lunes, 16 de octubre de 2017

La nación de los lujos

¿Por qué ese lujo de darnos tantos lujos en esta República tan ávida y escasa de un sistema político de deliberación y participación democrática que haga justicia a la creciente demanda de la sociedad política por mayor equidad y justicia?

15 de Octubre de 2017

Para Leonardo Curzio, ¡bella figura!

Ante las oportunidades perdidas por tanta traición de la espesa clase política a la patria/matria, se agrega de nuevo la máxima nefanda del autoritarismo de los ochenta: “No pago para que me peguen”, decía López Portillo. Paso seguido cortó el presupuesto a la publicidad estatal que se paga con el dinero de los mexicanos, al Proceso de Scherer. Ante el infortunio nacional, prácticamente en todos los frentes, el sistema que sigue encabezando una recalcitrante estirpe política (hoy raptado por Atlacomulco), arriesga la seguridad, la estabilidad y el bienestar de los mexicanos.

El amafiamiento sin límites del poder, evidenciado en altos índices de corrupción e ineficacia estatal, toca todas las fibras del sistema y atenta contra la soberanía nacional, toda vez que nos descobija, desde la ilegitimidad, frente a nuestros interlocutores externos. Pasando por las avenidas societales e institucionales cooptadas por los representantes populares, los árbitros y por nuestros poderes republicanos, hoy padecemos un muy peculiar sistema de codicia mesiánica. Muy típico de naciones castradas por su chovinismo dogmático y terco ante la necesidad de ocultar lo más turbio de la organicidad sistémica, derrotada por sí misma frente a su suicida encierro ante al desahucio (la patria es primero, México es más grande que sus problemas, etcétera) y que han sometido históricamente la voluntad de la gente, e incluso convertido la acción colectiva espontánea, en el coto de caza (pisoteo incluido) que nos arroja al terreno de la vulgaridad particular y colectiva. Todo lo cual nos obliga a “admitir cualquier cosa de este mundo, pero que no es lo bastante poderosa para hacernos admitir el mundo mismo” (Cioran).

Más notoriamente desde Díaz Ordaz, la decadencia sistémica (que hoy expulsó del oído público, a Aristegui, a Curzio) es la expresión de una descomposición lenta, enraizada en el ámbito de la plomería estatal, la cual no hemos querido desmantelar con el imperativo radicalismo cívico que merecería como respuesta la majadera censura de Estado. Claro, la excepción ocurre sólo cuando las crisis telúricas o las tragedias hacen resurgir de la ultratumba hispano-mexica motivos falsamente felices para el enaltecimiento patriótico. Lo peor, dicha censura se realiza en el nombre de un interés nacional, que muy pocos estamos dispuestos a seguir subsidiando.

Los lujos que México se da en muchos frentes que nos son deficitarios son nuestra perdición. Tal y como les pasa a los adictos, México se volvió adicto a la costumbre de no recordar. No es tanto un mero ejercicio de olvido; se trata de un problema de memoria histórica, de una falla geológica en el cerebro de la nación que nos sume y orilla a una dimensión imprecisa, pero que resulta ser un ámbito de enorme fragilidad en la que se asoma una sociedad solitaria y melancólica, frente a un Estado depredador y derrochador de política y economía, las cuales se vuelven vacías, en el ámbito mismo de la inequitativa distribución de los derechos y deberes. ¿Pensábamos en un Estado autoritario agonizante? ¿Hay diferencia entre la represión y censura del echeverriato y el peñismo, entre el golpe a Scherer y los golpes de hoy a estos y tantos otros comunicadores que han tenido peor suerte? Quizá la diferencia fue la rudeza innecesaria en aquel caso y la sutil (aunque también brutal, por sangrienta) operación limpieza usada en los últimos tiempos. Preguntemos, con Rosseau, a los celosos guardianes de este Estado: “¿Qué Estado puede esperar una eterna duración? Si queremos fundar algo durable, no pensemos hacerlo eterno.” En efecto, es su salud la que exige de sus habitantes seriedad y firmeza democrática. Decía Rousseau: “El organismo del Estado es obra de arte. No depende ni está en la facultad del hombre prolongar su vida, pero sí la del Estado, tanto como es posible, constituyéndolo del mejor modo”. Sin estos elementos, no hay Estado que pueda soportar su creciente ilegitimidad soberana y sin soberanía, simplemente no hay nación

jueves, 5 de octubre de 2017

1985-2017: El tremor que nos persigue

Los que vivimos el temblor del 85 fuimos sacudidos por el hecho mismo in situ. Lo más importante: ante la tragedia presenciamos la emergencia de una sociedad civil proactiva y rebelde frente al Estado incompetente y corrupto que la ciudadanía lleva cargando hasta el cansancio

01 de Octubre de 2017

Las grietas del sismo de 2017 se emparentan con aquel sismo histórico que movió a la gente, sus mentes, almas y corazones, que en su acción espontánea mostraron que aún no han sido secuestrados por la sombra omnipresente de la corrupción histórica y sistémica que ha penetrado el Estado hasta su médula.

Las tesis que discuten es hasta dónde es posible responsabilizar a la sociedad por el gobierno que la representa, se muestran frágiles ante la tragedia y la acción colectiva y que por oleadas se produjo esta vez, al igual que en 1985.

