lunes, 18 de abril de 2016

El nuevo siglo estadunidense



El nuevo siglo ha estado marcado por hechos extraordinarios y para los que la gobernanza internacional no estaba preparada. Desde el 11 de septiembre de 2001, cuando se atentó mortalmente contra objetivos civiles en Estados Unidos, se puso en evidencia la fragilidad de las instituciones internacionales, como la ONU, que quedaron expuestas a la negligencia de un gobierno in-eficaz y corrupto como el de George W. Bush, quien violentó a capricho los ordenamiento, globales en su obsesión de venganza.

17 de Abril de 2016

A la memoria de mi madre

El resultado: un sistema internacional lastimado como consecuencia del chovinismo de un actor que en ese momento se mostraba como no racional. El Leviatán liberal se desvanecía temporalmente y se alejaba del orden civilizatorio que había contribuido a fundar desde 1945. El establecimiento estadunidense habría de remontar este retraso y recuperar el centro racional de decisiones en política exterior.

La elección (2008) y reelección (2012) de Barack Obama es quizás la síntesis más acabada del sueño de Abraham Lincoln y tiempo después el de Martin Luther King. Lo cierto es que también fue en los hechos el desenlace menos esperado y deseado por algunos actores y sectores pertrechados en el extremismo ultramontano de la extrema derecha estadunidense. Al menos, en este aspecto del análisis de la democracia estadunidense, su elección es también evidencia y expresión (polémica incluida) de que el sueño americano, del que tanto hablan los clásicos, da cabida en la jefatura del Estado, incluso, a un representante de lo que tiempo atrás se catalogó como un ente anómalo (los afroestadunidenses han sido vistos en Estados Unidos como ajenos y parte de la “otredad” que históricamente le ha resultado tan repulsiva a los representantes más recalcitrantes de la ultraconciencia WASP). Simultáneamente, la democracia estadunidense se dispuso a preparar la hechura de una nueva política global acorde con las necesidades del siglo XXI que descansaría en los fundamentos teóricos y prácticos del poder inteligente. Hoy, de nueva cuenta, esta estrategia fundamental para conservar una relación global de avanzada y no del pasado, está expuesta por los excesos retóricos del Partido Republicano (PR), que aunque se lo propusiera como responsablemente debería haberlo hecho hace años, hoy no podrá ya contener la ofensiva de una derecha primitiva encabezada por Donald Trump, Ted Cruz y Paul Ryan, entre otros varios agentes políticos. Muy a pesar de los impulsos racistas que los han llevado al rechazo y repudio por Obama, los propios republicanos, principalmente los moderados, se verán forzados a reconocer que la de Obama es la alternativa racional más potable y que la única posibilidad de contener a cualquiera de los candidatos republicanos, será la de votar por los demócratas, muy posiblemente por Hillary Clinton, la candidata más elegible de entre las dos alternativas demócratas y quizá la única que pueda garantizar la continuidad de una política exterior de distensión. Se trata de la política más viable en estos críticos momentos en que el sistema internacional se ve amenazado por actores formales e informales. El regreso a la política exterior guerrerista y altanera que caracterizó la política internacional estadunidense de la Guerra Fría y que está detrás de la narrativa de Trump y Cruz se ve inviable y por demás inconveniente en estos tiempos, que además son también tiempos de declive hegemónico de la expotencia dominante. Este año habremos de ver si los estadunidenses le hacen justicia a los nuevos y desafiantes tiempos de este nuevo siglo y optan por una opción moderada, civilizada y un futuro promisorio para Estados Unidos y el resto del mundo que de una u otra forma depende de este resultado electoral.

lunes, 4 de abril de 2016

El mito bicicleto


Después de las santas pascuas, el regreso al infierno en la capital, la ciudad-mito. Este gobierno ha tendido, desde Ebrard hasta la fecha, a volverla ciudad mito y nos lo han vendido desde la más absoluta y engañosa falsedad argumental. Como toda aventura mítica, ésta acaba por ser desmantelada por la realidad.

