domingo, 23 de abril de 2017

La conjura de los necios

 Con Trump llegó a EU un momento estelar de la tragicomedia política que en el pasado remoto y cercano tuvieron a Hitler, Mussolini y Berlusconi como protagonistas estelares. Esta vez, el constructor de ilusiones de concreto, con sus tuits y su sintaxis atormentada, se asemeja, para demérito de Ignatius J. Reilly, personaje central de la gran obra que titula este artículo, al individuo inadaptado y anacrónico que sueña con que el modo de vida medieval, así como su moral, reinen de nuevo en el mundo. Gran novela tragicómica en todo su esplendor, escrita por John Kennedy Toole y la cual recomiendo ampliamente para adentrarnos en el surrealismo de cabaret al que el trumpismo ha sometido al mundo entero.
     
16 de Abril de 2017

El mundo al revés. Se pensaba, y Trump intentó convencernos de eso, que la era de Obama había producido el momento más polarizante en la relación entre Washington y Moscú desde los tiempos de la Guerra Fría. Durante su ruidosa campaña, Trump elogió la cleptocrática autocracia de Vladimir Putin como modelo, como un ejemplo de valentía e inteligencia. Prometió normalizar relaciones con el autócrata ruso y aliarse para confrontar los peligros comunes. Ahora, Trump bombardea Siria, aliado ruso, después de que Bashar al-Assad gaseara a más de 100 conciudadanos, niños y mujeres principalmente; y su secretario de Estado anuncia una campaña contra el lamentable líder por ser el victimario del pueblo sirio. Los rusos reaccionan y amenazan, junto a Irán, con serias represalias contra Washington en caso de que emprenda otro golpe militar. ¿En dónde quedó el TrumPutinismo que parecía que iría viento en popa en contra del pacto originario de la alianza occidental? Parece que, como todo lo que Trump toca, quedó enterrado en el pantéon trumpista de las muchas ofertas al vapor que el magnate hizo y que no podrá cumplir cabalmente. El asunto sirio es por demás grave, siniestro y lamentable desde todos los puntos de vista. Primero, es una tragedia humanitaria solapada por Rusia y Occidente antes y después de que se instaurara el nacionalismo árabe Baazista fundado por el padre del inclemente Al-Assad. Y, sin afán de adentrarnos en la historia del coloniaje franco-británico y posterior dominación estadunidense, diríamos que, en el presente, Siria sigue siendo una pieza clave del rompecabezas geopolítico de la región.

Bombardear Siria y después, ¿qué? Trump no lo sabe, no sólo por ser un ignorante funcional, sino por el hecho de que no tiene la más mínima idea de estrategia de combate, ni conocimiento del teatro de guerra. No es creíble el sentimentalismo usado por Trump para vengar a los niños gaseados, pero existe la posibilidad de que al bombardear pudiera lograr distanciarse del caliente Putingate en el que se metió cuando presumiblemente se alió con Putin para ganar la elección y con quien se ha enojado porque no le ha correspondido a sus mensajes amorosos. Y existe una última alternativa (por demás perversa, pero típica de un malvado de su talla) del porqué del bombardeo: ante su permanente caída en las encuestas (sólo 40% apoya su gestión) quiso recuperar, sin éxito, la credibilidad perdida. Trump y su desorganizado equipo quisieron ganar momentum y avanzar en su cruzada esquizoide. Lo que es cierto es que Trump ha podido reunir a su alrededor a un equipo dividido y que a la vez se le opone con sordina. Ivanka, su hija, pudo haber influido en el bombardeo de Trump. A pesar de que el general Mattis, secretario de Defensa, afirmara que el bombardeo fue un éxito, otras versiones de prensa e inteligencia estiman que de los 59 misiles lanzados, sólo una treintena atinó en los blancos. Su yerno ha sido comisionado como enviado especial en Irak y, por último, su tóxico consejero, Bannon, después de ser despedido del CSN, se expone ahora al embate de los neoconservadores que lo quieren fuera. Todo un desorden en el centro del poder global. ¿Una conjura de los necios en contra de su necio mayor? De pronóstico reservado, querido (a) lector (a).

lunes, 3 de abril de 2017

La espera



¿Es Trump una figura de transición, una falla de la geología política estadunidense? ¿O es punta de lanza de un movimiento de nacionalismo intolerante y autoritario de extrema derecha, que ha llegado para quedarse en el seno mismo del espacio de la política democrática? Las respuestas a estas preguntas dependerán de la medida en que sus políticas internas y externas tengan el éxito que prometió. Por otro lado, también dependerán del éxito que los movimientos afines al trumpismo tengan en los próximos comicios en Francia, Alemania y la fuerza que puedan tomar en el resto de los países europeos que están bajo la lupa del Kremlin y sus tácticas intervencionistas.

