viernes, 2 de diciembre de 2016

Populismos y democracia




Para volver a estar donde
estábamos, cuando Estados Unidos era grande,
tendrá que haber disturbios de nuevo
Donald Trump

Lincoln decía: "las elecciones pertenecen al pueblo. Es su decisión. Si los ciudadanos deciden darle la espalda al fuego y quemarse el trasero, tendrán que sentarse sobre las ampollas". ¿Son las elecciones un reflejo de las virtudes de la democracia? ¿Son acaso la expresión de aquellos dos valores que definen al republicanismo: virtud cívica y excelencia? ¿Son la expresión del rigor cívico y la virtud republicana? ¿Son los ciudadanos capaces de gobernarse a sí mismos, como postulaban los padres fundadores en EU? Aunque aún es temprano, pronto podrán percatarse del alcance de estas preguntas, en las contundentes respuestas que arrojará la gestión de Donald Trump.
            Con el triunfo de Trump, la tentación populista se reforzó transnacionalmente, tanto en la derecha como en la izquierda. Después del Brexit, se ensancha la brecha para que el nacionalismo nativista y chovinista - provisto de una narrativa denigrante contra todo el que se oponga- se empoderó en el seno de los sistemas democráticos. Se va a aprovechar la asunción de la demagogia populista del trumpismo para celebrar no tan atinadamente el fin del liberalismo (en el que se gesta el propio populismo) como estratagema para operar -incluso antidemocráticamente como lo hizo Trump-, sólo en aras de conseguir los jugosos beneficios inmediatistas del poder: el poder por el poder. El resultado electoral en EU, así como es un resultado del proceso democrático que toma lugar en los confines de la democracia liberal, es también una expresión de su crisis sistémica; lo mismo ocurre en Europa. Esto ocurre, tanto por que cuestiona la validez de dos conceptos que clásicamente han caminado juntos y que hoy se miran con extrañeza: democracia y liberalismo; como por el hecho de que el subproducto electoral más visible representa una amenaza directa a lo que queda de éste, precario, pero único sistema político posible para la convivencia civilizada.
            Es un hecho que el éxito de la ola populista de derecha se basa en la existencia de una masa multi clase salvajemente pauperizada por un capitalismo financiero de casino y hasta hoy imparable, y que ha sido desafortunadamente acogido por el proceso globalizador.La globalización irracional provocó un proceso generalizado de inequidad económica y de oligarquización de nuestras sociedades; también le quitó legitimidad a aquella y engendró un neo nacionalismo excluyente e irracional que por más que exprese la crisis de la democracia, es inaceptable toda vez que es acompañado por liderazgos intolerantes, anti pluralistas y potencialmente totalitarios que hacen descansar su narrativa en la xenofobia, el racismo y la misoginia: una amenaza triple al debate transformador democrático que obligatoriamente se tendría que dar en nuestras sociedades. Si las contradicciones económicas de la globalización en las que descansa este debate no se superan, entonces no podremos aspirar a la recuperación de las formas y relaciones equilibradoras que en su sentido más clásico, la democracia ofrece.
            La "trumpización" de la política ha supuesto, en una más cruda dimensión de lo que provocaron en Europa el UKIP británico, Ley y Justicia de Polonia o el Fidesz húngaro, la confrontación entre "los nosotros" contra "los ellos", no entre los de "abajo" frente a los de "arriba", como propondría el teórico del populismo, Ernesto Laclau. Cannetti lo decía así: "al dividir esa masa laxa y amorfa en dos grupos como en formación de batalla, los hace exclusivos y los llena de enemistad mutua lo que al final conduce inevitablemente a verdaderas bandas de guerra." ¿Guerras culturales?, ¿eso nos espera? Ojalá que no. No obstante, lo que veremos en esta embestida de la Internacional Populista es que su impulso en contra de la institucionalidad existente, implicará que, más allá de transformarla y mejorarla, la querrán erradicar por la fuerza inventándose otra que pertenece al pasado, no al futuro. ¿Permitirá esto el precario Establishment en EU? ¿Contagiará el trumpismo a México en su peor versión nacional-populista?