03 de Abril de 2016

Esto ya ha ocurrido. Durante la Semana Santa pudimos disfrutar de una ciudad tranquila, limpia y descansamos de los recientes días aciagos de contaminación que nos han llevado a una severa crisis ambiental a los capitalinos, gracias a una pésima administración pública sobre el tema. Las contradicciones del gobierno de Mancera en materia climática son muchas y de alto riesgo para la sostenibilidad urbana y los estándares de salud pública. La CDMX es una ciudad en proceso irracional de construcción en gran escala, vive una regresión urbanística inaceptable. La gran obra privada (no la regeneración del espacio público) que construye restaurantes, hoteles, centros comerciales, complejos habitacionales de gran lujo en la zona sur y norte de la ciudad y que muestran indicios de corruptas componendas entre empresarios y el GCDMX, así como la pública, han apergollado las arterias más importantes que hoy nos ahogan. A cualquier hora del día, circulan camiones de volteo, revolvedoras de cemento y diversos vehículos al servicio de las constructoras que han obtenido permisos dudosos de construcción en zonas habitacionales. A estos elementos contaminantes hay que agregar los autobuses, microbuses, autos de particulares, madrinas, pipas de gas y demás transporte pesado, y lujosas patrullas de tránsito y ecológicas que no ponen en orden a los autobuses y microbuses que invaden, impune y descaradamente, todos los carriles de nuestras avenidas.

En suma, el caos vial más desolador, de las siete a las 21 hrs en toda la ciudad. Escribo esto con el anuncio de la imposición del viejo Hoy No Circula: después del niño ahogado se tapa el pozo. Un gobierno que se dice de izquierda y que no tiene una política ambiental estratégica progresista y coherente, que no hace parques y que además es obtuso y poco transparente en sus decisiones, no es nada menos, que más de lo mismo que padecemos nacionalmente. El Instituto de Ciencias Atmosféricas de la UNAM ha declarado que esta medida es un parche que no ayudará en forma seria a evitar las emisiones contaminantes. Estos mismos científicos han señalado que el nuevo Reglamento de Tránsito será, en alguna de sus partes, factor contaminante debido a que los absurdos límites de velocidad y la prohibición de la vuelta a la derecha provocan mayor combustión y emisión de partículas peligrosas. A menor velocidad mayor emisión, ante el alto total para doblar a la derecha y salir de los topes mayor aceleración, y por lo tanto mayor emisión. ¿Era tan difícil para la titular de la Semovi y para Mancera y asesores dilucidar esta elemental regla de tres? Además, este reglamento no lo regula nadie: no se ha visto, desde que se anunció, ninguna acción de los guardianes de la ley en contra de los agentes transgresores ya señalados. Es indignante constatar cómo las medidas contingentes de artificio van en contra de una ciudadanía suficientemente sufrida y harta de la ineficiencia del gobierno local.

Por otro lado, está el lamentable estado de salud del parque vehicular. No sólo los microbuses, autobuses, vehículos de carga y repartidores nos envenenan, sino también lo hacen los carros chatarra que desde el fallo de la Suprema Corte de Justicia de la Nación circulan en el valle. ¿Por qué no establecer una estrategia gradual de reciclamiento de estos autos viejos, incluidos los taxis? Quizá sea por la misma razón de que no se atreven a meterse con el pulpo camionero y ponerlo en regla. ¿Populismo, corrupción, o ambas? ¿Creía en serio la SCJN (y el gobierno de la Ciudad de México que abyectamente lo dejó pasar) que el fallo en favor de la no discriminación y de la libertad para circular, de contaminadores potenciales sería viable en una ciudad en la que la corrupción en los verificentros, en las delegaciones y en otras instancias es cuasitotal desde que el PRD y la mal llamada izquierda gobierna? La respuesta la tenemos en el revuelo que ha causado Mancera con sus miopes decisiones. Y claro, faltan los inocentes ciclistas. Que se les abran grandes ciclopistas para que caigan pronto como pajaritos envenenados. ¡En efecto, un mito formidable el que pregonan!

lunes, 28 de marzo de 2016

Los anticivilizatorios



A un año de su despido, un abrazo para Aristegui. Estados Unidos ha sido una nación de inmigrantes. Así nació, así se hizo y así sigue siendo. Es de un crisol de razas en cuyo territorio están representadas las diversas etnias que componen el planeta y también a la mayoría, si no es que a todas las naciones del globo.


