lunes, 27 de noviembre de 2017

El gran enredo

Trump anda enredado en casi todos los temas. La mayoría de ellos, asuntos que están fuera de su competencia, por ser él mismo incompetente. La suya es una incompetencia de Estado, producto de la estulticia y la arrogancia de lo que el FBI, según reporta recientemente, considera una personalidad tan narcisista como sicópata (ver Trump’s Brain: An FBI Profile of Donald Trump: Predicting Trump’s Actions and Presidency)

26 de Noviembre de 2017

En un reporte reciente de 27 siquiatras estadunidenses (The Dangerous Case of Donald Trump: 27 Psychiatrists and Mental Health Experts Assess a President), se cuestiona la salud mental de Trump y se le declara como un peligro para la seguridad de EU, además de que se apela a la aplicación de la enmienda 25 constitucional que empodera al gabinete, al vicepresidente y al Congreso, a declarar al Jefe del Ejecutivo como incapaz y sin facultades para gobernar y en consecuencia, proceder a su destitución.

La revista Newsweek ha bautizado a su gobierno como el más corrupto de la historia. Según su relato, hay al menos seis funcionarios de primer nivel en el gabinete usando aviones militares para llegar a su destino, vinculados con negocios que bien podrían estar asociados a la mafia rusa y al lavado de dinero: en la lista se incluye al secretario de Comercio, Wilbur Ross, el mismo que está queriendo imponer los términos más leoninos que se hayan visto en la renegociación de un tratado comercial, en este caso el TLCAN. También señala a Jared Kushner, yerno y consejero estrella de Trump, quien habría omitido declarar un billón de dólares en préstamos externos para sus empresas inmobiliarias. Otro personaje señalado es el siniestro Michael Flynn, el general muy tempranamente defenestrado como consejero de Seguridad Nacional. Flynn ya ha pintado su raya con Trump y ha quedado al margen de la cooperación legal que sus abogados mantenían con la Casa Blanca. La razón: ya acordó aceptar la condición de testigo protegido del fiscal especial, Robert Mueller, para declarar en contra de Trump y su equipo por el Rusiagate, que va que vuela como la crisis judicial más grave desde el Watergate de Nixon.

En el reportaje referido, Flynn es acusado, entre otros cargos, de haber realizado transacciones ilegales con los gobiernos turco y ruso antes, durante y después de la elección de Trump.

Y para rematar, ahora, 16 mujeres más han acusado a Trump de acoso, abuso sexual y violación a sus derechos de género, todo lo cual ha quedado plasmado en un documental de la firma Brave New Films (16 mujeres y Donald Trump). Es decir, si en noviembre de 2016 se trató de una crisis de política electoral, ahora estamos ante una crisis de gobernanza estatal de gran calado, una gran hidra asesina, a la que semana tras semana le nace una cabeza nueva, dispuesta a seguir devorando las extremidades y vísceras de un gobierno sin organicidad ni racionalidad democrática alguna y manchado por la ilegitimidad.

La clase política está alarmada ante las crisis ocasionadas por Trump. Lo están aún más los republicanos, quienes en su momento se entregaron a Trump en la confianza de que esto les daría capital político para las elecciones de 2018 y así poder conservar la mayoría legislativa.

La razón de su legítima preocupación no es menor. Los demócratas han ganado recientemente dos gubernaturas, en Nueva Jersey y Virginia, y muy probablemente lo hagan también en Alabama, toda vez que el candidato republicano, Roy Moore, está siendo acusado de haber pretendido niñas de 14 años, siendo él un joven abogado en sus 30.

Nos falta mucho por ver todavía, pero ya no queda la menor duda de que desde que Trump llegó a la Casa Blanca, un sujeto degradante, de dudosa salud mental e intelectual, que provoca vergüenza a los estadunidenses, le ha impreso aún más vulgaridad al ambiente democrático estadunidense, que ya de por sí vivía una crisis de fondo muy seriamente debatida en EU.

Hoy el mundo entero tiene que negociar con un vándalo en jefe, errático y provocador, que nos hace rememorar, hoy más que nunca, aquella sabia frase de Santayana: “Aquellos que olvidan el pasado están condenados a repetirlo”.

martes, 14 de noviembre de 2017

Un año de pesadilla TrumpPutinista

Hace más un año que estoicamente hemos repasado y escrito sobre la presidencia de Trump. Se trata de un periodo en que la mayoría ciudadana parece estar lamentando con vergüenza la Presidencia de tan incómodo personaje (su índice de aceptación, el más bajo históricamente, no rebasa 34%)

12 de Noviembre de 2017

No se digan las preocupaciones del resto de los habitantes y líderes de este planeta que día con día atestiguan cómo se rebaja la política de Estado a los niveles de estulticia y vulgaridad más bajos de la historia de la Presidencia estadunidense. Al menos, por estas dos razones, la Presidencia de Trump es un fracaso de alto riesgo. De hecho, ya se auguraba por la mayoría de los observadores razonables desde que, como candidato, se convirtió en un vándalo político, como lo advirtió a tiempo Haslett, (Adam Haslett, Vandal in Chief, The Nation, 24/10/16). Y es de alto riesgo debido a que ante tanto fracaso, la desesperación que esto conlleve, pueda llevarlo a tomar medidas desesperadas, como bombardear Corea del Norte o provocar aún más a Irán.

