siguiendo a Rieff, el multiculturalismo siempre ha sido una forma breve de referirse a ese futuro armonioso. Como sentimiento era irreprochable, pero como ideología nunca ha sido congruente. Los postulados del multiculturalismo no aciertan en cuanto a las categorías intelectuales. El multiculturalismo en Europa ha demostrado ser una doctrina para tiempos de paz y prosperidad económica, no para tiempos de transformación económica y política. Por tanto, Europa se encuentra, en el marco de una relativamente armoniosa y tolerante política de inclusión social, atrapada entre la dependencia de la fuerza laboral de los inmigrantes y la agitación que atraviesa el mundo islámico y subdesarrollado.
               
*Investigador y profesor de la UNAM
               
Twitter: @JLValdesUgalde

lunes, 23 de marzo de 2015

Multiculturalismo: ¿éxito o fracaso?

José Luis Valdés Ugalde 22/03/2015

El más reciente número de Foreign Affairs (FA) dedica su sección principal al problema de la raza y el racismo en varios textos importantes (Foreign Affairs, The Trouble with Race, Vol 94, No. 2, Abril 1 de 2015). Con la llegada de Barack Obama a la presidencia pensábamos que en Estados Unidos había llegado el momento de la era posracial, que impactaría favorablemente las relaciones sociales y la cohesión social en EU y otros países del mundo occidental. No obstante, según Lawrence Bobo, en EU atestiguamos aún la prevalencia de lo que él llama Laissez-faire Racism. El desarrollo del concepto nos plantea un hecho: Estados Unidos podrá haber arribado a un momento histórico posracista, pero nunca a uno posracial.

La legislación a favor de los derechos de la minoría negra que inició JFK y continuó Johnson en los sesenta favoreció la creación de normas que dieron gradualmente a la población negra mayores derechos y libertades, al grado de que hoy el blindaje antirracista consagrado en las leyes ad hoc es total. No lo es, sin embargo, el prejuicio por razones de raza. Lo cual impacta negativamente a la población negra en temas como igualdad, empleo, salud y educación; se trata aún de una población desprotegida, expuesta, debido a los múltiples recelos que dominan la cultura de la tolerancia en EU y la percepción de sectores del poder y de la sociedad acerca de tal minoría, y que se identifican por la discriminación; como la que provocó en agosto pasado el asesinato policiaco en Ferguson en contra del joven negro no armado Michael Brown. Otros hechos similares ocurrieron en Nueva York y otras regiones de EU, que acabaron con la vida, incluso, de ciudadanos mexicanos.

La minoría negra “con derechos plenos” sigue siendo objeto de prejuicios en razón de su color y raza. El ejemplo más objetivo, que sin duda es y será tema en ulteriores análisis, es la llegada de Obama a la presidencia (un caso de derecho legal de un ciudadano con derechos políticos), al tiempo que se ha confrontado con limitaciones que le niegan el pleno ejercicio del poder político en virtud del hecho de que en la visión (soterrada e hipócrita) de amplios sectores de población blanca, incluidos políticos prominentes como John Boehner, el Speaker de la Cámara baja, su condición de negro le resta legitimidad a su investidura. Prevalece un acentuado pensamiento entre sectores de población blanca que no toleran que se contradiga la máxima histórica que reza: la Casa Blanca (construida con mano de obra esclava) no está destinada a ser ocupada por un Presidente negro. Obama, pues, no ha contado con el beneficio de la duda. Esto es lo que se llamaría habitar aún en un mundo no posracial en EU: el derecho legal para “ser ciudadano pleno” existe, pero no el reconocimiento legítimo para ello. EU vive aún en un apartheid cultural que repercute en la vida política y social.