02 de Abril de 2017

Si juzgamos el “éxito” de Trump por los resultados en política interna, se puede augurar desde ya un fracaso estrepitoso. No sólo es el presidente más impopular de la historia en tan breve tiempo en la presidencia, también es el que menos ha logrado en función de lo que prometió. Revisando en retrospectiva nos podemos dar una idea del desastre trumpista. Al defenestrado asesor de seguridad nacional, Michael Flynn, le acaba de negar el Congreso su oferta de testificar a cambio de inmunidad. Oferta delicada, toda vez que es un signo intrínseco de la culpabilidad de Flynn, a quien se le acusa de haber recibido dineros rusos y de haber conspirado con el Kremlin para impedir el triunfo de Hillary Clinton e impulsar el de su
exjefe, de quien presumiblemente sabe más de lo que ha dicho con relación al complot ruso. Dado que la investigación sobre la intromisión de Rusia en política interna estadunidense continuará, este pendiente muy probablemente tendrá a Trump contra las cuerdas lo que resta de su presidencia y muy bien se puede convertir en su Watergate.

En otros temas, Trump no ha podido tener el éxito que se proponía. Su costumbre de hacer lo que le viene en gana con puñetazos sobre el escritorio o denigrando a sus críticos, se ha topado con pared. Y con la oposición de republicanos y demócratas en las cámaras, y del aparato de inteligencia, que lo ve como una amenaza a su integridad. Ya está visto que no podrá expulsar a 11 millones de indocumentados sin hacerle serio daño al mercado interno; Trump ya mintió a su gran público al declarar sobre el número de empleos creados en los últimos dos meses, mismos que fueron resultado de las políticas económicas de Obama; falló en la emisión de sus dos decretos en los que prohibía el viaje de ciudadanos musulmanes; difamó a Barack Obama respecto a la intercepción de llamadas y perdió aún más gravemente la poca credibilidad que le quedaba; engañó a todos al informar sobre el costo del muro; su promesa de acabar en 30 minutos con ISIS y en otro tanto con los talibanes, al tiempo que ofreció doblegar a Corea del Norte, sin entender ni prever que los chinos reaccionarían con la esperada dureza que ya mostraron. Y por último, la promesa de acabar con el TLCAN está en veremos por las graves implicaciones que tendría esto para la economía estadunidense, principalmente la fronteriza que depende primordialmente de la relación comercial con México. Un rechazo tras otro que muestra que, al contrario de como se suele vender, Trump ha resultado ser un pésimo negociador.

Si bien en Hungría (Fidesz) y en Polonia (Ley y Justicia) se han afianzado en el poder gobiernos con la misma plataforma extremista, xenófoba y antieuropea del trumpismo, las tendencias de votación cambiaron sustancialmente en Austria y Holanda en donde perdieron los Partidos de la Libertad, aliados de aquellos. Próximamente, en las elecciones de este año, veremos, si el Frente Nacional (FN) de Marine Le Pen y Alternativa para Alemania (AfD) pueden hacer avanzar sus posiciones ultranacionalistas excluyentes y autoritarias. Todo hace pensar que Le Pen ganará boleto para la segunda vuelta en mayo, pero es incierto si ganará la presidencia. Si estas fuerzas pierden en Europa es muy probable que elTrumPutinismo acabe derrumbándose y con esto termine la espera.

domingo, 26 de marzo de 2017

TrumPutinismo caótico III y último

Varios han sido los quebrantos que Donald Trump se ha autoinflingido en las últimas dos semanas.

19 de Marzo

¡Mil felicidades a Excélsior por sus 100 años!


Veamos de atrás para adelante: los jueces federales de Hawái, Derrick K. Watson, y de Maryland, Theodore D. Chuang, revocaron temporalmente la segunda intentona de imponer un veto a los viajantes de seis países musulmanes por considerarla violatoria de la primera enmienda de la Constitución que obliga al Estado a respetar el libre ejercicio de las creencias religiosas; estos jueces, al igual que en la impugnación anterior, consideran este veto como antimusulmán; Paul Ryan, presidente de la Cámara baja, reculó en la intentona trumpista por cancelar el Obamacare, dado el potencial peligro electoral en las elecciones intermedias para los republicanos, debido al hecho de que 14 millones de estadunidenses se quedarían sin atención médica; el contacto ruso sigue dando de qué hablar: Jeff Sessions, señalado como uno de los personeros de esta trama, se mantiene como fiscal general aunque en forma precaria; y Trump acusa a Obama de espionaje, lo cual negaron tanto el FBI como el propio Sessions.

Ante esto, Trump, muy en su estilo, ha insistido en afirmar, en tono delirante, que habrá “muchas cosas” que emergerán de este affaire de espionaje.

Por lo pronto, el Comité de Inteligencia del Senado lo contradijo y reveló que no existen bases para sostener su acusación del supuesto espionaje de Obama.