Desde entonces ya nada ha sido igual y pudimos ver cómo una nueva forma de organización social nacía, superando a las instituciones del Estado, incluidos los institutos políticos. Más no se logró erradicar la pegajosa lacra de la impunidad que está impregnada en las paredes y muros de carga de la institución estatal. Y desde luego que no sería posible lograrlo si los representantes de la sociedad por excelencia en cualquier democracia, los partidos, no se renovaban desmarcándose del entramado de complicidades de Estado que los ha hecho más proclives a la complicidad con la continuidad de un sistema político, incapaz y torpe, que actores proactivos y enérgicos hacia su desmantelamiento y reconstrucción. Es el sistema político en su conjunto, no la sociedad atrapada en los laberinticos de su ineficacia, lo que evidencia, hoy más que nunca, que los que están en la paria equivocada son los miembros de la clase política, no la sociedad civil que demanda hoy más democracia y respeto a sus derechos cívicos y ciudadanos.

En ese sentido, éste puede significar el aviso más elocuente y terminal para lograr la edificación de un sistema político que apele a la organización horizontal de la distribución de los derechos y deberes ciudadanos y políticos. Los partidos han respondido desde la emergencia y anuncian con bombo y platillo la renuncia a sus multimillonarias prerrogativas que subsidian los damnificados por el terremoto y la sociedad en su conjunto.

A la sociedad esto le resulta peor en el medio de la tragedia, pero, sobre todo, lo ve como una injusticia histórica debido a la ausencia representativa real de los partidos y al hecho de que han tendido a convertirse en entidades de intereses privados y no públicos, como los obliga la Constitución. Razón de más para que la gente exija que no merecen más recibir su dinero y menos utilizarlo en su nombre, toda vez que el mismo no sirve del todo a la acción democrática.

El INE y el Congreso habrán de revisar a fondo las soluciones y normativas urgentes que se ajusten a la emergencia económica y política del país. ¿Será esta decisión de los partidos congruente en el largo plazo? ¿Dejarán de depender cual parásitos de la ubre societal y, por tanto, convertirse en auténticos representantes del interés colectivo? ¿Será esto suficiente para que renueven y logren ser los factores de la renovación democrática de la República? ¿O es la de ellos una simple reacción demagógica a la crisis y la demanda social de renovación, con el fin de lograr una sobrevivencia de corto plazo? Esto, en lo que se refiere al malestar político y al horror impreciso que la sociedad presenció solitaria, pero en cadena, desesperanzada, pero agarrada de la mano. Solidaria con su prójimo.

Octavio Paz escribió sobre esto mismo en 1985, después de aquel terrible terremoto (Escombros y semillas, El País, 10 de octubre de 1985). “Los gérmenes del renacimiento están en su origen”. Y agregó: “La reacción del pueblo de la Ciudad de México mostró que en las profundidades de la sociedad hay muchos gérmenes democráticos. Estas semillas de solidaridad, fraternidad y asociación no son ideológicas. Son más antiguas, y han vivido dormidas en el subsuelo histórico de México”. ¿Palabras clave que inspiran la confianza en esta patria fibrosa?

lunes, 18 de septiembre de 2017

Los dilemas de Trump: ¿final o renacimiento?

Hemos sido testigos desde principios de año del desorden descomunal que llegó a la Casa Blanca con el arribo de Trump a la Presidencia

17 de Septiembre de 2017

A la memoria de Manuel Andrade

Para empezar, la elección de miembros en el gabinete de ideología de extrema derecha, que van del supremacismo blanco, al desconocimiento del calentamiento global. Despidos prematuros de consejeros importantes y cercanos, vetos presidenciales fallidos contra ciudadanos de seis naciones, mayoritariamente musulmanas, incumplimiento de la expulsión de los más de 11 millones de ciudadanos indocumentados, la mayoría de ellos mexicanos, a lo cual se añade su fracaso en la intentona de agregar más kilómetros al muro ya existente en la frontera con México. Su vacilante respuesta (y en el fondo empatía) frente al terrorismo racista de los supremacistas blancos y neonazis, que atentaron contra la vida de manifestantes en Charlottesville, Virginia, matando a una de ellas, haciéndolo aparecer como lo que realmente es: como un Presidente racista y xenófobo. Su mal gusto al retar a las vencidas a cada líder que saluda de mano en cada visita de Estado, queriendo dar la impresión de que el que manda es él. Este comportamiento gestual y corporal, esta estética del poder ha sido repudiada por propios y extraños dentro y fuera de EU y evidencian una nueva e inconveniente (dada la realidad conflictiva que afecta el sistema global) postura unilateralista. Y lo peor, el Rusiagate que está por producir importantes resultados por parte del fiscal especial, Robert Mueller y que podría llevar al encauzamiento en el Congreso del desafuero y posterior destitución de Trump. Todos estos importantes eventos han sido provocados por el muy cuestionable estilo para conducir los asuntos del Estado por parte de Trump y por la incapacidad de sus asesores y de él mismo para instalarse en la ecuanimidad y dejar de responder a impulsos cada vez que toma decisiones.