20 de Marzo de 2016

Es, también, una nación que, habiendo tenido una triste historia de apartheid, avanzó, con dificultades, hacia el progreso y la recuperación del tiempo perdido desde que reprimió a las poblaciones nativas estadunidenses en aras de la conquista territorial y posteriormente esclavizó a los africanos que importó. Fue Abraham Lincoln (el favorito de Obama), quien en 1862 lanzó la proclamación de la emancipación. Según su biógrafo, David Donald (1996), Lincoln ha sido el estadista por excelencia “de la justicia racial y la reconciliación nacional”. Fue además presidente pionero y miembro del nuevo Partido Republicano (PR) que veía la luz a la par que ocurría el mayor acontecimiento político de la historia étnica estadunidense. Ciertamente un PR muy distinto al que hoy se hace el harakiri.

El sentido de identidad estadunidense ha sido motivo de preocupación y estudio frecuente. También, se ha distinguido por ser un fenómeno complejo. Aun cuando el espíritu de nación que prevalece en la narrativa social dominante es poderoso, se trata de un impulso que varía en función del grupo social y las coordenadas geográficas. Lo mismo ocurre con la religión, con la ideología y, desde luego, con los impulsos discriminatorios o sectarios que generalmente dominan en todas las naciones. No obstante, en EU han dominado algunas características, que si bien lo asemejan a algunos países europeos y a Rusia, le hacen ser un país dominante único, una de ellas es el sentido de excepcionalidad, la idea de ser el pueblo elegido que ha llevado a ese país a relacionarse con el mundo con un sentido de superioridad que en algunos casos le ha dado más problemas que ventajas. La otra es la forma en cómo históricamente ha tratado el disenso y en cómo se ha conducido con actores cuyas visiones difieren de las propias: para muchos estadunidenses las únicas maneras de lidiar con gente cuyas visiones difieren de las propias es aislarse de ellas (o a ellas de uno), convertirlos o destruirlos.

Donald Trump (Ted Cruz no se queda atrás) ha irrumpido en el proceso electoral de EU como un portavoz de ambas tendencias. Sólo que lo hace en un contexto en donde la “otredad” ya no es necesariamente “ajenidad”, toda vez que EU avanzó hacia la constitución de una sociedad plural, quizá la más globalizada del planeta. Al tiempo que, a través de la retórica despótica y nacional-chovinista de Trump y Cruz, descubrimos la existencia de una realidad civilizatoria que a través del tiempo pudo lograr el proceso político, social y cultural de EU, también asistimos a su violenta y banal negación e intento de destrucción. Se trata de un proceso de degradación política, como de inauguración de una forma distinta y nueva de ejecutar la acción política. Trump representa la intolerancia originaria que llevó a la quema de brujas en Salem, pero también a la reivindicación casi teológica de la unicidad patriótica que en 2016 representa un retroceso y una repulsa del sentido civilizatorio más acabado que pudiera haber logrado país occidental alguno. Su grosero discurso chatarra contra todo y todos los que le desagradan y cuestionan, lo hace un caso único de intolerancia, todo lo cual resulta ser también campo idóneo (paradójicamente) para que la fuerza de una sociedad plural lo hunda una vez que sea candidato. Trump representa el espíritu más primitivo del estadunidense profundo, nativista, supremacista y cuyo enojo y sed de venganza en contra del atrevimiento presidencial de Obama ha sido catalizado, hábil pero irresponsablemente, por el magnate y sus patriotas en silla de ruedas. Se trata de un machismo político que en nombre de decir las cosas como son estafa a todo el mundo con falsedades y distorsiones de diversos cuños.