Así, el multiculturalismo definido como el espacio social poblado por la diversidad racial, usualmente resultado de la migración, ciertamente ha ensamblado mejor en la sociedad estadunidense que en la europea. Según Kenan Malik (The Failure of Multiculturalism. Community versus society in Europe, en el FA ya referido), el término “envuelve tanto una descripción de la sociedad como una prescripción para manejarlo”. No obstante, aunque los pendientes en EU son grandes, países como Francia, RU y Alemania lo enfrentan más críticamente. El temor sobre el intenso reclutamiento de jóvenes europeos para militar en la yihad global es un hecho objetivo que ha desanimado a los Estados y a las sociedades para aceptar la inclusión. Los atentados en París contra Charlie Hebdo lo han demostrado. Pero también han hecho que se desenmascare el mito de la diversidad y de la inclusión de la minoría islámica, así como la urgencia de que se revise esta grave falla, toda vez que los migrantes no tienen un lugar asignado en la narrativa cultural de estas naciones, como sí ocurre en EU; es decir, los migrantes no han sido incorporados como agentes de cambio social. El multiculturalismo es una realidad compleja que está en crisis: estas manifestaciones en el seno del mundo occidental acuñó la filosofía multiculturalista como el espacio de la diversidad, son consecuencia de una “tolerancia” que, a la vez, intimida y coarta las libertades de los sistemas democráticos occidentales.

*Investigador y profesor visitante en el Lateinamerika–Institut, de la Freie Universität Berlin
                Twitter: JLValdesUgalde

lunes, 9 de marzo de 2015

El futuro de la política de Estados Unidos (II y último)

José Luis Valdés Ugalde 08/03/2015

Decía en la anterior entrega que en Estados Unidos se vive una lucha de poder en cuyo proceso se ha producido una seria crisis ideológica al interior del sistema político, en particular dentro del Partido Republicano (PR), que se juega su futuro frente a este tsunami ideológico; esto ha impactado negativamente en el curso de decisiones de Obama, tanto al nivel de la política interna, como en la arena de decisiones de la política exterior y en los avances de EU hacia una prevención efectiva de lo que considero una relativa, aunque gradual pérdida de poder a nivel global.

En este contexto vendrán las elecciones primarias. En el que será un largo preámbulo electoral, EU confronta una transición crítica entre las tensiones del pasado y una idea avanzada de futuro que, incluso, la pueden hacer fracasar desde la polarización pronunciada que se ha generado. La propuesta avanzada plantea que EU le tome el pulso a asuntos internos, como el de la reforma política y el sistema de salud, y al entorno global desde una posición menos determinísticamente hegemónica y sin mesianismos agonizantes. Pero sí desde una posición más realista y correspondiente con los nuevos tiempos del sistema internacional, que han ubicado a Washington en una posición de agudo, pero real y potencial declive, lo que afecta su potencial actuación como actor solitario y vigilante del sistema global en el nuevo siglo. Es decir, se trataría de que Washington renuncie al papel característicamente unipolar que lo distinguió desde la Guerra Fría.

Ante la posibilidad de que el PR opte por un candidato del establishment republicano como Jeb Bush, en el Partido Demócrata (PD) se ve como casi un hecho la candidatura de Hillary Clinton (candidata también del establishment demócrata). Esto podría convertir la contienda en un enfrentamiento, de nueva cuenta, entre un Clinton y un Bush, hecho que daría muy poca originalidad al proceso que carecería de las ideas que revitalizarían el debate que urge, al que muchos consideran como caduco sistema político. Se necesita un proceso competitivo, que alerte a los partidos tradicionales acerca de los graves pendientes. En el PD tendríamos a Elizabeth Warren, la más seria contendiente después de Clinton, y entre quienes una alianza sería una muy interesante novedad para sectores de votantes que nuevamente descreen de la política. También están Bernie Sanders, quien forzaría el debate sobre temas económicos, o Jim Webb, quien podría profundizar en el debate sobre la guerra y la paz. En la lista de posibles contendientes están dos exgobernadores influyentes: Martin O’ Malley, de Maryland, y Deval Patrick, de Massachusetts. Por otro lado, se está en espera de la decisión que el vicepresidente Joe Biden tome, la cual es muy probable que sea en el sentido de abstenerse de participar. A estas alturas no importa tanto quién desafíe a Clinton. Lo trascendental será que los demócratas entiendan la importancia que tendrán el desafío y los debates a fin de profundizar en ideas renovadoras que den al PD una verdadera base argumental y popular para retener la Casa Blanca y producir una nueva infraestructura electoral en estados como Iowa, las Carolinas y Texas (este último podría volverse azul si se convence a sectores de latinos y negros predominantes en el estado). Pero también que el Comité Nacional del PD entienda que debe fijar una agenda de debates que el PR ya tiene, así como promover la competencia a su interior.