Lo más reciente de la corrupción trumpista: Paul Manafort, exdirector de la campaña trumpista y amigo personal del Presidente, ha sido acusado de lavar más de 75 millones de dólares, resultado de sus tratos con el gobierno de Víctor Yanukóvich, expresidente de Ucrania, protegido de Putin, sospechoso, además, de robar 12 mil millones de dólares del erario. Manafort está bajo el régimen de prisión domiciliaria, así como su socio Rick Gates, quién también está sometido a arresto domiciliario. Se ha sabido que Manafort y sus socios no eran los únicos acusados, George Papadopoulos, exasesor de política exterior, ha confesado haber mentido al FBI sobre sus contactos rusos y se encuentra ya como testigo protegido del FBI.

Se sabía que otros miembros de la campaña trumpista, J.D. Gordon y Carter Page, se reunieron con diplomáticos rusos coludidos contra Clinton; de hecho, Page renunció por esto a la campaña. Para rematar, se acaba de dar a conocer que Jared Kushner, yerno y asesor especial de Trump, junto con el fallido Flynn se reunieron con el embajador ruso en la Torre Trump, en diciembre de 2016. De nuevo, la trama TrumpPutinista persigue a la Presidencia más groseramente corrupta, mentirosa y mediocre desde Nixon.

Con la presidencia de Trump se desdibujaron los patrones de ética políticos, así como se afectó importantemente la tan cuidada coalición conservadora. Se está sometiendo al sistema político a múltiples presiones y se ha buscado el desgaste de las instituciones republicanos. Desde su inicio y fundamento, el trumpismotiene las características clásicas de un movimiento desestabilizador, lo cual no es poca cosa, si atendemos a que esto ocurre desde el centro del poder de una potencia, aunque en declive relativo, aún con gran poder en varios temas y zonas de interés global. Se trata de un movimiento tribal que no valora ni los principios ni la verdad. Las ideas han sido sustituidas con desplantes impulsivos sin dirección estratégica o incluso programática. El trumpismo fragmentó al Partido Republicano y fulminó de un lance a sus teóricos, Edmund Burke y William F. Buckley Jr.., a los cuales reemplazó por las ocurrencias reaccionarias de Ann Coulter y Milo Yiannopoulos, ambos asociados con la Alt Right. Ni siquiera la vulgaridad política del Tea Party había podido desangrar el tejido político del conservadurismo, como lo ha hecho el trumpismo.

Se trata de un movimiento involutivo y antidemocrático. No defiende la causa de la democracia, sino tiende hacia la compactación de los espacios más duros e inhóspitos de la política por medio de la intolerancia. El trumpismo es antipluralista y antiincluyente. En consecuencia, su narrativa y acción políticas descansan en el desprecio a la diferencia y la diversidad. Es antiliberal tanto en lo político como en lo económico. Representa todo lo que se había dejado atrás en la segunda posguerra y la Guerra Fría y refuerza tradiciones como el Macartismo, una de las peores épocas de la moderna quema de brujas. Es, en suma, un punto de inflexión para la modernización política en EU y el resto del mundo, y de cuya evolución dependerá la sobrevivencia de la tradición democrática estadunidense y mundial. Como bien lo anunció Der Spiegel: “Trump es el hombre más peligroso del mundo”.

lunes, 6 de noviembre de 2017

¿En dónde quedó la soberanía? José Luis Valdés Ugalde ¿En dónde quedó la soberanía?

¿Por dónde anda rodando hoy la soberanía nacional? ¿Es un ente errante o en proceso de transformación, dada la dinámica que la globalización ha imprimido a la dinámica internacional? Es, por cierto, esta una discusión pertinente, ahora que se está renegociando el TLCAN.

29 de Octubre de 2017

Desde que la soberanía se proyectó como un derecho territorial de los estados nacionales a finales del siglo XVII hasta nuestros días, ésta ha sido entendida como el reconocimiento de la capacidad que cada estado-nación tiene de autogestionarse; es decir, su naturaleza internacional es tan reconocida como la interna —son vinculantes—, aunque no por ello una sea más o menos importante que la otra. Esta idea sobre el Estado persiste y tiene una consistencia histórica objetiva, pero lo cierto es que la realidad local y global han cambiado entre el siglo XX y XXI, y se nos presentan nuevos aspectos de este proceso, dignos de considerar. El impulso de la globalización —nos guste o no— es una certitud que ha transformado las relaciones socio-políticas a todos los niveles. Tanto entre estados como entre individuos. Desde que los procesos de integración avanzaron galopantemente en todo el mundo, la globalización ha transnacionalizado la política y la economía.

¿Cómo se define la soberanía en un mundo en el que se habla de la desaparición de las fronteras territoriales y el creciente decaimiento del Estado nacional? Para poder explicar la situación de la soberanía en el marco de la globalización habría que analizar la situación del Estado moderno para establecer un marco de referencia, toda vez que la soberanía es una característica inherente a éste, no se concibe sin él.