No deja de ser paradójico, al tiempo que interesante, que desde la salida del exgeneral Michael Flynn y del jefe del gabinete, Reince Priebus, los sustitutos en ambos puestos sean militares de alto rango y amplia experiencia en el campo de batalla: el nuevo consejero de Seguridad Nacional es el teniente general Herbert Raymond McMaster y el nuevo jefe de gabinete es el general retirado John Kelly, veterano de la intervención en Afganistán. Estos dos actores, junto con el secretario de defensa, el también general James Mattis, mejor conocido como “mad dog” (perro furioso) y primer militar en un cargo que se encomendaba por tradición a un civil, están definiendo en gran medida los asunto del Estado, tanto a nivel nacional como internacional. Esto incluye, desde luego, la destitución de Steve Bannon, quien fungía como asesor especial de Trump y representaba la cabeza de playa más importante en el centro del poder estadunidense de los supremacistas blancos responsables del desastre en Virginia. De esta situación sin precedentes en la política tradicional estadunidense, la paradoja consiste en que sean los militares quienes estén poniendo en orden y acotando a Trump (si es que esta hazaña fuera posible) y dándole un sesgo de cierta racionalidad a algunas de sus decisiones, tanto corrigiendo sus dichos sobre la OTAN, sobre Corea del Norte, sobre China, sobre Irán, e incluso sobre México.

Se podría conjeturar que la medida de suspender el programa, Acción Diferida para los Llegados en la Infancia, promulgado por Obama, mejor conocido como DACA y que en caso de cancelación afectará a más de 800 mil dreamers (la mayoría mexicanos), es una de estas decisiones que, aun siendo terriblemente injusta, puede no terminar tan mal. Trump decidió con esto mandar al Congreso un aviso que lo forzaría a llegar a una alternativa antes de que se inicien las deportaciones masivas, en el curso de los seis próximos meses. Trump y los demócratas parecen estar llegando a un acuerdo que forzaría a los republicanos en el Congreso a no quedarse atrás y aprobar una ley de amnistía que daría la nacionalidad a este subgrupo de indocumentados.

Si esta hipótesis se cumple, Trump lograría cuatro cosas: distanciarse de los ultraconservadores republicanos, quitarle a Obama el mérito de regularizar a esta población y adjudicárselo él, obtener finalmente un triunfo político, nada menor, que le es imprescindible, toda vez que, entre otras cosas, podría aportarle voto latino y hacer posible la conservación de su mayoría congresional y, por último, mejorar la relación con México. La moneda está en el aire, pues los mismos demócratas estarán también buscando la tajada política que empujar este acuerdo les daría en las elecciones intermedias. Si se diera la comprobación de esta hipótesis, podríamos presenciar una nueva correlación de fuerzas y el futuro del trumpismo, y también hasta dónde la racionalidad militar le atinó en esta ocasión.

lunes, 21 de agosto de 2017

La UNAM y Trump

En no pocas ocasiones, la UNAM se ha visto confrontada por desafíos, resultado de los acontecimientos locales y globales. La universidad es, ciertamente, una de las instituciones más acabadas de México. De hecho, de entre las instituciones fundadas por el México del siglo XVI al XXI, es quizá la que mayor legitimidad ha logrado conservar.

20 de Agosto de 2017

Desde la UNAM, pensamiento y acción han ido a la par. Desarrolla investigación de primera calidad, vinculada a los grandes problemas nacionales y globales, y ha ofrecido, con las limitaciones presupuestarias conocidas, alojamiento académico a miles de estudiantes de grado y de posgrado. También ha sido espacio de asilo político a los grandes perseguidos de la Tierra, recuérdense a los refugiados españoles, sudamericanos y centroamericanos que han buscado en nuestro país refugio y en la UNAM un espacio académico que les diera oportunidades a sus expectativas de especialización y continuidad a sus labores docentes y científicas.

El exilio español nos dio intelectuales y científicos de la talla de Carlos Bosch García, Óscar de Buen, Juan Antonio Ortega y Medina, Wenceslao Roces y Adolfo Sánchez Vázquez, por mencionar sólo algunos de los muchos que enriquecieron y acompañaron las rutas del debate científico y humanístico mexicano. Vasconcelos promovió una universidad que fuera centro de pensamiento, pero también un espacio plural y armónico para el debate acerca de los grandes problemas de México, de las Américas y posteriormente del mundo. Esta vocación universal ha llevado a la UNAM a destacarse entre sus pares mexicanos y de la América Hispana, como una entidad plural e incluyente indispensable y cuya vocación por el pensamiento crítico es piedra fundacional, está profundamente arraigado en su alma.

Su creciente empeño en internacionalizarse, la ha llevado a tener representaciones en EU, Canadá, Europa y China. La UNAM se acerca al mundo y a los problemas específicos que se viven en las diferentes latitudes. Es pues, una universidad que al tiempo que amplía su proyecto al exterior, se vuelve fiel representante de la nación a la que sirve. Y en este ejercicio, desde luego, la UNAM aprende de sí misma y de las otras entidades hermanas a través de las cuáles tiene presencia en el extranjero. Podríamos decir, que nuestra universidad se vuelve una, más cosmopolita y conocedora de la realidad global.