Quedará a cargo de la mayoría de la polarizada sociedad estadunidense lograr sacudirse este lastre y de pasada librar al mundo de un peligro de seguridad enorme, si es que Trump, e incluso, Cruz llegan a la Casa Blanca. El retroceso civilizatorio que supondría se vislumbra como amplio y profundo. Recuperemos a Santayana cuando dijo que aquellos que olvidan el pasado están condenados a repetirlo.

lunes, 7 de marzo de 2016

El nuevo déspota americano



El 14 de junio cuando se celebrará la última elección primaria en Washington, DC, o incluso antes, podremos enterarnos de los resultados de las elecciones primarias estadunidenses. Si Donald Trump resulta ser el candidato republicano y es electo Presidente de EU (escenario ni propicio ni deseado), el mundo no se va a acabar, pero sí se va a estremecer.

06 de Marzo de 2016

Lo que, ciertamente, habrá ocurrido es que el debate argumental y político se habrá degradado enormemente en ese país. La vulgaridad y la ignorancia manifiesta que el propio Partido Republicano (PR) dejó crecer en el discurso y en la persona política de Trump no tendrá reversión en el tiempo. El daño hecho está. Trump representa a un sector extremista, pero también enojado, ignorante y prepotente de la sociedad estadunidense y nada de lo que ha propuesto puede siquiera ser materializado en los hechos. ¿O acaso revertirá el pacto nuclear firmado con Irán por las cinco potencias del Consejo de Seguridad de la ONU, más Alemania y avalado por la UE? ¿Cerrará la embajada de EU en La Habana, recientemente abierta? ¿Se confrontará con China? ¿Tirará una bomba nuclear en contra del Estado Islámico (EI) en Irak y Siria? Yo dudo que pueda y que el pueblo estadunidense lo deje. ¿O no? Trump representa al charlatán más espectacular que ha producido la historia política de EU. Se trata del nuevo déspota en el firmamento político de las Américas. El cinismo político, que en el nombre de la anticorrección política, muestra, es una expresión de su desprecio por la etiqueta política, por la política misma y por sus reglas democráticas que, incluso, Vladimir Putin (otro déspota al más puro estilo soviético y zarista) cumple aunque a medias. Se trata de un antipolítico devenido en político puro y subversivo frente a la cosa pública.

Pero también es el producto y la más grotesca expresión de la descomposición del PR, pero que no sabe cómo logrará deshacerse de él antes de que sea tarde. En efecto, los republicanos ven en Trump al mayor pasivo de su historia y el impedimento mayor para llegar a la Casa Blanca. Como se ha argumentado en este espacio, una facción extremista del PR y tolerada por su cúpula, ha sido responsable desde 2008, año en que se eligió a Barack Obama, del mayor obstruccionismo legislativo del que se tenga memoria y de la contaminación ideológica, tanto en el interior del legislativo como del propio partido. Los senadores Ted Cruz y Marco Rubio, quienes se erigen en salvadores del PR, atajando a Trump, han sido corresponsables del altisonante tono y del crecimiento exponencial de Trump. No sólo por representar posiciones retrógradas frente a Obama, sino or no oponerse desde el primer día a su narrativa incendiaria. Recordemos que Rubio, como miembro del Comité senatorial de relaciones exteriores, ha vetado el nombramiento de la embajadora designada en México, Roberta Jacobson, por haber sido fundamental en el restablecimiento de relaciones con Cuba. Y como estos, ha habido numerosos ejemplos de cómo el PR, tolerando las posiciones extremistas de sus cuadros, le ha permitido a su extrema derecha avanzar, al tiempo que ha creado grandes vacíos políticos. Estos vacíos han sido un regalo de oro para Trump, quien se ha posicionado hábilmente en ellos, ocupándolos con su retorcida retórica. Ayudado por esta enorme inhabilidad y cobardía política de la dirigencia republicana, Trump ha podido hacerse presente y vender sus venenosos productos. Se trata de un perfecto Frankenstein de los republicanos, de su prensa y de su clientela..