Así, Obama no se colgó del alambre del folclórico habitante de la Torre Trump: Trump mintió por enésima vez y además insiste en continuar con su absurda narrativa basada en esa patológica construcción discursiva conocida como “hechos alternativos”, elemento propagandístico característico de los regímenes totalitarios y, de manera muy especial, de los regímenes fascistas, y que consiste en negar la información que se produce como resultado del análisis de los hechos concretos que la realidad arroja y, en su lugar, esta realidad es deliberadamente suplantada por los “hechos alternativos” que proceden de la interpretación propagandística y adulterada por los voceros del poder trumpista: se trata del espíritu del Big Brother que George Orwell nos regaló en su máxima obra 1984, pero ahora en una dimensión más grotesca y peligrosa por la potencial destrucción que puede provocar (por cierto, esta obra está en la lista de las más vendidas actualmente en EU).

Con el trumpismo arribó al poder una nueva forma de observar e interpretar la realidad.

Además de maniquea, se trata de una construcción premeditada de una o varias realidades alternativas. Sobre esta base se construye sin tregua alguna un discurso alternativo desde el que se sanciona, reprime y castiga a quien lo niega o siquiera cuestiona, prensa, sociedad civil, sociedad política u opinión pública internacional.

Está visto que esto impacta todos los temas de la política local e internacional. Desde el calentamiento global hasta la existencia de la amenaza a la seguridad estadunidense. Asistimos a una nueva patología democrática que la democracia liberal (en crisis) no ha podido contener en EU y, aparentemente, en otros contextos del mundo occidental, por mencionar el espacio político cultural más representativo de este proceso histórico.

Ante este imperio de la mentira del poder, la más cínica, dañina y atentatoria de las libertades y los derechos ciudadanos que haya habido desde los tiempos de Nixon, la democracia misma se encuentra atrapada y aún sin un antídoto que contrarreste esta corrosión pública que se sufre en EU.

El totalitarismo de la narrativa trumpista está poniendo a prueba la institucionalidad democrática estadunidense.

La opinión pública, la prensa y los dos poderes que aún sobreviven a esta embestida antidemocrática habrán de sentar, en los tiempos que vienen, los precedentes que conduzcan este lamentable episodio con el mayor de los equilibrios posibles.

Algo anima este optimismo: una encuesta de RCP de hoy anuncia que sólo 41% del público aprueba el trabajo del señor Trump. Algo es algo.

lunes, 6 de marzo de 2017

TrumPutinismo caótico II

En su discurso del martes pasado ante el Congreso, Donald Trump bajó el tono provocador y quiso introducir contenidos programáticos y anunciar sin mucho éxito resultados de su primer mes en el poder; nos quiso mostrar a un "nuevo Trump".

05 de Marzo de 2017
                      
Simultáneamente a esto, un nuevo escándalo como el de Michael Flynn, exasesor de Seguridad Nacional de triste memoria, afloraba en el seno de su gabinete. Su recién nombrado fiscal general, Jeff Sessions, acaba de ser denunciado por haber tenido contactos con el embajador ruso, Sergey Kislyak, durante la campaña e incluso después del triunfo de Trump. También es acusado de haber mentido al Senado durante las audiencias de confirmación, sobre los pormenores de dichos contactos. Ya se sabía que otros miembros de la campaña trumpista, J.D. Gordon y Carter Page, se habían reunido con el diplomático ruso; de hecho, Page renunció por esto a la campaña el 26 de septiembre. Para rematar, se acaba de conocer que Jared Kushner, yerno y asesor especial de Trump, junto con el fallido Flynn se reunieron con el tal embajador en la Torre Trump, en diciembre pasado. De nuevo, la trama TrumPutinista persigue a la Presidencia más groseramente escandalosa, discriminatoria, mentirosa y mediocre que ha tenido EU desde Truman y Nixon.
Se hace cada vez más evidente que en algo anduvieron metidos los rusos, como para que de alguna manera se explique tal insistencia de parte de los trumpistas en hablar con el embajador, quien, a estas alturas, podría contar muchas historias; desde el complot contra la campaña de Hillary Clinton hasta el muy particular interés en lograr que su aliado Trump fuera presidente. Su currículum es rico en actividades en las que el acopio de información de inteligencia y las actividades de vigilancia han sido su fuerte. Las ya muchas reuniones de los hombres de más confianza de Trump con el embajador ruso obligan a pensar, por lo menos, dos cosas: uno, que celebrar tales reuniones en un lugar tan emblemático como es la Torre Trump hace sospechar en mucho que fueron instruidos por su jefe para encargarles cumplir con tan alta misión, de la que se tienen que revelar contenidos y, dos, que de los contenidos de los que seguramente el FBI guarda evidencia se descifrarán los muchos misterios de la operación TrumPutinista durante y después del proceso electoral, primero, para ganar la Presidencia y, segundo, para afianzar los múltiples resultados, hoy en secreto. Es más que seguro que la investigación habrá de continuar y cercará aún más a esta Presidencia tan impredecible.
Dado que los escándalos y la mitomanía trumpista no cejan en asolar a un gobierno del cual no queda claro qué tan cohesionado quedará después de tantas sacudidas, Trump se propuso distraer la atención e intentó hacer un discurso de Estado ante el Congreso y, por lo visto, no le salió muy bien. Presumió un aumento de los empleos que en realidad ocurrió durante el gobierno de Obama; además, este dato no es corroborable, debido a que el reporte oficial del Departamento del Trabajo anunciará hasta el 10 de marzo los informes de febrero, primer mes completo de gobierno. Respecto a migración, construcción de infraestructura, gasto militar y gasto social escuchamos puras generalidades y no se sabe aún con precisión cómo hará Trump para pagar un aumento en el gasto militar de 54 mil millones de dólares, más mil billones (un trillón en EU) en la construcción de infraestructura y el reemplazo del programa de salud de Obama, y al mismo tiempo reducir impuestos. A lo que sí apuntan estas medidas, por lo menos en el tema militar, es a que Trump emprenderá acciones de fuerza para negociar desde la dureza; también se avizoran nuevos tiempos de unilateralismo en política exterior, si seguimos su narrativa aislacionista a todos los niveles de su política internacional. No se había visto en tiempos recientes en EU tal desorden político-administrativo que no augura nada sano. Dentro de todo, lo que sí parece que se mantendrá al acecho de Trump es la sombra rusa.