Ante el panorama mundial contemporáneo, es inevitable pensar que la soberanía, al igual que el Estado, son categorías que se componen de distintas tipologías, ya que el momento histórico (entre siglos) y las condiciones sociales mundiales son otras. Pero ¿hasta dónde es visible que la soberanía esté desapareciendo? ¿En qué medida la ha restringido o transformado la globalización? ¿Se trata de un fenómeno fragmentado por la movilidad a la que ha estado sujeta por los flujos crecientes y veloces que ha impuesto la globalización? Ya no se puede decir que la soberanía siga siendo la misma que Rousseau conceptualizó en su momento, porque entonces ya no existiría estado soberano alguno, debido a las relaciones de interdependencia transnacional que dominan el orden internacional desde el fin de la Guerra Fría.

El momento actual, no obstante, es crítico. Los movimientos soberanistas extremistas ya no provienen sólo de la izquierda, como en los tiempos del viejo populismo. Hoy provienen de las extremas derechas que niegan la matriz liberal democrática en donde se gestaron. Con el triunfo de Trump, la tentación populista se reforzó transnacionalmente. Después del Brexit, se ensancha la brecha para que el nacionalismo nativista y chovinista —provisto de una narrativa denigrante contra todo el que se oponga— se empoderó en el seno de los sistemas democráticos. Está por verse si se va a aprovechar la asunción de la demagogia populista del trumpismo para celebrar el fin de la democracia liberal. El resultado electoral en EU, así como es un resultado del proceso democrático, es también una expresión de su crisis sistémica; lo mismo ocurre en Europa, en donde han reemergido fuerzas extremistas como el UKIP británico, Ley y Justicia en Polonia, el Fidesz húngaro y los Partidos de la Libertad en Austria y Holanda. Esto sucede, tanto porque se cuestiona la validez de dos conceptos que clásicamente han caminado juntos y que hoy se miran con extrañeza: democracia y liberalismo; como por el hecho de que el subproducto electoral más visible representa una amenaza directa a lo que queda de éste, precario, pero único sistema político posible para la convivencia civilizada.

El soberanismo (no la defensa de la soberanía democrática) atenta desde adentro en contra del sistema democrático, al tiempo que niega la realidad multifactorial del mundo de hoy. El soberanismo trumpista puede lastimar el sistema global sin mejorarlo, pero lo que no ve es que ante la polémica complejidad del fenómeno globalizador, su aislacionismo será su sentencia de muerte.

lunes, 16 de octubre de 2017

La nación de los lujos

¿Por qué ese lujo de darnos tantos lujos en esta República tan ávida y escasa de un sistema político de deliberación y participación democrática que haga justicia a la creciente demanda de la sociedad política por mayor equidad y justicia?

15 de Octubre de 2017

Para Leonardo Curzio, ¡bella figura!

Ante las oportunidades perdidas por tanta traición de la espesa clase política a la patria/matria, se agrega de nuevo la máxima nefanda del autoritarismo de los ochenta: “No pago para que me peguen”, decía López Portillo. Paso seguido cortó el presupuesto a la publicidad estatal que se paga con el dinero de los mexicanos, al Proceso de Scherer. Ante el infortunio nacional, prácticamente en todos los frentes, el sistema que sigue encabezando una recalcitrante estirpe política (hoy raptado por Atlacomulco), arriesga la seguridad, la estabilidad y el bienestar de los mexicanos.

El amafiamiento sin límites del poder, evidenciado en altos índices de corrupción e ineficacia estatal, toca todas las fibras del sistema y atenta contra la soberanía nacional, toda vez que nos descobija, desde la ilegitimidad, frente a nuestros interlocutores externos. Pasando por las avenidas societales e institucionales cooptadas por los representantes populares, los árbitros y por nuestros poderes republicanos, hoy padecemos un muy peculiar sistema de codicia mesiánica. Muy típico de naciones castradas por su chovinismo dogmático y terco ante la necesidad de ocultar lo más turbio de la organicidad sistémica, derrotada por sí misma frente a su suicida encierro ante al desahucio (la patria es primero, México es más grande que sus problemas, etcétera) y que han sometido históricamente la voluntad de la gente, e incluso convertido la acción colectiva espontánea, en el coto de caza (pisoteo incluido) que nos arroja al terreno de la vulgaridad particular y colectiva. Todo lo cual nos obliga a “admitir cualquier cosa de este mundo, pero que no es lo bastante poderosa para hacernos admitir el mundo mismo” (Cioran).

Más notoriamente desde Díaz Ordaz, la decadencia sistémica (que hoy expulsó del oído público, a Aristegui, a Curzio) es la expresión de una descomposición lenta, enraizada en el ámbito de la plomería estatal, la cual no hemos querido desmantelar con el imperativo radicalismo cívico que merecería como respuesta la majadera censura de Estado. Claro, la excepción ocurre sólo cuando las crisis telúricas o las tragedias hacen resurgir de la ultratumba hispano-mexica motivos falsamente felices para el enaltecimiento patriótico. Lo peor, dicha censura se realiza en el nombre de un interés nacional, que muy pocos estamos dispuestos a seguir subsidiando.