Se caracteriza por un temperamento despótico que no es previsible que cambie ni siendo candidato, ni presidente. Su mexicanofobia e islamofobia; sus insultos a las mujeres, a los minusválidos y a los veteranos de guerra; sus amenazas a la prensa crítica; su desprecio por un juez latino por su origen; sus veladas advertencias a los donantes de otras campañas de reservarse ese derecho; su admiración por Putin, Mussolini y los responsables chinos de la masacre de Tiananmen, son factores que hacen palidecer a otros déspotas históricos del continente americano y de otros latitudes. Pero también dan paso a lo que George F. Will ha denominado como “autoritarismo anticonstitucional”. La sola idea de que los estadunidenses lo elijan para ocupar la silla más poderosa del planeta pone los pelos de punta y amenaza con hundir a EU en el mayor de sus desprestigios.

lunes, 22 de febrero de 2016

El carambolista


¿Vivimos en un mundo hobbesiano, cuyo “estado de naturaleza” nos arroja de nueva cuenta a una guerra de “todos contra todos”, como nos lo anunciara Thomas Hobbes en su Leviatán? Eric Hobsbawm en Age of Extremes, se refería al siglo XX como el más sangriento de la historia: dos grandes guerras y varias más de carácter regional, así como conflictos armados de carácter más informal.

21 de Febrero de 2016


Tú detestas a todos los que hacen el mal
y destruirás a los mentirosos.
San Agustín


En el siglo XXI, aún sin una gran guerra, hemos quedado expuestos a un desorden que se instala en nuestras vidas desde el mismo 9/11 y que se ha pronunciado con el estallido de problemas varios en Oriente Medio, región en disputa entre el Estado Islámico y Al-Qaeda, y los aliados de Washington; en países de África en donde Boko Haram aterroriza a mujeres, niños y ancianos; al sur de la antigua zona de influencia soviética, en Crimea y en Ucrania, que Vladimir Putin ha invadido e intentado controlar, respectivamente. Además, la crisis de los refugiados de guerra provocada por el genocidio sirio y la guerra en los diferentes frentes de Irak y otros países, ha empezado a impactar en el debate sobre el tema, pero, sobre todo, en las políticas migratorias y de asilo de Occidente —existe también la guerra sucia del discurso, cuyo ejemplo es Trump a quien el Papa le acaba de dar un mazazo en esa lengua pedestre y gangrenada.

Sin agregar el calentamiento global, las hambrunas en África, las epidemias, la inestabilidad financiera y la estatalidad limitada, diría que estos son algunos de los casos que procede mencionar por ahora, sobre la crisis del desequilibrio global. No obstante, tenemos en casa y en otras regiones del mundo la amenaza del crimen organizado (CO) que ha provocado como nunca antes destapar la caja de Pandora del Estado, que ha quedado al desnudo: en México, su inoperancia, vinculada a su corrupción e impunidad ha dificultado enormemente la gobernanza eficaz y democrática que ya sería hora de que los mexicanos se regalaran sin cortapisas. Para nuestra mala fortuna los aparatos e instituciones estatales no han quedado inmunes al virus bifásico, corrupción-impunidad (exacerbada por el CO) que ha expuesto al máximo la sana convivencia social, así como la legitimidad obligada que habría de haber en la relación Estado-sociedad.