Mucho tendrán que ver en esto las decisiones de Obama en los próximos meses. Más importante será, sin embargo, que los votantes puedan ver que hay una alternativa a la polarización y que las políticas de Obama (muchas de ellas fracasadas, pero deseadas) pueden tener una alternativa de sana continuidad frente a la ofensiva que representan las posiciones perniciosas del PR (el partido del “no”). Para que este resultado óptimo pueda obtenerse, habría que esperar, primero, que la señora Clinton anunciara sus intenciones y terminara así con el impasse y, segundo, como favorita que es, que establezca una comunicación inmediata con los contendientes mencionados, especialmente con Warren, a fin de lograr acuerdos políticos de trascendencia,  que incluyan unir al partido vía la participación plural y eventual alianza para definir la fórmula (¿Clinton-Warren?). Lo opuesto sería más de lo mismo y desperdiciar el capital político que ha supuesto la elección histórica de Obama.
*Investigador y profesor visitante en el Lateinamerika–Institut, de la Freie Universität Berlin

miércoles, 25 de febrero de 2015

¿El futuro de la política en EU? (I)

José Luis Valdés Ugalde 22/02/2015


A la memoria de mi amado padre, hombre honorable y valiente.

En 2015 y 2016, el proceso político estadunidense estará viviendo, si no es que ya la vive, una intensa etapa de campaña presidencial que será ruda y agitada. Antes de noviembre de 2016 veremos a un Ejecutivo empeñado en afianzar sus reformas y a un Congreso enconado, más por el odio siempre irracional en contra del presidente Obama y su proyecto político (en agonía, pero en mi opinión muy reivindicable), que de una voluntad estratégica por favorecer los intereses fundamentales de la ciudadanía estadunidense. Se trata de un Congreso dominado por la peor versión del Partido Republicano (PR). Circunstancia que nos permite recordar las ideas de Gore Vidal a fin de lograr capturar vívidamente el estado en que se encuentra (o se mantiene este partido): Vidal decía que el PR no era un partido, sino un estado de ánimo, como la Juventud Hitleriana, basada en el odio. El PR y su cúpula cedieron a la presión del Tea Party (o no la pudieron o quisieron contrarrestar) y esta facción lo atrapó en los momentos más críticos de la vida pública estadunidense desde Nixon y Johnson. Se puso en evidencia su crisis programática e ideológica, y se convirtió así en un partido etéreo cuya tendencia a extender su propia degradación al seno del atribulado espectro político estadunidense, en aras de quitar espacios a Obama, ha resultado incontenible, destructiva, casi perversa. Ha sido también un factor que suma al desprestigio de la imagen de EU en el mundo.