jueves, 23 de febrero de 2017

TrumPutinismo caótico

El general Michael Flynn, asesor en jefe del Consejo de Seguridad Nacional y máxima voz en la Casa Blanca sobre el tema, tuvo que renunciar por la supuesta exigencia del magnate. Lo hizo por la misma razón por la que lo corrió Obama de la Agencia de Inteligencia para la Defensa: por su mitomanía y propensión a sostener teoría conspirativas, siendo una de ellas aquella de que Obama era un "yihadista" que "lavaba dinero" pata los terroristas musulmanes; una perla muy al estilo de las que suelta su propio jefe en forma permanente.

19 de Febrero de 2017

Esta vez, sin embargo, su desgracia fue consecuencia de su participación en la muy temida conexión rusa que el equipo de Trump inició antes de ser electo. Más aún, ya siendo Trump presidente electo, Flynn, conversó con el embajador ruso en EU sobre la posibilidad de levantar las sanciones que Obama le impuso a Moscú como consecuencia de las acciones conspirativas de Rusia en contra del proceso electoral. Y sobre esto mintió al vicepresidente Pence y quizá al propio FBI, que está a cargo de la investigación. ¿Será posible pensar que Trump y su grupo compacto de campaña, ahora en la Casa Blanca, hayan cometido traición a la patria al aceptar que un gobierno extranjero emprendiera un complot contra el sistema político de EU? ¿Ordenó Trump que se emprendieran estos contactos antes de ser Presidente? ¿Sabía Trump que Flynn mentía? Todas éstas son preguntas que están ya rondando las puertas del poder y que parecen provenir desde todos los ámbitos de la política partidista, la prensa, el aparato de seguridad y amplios sectores de la sociedad que temen que esta alianza TrumPutinista comprometa la gobernanza de EU en el corto plazo.
De las respuestas que arrojen las investigaciones ya emprendidas en diversas instancias acerca de la conexión rusa, se verá hasta dónde la violación de la norma constitucional por Trump merecerá el proceso de destitución (impeachment) que ya empieza a mencionarse en esta muy temprana hora de su gobierno. La de Trump es la Presidencia que más rápido (ocho días) logró una desaprobación del orden del 50%, todo un récord en la política presidencial; sólo para contrastar con cinco de sus antecesores: para llegar a este índice de desaprobación, a Reagan le tomó 727 días, a Bush padre 1,336, a Clinton 573, a Bush hijo 1,205 y a Obama 936 días. Y así como esta tendencia sigue en picada, toca mencionar que es también la primera Presidencia que se expone en forma tan rápida al desafuero congresional, que constituye el primer paso para la destitución del poder. Está por verse si la conexión rusa y el visible caos gubernamental apuntan hacia allá en las próximas semanas.
Tal caos y el rechazo que han causado las múltiples órdenes ejecutivas nos llevan a sospechar si (especialmente sabiendo ya del sadismo que ha distinguido a Trump) no se estará usando el caos como un arma táctica. O si también éste es resultado de la franca incompetencia del nuevo gobierno.
El senador republicano, John McCain, parece apuntar a lo último cuando reclamó la disfuncionalidad del aparato de seguridad nacional y acusó a la Casa Blanca de ser un lugar donde “nadie sabe quién está a cargo y nadie sabe quién está definiendo políticas”. El general Tony Thomas, cabeza del Comando de Operaciones Especiales, expresó recientemente su preocupación por la visible convulsión en el gobierno. Así lo dijo: “Nuestro gobierno continúa estando en una increíble confusión. Espero que lo resuelvan porque somos una nación en guerra”. Ya se conocía la ausencia de racionalidad política en Trump, pero no esperábamos ver una descalificación de la opinión pública tan fulminante a raíz, por ejemplo, de la descalificación a los jueces que rechazaron su ilegal decreto de viaje a varios extranjeros y a quienes responsabilizó de próximos ataques terroristas.
A raíz de esto, Paul Krugman ha dicho que Trump parece desear que estos ataques ocurran, lo cual mostraría a todos lo estúpido que ha sido que restrinjan su poder. Caótico y terrorífico.