El mundo de hoy carece de liderazgos que inspiren, acompañen y coadyuven a la solución de estas severas crisis que provocan carencias. Estoy cierto, como quien cree en la razón y en la ciencia, que el papa Francisco, cuyo liderazgo de masas no se pone en duda, ha hecho presencia y ha logrado transmitir lúcidamente a las instituciones relacionadas, incluida la Iglesia, una rotunda evaluación crítica por su ceguera e inoperancia frente a los problemas que no sólo están a su alcance, sino ante los cuales tiene que ser proactiva. La vocación reformista de Bergoglio (casi revolucionaria, dadas las pobres condiciones del papado que hereda) ya se había puesto de manifiesto desde 2013 en que asume. Fue factor de concordia en la reanudación de relaciones diplomáticas entre EU y Cuba, su encíclica sobre el medio ambiente (“Laudato si: sobre el cuidado de la casa común”) lo dice todo y sus pronunciamientos respecto a los derechos religiosos de las minorías, especialmente los niños expuestos a la infame pederastia de la curia católica, son temas destacados de su gestión. Antes de llegar a México pasó por La Habana y, después de mil años de distanciamiento, firmó ahí la paz con el patriarca Cirilo (“somos hermanos”), máximo líder de la Iglesia cristiana ortodoxa, lo cual puede coadyuvar a cambiar la correlación de fuerzas en Oriente Medio. La proactividad del Papa lo revela como un astuto político que conoce el oficio y lo utiliza para beneficio de la paz y el bien común. Generalmente tiene una valoración de la realidad que le permite tener una visión estratégica que lo lleva a concatenar hechos en forma lúcida. Ignoro si habrá jugado carambola, pero se ha revelado como un carambolista político, lúcido y tenaz; como un modernizador progresista. Se trata de un liderazgo fresco y necesario en el convulsionado y tenso mundo de hoy. En México dejó claro al Estado, clero y sociedad que no se vale seguir eludiendo la realidad. Que urge afrontar los problemas y que urge desterrar la mentira y el chanchullo que degradan la vida nacional y su futuro institucional. Habrá que esperar y ver si no nos entró por uno y nos salió por el otro.

lunes, 8 de febrero de 2016

La bella y la (s) bestia (s)



En tiempos en que se necesitan, no se diga políticos más ilustrados, sino simplemente ilustrados medianamente y capaces para hacerse cargo del Estado con eficiencia y pulcritud, encontramos más bien actores iluminados y envueltos en el fanatismo más grosero, aún por conocerse por cierto, en algunos casos de liderazgo local y mundial. Los tiempos políticos en las Américas y el mundo son complejos y difíciles.

07 de Febrero de 2016

La economía y la política globales viven un presente incierto e infeliz. El PIB mundial crecerá poco, sobre todo en los países en desarrollo y a un ritmo de 3% a 6 % en países en desarrollo. Thomas Piketty ha planteado que en la actualidad el 1% de la población mundial tiene acceso a los mayores índices de concentración de riqueza de la historia del capitalismo y a nivel estadunidense ocurre algo similar. El calentamiento global está afectando a todos por igual y amenaza con hundir islas, islotes y costas; los migrantes y los refugiados de guerra aumentan exponencialmente y a ese ritmo son victimados por los países que más tienen. Los derechos humanos son violados por actores formales e informales y la inseguridad internacional da carta blanca a ambos para organizar una guerra de todos contra todos e instalarnos por parejo en el miedo global. Existen el ébola en África y ahora el zika en muchas regiones del globo. El sistema de salud estadunidense (quizá la iniciativa más avanzada de la modernidad estadunidense) apenas levanta vuelo y ya se le quiere castigar en nombre del libertarismo derechista; la reconciliación finalmente encontrada con Irán y el pacto antinuclear que el G5+1 logró ahí se quiere cancelar, al igual que la política de apertura hacia Cuba que ya es hito en las Américas, lo cual puede permitir que por fin lleguemos al siglo XXI en las relaciones interamericanas. En junio de 2015 la Suprema Corte de Justicia de EU declara legal el matrimonio entre personas del mismo sexo y ahora mismo debatirá sobre si losdreamers (hijos de inmigrantes indocumentados que migraron pequeños con sus padres) tienen derecho a la ciudadanía plena.