El PR y muchos de sus padrinos multimillonarios, como los hermanos David y Charles Koch, tercera fortuna estadunidense, quienes le han invertido más de 190 millones de dólares al PR y al Tea Party, están ensimismados y, en medio de su perturbación ideológica polarizante, han contribuido intensamente a la ceguera dogmática de esta inolvidable y arcaica derecha republicana que no acaba de perdonar que un presidente negro quiera poner en orden la política doméstica e internacional estadunidense. Se trata de una élite empeñada en enturbiar y degradar la acción política y la misión democrática fundamental que los padres fundadores encomendaron a la clase política estadunidense. Y nos quieren rematar, ahora que la dinastía Bush, sin empacho, dada la criticada herencia de George W., uno de los peores presidentes de EU, ya emplazan a su delfín Jeb, exgobernador de Florida, a quien la cúpula del PR, dominada por ésta y otras familias políticas de influencia, le empieza a abrir el camino. Esto ocurre al tiempo que se proponen eliminar potenciales contrincantes; por lo pronto, ya apartaron de la cancha a Mitt Romney, quien espantado ante el aviso de Jeb de competir, nos ahorró en las primarias venideras de los desvaríos delirantes de su narrativa política, propios de la profunda ignorancia que lo distingue. Es muy probable que esto ocurra también con otros contrincantes serios como Ryan, Paul, Rubio y Christie.

Como lo hemos comentado en este espacio, EU se encuentra en una crisis de credibilidad interna y externa que sorprendentemente no se asuma de la debida forma por la autocrítica de la clase política estadunidense. Es una crisis política y constitucional. Sorprenden especialmente las muy posibles violaciones a la XV enmienda, secciones 1 y 2 de la Constitución, cometidas por gobernadores y alcaldes en bastiones republicanos, quienes habrán negado muy probablemente el derecho al voto a las minorías, principalmente a la negra, por la vía de la redistritación de las demarcaciones electorales que podrían favorecer los intereses de los demócratas.

En este escenario, la posible candidatura demócrata se nos ofrece como una de las sorpresas más interesantes de esta contienda toda vez que ésta podría quedar decidida entre dos mujeres, Hillary Clinton, miembro muy conocido del establishment demócrata y candidata favorita por sus bases hasta ahora, y por la popular senadora Elizabeth Warren, quien ocupa el escaño heredado por Ted Kennedy, en Massachusets, y quien representa a la izquierda más comprometida del Partido Demócrata, pero quien también se ha negado persistentemente a ser candidata presidencial. Sobre éstos y otros pormenores del proceso político en EU nos concentraremos en próximas entregas.

*Investigador y profesor visitante en el Lateinamerika–Institut, de la Freie Universität Berlin

lunes, 9 de febrero de 2015

Extravío (III)

José Luis Valdés Ugalde 08/02/2015

 Unlimited tolerance must lead to the disappearance of tolerance.
 Karl Popper

Occidente frente al islamismo extremista y viceversa. La obsesión de cada cual con su opuesto ha llevado al límite las tensiones en la región, pero también ha contaminado el debate político y la seguridad internacional. En las capitales europeas se teme lo peor al tiempo que se rastrea al cada vez mayor número de ciudadanos de Occidente que se han afiliado al yihadismo del Estado Islámico (EI). El Reino Unido, Francia y España encabezan la lista y algunos como Alemania y Holanda los siguen peligrosamente. La estrategia de paz ensombrece frente a los desplantes de violencia terrorista. La narrativa de las partes ha adquirido un tono críticamente bélico. Después del asesinato de los editores, caricaturistas y empleados de la revista satírica Charlie Hebdo en París, el EI ha reiterado la fatwa que obliga a la ablación a más de un millón de mujeres en Mosul, territorio iraquí controlado por los extremistas. Quien no la obedezca será ejecutado. El colmo ha sido el sanguinario asesinato del piloto jordano Muaz Kasasbeh, quien fue quemado vivo por esta organización a principios de enero, incluso en tiempos en que Jordania se encontraba negociando con el EI el intercambio de prisioneros. Jordania ha declarado que su respuesta sería “terrible” y ya ha redoblado junto a los europeos sus esfuerzos en la alianza con EU para derrotar al terrorismo.