lunes, 6 de febrero de 2017

Terminator vs Negotiator: Destroyer


¿Es Trump un estratega genial o un destructor demoledor? La evidencia reciente sobre este personaje, que de alta moral no tiene nada, es que lo que toca lo hace añicos, incluso lo que más ame.  Es esa la constante de la personalidad psicótica: destruir y de pasada auto destruirse. Trump no es un populista de extrema derecha cualquiera. Es además también un actor impredecible que hace uso repetidamente de la misma mentira como manera de construir el "sentido común" de su público. Se trata de un manipulador en jefe y a la vez, un distractor en jefe. Evade la verdad en tanto que inventa la propia sobre la base de falsedades varias y esta acaba de ser impuesta al escucha en turno. Se conoce como la pos verdad. Y cuando no funciona, usa la coerción, el chantaje y la amenaza vociferante propia de un déspota. Su personalidad tiránica ha sido ya puesta de manifiesto en los escasos 15 días que tiene de ocupar la presidencia.

            El estratega en jefe empieza a devenir en lo que realmente es: un apostador de poca monta y con ocurrencias locuaces e irracionales, más que ideas de gran calado, pero, ojo,  con el poder nuclear más avasallador del planeta y una economía local que aún domina la economía global. Ciertamente, no poca cosa, toda vez que sus decisiones han puesto de cabeza a la Casa Blanca, si atendemos las noticias aparecidas en el Washington Post (Joseph Rogin, Inside the White House-Cabinet battle over Trump’s immigration order, 4 de febrero) sobre confrontaciones entre Stephen Bannon, asesor súper poderoso de Trump y enlace con el supremacismo blanco, y John Kelly, Secretario de Seguridad Nacional, Jim Mattis, Secretario de Defensa y Rex Tillerson, Secretario de Estado designado, quienes se han inconformado por haber sido excluidos por Bannon del proceso de emisión de las múltiples órdenes ejecutivas de Trump, especialmente la que prohibe la entrada de refugiados previamente aceptados y de residentes legales (incluidos los poseedores del permiso de trabajo conocido como "green card").

            Según revela el New Yorker (Benjamin Wallace-Wells, A dangerously isolated president, enero, 29), la orden ejecutiva que prohibía la entrada a EU de nacionales de siete países árabes, entre ellos Irán, Irak, Siria y Libia (redactada presumiblemente por Bannon), y que acaba de ser revocada temporalmente por un juez federal, no fue revisada por nadie dentro del gabinete con la autoridad para poder ofrecer insumos que la clarificaran. Se trata de una disposición que pretende proteger la seguridad nacional contra el terrorismo, pero atentando de remate contra ciudadanos que tienen residencia legal permanente, tales como los ya mencionados "green cards". Por lo demás, existe evidencia empírica suficiente que demuestra que los países vetados en la orden ejecutiva no han sido responsables de los fatales atentados terroristas en territorio estadunidense.

            Esta iniciativa de Trump ha sido congelada, aunque hay otras que prosperaron y que afectan los intereses de la comunidad homosexual y los derechos reproductivos de las mujeres. Además, Trump también ha emprendido una confrontación con México, Irán, China y Australia, a cuyo primer ministro le colgó el teléfono cuando este le exigió honrar con el compromiso de Obama de recibir más de mil refugiados asentados temporalmente en aquel país. Para consolación parcial nuestra existen reportes acerca de la resistencia de miembros de Partido Republicano que se oponen a la construcción del muro por caro e inefectivo. China ha reaccionado a los ataques con firmeza y amenazas de endurecimiento. el presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk ha afirmado que "Trump es una amenaza para la Unión Europea" y la Eurocámara rechazó al embajador designado por Trump, Ted Malloch, anti europeísta de cepa. En EU, el general David Petraeus, ex director de la CIA, ha advertido que Trump está a punto de destruir la estabilidad mundial.

            Así pues, Trump se ha quedados solo en apenas 15 días. ¿En dónde quedó el genial negociador?

lunes, 23 de enero de 2017

EU: el Estado sin cabeza

He sostenido en este espacio que el prinicpal reto que Donald Trump tenía era el de dejar de ser el candidato estruendoso, agresivo, colérico y convertirse en un actor político cuyo proceder estuviera a la altura de la alta investidura que es la jefatura del Estado.