Los lujos que México se da en muchos frentes que nos son deficitarios son nuestra perdición. Tal y como les pasa a los adictos, México se volvió adicto a la costumbre de no recordar. No es tanto un mero ejercicio de olvido; se trata de un problema de memoria histórica, de una falla geológica en el cerebro de la nación que nos sume y orilla a una dimensión imprecisa, pero que resulta ser un ámbito de enorme fragilidad en la que se asoma una sociedad solitaria y melancólica, frente a un Estado depredador y derrochador de política y economía, las cuales se vuelven vacías, en el ámbito mismo de la inequitativa distribución de los derechos y deberes. ¿Pensábamos en un Estado autoritario agonizante? ¿Hay diferencia entre la represión y censura del echeverriato y el peñismo, entre el golpe a Scherer y los golpes de hoy a estos y tantos otros comunicadores que han tenido peor suerte? Quizá la diferencia fue la rudeza innecesaria en aquel caso y la sutil (aunque también brutal, por sangrienta) operación limpieza usada en los últimos tiempos. Preguntemos, con Rosseau, a los celosos guardianes de este Estado: “¿Qué Estado puede esperar una eterna duración? Si queremos fundar algo durable, no pensemos hacerlo eterno.” En efecto, es su salud la que exige de sus habitantes seriedad y firmeza democrática. Decía Rousseau: “El organismo del Estado es obra de arte. No depende ni está en la facultad del hombre prolongar su vida, pero sí la del Estado, tanto como es posible, constituyéndolo del mejor modo”. Sin estos elementos, no hay Estado que pueda soportar su creciente ilegitimidad soberana y sin soberanía, simplemente no hay nación

jueves, 5 de octubre de 2017

1985-2017: El tremor que nos persigue

Los que vivimos el temblor del 85 fuimos sacudidos por el hecho mismo in situ. Lo más importante: ante la tragedia presenciamos la emergencia de una sociedad civil proactiva y rebelde frente al Estado incompetente y corrupto que la ciudadanía lleva cargando hasta el cansancio

01 de Octubre de 2017

Las grietas del sismo de 2017 se emparentan con aquel sismo histórico que movió a la gente, sus mentes, almas y corazones, que en su acción espontánea mostraron que aún no han sido secuestrados por la sombra omnipresente de la corrupción histórica y sistémica que ha penetrado el Estado hasta su médula.

Las tesis que discuten es hasta dónde es posible responsabilizar a la sociedad por el gobierno que la representa, se muestran frágiles ante la tragedia y la acción colectiva y que por oleadas se produjo esta vez, al igual que en 1985.

Desde entonces ya nada ha sido igual y pudimos ver cómo una nueva forma de organización social nacía, superando a las instituciones del Estado, incluidos los institutos políticos. Más no se logró erradicar la pegajosa lacra de la impunidad que está impregnada en las paredes y muros de carga de la institución estatal. Y desde luego que no sería posible lograrlo si los representantes de la sociedad por excelencia en cualquier democracia, los partidos, no se renovaban desmarcándose del entramado de complicidades de Estado que los ha hecho más proclives a la complicidad con la continuidad de un sistema político, incapaz y torpe, que actores proactivos y enérgicos hacia su desmantelamiento y reconstrucción. Es el sistema político en su conjunto, no la sociedad atrapada en los laberinticos de su ineficacia, lo que evidencia, hoy más que nunca, que los que están en la paria equivocada son los miembros de la clase política, no la sociedad civil que demanda hoy más democracia y respeto a sus derechos cívicos y ciudadanos.

En ese sentido, éste puede significar el aviso más elocuente y terminal para lograr la edificación de un sistema político que apele a la organización horizontal de la distribución de los derechos y deberes ciudadanos y políticos. Los partidos han respondido desde la emergencia y anuncian con bombo y platillo la renuncia a sus multimillonarias prerrogativas que subsidian los damnificados por el terremoto y la sociedad en su conjunto.

A la sociedad esto le resulta peor en el medio de la tragedia, pero, sobre todo, lo ve como una injusticia histórica debido a la ausencia representativa real de los partidos y al hecho de que han tendido a convertirse en entidades de intereses privados y no públicos, como los obliga la Constitución. Razón de más para que la gente exija que no merecen más recibir su dinero y menos utilizarlo en su nombre, toda vez que el mismo no sirve del todo a la acción democrática.

El INE y el Congreso habrán de revisar a fondo las soluciones y normativas urgentes que se ajusten a la emergencia económica y política del país. ¿Será esta decisión de los partidos congruente en el largo plazo? ¿Dejarán de depender cual parásitos de la ubre societal y, por tanto, convertirse en auténticos representantes del interés colectivo? ¿Será esto suficiente para que renueven y logren ser los factores de la renovación democrática de la República? ¿O es la de ellos una simple reacción demagógica a la crisis y la demanda social de renovación, con el fin de lograr una sobrevivencia de corto plazo? Esto, en lo que se refiere al malestar político y al horror impreciso que la sociedad presenció solitaria, pero en cadena, desesperanzada, pero agarrada de la mano. Solidaria con su prójimo.

Octavio Paz escribió sobre esto mismo en 1985, después de aquel terrible terremoto (Escombros y semillas, El País, 10 de octubre de 1985). “Los gérmenes del renacimiento están en su origen”. Y agregó: “La reacción del pueblo de la Ciudad de México mostró que en las profundidades de la sociedad hay muchos gérmenes democráticos. Estas semillas de solidaridad, fraternidad y asociación no son ideológicas. Son más antiguas, y han vivido dormidas en el subsuelo histórico de México”. ¿Palabras clave que inspiran la confianza en esta patria fibrosa?

lunes, 18 de septiembre de 2017

Los dilemas de Trump: ¿final o renacimiento?