No se recuerda, ni siquiera en los momentos estelares del radicalismo armado del maoísmo en varios puntos de las Américas y en el sudeste asiático, entre otros sitios significativos, acciones maximalistas de la brutal magnitud a la que lamentablemente ya nos están acostumbrando los extremistas islámicos. Incluso en aquel entonces, existía algún punto de partida racional que explicara el conflicto y, eventualmente, la negociación para terminarlo. Con el EI y Al-Qaeda (AQ) esto no es ni será posible. En su oscuro confort ideológico plagado de interpretaciones excéntricas del Corán y de los supuestos designios del profeta Mohamed, que tanto desastre han causado al mundo musulmán moderado de Europa, para el EI y AQ la paz no es ni pensable ni viable ni deseable. Al contrario. Se trata de ejercer el radicalismo terrorista hasta que reviente la cuerda de la tolerancia en todas partes y así, entonces, poder justificar su existencia y declararse víctimas del ogro occidental. Ya lo advirtió Timothy Garton Ash en su llamado a no ceder ante la amenaza contra la libertad de expresión al día siguiente de los ataques de enero en París, y reiterado en su texto, Defying the Assassin’s Veto, publicado en el número más reciente de The New York Review of Books. Es imposible no convenir con Ash en su argumento fundamental: el mundo del libre pensamiento, del pensamiento crítico, no se puede permitir que la intimidación violenta en contra de la libre expresión gane la batalla. Se trata de un chantaje inadmisible, aun cuando esto implique serios riesgos. Ciertamente es una opción difícil de asumir y en algunos casos resulta dolorosa.

En México se conocen los riesgos y las consecuencias de investigar y publicar acerca de esa violencia alarmantemente similar a la del terrorismo que representa el crimen organizado. También se conoció esto en España, en el RU e Irlanda del Norte, en Italia y Alemania cuando sus expresiones terroristas aniquilaron a miles de inocentes en el nombre de una causa ideológica. No obstante, aquellos conflictos de raíces locales fueron eventualmente resueltos por la vía de la negociación política. El extremismo del yihadismo, tanto en su vertiente local como externa, no da margen para el arreglo descrito. Esto obliga a Europa a replantear su muy fallida política de cohesión social, más en concreto, me refiero a los graves desaciertos cometidos en el proceso de integrar a la comunidad musulmana por parte de GB, Francia y España, principalmente. Por cierto, países de Europa en donde han ocurrido los atentados más dolorosos por parte del extremismo islámico. La lección: los aliados occidentales podrán legítimamente redoblar las medidas que garanticen la seguridad de sus sociedades; no obstante, políticas de seguritización sin políticas efectivas hacia la integración de la población musulmana en sus países serán inefectivas en el corto plazo, que es del que realmente se dispone a estas alturas. De otra forma el extravío de estos dos mundos podría llegar a ser irremediable y realmente virulento.

*Investigador y profesor visitante en el Lateinamerika–Institut, de la Freie Universität Berlin

domingo, 25 de enero de 2015

Extravío (II)