En este contexto, la UNAM no puede pasar por alto los procesos de transformación que el mundo vive, más aun cuando las oleadas del extremismo están imponiéndose en contra de las tradiciones democráticas que distinguen al Estado liberal moderno. Ni tolerancia frente al yihadismo fanático y asesino ni tolerancia frente al demagógico escepticismo sobre cambio climático, ni el negacionismo acerca de la existencia del holocausto ni ante la violación de los derechos humanos de los migrantes y refugiados, todos ellos ciudadanos universales a fin de cuentas.

La UNAM es una institución de inteligencias críticas y de saberes científicos y humanísticos, y se ha preparado por décadas para entender desde la razón científica y humanista las problemáticas sociales, económicas, culturales, políticas y científicas. Hoy en día, nuestra universidad no puede pasar por alto la amenaza que representan el terrorismo islámico y el extremismo protofascista, representado por Donald Trump y por sus seguidores, los supremacistas blancos, los neonazis y los racistas del KKK, que acaban de amenazar a todos sobre la factibilidad de que EU regrese a las guerras culturales que tanto daño hicieron al tejido social. Tampoco puede pasar por alto el contexto socioeconómico en que se apostan estos movimientos, tanto en Austria (FPO), Holanda (PVV), Hungría (Jobbik), Polonia (PiS) y demás países donde la discriminación, la xenofobia o la tiranía se instalen para someter pueblos y sistemas enteros.

Como lo dijo The Economist, Trump es el hombre más peligroso del mundo. Para México, representa una amenaza especial, toda vez, que su deshilachado (pero peligroso) movimiento atenta contra los derechos civiles, incluidos los de nuestros connacionales, hoy perseguidos por su narrativa autoritaria y por las hordas que la acompañan. Si el Estado mexicano se resiste a sumar esfuerzos con la academia pública en este esfuerzo, es hora de que nosotros sumemos fuerzas desde la universidad a fin de acompañar a la sociedad, que padece el veneno regado por la intolerancia. La UNAM nunca quedará ausente de una encomienda así.

lunes, 7 de agosto de 2017

La gallina de Stalin y el niño flojo

Dícese de Josef Stalin que en una de sus reuniones mandó pedir una gallina. En cuanto se la trajeron la tomó del cogote con una mano y con la otra empezó a desplumarla (no se sabe en qué lado quedó la mano maltrecha). La gallina, desesperada por el dolor, intentó liberarse sin éxito. Stalin la tenía fuertemente sujetada. Al final, la gallina quedó por completo desplumada

06 de Agosto de 2017

Después de esto, se dirigió a sus ayudantes y les dijo: “Ahora queden atentos a lo que va a suceder”. Stalin puso a la gallina en el piso y empezó a caminar, al tiempo que le arrojaba granos de trigo. La gallina, adolorida y sangrante a más no poder, perseguía a Stalin e intentaba repetidamente agarrar su pantalón, mientras éste continuaba tirándole el trigo.

El caso es que la gallina no paraba de perseguirlo. Ante la asombrada reacción de sus colaboradores, cuenta la anécdota, Stalin les dice: “Así de fácil se gobierna a los estúpidos. ¿Vieron cómo me persiguió la gallina? Así es la mayoría de los pueblos: persiguen a su gobernantes y políticos, a pesar de la humillación y el dolor que aquellos les causan, a cambio de dádivas”.

Cierta o no, esta anécdota nos ilustra muy bien cómo ciertos políticos se las agencian para gobernar engatusando a sus ciudadanos. Más aún, se podría aplicar a muchos casos nacionales muy concretos.

No obstante, me gustaría referirme aquí al paralelismo que esta historia tiene con Trump, a quien el Newsweek acaba de llamarlo en su última portada, “niño flojo” (lazy boy) y lo retrata como un consumidor adicto a programas de TV y comida chatarra, y renuente a trabajar. Y se pregunta, ¿estará Trump aburrido de gobernar?, toda vez que, entre otras ligerezas, en medio año de mandato, se la ha pasado en el campo de golf 40 días.

Lo más destacable —aunque no el estilo sanguinario de Stalin— es el carácter tiránico del presidente Trump, quien ha sido infiltrado por los enemigos que tiene dentro del aparato de Estado, principalmente dentro de las agencias de seguridad a cuyos miembros ha enfurecido desde el despido, el 9 de mayo pasado, de James Comey como director del FBI.

Las más recientes filtraciones de las conversaciones que tuvo con Peña y el primer ministro de Australia, y publicadas en el Washington Post, desataron la furia del magnate, quien mandó al empequeñecido y humillado Jeff Sessions a anunciar, amenazante y bravucón, advertencias severas en contra de la prensa estadunidense, en el nombre de la defensa de la seguridad nacional.

En realidad, lo que destaca es lo siguiente: el problema no es la prensa, sino las muchas y ensañadas filtraciones sobre las interminables torpezas de Trump, que provienen desde dentro del aparato y que muestran cuan odiado es el Presidente entre múltiples sectores de la opinión pública (su popularidad sigue a la baja: 33%).

A la prensa la ha atacado en su tono burlón y agresivo desde el principio de su caótica campaña por el poder y con las nuevas amenazas, organizaciones de periodistas han acudido al Comité de Protección a Periodistas, quienes ven en esta avanzada autoritaria una amenaza contra la primera enmienda de la Constitución.