lunes, 14 de noviembre de 2016

Mentiras, raza, sadismo y poder (V y último). La pesadilla

 Hemos sido testigos de la inédita elección de Trumpstein como presidente de EU. Nos equivocamos, en mucho basados en el puslos lectoral que las encuestas de opinión nos ofrecían, los que apostamos por confiar en que la opción del progreso y la civilidad política serían la piedra de toque de la votación. 
13 de Noviembre de 2016 
 
La sorpresiva elección de Trump es el triunfo del pasado sobre el futuro, de la regresión política sobre el avance progresivo y civilizado del arreglo democrático. Con su elección se enfrenta a un serio peligro el arreglo civilizatorio global. Con Trump en la Casa Blanca corren peligro los principios universales de la república democrática. Y representa el triunfo de las mentiras, la misoginia, el odio, el racismo, la violencia, la ceguera estratégica y el vandalismo político, que él y sus seguidores promovieron a fin de obtener el poder y seguramente mantendrán al sostener sus políticas duras frente a fenómenos como el de la migración. Se está viendo ya: los derechos civiles se ven amenazados por un amplio sector que se está pronunciando masivamente contra Trump en las ciudades de aquel país.
Paradójico, pero cruelmente cierto: la misma sociedad que dio un paso histórico gigantesco y eligió en 2008 a un afroestadunidense como presidente, ahora retrocedió y respaldó el discurso del miedo y la indecencia política más grave desde Richard Nixon. Como me lo decía el miércoles un empleado afroestadunidense en un mall de Washington, DC, “es tan grave que una personalidad como Trump llegue al poder, como que nosotros lo hayamos llevado ahí”. Vergüenza y cruda moral.
El gran problema de esta temible elección en la que las facciones más retardatarias e ignorantes del coro estadunidense votaron y mandaron, será cómo superar las tensiones entre lo que Trump prometió (muro fronterizo, expulsión de inmigrantes, represión contra musulmanes, castigo a mujeres que aborten, desconocimiento del cambio climático, etc.) y el “cómo”, “cuándo” y “qué” cumplirá de esta abominable miscelánea de desvaríos nativistas que fueron articulados en su discurso. ¿Construirá el muro y lo pagaremos? ¿Expulsará a los más de 11 millones de extranjeros irregulares? ¿Atacará a las familias musulmanas “sospechosas”? ¿Castigará a las mujeres que opten por ejercer sus derechos sobre los derroteros de su maternidad? ¿Abandonará a la OTAN? ¿Se aliará con Putin? ¿Reimpondrá la tortura a los presos enemigos? Estos pendientes impondrán tensión local y global al clima político y nos harán desatender temas imprescindibles de la agenda del presente y futuro de un mundo en el que pareciera que el enojo se duplica minuto a minuto.
Aunque no tendría por qué estar vacunado contra el asombro que producen los hechos de la realidad, como politólogo asumo que las contundentes realidades de la política es lo que cuenta para efectuar un análisis político certero. Tal es el caso de la próxima presidencia Trump. No obstante, por ahora no puedo más que quedarme con lo que observé y escuché de viva voz de Trump durante los largos y cansados quince meses que duró la contienda presidencial. Ha sido su tono insultante y despreciativo el que no me deja más que pensar en la regresión política en un país dividido y con un resultado electoral que evidencia más que elocuentemente lo que Piketty había anunciado: la población pobre se triplica en EU y en el mundo. Se trata de que el 1% de la población concentra los medios y los resultados productivos de la riqueza. En esta premisa basó Trump su triunfo. También la basó en la inviable e irreal consigna de volver a EU grande de nuevo. Esto último es lo que más aterra al mundo. Que EU opte de nuevo por la fuerza para dirimir conflictos y diferencias con sus opuestos. Si Trump revierte el pacto nuclear con Irán, cancela la reconciliación con La Habana, construye el muro, invade Siria o Irak, regresará al siglo pasado y entonces EU se preguntará de nuevo, como lo hizo Gore Vidal, “cómo es que logramos ser tan odiados”.