Hemos sido testigos desde principios de año del desorden descomunal que llegó a la Casa Blanca con el arribo de Trump a la Presidencia

17 de Septiembre de 2017

A la memoria de Manuel Andrade

Para empezar, la elección de miembros en el gabinete de ideología de extrema derecha, que van del supremacismo blanco, al desconocimiento del calentamiento global. Despidos prematuros de consejeros importantes y cercanos, vetos presidenciales fallidos contra ciudadanos de seis naciones, mayoritariamente musulmanas, incumplimiento de la expulsión de los más de 11 millones de ciudadanos indocumentados, la mayoría de ellos mexicanos, a lo cual se añade su fracaso en la intentona de agregar más kilómetros al muro ya existente en la frontera con México. Su vacilante respuesta (y en el fondo empatía) frente al terrorismo racista de los supremacistas blancos y neonazis, que atentaron contra la vida de manifestantes en Charlottesville, Virginia, matando a una de ellas, haciéndolo aparecer como lo que realmente es: como un Presidente racista y xenófobo. Su mal gusto al retar a las vencidas a cada líder que saluda de mano en cada visita de Estado, queriendo dar la impresión de que el que manda es él. Este comportamiento gestual y corporal, esta estética del poder ha sido repudiada por propios y extraños dentro y fuera de EU y evidencian una nueva e inconveniente (dada la realidad conflictiva que afecta el sistema global) postura unilateralista. Y lo peor, el Rusiagate que está por producir importantes resultados por parte del fiscal especial, Robert Mueller y que podría llevar al encauzamiento en el Congreso del desafuero y posterior destitución de Trump. Todos estos importantes eventos han sido provocados por el muy cuestionable estilo para conducir los asuntos del Estado por parte de Trump y por la incapacidad de sus asesores y de él mismo para instalarse en la ecuanimidad y dejar de responder a impulsos cada vez que toma decisiones.

No deja de ser paradójico, al tiempo que interesante, que desde la salida del exgeneral Michael Flynn y del jefe del gabinete, Reince Priebus, los sustitutos en ambos puestos sean militares de alto rango y amplia experiencia en el campo de batalla: el nuevo consejero de Seguridad Nacional es el teniente general Herbert Raymond McMaster y el nuevo jefe de gabinete es el general retirado John Kelly, veterano de la intervención en Afganistán. Estos dos actores, junto con el secretario de defensa, el también general James Mattis, mejor conocido como “mad dog” (perro furioso) y primer militar en un cargo que se encomendaba por tradición a un civil, están definiendo en gran medida los asunto del Estado, tanto a nivel nacional como internacional. Esto incluye, desde luego, la destitución de Steve Bannon, quien fungía como asesor especial de Trump y representaba la cabeza de playa más importante en el centro del poder estadunidense de los supremacistas blancos responsables del desastre en Virginia. De esta situación sin precedentes en la política tradicional estadunidense, la paradoja consiste en que sean los militares quienes estén poniendo en orden y acotando a Trump (si es que esta hazaña fuera posible) y dándole un sesgo de cierta racionalidad a algunas de sus decisiones, tanto corrigiendo sus dichos sobre la OTAN, sobre Corea del Norte, sobre China, sobre Irán, e incluso sobre México.

Se podría conjeturar que la medida de suspender el programa, Acción Diferida para los Llegados en la Infancia, promulgado por Obama, mejor conocido como DACA y que en caso de cancelación afectará a más de 800 mil dreamers (la mayoría mexicanos), es una de estas decisiones que, aun siendo terriblemente injusta, puede no terminar tan mal. Trump decidió con esto mandar al Congreso un aviso que lo forzaría a llegar a una alternativa antes de que se inicien las deportaciones masivas, en el curso de los seis próximos meses. Trump y los demócratas parecen estar llegando a un acuerdo que forzaría a los republicanos en el Congreso a no quedarse atrás y aprobar una ley de amnistía que daría la nacionalidad a este subgrupo de indocumentados.

Si esta hipótesis se cumple, Trump lograría cuatro cosas: distanciarse de los ultraconservadores republicanos, quitarle a Obama el mérito de regularizar a esta población y adjudicárselo él, obtener finalmente un triunfo político, nada menor, que le es imprescindible, toda vez que, entre otras cosas, podría aportarle voto latino y hacer posible la conservación de su mayoría congresional y, por último, mejorar la relación con México. La moneda está en el aire, pues los mismos demócratas estarán también buscando la tajada política que empujar este acuerdo les daría en las elecciones intermedias. Si se diera la comprobación de esta hipótesis, podríamos presenciar una nueva correlación de fuerzas y el futuro del trumpismo, y también hasta dónde la racionalidad militar le atinó en esta ocasión.

lunes, 21 de agosto de 2017

La UNAM y Trump

En no pocas ocasiones, la UNAM se ha visto confrontada por desafíos, resultado de los acontecimientos locales y globales. La universidad es, ciertamente, una de las instituciones más acabadas de México. De hecho, de entre las instituciones fundadas por el México del siglo XVI al XXI, es quizá la que mayor legitimidad ha logrado conservar.