No es gratuito que a las tormentas provocadas por su ineptitud se orqueste una campaña en contra del presidente menos querido de la historia.

Como todos los déspotas narcisistas y atormentados, el niño malo de la Casa Blanca coincide en la forma y fondo con Stalin. Su discurso está lleno de notas humillantes contra sus interlocutores, sean éstos mujeres, minorías, contrincantes políticos, periodistas o jefes de Estado.

Y también, como todo buen narcisista que se cree superior a sus próximos, después de humillarlos, los adula o los trata de comprar.

Para entender esto, léase bien la transcripción de la conversación que Trump mantiene con Peña y con Turnbull para darse una idea de lo cerca que está llegando a un estado de sicosis delirante que ya había sido advertido por muchos actores, principalmente la Asociación Americana de Psiquiatría. Confiemos en que los tiempos de la gallina de Stalin no atrapen a Washington.

lunes, 24 de julio de 2017

Medios de comunicación amenazados

Los medios de comunicación han sido expuestos a un serio peligro por parte de Trump, quien los ha atacado de diversas formas por las críticas que han emitido en contra de sus acciones como Presidente. De hecho, han sido censurados y vetados por la Casa Blanca en las ruedas de prensa cotidianas que se celebran en la sede del Poder Ejecutivo

23 de Julio de 2017

l New York Times, CNN, el Washington Post y la BBC han sido, entre otros, los medios considerados indeseables por Trump y su recién renunciado jefe de Comunicación, Sean Spicer, quien ya fue sustituido por Anthony Scaramucci, un banquero neoyorkino e íntimo del Presidente.

La agresiva retórica de Trump en contra de los medios ha implicado que algunos de sus seguidores, incluidos grupos neonazis, hayan empezado a lanzar amenazas en contra de periodistas específicos, sus familias y conocidos. “Nunca pensé que yo iba a estar hablando de esta manera acerca de un presidente estadunidense, estos son tiempos extraños”, comentó Robert Mahoney, subdirector del Comité para la Protección de los Periodistas. Por su parte, Margaux Ewen, directora de comunicaciones de Reporteros sin Fronteras, declaró que “aún no ha visto una respuesta adecuada del gobierno desde que Trump tuiteara un video en contra de CNN”. Y es que, muy en su estilo, el Presidente hizo circular en las redes sociales, a través del muy popular Reddit, un viejo video en un evento de la asociación de lucha de EU, la WWE, en el que aparece apaleando a otra persona, sólo que éste tenía sobrepuesto a la altura del rostro, el logo de CNN.

Aparte de que este tuit ha sido criticado por los medios, como un mensaje grotesco e infantil, también se considera un mensaje inédito en la historia de la muy cultivada libertad de prensa en EU, además de ser visto como un acto de incitación a la violencia por parte de grupos, sectores e individuos radicalizados.

No son pocos los incidentes en los que Trump ha protagonizado ataques contra la prensa. Hace una semana usó una vez más su cuenta de Twitter, ahora para vapulear a los conductores del programa de la MSNBC; “Morning Joe, Mika Brzezinski y Joe Scarborough”, a quien llamó “IQ bajo”, “Mika loca” y “Joe el sicópata”. El narcisismo de Trump y su poca tolerancia a la crítica en contra de sus acciones lo enervan, al grado de que no puede evitar estos arrebatos. Todo este espectáculo tiene dos posibles explicaciones: un claro y nunca disimulado odio en contra de la libertad de los medios para someter a las figuras públicas al conocido escrutinio que se estila en Estados Unidos. Aunque también es probable que, al tiempo en que logra cumplir este cometido con mucho éxito, toda vez que logró titulares en la prensa escrita y televisiva, intentó distraer la atención del público después de otra semana desastrosa, en la que el Senado rechazó su plan de salud en sustitución del Obamacare, en virtud de que dejaría a cerca de 22 millones de personas sin cobertura médica, de que los funcionarios electorales de varios estados declinaron cooperar con él y su polémica comisión para investigar el supuesto fraude electoral que no se ha cansado de denunciar demagógicamente y de que el eterno Rusiagate le sigue ocasionando dolores de cabeza, esta vez por el involucramiento de su hijo mayor y su yerno en la trama, por haberse reunido durante la campaña con una enviada del Kremlin.

Todos estos asuntos son de enorme gravedad y fácilmente, conociendo su personalidad y pensamiento totalitarios, se estarían convirtiendo en detonantes de los aspectos más peligrosos y oscuros de Trump. Todo lo cual nos avisa, al menos hasta ahora, de que el Presidente se endurecerá o caerá más pronto que tarde en una crisis política aún mayor que las que se ha provocado el propio Trump. Como diría Oscar Wilde, “el hombre es el único animal que mata lo que más ama”. Pero antes de que esto ocurra con Trump, este sujeto puede ocasionar aún más daño del que ya ha propinado a la democracia estadunidense y a sus instituciones.

El muro: de la payasada, a la poquedad y la estulticia

No sólo dejó Estados Unidos solo al gobierno de Peña Nieto en la reunión extraordinaria de la OEA en Cancún y no mandó a su secretario de Estado a debatir sobre el grave conflicto venezolano. Ahora, de nueva cuenta y por razones que ignoramos, el Presidente de México se prestó a las humillaciones de Donald Trump.