lunes, 31 de octubre de 2016

Mentiras, raza, sadismo y poder (IV)

Algo debe de andar muy mal con la siquis de los republicanos en Estados Unidos como para haberse colgado desesperadamente de la candidatura de un hombre perdido en su laberinto mitómano y no haberse todavía desmarcado, muy a pesar de que su futuro está hoy más que nunca en entredicho. 
30 de Octubre de 2016
Algo anda mal en la derecha de EU. Se negaron a ver, en el Partido Republicano (PR), el anuncio de su decadencia cuando Donald Trump le propinó un golpe de estado a los republicanos que aún no entiende del todo como un golpe final, un golpe de época a su saga política. Trump representa la antítesis del conservadurismo del partido de Lincoln, que en forma más civilizada que salvaje era conducido por decorosos representantes del PR. Lo que ocurre con este partido es que vive una descomposición ideológica de dimensiones aún inconmensurables y que de seguro se reflejarán en los resultados electorales de estados como Arizona en los que perderán, según las encuestas, estrepitosamente. Trump es un hombre enojado, corroído por la rabia y por la ira, lo que a su vez comparte con sus furiosos seguidores, quienes ahora amenazan, al igual que él, con no reconocer los resultados electorales si él no triunfa. Además, advierte que el proceso es fraudulento y que opera en su contra una conspiración orquestada por la prensa, los Clinton y los sectores progresistas.
Hace más de un año Trump lo empezó todo. Al principio no se vislumbró peligro alguno, hasta que ganó la nominación. Lo cierto es que en ese momento ya no supo qué hacer con Trump, sino seguir alimentándolo en su versión más brutal y majadera. De haber tenido 16 rivales, se quedó sólo con una, para ser precisos. Con tres debates presidenciales por delante, su misoginia, mitomanía, racismo y su xenofobia iban a ponerse a prueba en horario estelar y en cobertura nacional. Tenía que mostrar su mejor rostro. La élite republicana, envuelta en la confusión y en la impotencia suicida creciente, confiaba en que Trump asumiría una actitud racional y mesurada ante un público ya no sólo republicano sino nacional. ¿Qué pasó? Reapareció el Trump de siempre, ese que acaba siempre matando a Trump: Trumpestein. Desde que The Washington Post reveló un video en el cual Trump denigra a las mujeres, su caída fue estrepitosa. Ahora mismo está por detrás de Clinton en las encuestas en estados sin los cuales no llegará a la Presidencia, como Nevada y Arizona, que por primera vez en décadas votaría por la fórmula presidencial demócrata. Adam Haslett en The Nation (Vandal in Chief, 24 de octubre, 2016) ha coincidido con los conceptos vertidos por la prensa internacional, como Der Spiegel, que señalan a Trump como un hombre peligroso. Indica que durante los últimos 15 meses se ha presenciado un gran carnaval en el que Trump se ha convertido en el animador y receptor del descontento del EU blanco y cristiano, que ve cómo en la actualidad sus privilegios de raza y religión se van perdiendo ante la creciente emergencia de un EU multirracial. Más aún, en su afán por continuar con su discurso racial reivindicatorio, Trump se ha convertido en un vándalo político, quien a su vez ha secuestrado en forma infame a un sector marginado de la población, disminuido política y económicamente, que furiosamente responde a sus llamados a la violencia, también como vándalos, todo lo cual genera un temor legítimo de desestabilización en el escenario factible de la derrota trumpista en las urnas.
Esta debacle ha llevado a que la campaña se contamine. Y a que, particularmente en la facción golpista de Trump en el GOP, se recurra a todo tipo de artimañas para amañar la contienda. Tanto haciendo uso de una retórica sensacionalista en la que el discurso del miedo se impone, como llevando al extremo los varios flancos débiles de su contrincante demócrata, situación que ha producido un vacío programático de grandes dimensiones. Ahora mismo y ante la delantera que Clinton mantiene en la contienda, en una apuesta de pronóstico reservado, estamos presenciando el retorno al debate sobre el lío de los correos electrónicos de Hillary Clinton. Trump y el GOP, en un último acto de su espectáculo político, intenta regresar a la lucha cuerpo a cuerpo en la cual Clinton ha mostrado fragilidad, pero también una capacidad de recuperación notable.