José Luis Valdés Ugalde 25/01/2015

¿Quién tiene más derechos, la prometida pureza del islam moderno, que a la vez se ha desvinculado de su esencia al tiempo que ha puesto en entredicho in situ  los valores ilustrados que le dan sentido a la cultura occidental, o esta última? ¿Cuál de los dos niega la política? ¿Cuál de los dos da vida e impulsa los derroteros de la modernidad? Tanto uno como el otro pretenden alcanzar el universalismo, uno fuera del contexto cultural que le dio su original sentido de pertenencia (el islam) y el otro en el contexto mismo de Occidente en donde la génesis de la Ilustración tiene lugar. Ya por su dogmatismo religioso como por la forma de practicar el Corán en una gran parte de casos, tanto en Europa como en sus territorios originarios, el Islam apela al pasado más que al presente o futuro. En Occidente, las tradiciones que hereda la Ilustración a la vida pública son, en su mayor parte, expresiones que buscan seguir con las transformaciones tecnológicas y políticas del tiempo presente. Son la excepción a esto instituciones políticas como el Frente Nacional francés o el Pegida alemán, entre otros, cuyos ejes programáticos condenan la diversidad, la pluralidad y la tolerancia: son totalitarios; como también en gran medida lo es el extremismo islámico, que recurre a las armas y al terrorismo para hacerse oír. Aquellos son islamofóbicos, racistas, excluyentes y, en mucho, autoritarios e intolerantes y con características fascistas, al igual que lo son el Estado Islámico y Al-Qaeda (EI y AQ).  Y todo esto está también contra los valores esenciales de la democracia republicana. Por lo demás, los movimientos islámicos en Europa o EU no están partidizados, mientras que los primeros sí. Desde el 9/11 estamos enfrascados en esta discusión que, en mi opinión, va más allá del choque de civilizaciones que anunció Huntington en el libro con igual título. No se diga desde los atentados del 7 de enero (7/01) en París, que significan el agravio más reciente contra la modernidad democrática por parte del islamismo radicalizado. Sin querer agotar el debate aquí, lo que está en el fondo del perol argumental es que en la actualidad la mayor fuerza de la tradición democrática en aquellos países que han sufrido ataques de este tipo, es que los credos en conflicto, los intereses y las maneras de ver el mundo, se pueden resolver a través de la negociación, mientras que lo único que no está a negociación es el uso de la violencia para dirimir diferencias. Y el islam fue incluido en este gran contexto como uno más de esos credos.

Grandes matices rodean el debate después del 7/01. No obstante, es precisamente el anterior argumento el que no acaba de quedar claro para la mayoría de ciudadanos islámicos (más o menos secularizados) en Occidente. Pero tampoco acaba de quedar claro para la clase política occidental hasta dónde la tolerancia que enmarca el multiculturalismo, cuya cuna ha sido precisamente Occidente, tiene verdaderos alcances frente a la sádica violencia que el yihadismo, en nombre del islam, ha provocado en el mundo entero. Ciertamente, la integración social (poco exitosa en Francia y en el RU), el respeto a la diversidad racial y cultural, valores nodales del multiculturalismo, deben  darse en el marco de la
reciprocidad. De esto dependerá que en Europa y otras partes del mundo, actores musulmanes y no musulmanes puedan alcanzar una convivencia civilizada. De otra forma estos valores se quedarán sin viabilidad, y expuestos a la verborrea demagógica y beligerante de diversos sectores sociales y políticos europeos. Históricamente ha sido la extrema derecha la que se ha opuesto a la tolerancia, abogando por el exterminio de cualquier señal o signo que amenace la “identidad occidental”. Ya la izquierda y el centro político empiezan a rasgar los velos de la corrección política para pronunciarse en forma crítica, aunque aún juiciosa, y cuestionar los verdaderos alcances que el multiculturalismo tendrá y si sobrevivirá en el marco de la guerra emprendida por el EI y AQ.

Los hermanos Kuachi, Amédy Coulibaly y todos los yihadistas detrás del 9/11 (EU), del 3/04 (España), o del 5/05 (Londres) sabían lo que hacían y ya lo lograron: llevar a su límite vital el derecho a la cultura de la tolerancia frente a su intolerancia y su violencia asesina.
              
*Investigador y profesor visitante en el Lateinamerika–Institut, de la Freie Universität Berlin

 Twitter: @JLValdesUgalde

miércoles, 14 de enero de 2015

Extravío (I)

José Luis Valdés Ugalde 11/01/2015

Hay una mutación mortal en el corazón del Islam.
                Salman Rushdie

Recientemente Manuel Vicent escribía en el El País “que la cultura moderna consiste en que las agujas magnéticas de todas las brújulas se han vuelto locas y señalan en todas las direcciones al gusto de cualquier explorador, que se haya extraviado en la propia niebla. (...) Ya no existen agujas que indiquen el Norte, ni maestros que marquen con el dedo una enseñanza ni revolucionarios que guíen con el brazo de bronce nuestro destino”. En 1988, viviendo en Londres, atestigüé momentos cruciales para la cultura y la política occidentales. Dos que me marcaron: la fatwa de muerte emitida por el Ayatolah Khomeini contra Salman Rushdie por la publicación de Los versos satánicos; y la hospitalización de Pinochet en un hospital cercano a mi casa, así como la protesta tumultuosa de una masa que creció hasta su posterior confinamiento temporal en una casa de seguridad, a solicitud del juez Baltasar Garzón.