09 de Julio de 2017

No sólo evitó de nuevo mandar señales de inconformidad y protesta por las formas y el fondo del discurso antimexicano de Trump. Lo saludó con complacencia y aceptó in situ la reiteración humillante de Trump sobre la imposición del muro y su propósito de que México pague por él. Qué lejos está Peña y su gente de la elegancia con la que Emmanuel Macron contestó a Trump.

La reiteración trumpista (la hayan “oído” o no, Peña y Videgaray) ocurrió (y fue “oída por todos”) con motivo de la reunión del G20 en Hamburgo, Alemania. Es decir, este hecho ocurrió a los ojos del mundo entero y fue cubierto por todos los medios de comunicación internacionales, sin que el gobierno de México haya dado algo más que explicaciones simplistas (“no lo oímos”) ni ofrecido ninguna disculpa a los mexicanos al respecto. Se trataba de una reunión on the side lines, es decir, no de Estado ni oficial, en la que no necesariamente se tendría que hablar de la relación bilateral en los mismos términos en que Trump lo ha hecho y Peña Nieto se lo ha permitido. Más aún, cuando al hacerlo así, se rompía una promesa previa de no tocar el tema del muro o de su financiamiento, que desde luego Trump ha incumplido reiteradamente ante la complacencia del presidente mexicano y de su canciller.

Esta ausencia de poder del Estado en el ámbito de la política exterior no es nueva. La pregunta es, si será casual o deliberadamente abyecta la respuesta estatal mexicana con el iluso propósito de, todavía, poder contar con la venia del gran señor de los rascacielos, hoy devenido en jefe de Estado abrupto y desquiciado. Lo hemos dicho en esta columna: Trump es un político narcisista, advenedizo, una anomalía democrática y un peligro mundial, que se volvió presidente gracias, en parte a la ignorancia de un sector del electorado, pero también a la descomposición del sistema electoral semimonárquico que sigue dominando y oprimiendo la democracia sociopolítica estadunidense. Y que fue previamente exacerbado por el hecho de que un político afroestadunidense se haya atrevido a contender por la Presidencia y ganarla.

Regresa la época del oscurantismo binacional y el gobierno de México no hace nada por contenerlo. Al contrario, lo auspicia desde que en agosto de 2016 le jugó una mala pasada a los mexicanos, cuando invitó a Trump a realizar una visita y recibió al candidato en Los Pinos —entonces abajo en las encuestas— con la pompa de una visita de Estado. Más lamentable y vergonzoso fue el hecho de que a su regreso a EU, en un acto político en Phoenix, Arizona, el bufón en jefe atizara de nuevo la hoguera al declarar que México pagaría por el susodicho muro.

Lo ha hecho de nuevo, pero esta vez ya como Presidente y bajo los reflectores globales. La falta de respuesta de Peña pone en evidencia de nuevo la flaqueza con la que el gobierno ha actuado en la definición de su política estadunidense en particular y exterior en general. De haber tenido la oportunidad, desde 2015 cuando Trump se lanzó contra México para proyectarse como candidato presidencial, para refundar la política internacional de México, se ha llegado al abandono y a la poquedad en la defensa de los intereses del Estado y la sociedad mexicanos.

No hay sentido de grandeza en este gobierno. La huída hacia atrás del Estado en este y otros temas, expone a la ya de por sí frágil soberanía institucional y la seguridad existencial de los mexicanos en México y en el extranjero.

En suma, en este acto se mostró muy lamentablemente el grado de enorme debilidad del jefe del Estado y lo muy fallida que ha resultado su política exterior.

lunes, 26 de junio de 2017

¿Qué hacer?

¿Qué sigue después de la nube que se nos montó, después de las elecciones en el Estado de México y en las otras entidades donde se repitieron, en versión moderna, los viejos vicios que nos persiguen desde que el sistema de partido único (y hoy el sistema pluripartidista) secuestró la vida y tranquilidad de varias generaciones de mexicanos?

25 de Junio de 2017

¿Qué hacer frente al marasmo que se presenta cada vez que, en periodo electoral, asistimos a un retroceso democrático y no al viaje hacia el progreso mexicano que bien podríamos lograr, de proponernos mirar hacia enfrente y no hacia atrás (como decía Paz cuando comparaba nuestra cultura política con la de EU), y sacudirnos varias lacras históricas que pesan desde hace siglos, hoy reproducidas en la peor de sus versiones dinosáuricas, prácticamente en todas esas entidades que se dicen de interés público, que son los partidos políticos; y, más aún, que pesan y penetran la infame cultura política mexicana?

Desde las alturas del Estado, pasando por lo más bajo del sistema de estamentos medievales a los que nos hemos sometido los mexicanos, lo que ya no se puede aceptar es que el laberinto socio-político-cultural mexicano nos siga sometiendo al nefando ogro filantrópico que de una manera u otra todos los mexicanos traemos en nuestro sistema, en los genes de nuestro ser nacional, nuestra política exterior y hasta en nuestros símbolos patrios; éste es un hecho tan irresuelto como retrasado.