lunes, 17 de octubre de 2016

Mentiras, raza, sadismo y poder (III)



The New York Times lo ha llamado “el infierno republicano”. Las palabras, las mentiras y los agravios de Donald Trump se están convirtiendo en su propia prisión. Como profecía autocumplida, Trump ya se encuentra hoy en medio de un naufragio largamente anunciado; su candidatura se encuentra en constante caída libre.
16 de Octubre de 2016
Después del video ventilado por The Washington Post, en el que desprecia a las mujeres, condenándolas a la vil condición de meros objetos sexuales, ya nada será igual para el exanimador neoyorquino. A esta revelación han seguido, hasta ahora, once mujeres denunciantes que lo acusan de una práctica de abuso sexuales, que sigue nítidamente una línea de conducta consistente: abordarlas en público y en privado (aviones, bares, habitaciones de hotel), sin previo aviso ni permiso, manoseando groseramente sus cuerpos y tomándolas de los genitales, exactamente tal y como en el video él lo describe (“agarrarlas por los genitales”), 160 personalidades del Partido Republicano (PR) entre congresistas y gobernadores lo han abandonado y se han concentrado en sus campañas locales, estatales y distritales. Ciertamente hacen esto con el temor fundado de perder la mayoría en las dos cámaras. Paul Ryan, jefe de la mayoría republicana, en una decisión audaz y de pronóstico reservado, decidió tomar distancia de su candidato y concentrarse en apoyar las campañas de sus colegas que en muchos estados clave podrían enfrentarse a una probable derrota en las urnas, todo lo cual puede implicar la pérdida de las mayorías camarales para el PR. Por si esto no fuera suficiente, empresarios congregados en la Cámara de Comercio de EU han anunciado a la cúpula del PR que se concentrarán en apoyar financieramente las campañas congresionales, ahora que el triunfo presidencial de Trump se desvanece.
Y esta decisión no es para menos: los empresarios republicanos ven con temor cómo sus candidatos al Congreso en Nevada, Nueva Hampshire, Indiana, Carolina del Norte, Misuri y Pensilvania pueden perder sus sitios como parte de la mayoría republicana. Sólo en el Senado, la mayoría del PR es de 54 contra 46 y según los mapas electorales actuales ambos partidos están empatados con 46 y están por definirse, en reñida contienda, ocho asientos senatoriales. Aunque la Cámara de Representantes tiene aún una sólida mayoría republicana, con el efecto Trump y en pleno proceso de renovación integral, esta mayoría podría perderse o bien disminuir riesgosamente, permitiendo a una presidenta Clinton gobernar con soltura en los próximos cuatro años.
Así pues, Trump lo logró, con la complacencia del PR: fracturó al partido de Lincoln y lo condenó a un doloroso y azaroso proceso de renovación. Desde el momento en que Trump inició su precampaña con una narrativa cargada de impulsos mitómanos, propinando insultos a mansalva en contra de todos sus contrincantes; desde que en junio de 2015 acusara a los mexicanos de violadores y maleantes; posteriormente amenazara con imponer un veto a los ciudadanos musulmanes y despreciara a una familia dorada de origen musulmán (veteranos y caídos de guerra); arremetiera contra las mujeres llamándolas perras y puercas, hasta ahora, en que después de un segundo debate en el que acosó física y verbalmente a Hillary Clinton y emergieran las revelaciones de las mujeres víctimas de su acoso, ya se empezaba a gestar la crisis monumental en la que el proceso electoral se ha sumido.
Ahora que se ha dado el rompimiento con la nomenklatura del PR y tal y como parece observarse, Trump se ha decidido equivocadamente por mantener su conocida línea de ataque en aras de mantener su base electoral, vendiéndose como una víctima inocente de la gran prensa y de los Clinton, es muy probable que veamos cómo Clinton empezará a distanciarse en las preferencias electorales con miras al tercer debate del próximo 19 de octubre y finalmente consolidarse y resultar victoriosamente electa Presidenta. Si es así, Trump habrá devorado a Trump, no sin antes haber provocado la peor crisis política de la era moderna en EU.