20 de Agosto de 2017

Desde la UNAM, pensamiento y acción han ido a la par. Desarrolla investigación de primera calidad, vinculada a los grandes problemas nacionales y globales, y ha ofrecido, con las limitaciones presupuestarias conocidas, alojamiento académico a miles de estudiantes de grado y de posgrado. También ha sido espacio de asilo político a los grandes perseguidos de la Tierra, recuérdense a los refugiados españoles, sudamericanos y centroamericanos que han buscado en nuestro país refugio y en la UNAM un espacio académico que les diera oportunidades a sus expectativas de especialización y continuidad a sus labores docentes y científicas.

El exilio español nos dio intelectuales y científicos de la talla de Carlos Bosch García, Óscar de Buen, Juan Antonio Ortega y Medina, Wenceslao Roces y Adolfo Sánchez Vázquez, por mencionar sólo algunos de los muchos que enriquecieron y acompañaron las rutas del debate científico y humanístico mexicano. Vasconcelos promovió una universidad que fuera centro de pensamiento, pero también un espacio plural y armónico para el debate acerca de los grandes problemas de México, de las Américas y posteriormente del mundo. Esta vocación universal ha llevado a la UNAM a destacarse entre sus pares mexicanos y de la América Hispana, como una entidad plural e incluyente indispensable y cuya vocación por el pensamiento crítico es piedra fundacional, está profundamente arraigado en su alma.

Su creciente empeño en internacionalizarse, la ha llevado a tener representaciones en EU, Canadá, Europa y China. La UNAM se acerca al mundo y a los problemas específicos que se viven en las diferentes latitudes. Es pues, una universidad que al tiempo que amplía su proyecto al exterior, se vuelve fiel representante de la nación a la que sirve. Y en este ejercicio, desde luego, la UNAM aprende de sí misma y de las otras entidades hermanas a través de las cuáles tiene presencia en el extranjero. Podríamos decir, que nuestra universidad se vuelve una, más cosmopolita y conocedora de la realidad global.

En este contexto, la UNAM no puede pasar por alto los procesos de transformación que el mundo vive, más aun cuando las oleadas del extremismo están imponiéndose en contra de las tradiciones democráticas que distinguen al Estado liberal moderno. Ni tolerancia frente al yihadismo fanático y asesino ni tolerancia frente al demagógico escepticismo sobre cambio climático, ni el negacionismo acerca de la existencia del holocausto ni ante la violación de los derechos humanos de los migrantes y refugiados, todos ellos ciudadanos universales a fin de cuentas.

La UNAM es una institución de inteligencias críticas y de saberes científicos y humanísticos, y se ha preparado por décadas para entender desde la razón científica y humanista las problemáticas sociales, económicas, culturales, políticas y científicas. Hoy en día, nuestra universidad no puede pasar por alto la amenaza que representan el terrorismo islámico y el extremismo protofascista, representado por Donald Trump y por sus seguidores, los supremacistas blancos, los neonazis y los racistas del KKK, que acaban de amenazar a todos sobre la factibilidad de que EU regrese a las guerras culturales que tanto daño hicieron al tejido social. Tampoco puede pasar por alto el contexto socioeconómico en que se apostan estos movimientos, tanto en Austria (FPO), Holanda (PVV), Hungría (Jobbik), Polonia (PiS) y demás países donde la discriminación, la xenofobia o la tiranía se instalen para someter pueblos y sistemas enteros.

Como lo dijo The Economist, Trump es el hombre más peligroso del mundo. Para México, representa una amenaza especial, toda vez, que su deshilachado (pero peligroso) movimiento atenta contra los derechos civiles, incluidos los de nuestros connacionales, hoy perseguidos por su narrativa autoritaria y por las hordas que la acompañan. Si el Estado mexicano se resiste a sumar esfuerzos con la academia pública en este esfuerzo, es hora de que nosotros sumemos fuerzas desde la universidad a fin de acompañar a la sociedad, que padece el veneno regado por la intolerancia. La UNAM nunca quedará ausente de una encomienda así.

lunes, 7 de agosto de 2017

La gallina de Stalin y el niño flojo

Dícese de Josef Stalin que en una de sus reuniones mandó pedir una gallina. En cuanto se la trajeron la tomó del cogote con una mano y con la otra empezó a desplumarla (no se sabe en qué lado quedó la mano maltrecha). La gallina, desesperada por el dolor, intentó liberarse sin éxito. Stalin la tenía fuertemente sujetada. Al final, la gallina quedó por completo desplumada

06 de Agosto de 2017

Después de esto, se dirigió a sus ayudantes y les dijo: “Ahora queden atentos a lo que va a suceder”. Stalin puso a la gallina en el piso y empezó a caminar, al tiempo que le arrojaba granos de trigo. La gallina, adolorida y sangrante a más no poder, perseguía a Stalin e intentaba repetidamente agarrar su pantalón, mientras éste continuaba tirándole el trigo.

El caso es que la gallina no paraba de perseguirlo. Ante la asombrada reacción de sus colaboradores, cuenta la anécdota, Stalin les dice: “Así de fácil se gobierna a los estúpidos. ¿Vieron cómo me persiguió la gallina? Así es la mayoría de los pueblos: persiguen a su gobernantes y políticos, a pesar de la humillación y el dolor que aquellos les causan, a cambio de dádivas”.

Cierta o no, esta anécdota nos ilustra muy bien cómo ciertos políticos se las agencian para gobernar engatusando a sus ciudadanos. Más aún, se podría aplicar a muchos casos nacionales muy concretos.