Y ante el cual, la imaginación política de los actores tradicionales de la política mexicana no han logrado prefigurar con la prístina claridad en que sí lo hicieron en el pasado, aunque a la manera de sus tiempos y ópticas respectivas, personajes como Revueltas, Lombardo, Caso, Gómez Morín, Heberto Castillo y autores como Reyes o Paz, y tantas otras mentes de diversas ideologías, que se entregaron a la causa de pensar un México distinto para el beneficio de todos y no un Mexico en donde se usa a los mexicanos (voto incluido) para lograr concretar los beneficios de particulares cada vez más atrincherados en la protección de cotos de poder económico y político, no precisamente bien habidos: he ahí el eje Salinas-Slim y todos sus derivados pulpescos que lo rodean.

Además del fango vertido sobre la democracia, como lo escribió lúcidamente Roger Bartra, asistimos a un México con una sociedad lastimada por las pugnas políticas de arriba y que presencia desde abajo sin blindaje alguno, y por un régimen de sobrevivencia económica que de milagro no ha provocado erupciones sociales sistémicas y organizadas; eso sí, este deterioro lo han aprovechado bien los grupos informales, (como los cárteles a los que tanto oxígeno les dio la torpeza estratégica de Felipe Calderón). Los complejos tiempos e inequitativas condiciones de la globalización apartan, hoy por hoy (por diversas razones que no discutiré), del firmamento de la política, los escenarios de levantamientos revolucionarios a los que asistimos en décadas pasadas.

Sin embargo, como ha ocurrido en países desarrollados en donde se tuvo una gran inestabilidad social y efervescencia revolucionaria armada, como Italia, España, Alemania, los tiempos actuales exigen mejores condiciones de convivencia democrática y de equidad económica.

Si bien los políticos mexicanos lograron aplacar sus incendiados ánimos en el curso de la transición democrática largamente accidentada (que permearon a la sociedad civil), hoy el alto desánimo político, decepción emocional y baja autoestima que se ve en el seno de la sociedad, en sus organizaciones sociales y hasta en sus universidades públicas, exige respuesta de demócratas de verdad.

Continuar por el sendero de la complacencia va a empeorar todo y lo va a poner al rojo vivo. Los actores políticos lo tienen que entender. Ya Jalisco sentó precedente: bajar el presupuesto a los partidos y ahora, a subirles el tope mínimo de votación al 5% para conservar el registro, es lo mínimo -por ahora- que las instituciones del estado nos deben en esta ardua espera plagada de violencia, inseguridad e impunidad. Eso es lo que impera hacer. Después vendrá el control de daños.



Twitter: @JLValdesUgalde

lunes, 12 de junio de 2017

¿Autogolpe?

Donald Trump ha hecho de todo para llenarse el camino de espinas. Pero nunca se había visto, en la historia moderna de EU, a un Presidente que fuera tan eficaz en cavar su tumba en forma tan expedita. ¿Qué pasa con la Casa Blanca? Desde 2015, en que Trump se lanzó al ruedo por la grande, empezaron la serie de muy paradójicos autogoles. Primero, el autogol mexicano con el que nace su narrativa rupturista. Al día de hoy, no ha obtenido presupuesto para su tan cantado muro, ni consenso social para sacar a los 11 millones de indocumentados, lo cual, supuestamente, haría al entrar a la Casa Blanca.

11 de Junio de 2017

El autogol de su toma de posesión desangelada y que se reconfirmó no sólo con la contundente marcha de mujeres organizada al día siguiente, sino también con la evidente minoría mostrada —por los medios— que tuvo en comparación con las dos de Obama, mellaron su credibilidad, la cual no deja de tocar fondo (37% según Gallup). La marcha de las mujeres es consecuencia del autogol que se auto propinó cuando, en campaña, humilló a las mujeres en forma denigrante. Su islamofobia de campaña y sus ulteriores decretos presidenciales para vetar la entrada al país de ciudadanos musulmanes, fue otro autogol que le ha ocasionado la confrontación con jueces estatales y federales que los han detenido ocasionándole desprestigio interno y externo, así como el enfrentamiento con el Poder Judicial. Y el autogol más certero y que ha definido el marcador en su contra, es el Rusiagate. Estos días asistimos a una soap opera montada magistralmente por los medios y el Congreso, alrededor de las declaraciones del exdirector del FBI, en las que dijo dos cosas: Trump lo presionó para que terminara con la investigación sobre el general Flynn y el Rusiagate, a quien defenestró como Asesor de Seguridad Nacional, por haber mentido acerca de su asociación económica y delictiva con la intervención rusa en las elecciones. Comey, indicó también, que Trump (en total ignorancia de la división de Poderes y de la autonomía de las agencias de gobierno) le exigió lealtad incondicional, a lo cual aquél se negó, razón posterior de su despido. Más autogoles: Jeff Sessions, acusado de reunirse con el embajador ruso en tres ocasiones para participar en la trama del affair ruso, fue designado por Trump procurador General. Su yerno Jared Kushner, asesor estrella, también participó en el contacto ruso y no se duda de que, en el marco de la investigación sobre el asunto, se les vaya a citar a todos a comparecer pronto.