22 de Enero de 2017
Después de escuchar y leer su discurso de toma de posesión no creo equivocarme, desafortunadamente, al augurar que Trump seguirá en la línea de provocación que lo ha caracterizado. De entre todas las tareas en las que Trump ha sido eficaz, la de provocar e infundir el miedo a sus contrapartes es quizá la más sobresaliente.
El discurso de toma de posesión no se apartó de esta línea de trabajo que Trump ha acometido con cuidado, pero con poca delicadeza desde que compitió con éxito por la Presidencia. En lugar de reivindicar su mote de campaña, “EU primero”, invitando al resto de las naciones a acompañarlo en hacerlo como parte de un esfuerzo compartido, optó por parapetarse en el discurso divisivo y paranoicamente aislacionista que lo ha caracterizado desde siempre y refugiarse únicamente en el minoritario ámbito de su base electoral, ignorando a aquella que no votó por él en forma apabullante (casi tres millones más).
Ya desde antes del discurso de toma de protesta, Trump había arremetido en contra de China, aun ante el riesgo de la confrontación, se había pronunciado contra la OTAN, había menospreciado a Angela Merkel y había amenazado a México en un tono francamente colonialista. Lo destacable de su discurso es que, ignorando las dimensiones de lo que son las economías abiertas en el marco de una globalización ciertamente inequitativa y maltrecha, acusó a los culpables de siempre de haber robado las riquezas y los empleos estadunidenses, haciendo caso omiso de que la tasa de desocupación que le hereda Obama es una de las más bajas de la historia. En este tenor, Trump parece creerse en serio que EU es una nación abusada, explotada, ninguneada por aquellos (China, México, la UE, la OTAN, la ONU) que son parte del conjunto del sistema internacional. El tono de esta queja permite suponer que Trump no pretende sumar sino restar. Si sus alianzas internacionales se concentraran en Rusia e Israel (y cumple su absurda promesa de apoyar la mudanza de la capital israelí a Jerusalén) es muy factible pensar que los próximos años serán de tensión y no de distensión con todos los riesgos implícitos que esto tiene para la paz y la seguridad mundiales. En el ámbito global, como en el interno también, dado el vacío popular que observamos en el mall durante su toma de posesión y las protestas generalizadas que se han suscitado, no se observa en Trump al jefe de Estado responsable, sereno y prudente que se estaría esperando con ansias en EU y el mundo después del annus horribilis 2016 que creíamos haber dejado atrás.
Ciertamente, la ceremonia republicana de transición de poder cumplió, aunque a medias, con la “cadencia poética y suave sensibilidad” que sus organizadores se propusieron. No obstante, lo que parece iniciar con el cumplimiento estricto de la etiqueta democrática que caracteriza al proceso político estadunidense, los desplantes del magnate, atronadores, egocéntricos y masivos dejan mucho que desear con miras a la estabilidad de la gobernabilidad en EU. En efecto, Trump inicia su mandato con 40% de aceptación, con el rechazo de los movimientos feminista, homosexual, latino y afroestadunidense, que el sábado participaron en una marcha masiva convocada por el primero; en suma, Trump ocupa la Presidencia con una legitimidad puesta en duda por amplios sectores de la sociedad y de la clase política. Ante el riesgo potencial que esto representa para la estabilidad de su mandato, la lógica llamaría a la cautela. Pues no, Trump volvió a ser Trump, y en su ofuscación lanzó un agrio discurso en contra del establishment, del libre comercio y de sus antecesores. Triste comienzo y mal presagio para el futuro de la gobernanza de Estado y de los equilibrios globales.

lunes, 9 de enero de 2017

Trump, el navajero

Para darnos una idea de los desafíos del canciller Luis Videgaray y del mundo entero frente a Donald Trump, empecemos por decir: el 20 de enero no sólo llegará al poder presidencial en Estados Unidos el personaje más ignorante e inexperto que ha producido la política de ese país en temas como seguridad, eocnomía, relaciones internacionales y derecho civiles, sino tambipen el apostador que se valió, con enorme éxito, de provocaciones, rumores y mentiras para ganar la Presidencia. 

08 de Enero de 2017 
 
Sigue la incertidumbre sobre si el Trump candidato será el Trump presidente. O si algo cambiará y su narrativa mitómana, misógina, xenófoba y camorrista se suspenderá o seguirá siendo su carta de presentación cuando de política local e internacional se trate.
James Clapper, director de Inteligencia Nacional (DNI), que agrupa al enorme conglomerado de la comunidad de inteligencia en EU, recientemente confirmó ante el comité senatorial de servicios armados la intromisión cibernética rusa en su proceso electoral y declaró esto como un “acto de guerra”. Un día antes, Trump se había pronunciado sobre las declaraciones de Julian Assange, fundador de WikiLeaks, quien negó que hubiera sido el gobierno de Putin el que le filtrara los correos de la campaña de Hillary Clinton, que a su vez esta organización filtró a la prensa lesionando gravemente a la candidata demócrata y al sistema político en su conjunto. En este sentido, en su más reciente ejercicio tuitero, Trump se pronunció: “Julian Assange dijo que un niño de 14 años podría haber (la) hackeado”. Ante el respaldo de Trump al posicionamiento de Assange y la inédita descalificación de la comunidad de inteligencia que sostiene lo contrario, el establishment político y de inteligencia se han agrupado detrás de Clapper y de los hallazgos que ha logrado. Si no se tratara del individuo que dirigirá los destinos del país con más poder militar y nuclear del globo, no habría motivo de alarma por dicha declaración. Así, este grave incidente, además de poner en riesgo la credibilidad del sistema de inteligencia nacional por parte del Presidente electo, confronta a Trump con aquél y debilita a EU frente a las múltiples amenazas a la seguridad nacional de ese país.
Sólo en este tema, el de la estrategia de seguridad nacional, estamos viendo cómo Trump sigue jugando irresponsablemente su táctica de confrontación contra todo lo que se le oponga y, en este caso, cuestione la legitimidad de su triunfo presidencial, toda vez que las conclusiones a las que llega el reporte de la DNI lo vinculan con la intromisión de una potencia extranjera, causal suficiente para ser acusado de traición a la patria. Por cierto, una declaración muy reciente del gurú electoral y también historiador de la Universidad Americana de Washington, que predijo su triunfo, Allan Lichtman, también ha predicho que Trump no terminará su primer periodo y que será destituido. Esto, dados los muchos asuntos legales pendientes que quedan a la deriva, tales como la ilegalidad en la que operaron la Fundación y la Universidad Trump, las mujeres supuestamente abusadas por él, su situación fiscal y el no pago de impuestos por más de una década. En la visión de Lichtman, Trump se ha rodeado de múltiples pendientes y confrontado demasiados intereses, razón suficiente como para que arriesgue la pérdida de su poder más temprano que tarde. O sea, y que el mundo esté prevenido, puede que no haya Donald Trump para mucho rato. Feliz año a los estimables lectores.