No obstante, me gustaría referirme aquí al paralelismo que esta historia tiene con Trump, a quien el Newsweek acaba de llamarlo en su última portada, “niño flojo” (lazy boy) y lo retrata como un consumidor adicto a programas de TV y comida chatarra, y renuente a trabajar. Y se pregunta, ¿estará Trump aburrido de gobernar?, toda vez que, entre otras ligerezas, en medio año de mandato, se la ha pasado en el campo de golf 40 días.

Lo más destacable —aunque no el estilo sanguinario de Stalin— es el carácter tiránico del presidente Trump, quien ha sido infiltrado por los enemigos que tiene dentro del aparato de Estado, principalmente dentro de las agencias de seguridad a cuyos miembros ha enfurecido desde el despido, el 9 de mayo pasado, de James Comey como director del FBI.

Las más recientes filtraciones de las conversaciones que tuvo con Peña y el primer ministro de Australia, y publicadas en el Washington Post, desataron la furia del magnate, quien mandó al empequeñecido y humillado Jeff Sessions a anunciar, amenazante y bravucón, advertencias severas en contra de la prensa estadunidense, en el nombre de la defensa de la seguridad nacional.

En realidad, lo que destaca es lo siguiente: el problema no es la prensa, sino las muchas y ensañadas filtraciones sobre las interminables torpezas de Trump, que provienen desde dentro del aparato y que muestran cuan odiado es el Presidente entre múltiples sectores de la opinión pública (su popularidad sigue a la baja: 33%).

A la prensa la ha atacado en su tono burlón y agresivo desde el principio de su caótica campaña por el poder y con las nuevas amenazas, organizaciones de periodistas han acudido al Comité de Protección a Periodistas, quienes ven en esta avanzada autoritaria una amenaza contra la primera enmienda de la Constitución.

No es gratuito que a las tormentas provocadas por su ineptitud se orqueste una campaña en contra del presidente menos querido de la historia.

Como todos los déspotas narcisistas y atormentados, el niño malo de la Casa Blanca coincide en la forma y fondo con Stalin. Su discurso está lleno de notas humillantes contra sus interlocutores, sean éstos mujeres, minorías, contrincantes políticos, periodistas o jefes de Estado.

Y también, como todo buen narcisista que se cree superior a sus próximos, después de humillarlos, los adula o los trata de comprar.

Para entender esto, léase bien la transcripción de la conversación que Trump mantiene con Peña y con Turnbull para darse una idea de lo cerca que está llegando a un estado de sicosis delirante que ya había sido advertido por muchos actores, principalmente la Asociación Americana de Psiquiatría. Confiemos en que los tiempos de la gallina de Stalin no atrapen a Washington.

lunes, 24 de julio de 2017

Medios de comunicación amenazados

Los medios de comunicación han sido expuestos a un serio peligro por parte de Trump, quien los ha atacado de diversas formas por las críticas que han emitido en contra de sus acciones como Presidente. De hecho, han sido censurados y vetados por la Casa Blanca en las ruedas de prensa cotidianas que se celebran en la sede del Poder Ejecutivo

23 de Julio de 2017

l New York Times, CNN, el Washington Post y la BBC han sido, entre otros, los medios considerados indeseables por Trump y su recién renunciado jefe de Comunicación, Sean Spicer, quien ya fue sustituido por Anthony Scaramucci, un banquero neoyorkino e íntimo del Presidente.

La agresiva retórica de Trump en contra de los medios ha implicado que algunos de sus seguidores, incluidos grupos neonazis, hayan empezado a lanzar amenazas en contra de periodistas específicos, sus familias y conocidos. “Nunca pensé que yo iba a estar hablando de esta manera acerca de un presidente estadunidense, estos son tiempos extraños”, comentó Robert Mahoney, subdirector del Comité para la Protección de los Periodistas. Por su parte, Margaux Ewen, directora de comunicaciones de Reporteros sin Fronteras, declaró que “aún no ha visto una respuesta adecuada del gobierno desde que Trump tuiteara un video en contra de CNN”. Y es que, muy en su estilo, el Presidente hizo circular en las redes sociales, a través del muy popular Reddit, un viejo video en un evento de la asociación de lucha de EU, la WWE, en el que aparece apaleando a otra persona, sólo que éste tenía sobrepuesto a la altura del rostro, el logo de CNN.

Aparte de que este tuit ha sido criticado por los medios, como un mensaje grotesco e infantil, también se considera un mensaje inédito en la historia de la muy cultivada libertad de prensa en EU, además de ser visto como un acto de incitación a la violencia por parte de grupos, sectores e individuos radicalizados.