lunes, 3 de octubre de 2016

Mentiras, raza, sadismo y poder (II)


Así como se ve imposible el triunfo de Trump, se ve muy complicado el quehacer del próximo gobierno de Hillary Clinton. Me preocupa en principio el problema de cómo ella podría reconstruir el tejido social roto desde los noventa. Ocurre que encontrará a un país partido por la mitad. Se trata del EU rural y de sectores de clase media urbana que han quedado desplazados de las nuevas oportunidades que la tercera revolución industrial ha generado. La globalización no sólo ha implicado un proceso de integración comercial tan complejo como desordenado y con resultado muy desequilibrado, sino también una revolución tecnológica que demanda emplear cuadros con altos grados de preparación. 
02 de Octubre de 2016
Es un hecho (polémica incluida) que no ha sido sólo el desplazamiento laboral el que ha influido en la producción de una masa de población resentida, que se ha convertido en un receptor ideal de los discursos nacionalistas nativistas que han predominado en países de Europa Central principalmente y ahora en EU con Trump. A este resentimiento se agrega el de la reivindicación de los derechos de raza y religión en el proceso de conformación del orden y organización social, todo lo cual incluye el rechazo a la multitud de migrantes que llegan de todo el mundo debido a los efectos negativos de la globalización, de las guerras y los conflictos locales en Oriente Medio y en África del Norte. Blanquitud y cristianismo, por encima de negritud e islamismo en Europa. En EU lo mismo, más el rechazo a la otredad migrante, de color latino principalmente, y a la antigua negritud que define a EU históricamente; no se diga la fobia en contra de los musulmanes, culpables, en este discurso, de la penetración terrorista.
Más que estar sólo loco, Trump es la expresión discursiva pura y llana de este descontento en el que diversos sectores de la sociedad estadunidense se encuentran. Se trata de una población mayoritariamente blanca de clase media baja que envejeció y no avanzó en escolaridad, habiéndose quedado estancada en los niveles de secundaria y preparatoria y, en consecuencia, se quedó atorada frente a los avances veloces del fenómeno globalizador. Como pudo observarse en el primer debate presidencial entre Clinton y Trump, este último no fue capaz, sin embargo, de estar a la altura de una propuesta integral que convenciera a la mayoría de electores, no se diga a su clientela fija. De los 90 minutos, Trump logró aprovechar con relativo éxito los primeros 20. Adoleció de la resistencia del maratonista, talento que Clinton sí tiene debido a su largo tiempo en el oficio político y a un mayor talante profesional y conocimiento profundo de los temas. Además de sus generalizaciones (TLCAN, México y China culpables de la crisis económica, musulmanes culpables de la crisis de seguridad, etc), lo demás fue una exhibición de demagogia y mitomanía, que ha llevado al New York Times, alWashington PostUSA Today y diarios locales, así como a miembros delestablishment político y económico, a rechazarlo enfáticamente. Aunque ciertamente la polarización social y económica tiene sus raíces en el interior mismo del sistema del que forman parte, estos importantes sectores de opinión se encuentran atemorizados por el temperamento de Trump. Su incontinencia se percibe como potencial incompetencia y torpeza en el arte de gobernar para todos, todo lo cual se podría traducir en la generación de crisis locales y globales mayores a las que ya enfrenta EU, particularmente en este momento de relativo declive hegemónico en el que se encuentra. Con Trump a la cabeza, Washington entraría en un proceso de polarización aún mayor y quizá irreversible, toda vez que no tiene propuestas de solución a los problemas que sean conciliatorias: las suyas son recetas totales e inflexibles. Si esto se traslada al orden global, podríamos ver, por lo pronto, el fin del Pacto Atlántico dada su demanda de condicionar la existencia de la OTAN, entre otros temas delicados con graves implicaciones.