¿Qué más falta para completar el cuadro clínico del TrumPutinismo, que bien puede descomponerse aún más en las semanas venideras?: desde luego, el frente internacional. Durante la campaña, Trump cuestionó, en su usual estilo ramplón, a diestra y siniestra, la utilidad de la OTAN (no precisamente amiga de Putin), criticó a Alemania y China de abusar comercialmente de EU (México ya había sido acusado de esto). Ángela Merkel ya declaró que no se podía confiar en el Estados Unidos de Trump y que se proponía que Europa empezara a valerse por sí misma, incluso militarmente. Fuerte declaración de un aliado estratégico de Estados Unidos. ¿La aldea global en contra de la choza en la que se parapetó Trump, para vergüenza y enojo de sus conciudadanos? La insularidad en pleno siglo 21 cobra cuotas muy altas. En este sentido el proyecto económico diecinuevesco del TrumPutinismo
más pronto que tarde empezará a cobrar víctimas políticas. Y quizá, él sea una más de las varias que han caído.

Técnicamente lo que está ocurriendo es que el gobierno trumpista ha minado consecutivamente la eficacia real y potencial de las instituciones del Estado que se suponía debía administrar y dirigir. Más aún, ha atacado vulgarmente a las instituciones republicanas que tanto orgullo producen a los estadunidenses y tanta estabilidad socio política, y también económica, han logrado construir desde el siglo pasado. ¿Es esto un autogolpe producto de un plan demencial o de la estupidez política, que todos sabemos ha caracterizado a Donald Trump desde que se volvió bufón en jefe de EU?


Twitter: @JLValdesUgaldr

martes, 6 de junio de 2017

China desde las alturas

China no es subestimable en lo absoluto. El camino chino hacia la liberalización ha tenido como colchón de apoyo un crecimiento sostenido que ha transitado entre el 14 y el 6.5 por ciento. Impresionante ritmo de crecimiento estable el que ha tenido ese país y una evidencia de cómo se puede insertar un actor de este calibre en la globalización desde un modelo económico, aunque centralizado, alternativo y sumamente efectivo. 

28 de Mayo de 2017

Según datos del Banco Mundial (http://wdi.worldbank.org/table), el crecimiento anual de China fue de 9.9% y su PIB de 6.9%. En este mismo periodo los datos para EU fueron de 1.7% y 2.6%, respectivamente. Asimismo, siguiendo la misma fuente, el crecimiento del PIB per cápita en China y Estados Unidos fue de 6.9% y 2.6%, aunque al mismo tiempo el PIB total per cápita de China fue de 8 mil dólares y el de EU de 56 mil, lo cual habla de una superior distribución del ingreso en el caso estadunidense.

Por lo demás, los indicadores de estas dos potencias, una emergente y en vías de desarrollo, y otra, clara punta de lanza de la consolidación capitalista de este y el siglo anterior, son reveladores de cómo China avanza hacia el futuro a pasos agigantados. Por ejemplo, en exportaciones totales China alcanza 2,400 millones de dólares y Estados Unidos 2,261 millones.

En el rubro de crecimiento medio anual de la industria, China logra 11% y Estados Unidos sólo 0.7%. Y en los indicadores relacionados con el crecimiento medio anual de agricultura, China alcanza 4.2% y Estados Unidos 1.9%; en el rubro de crecimiento anual de servicios, China logra un impresionante de 10.7% y EU el 1.7%; y por último, en el capítulo del concepto total de reservas, China tiene un gran poder: 3,405,253 contra 383,728 millones de dólares estadunidenses.

Y toda esta numeralia, ¿porqué? Primero, porque China se ha convertido en una revelación global. Su sistema político, centralizado y dirigido por un partido único que controla las decisiones de Estado, ha logrado un revelador éxito económico que, además de ser paradigmático, se presenta como un desafío prospectivo para el control hegemónico de Estados Unidos que se acostumbró a vivir en cierta zona de confort, aceptando incluso excesos propios del capitalismo salvaje que Bush hereda a Obama y que le costó a Estados Unidos el septiembre negro de 2008, que tanto daño ocasionó a la economía y a las finanzas globales.

Segundo, porque China, históricamente ubicada en una franja estratégica para las potencias mundiales en el siglo 20 (principalmente la “perla de Oriente”, Shanghái), se convirtió en la ventana comercial de aquéllas entre los años veinte y treinta. Al tiempo en que, en medio de un maremágnum colonialista, China experimenta un desarrollo muy rápido como potencia comercial y financiera, además de ser un referente cultural para Occidente.

Y tercero, pero no menos importante, porque a partir de este bagaje occidental del cual China aprendió mucho y detentó una ya antigua condición de Metrópolis, convierte a China hoy en un desafío para la arrogante gran potencia estadunidense, que no previó escenarios de recuperación económica, que desde Roosevelt se concibieron para afrontar las crisis económicas del futuro.

Ver Pekín y Shanghái de cerca es revelador del mucho camino recorrido de esta potencia ascendente y de su voluntad de seguir su carrera hacia la conquista del futuro que nadie cuestiona al ver sus éxitos de cerca.

Esto me parece más claro al seguir el errático y arrogante camino que Donald Trump ha escogido a base de plantar zancadillas y empujones a sus contrapartes, incluso si son aliados. Está más claro que nunca que los vacíos que esto está dejando en el camino serán ocupados por potencias como China. O como lo advirtió Confucio: “El fracaso en perseverar en asuntos menores confunde el gran plan”.