Pinochet ha muerto sin pena ni gloria, pero Rushdie sigue escribiendo en algún lugar del Reino Unido, vigilado por agentes de los servicios secretos británicos. Rushdie figura en la lista de los más buscados en Occidente por el extremismo islámico, en concreto por Al Qaeda (AQ), como el número dos, después de Stéphane Charbonnier, el editor masacrado el 7 de enero en París por dos gatilleros que presumiblemente reivindicaron con esto al profeta Mahoma, y que, además, asesinaron a 11 más, hiriendo a otros 11 que se encontraban en las instalaciones de la revista satírica, Charlie Hebdo, que dirigía Charbonnier.

El 7 de enero no se olvidará. Una nueva forma de totalitarismo religioso emerge, se mantiene y quiere tiranizar por medio de la violencia y las balas. Y este es el peor y más incontenible de todos de los que hemos tenido noticia: usa el terror como instrumento en contra de la ciudadanía, del arte, de la política, de la cultura en el nombre de una verdad única y excluyente. Busca arrinconarnos en la oscuridad y arrasar con los valores democráticos más esenciales. Y esto ocurre en el seno mismo del espacio físico, social y político que dio vida a la ilustración y a los principios fundacionales de la democracia occidental. La que también acogió en el siglo pasado y en el actual a la diáspora musulmana. La versión extrema del Islam, el yihadismo racista y fascista del Estado Islámico, AQ, grupos convergentes dentro y fuera de Occidente, así como todo lo que se solidarice o simpatice con ellos, se han convertido en el peor enemigo del Islam y son los principales enemigos de su preservación en el marco de una convivencia tolerante y civilizada.

Estos factotums de terror organizado y cobarde son enemigos del progreso civilizatorio, cuya vocación esencial es el laicismo, la libertad de la palabra, de la creencia, de la escritura y de toda manifestación estética que por definición gozan de la libertad universal. Charlie Hebdo satirizaba lo que encontraba que era digno de exponer. Se especializó en religiones. Más en concreto, se burlaba del extremismo islámico del que precisamente fue víctima. Sus portadas lo dicen todo. Los gatilleros de París fueron bien entrenados por AQ, presumiblemente en Yemen, y lejos de matar con balas sus contenidos, han inmortalizado el mensaje del semanario; mayor estupidez y ceguera sólo es posible en el territorio de los extremismos, todos ellos desfasados de la historia. Este atentado del fundamentalismo islámico en París no sólo nos expone a todos, sino que nos vuelve también sus víctimas. El silencio que se parapetó detrás de las amenazas al semanario y de este acto de “terrorismo de ida y vuelta”, como lo llama Garzón, es el mismo que se ha guardado por mucho tiempo frente al crimen organizado (CO) transnacional del que somos también víctimas los mexicanos y ante el cual han habido silencios, complicidades y graves omisiones. El CO, en tanto parte de una red globalizada de ejercicio mafioso de la violencia terrorista, es tan peligroso como el yihadismo, aunque se ejerza desde distintas fuentes: son actores y actos que atentan contra los cimientos esenciales de la vida en común de nuestra y de las generaciones futuras, a las que no les podemos heredar el extravío ni la imposición del secuestro a sus libertades como forma de vida.

*Investigador y profesor visitante en el Lateinamerika–Institut, de la Freie Universität Berlin