Posdata: Grupo Auto Center de Puebla, SA de CV, es una agencia de compra-venta de vehículos usados. La misma opera fraudulentamente con sus clientes. En lo personal, me ha tocado padecer esta situación, toda vez que la empresa me vendió un vehículo con el kilometraje alterado en varios miles de kilómetros y hasta la fecha no he logrado que asuma sus responsabilidades legales. Prevengo a los usuarios y a las autoridades estatales y federales de esta anomalía a fin de que eviten que se repita.

martes, 13 de diciembre de 2016

El gabinete del doctor Trumpstein

En la conformación de su gabinete, Donald Trump ha dejado claro que apuesta por el extremismo y no por la eficacia probada de sus consjeros, y adora a los generales y a los millonarios que, de paso, fueron fieles doantes de campaña.
11 de Diciembre de 2016
En la Secretaría de la Defensa (SD), en el Consejo de Seguridad Nacional y en la Secretaría de Seguridad Nacional nominó a tres generales retirados, de posiciones muy duras y conservadoras respecto de muchos temas. Tal es el caso del general James Mattis, nominado para la SD, famoso por haber dirigido la incursión de Bush en Afganistán e Iraq en 2001 y 2003, respectivamente. Se le conoce por su sobrenombre, Mad Dog (“Perro loco”) y por aquella famosa declaración: “Es divertido dispararle a la gente”.
Es de destacarse el nombramiento del general retirado Michael Flynn como asesor de seguridad nacional. Flynn fue director de la Agencia de Inteligencia para la Defensa, de la que fue despedido por Barack Obama por su mitomanía y propensión a sostener teorías conspirativas. Algunas de sus afirmaciones: El Islam “es un cáncer”, Obama es un “yihadista” que “lava dinero” para los terroristas musulmanes. La última diseminación de información falsa, que Hillary Clinton encabeza una banda de pedófilos, ya provocó una crisis de seguridad en Washington D.C., la semana pasada. El nombramiento de Flynn, que no pasa por el Senado, es preocupante, toda vez que se trata de un asiento clave en la coordinación de las agencias a cargo de definir la estrategia de seguridad nacional. Dada la combinación entre impulsividad, ignorancia e inexperiencia que caracterizan a Trump, la última opinión del asesor de seguridad nacional será determinante ante una crisis de seguridad que seguramente se presentará y que requerirá una respuesta sensata. Y está visto que Flynn es todo menos sensato. Este nombramiento pavimenta un escenario de decisiones extremas desde la Casa Blanca en temas de seguridad global.
Otros nombramientos destacados tiene en sus fieles donantes de campaña a sus beneficiarios inmediatos. En el Departamento del Tesoro, Trump nominó a Steven Mnuchin, antiguo socio de Goldman Sachs, la firma que defraudó a miles de inversionistas y que, con ello, coadyuvó a provocar la más grave crisis recesiva moderna en 2008. Mnuchin contribuyó con 430 mil dólares a la campaña de Trump. No está claro que tenga los talentos para dirigir la dependencia de la que depende buena parte de la estabilidad financiera nacional y mundial. Wilbur Ross, billonario especulador con empresas en quiebra, donó a la campaña de Trump más de 300 mil dólares. Se precia de ser antilibre comercio y recientemente ha declarado que México tendrá que renegociar el TLCAN bajo las condiciones de EU, toda vez que depende en 80% del mercado de EU para sus exportaciones. Sólo le ha faltado decir que México se tendrá que arrodillar frente a Trump a partir del 20 de enero. Más nombramientos de agradecimiento: Linda McMahon, nominada para la Agencia de Pequeños Negocios, donó  a Trump más de seis millones de dólares; Andy Puzder, para la Secretaría del Trabajo, le entregó 400 mil; Betsy Devos fue nominada para Educación y contribuyó significativamente para los republicanos.
No puedo omitir que en la Procuraduría General Trump ha nominado al senador Jeff Sessions, acusado de racismo, pero, sobre todo, acérrimo opositor de una reforma migratoria integral; y como director de la CIA a Mike Pompeo, egresado de la academia militar de West Point y miembro del ultraconservador Tea Party. Y por si no faltaran perlas, para ocupar la Agencia de Protección del Medio Ambiente nomina a Scott Pruitt, un negacionista del cambio climático. Faltan algunos puestos aún por llenar, como el del Departamento de Estado, pero con los que ya están a la vista tenemos suficiente para horrorizarnos por el gabinete de terror que Trump se ha armado: será un gabinete de halcones, de extrema derecha y de funcionaros novatos, sin experiencia en sus campos y de ideas y ánimos muy exaltados. Para temblar.