No son pocos los incidentes en los que Trump ha protagonizado ataques contra la prensa. Hace una semana usó una vez más su cuenta de Twitter, ahora para vapulear a los conductores del programa de la MSNBC; “Morning Joe, Mika Brzezinski y Joe Scarborough”, a quien llamó “IQ bajo”, “Mika loca” y “Joe el sicópata”. El narcisismo de Trump y su poca tolerancia a la crítica en contra de sus acciones lo enervan, al grado de que no puede evitar estos arrebatos. Todo este espectáculo tiene dos posibles explicaciones: un claro y nunca disimulado odio en contra de la libertad de los medios para someter a las figuras públicas al conocido escrutinio que se estila en Estados Unidos. Aunque también es probable que, al tiempo en que logra cumplir este cometido con mucho éxito, toda vez que logró titulares en la prensa escrita y televisiva, intentó distraer la atención del público después de otra semana desastrosa, en la que el Senado rechazó su plan de salud en sustitución del Obamacare, en virtud de que dejaría a cerca de 22 millones de personas sin cobertura médica, de que los funcionarios electorales de varios estados declinaron cooperar con él y su polémica comisión para investigar el supuesto fraude electoral que no se ha cansado de denunciar demagógicamente y de que el eterno Rusiagate le sigue ocasionando dolores de cabeza, esta vez por el involucramiento de su hijo mayor y su yerno en la trama, por haberse reunido durante la campaña con una enviada del Kremlin.

Todos estos asuntos son de enorme gravedad y fácilmente, conociendo su personalidad y pensamiento totalitarios, se estarían convirtiendo en detonantes de los aspectos más peligrosos y oscuros de Trump. Todo lo cual nos avisa, al menos hasta ahora, de que el Presidente se endurecerá o caerá más pronto que tarde en una crisis política aún mayor que las que se ha provocado el propio Trump. Como diría Oscar Wilde, “el hombre es el único animal que mata lo que más ama”. Pero antes de que esto ocurra con Trump, este sujeto puede ocasionar aún más daño del que ya ha propinado a la democracia estadunidense y a sus instituciones.

El muro: de la payasada, a la poquedad y la estulticia

No sólo dejó Estados Unidos solo al gobierno de Peña Nieto en la reunión extraordinaria de la OEA en Cancún y no mandó a su secretario de Estado a debatir sobre el grave conflicto venezolano. Ahora, de nueva cuenta y por razones que ignoramos, el Presidente de México se prestó a las humillaciones de Donald Trump.

09 de Julio de 2017

No sólo evitó de nuevo mandar señales de inconformidad y protesta por las formas y el fondo del discurso antimexicano de Trump. Lo saludó con complacencia y aceptó in situ la reiteración humillante de Trump sobre la imposición del muro y su propósito de que México pague por él. Qué lejos está Peña y su gente de la elegancia con la que Emmanuel Macron contestó a Trump.

La reiteración trumpista (la hayan “oído” o no, Peña y Videgaray) ocurrió (y fue “oída por todos”) con motivo de la reunión del G20 en Hamburgo, Alemania. Es decir, este hecho ocurrió a los ojos del mundo entero y fue cubierto por todos los medios de comunicación internacionales, sin que el gobierno de México haya dado algo más que explicaciones simplistas (“no lo oímos”) ni ofrecido ninguna disculpa a los mexicanos al respecto. Se trataba de una reunión on the side lines, es decir, no de Estado ni oficial, en la que no necesariamente se tendría que hablar de la relación bilateral en los mismos términos en que Trump lo ha hecho y Peña Nieto se lo ha permitido. Más aún, cuando al hacerlo así, se rompía una promesa previa de no tocar el tema del muro o de su financiamiento, que desde luego Trump ha incumplido reiteradamente ante la complacencia del presidente mexicano y de su canciller.

Esta ausencia de poder del Estado en el ámbito de la política exterior no es nueva. La pregunta es, si será casual o deliberadamente abyecta la respuesta estatal mexicana con el iluso propósito de, todavía, poder contar con la venia del gran señor de los rascacielos, hoy devenido en jefe de Estado abrupto y desquiciado. Lo hemos dicho en esta columna: Trump es un político narcisista, advenedizo, una anomalía democrática y un peligro mundial, que se volvió presidente gracias, en parte a la ignorancia de un sector del electorado, pero también a la descomposición del sistema electoral semimonárquico que sigue dominando y oprimiendo la democracia sociopolítica estadunidense. Y que fue previamente exacerbado por el hecho de que un político afroestadunidense se haya atrevido a contender por la Presidencia y ganarla.

Regresa la época del oscurantismo binacional y el gobierno de México no hace nada por contenerlo. Al contrario, lo auspicia desde que en agosto de 2016 le jugó una mala pasada a los mexicanos, cuando invitó a Trump a realizar una visita y recibió al candidato en Los Pinos —entonces abajo en las encuestas— con la pompa de una visita de Estado. Más lamentable y vergonzoso fue el hecho de que a su regreso a EU, en un acto político en Phoenix, Arizona, el bufón en jefe atizara de nuevo la hoguera al declarar que México pagaría por el susodicho muro.

Lo ha hecho de nuevo, pero esta vez ya como Presidente y bajo los reflectores globales. La falta de respuesta de Peña pone en evidencia de nuevo la flaqueza con la que el gobierno ha actuado en la definición de su política estadunidense en particular y exterior en general. De haber tenido la oportunidad, desde 2015 cuando Trump se lanzó contra México para proyectarse como candidato presidencial, para refundar la política internacional de México, se ha llegado al abandono y a la poquedad en la defensa de los intereses del Estado y la sociedad mexicanos.

No hay sentido de grandeza en este gobierno. La huída hacia atrás del Estado en este y otros temas, expone a la ya de por sí frágil soberanía institucional y la seguridad existencial de los mexicanos en México y en el extranjero.

En suma, en este acto se mostró muy lamentablemente el grado de enorme debilidad del jefe del Estado y lo muy fallida que ha resultado su política exterior.