viernes, 2 de diciembre de 2016

Populismos y democracia




Para volver a estar donde
estábamos, cuando Estados Unidos era grande,
tendrá que haber disturbios de nuevo
Donald Trump

Lincoln decía: "las elecciones pertenecen al pueblo. Es su decisión. Si los ciudadanos deciden darle la espalda al fuego y quemarse el trasero, tendrán que sentarse sobre las ampollas". ¿Son las elecciones un reflejo de las virtudes de la democracia? ¿Son acaso la expresión de aquellos dos valores que definen al republicanismo: virtud cívica y excelencia? ¿Son la expresión del rigor cívico y la virtud republicana? ¿Son los ciudadanos capaces de gobernarse a sí mismos, como postulaban los padres fundadores en EU? Aunque aún es temprano, pronto podrán percatarse del alcance de estas preguntas, en las contundentes respuestas que arrojará la gestión de Donald Trump.
            Con el triunfo de Trump, la tentación populista se reforzó transnacionalmente, tanto en la derecha como en la izquierda. Después del Brexit, se ensancha la brecha para que el nacionalismo nativista y chovinista - provisto de una narrativa denigrante contra todo el que se oponga- se empoderó en el seno de los sistemas democráticos. Se va a aprovechar la asunción de la demagogia populista del trumpismo para celebrar no tan atinadamente el fin del liberalismo (en el que se gesta el propio populismo) como estratagema para operar -incluso antidemocráticamente como lo hizo Trump-, sólo en aras de conseguir los jugosos beneficios inmediatistas del poder: el poder por el poder. El resultado electoral en EU, así como es un resultado del proceso democrático que toma lugar en los confines de la democracia liberal, es también una expresión de su crisis sistémica; lo mismo ocurre en Europa. Esto ocurre, tanto por que cuestiona la validez de dos conceptos que clásicamente han caminado juntos y que hoy se miran con extrañeza: democracia y liberalismo; como por el hecho de que el subproducto electoral más visible representa una amenaza directa a lo que queda de éste, precario, pero único sistema político posible para la convivencia civilizada.
            Es un hecho que el éxito de la ola populista de derecha se basa en la existencia de una masa multi clase salvajemente pauperizada por un capitalismo financiero de casino y hasta hoy imparable, y que ha sido desafortunadamente acogido por el proceso globalizador.La globalización irracional provocó un proceso generalizado de inequidad económica y de oligarquización de nuestras sociedades; también le quitó legitimidad a aquella y engendró un neo nacionalismo excluyente e irracional que por más que exprese la crisis de la democracia, es inaceptable toda vez que es acompañado por liderazgos intolerantes, anti pluralistas y potencialmente totalitarios que hacen descansar su narrativa en la xenofobia, el racismo y la misoginia: una amenaza triple al debate transformador democrático que obligatoriamente se tendría que dar en nuestras sociedades. Si las contradicciones económicas de la globalización en las que descansa este debate no se superan, entonces no podremos aspirar a la recuperación de las formas y relaciones equilibradoras que en su sentido más clásico, la democracia ofrece.
            La "trumpización" de la política ha supuesto, en una más cruda dimensión de lo que provocaron en Europa el UKIP británico, Ley y Justicia de Polonia o el Fidesz húngaro, la confrontación entre "los nosotros" contra "los ellos", no entre los de "abajo" frente a los de "arriba", como propondría el teórico del populismo, Ernesto Laclau. Cannetti lo decía así: "al dividir esa masa laxa y amorfa en dos grupos como en formación de batalla, los hace exclusivos y los llena de enemistad mutua lo que al final conduce inevitablemente a verdaderas bandas de guerra." ¿Guerras culturales?, ¿eso nos espera? Ojalá que no. No obstante, lo que veremos en esta embestida de la Internacional Populista es que su impulso en contra de la institucionalidad existente, implicará que, más allá de transformarla y mejorarla, la querrán erradicar por la fuerza inventándose otra que pertenece al pasado, no al futuro. ¿Permitirá esto el precario Establishment en EU? ¿Contagiará el trumpismo a México en su peor versión nacional-populista?