En fin, son tanto los temas que emergen y se convierten en parte de las agendas de Estado de gobiernos europeos y de otras comarcas. Lo cierto es que mientras esto ocurre, en EU, Sarah Palin y Donald Trump, al igual que Ted Cruz y Marco Rubio, se dan el lujo de encerrarse en su cápsula de cristal, en un discurso extremista y arremeter contra todos estos temas de la modernidad sin siquiera comprenderlos ni, desde luego, sugerir salidas dignas para solucionarlos. Lo hacen en el nombre de razones divinas, sin racionalidad y sin congruencia. Lo hacen por revanchismo y en contra de la historia. Lo hacen por el resentimiento que les causa que un negro con ideas modernas haya llegado a la Casa Blanca. Son los republicanos que, como decía Gore Vidal, son parte de una entidad —que no partido— cuyo estado de ánimo, como el de la Juventud Hitleriana, se basa en el odio.

Y salvo la exgobernadora de Alaska, ellos pueden ser candidatos presidenciales y luego convertirse en Presidente. Sus posturas sorprenden, cuando no asustan y están en contra de la historia y el progreso. Pero eso sí, hacen declaraciones sensacionales. Por ejemplo, Palin sustenta su apoyo a la candidatura de Trump: “estoy muy satisfecha de que Trump haya visto la luz y entienda que la santidad de la vida inocente y cómo un bebé en la matriz debería ser protegido. Tal y como lo hizo Justin Bieber”. O aquella memorable frase de que desde Alaska se podía ver Rusia, dando a entender que estaba capacitada como vicepresidenta para lidiar con Moscú. Por su lado, Trump ha declarado sobre Putin, “en términos de liderazgo está obteniendo una ‘A’. La razón es que está haciendo de nuestro Presidente carne molida”. O sus perlas misóginas acerca de las periodistas, “no importa lo que escriba si tan solo tiene un bonito trasero”. Ted Cruz, reconocido por su postura anticientífica (como buen dominionista de la derecha cristiana), niega la evidencia científica del cambio climático y reivindica la acumulación de riqueza como una señal de la bendición de Dios. Rubio por su cuenta, se avienta al ruedo: “los seres humanos no son responsables del cambio climático. Creo que el clima cambia porque nunca ha habido un momento en donde el clima no esté cambiando”.

Son la bella y las bestias del presente político de Estados Unidos.

lunes, 25 de enero de 2016

El arte de lo invisible



Lo que cuenta de la precampaña de Donald Trump y de los acólitos republicanos que le hacen comparsa, es, entre otras cosas, lo que no se ve. No lo invisible, sino lo no visible. Esto ocurre, ya porque se ocultan, detrás de la narrativa de este peculiar personaje, aspectos de la realidad o porque quienes lo favorecen no quieren ver lo que Trump representa en el fondo y que va en contra de los intereses de la masa resucitada de estadunidenses profundos, generalmente pobres o clases medias precarias.

24 de Enero de 2016

Los muy ricos y poderosos, esos, no cuentan tanto pues no representan un alto índice de votos en la votación general. A pesar del despropósito de su campaña que ha llegado a rozar antitéticamente todos los principios y las etiquetas de la política de altura, éste es un logro importante, cuyo mérito, insisto en decirlo, obliga a que no subestimemos su candidatura. O en su defecto, el impacto que la misma ya está teniendo en la correlación de fuerzas del Partido Republicano (PR), en el clima político dominante y en el proceso ideológico estadunidense. Esto es lo que ha convertido a la precampaña en una extraordinaria y nunca vista desde los tiempos del populismo de derecha de Barry Goldwater.

En la precampaña republicana difícilmente hemos oído de Trump y socios propuestas concretas sobre varios temas respecto a los que Obama puede presumir de haber acertado durante sus siete años de mandato. Por ejemplo, la economía. Al tomar posesión de la presidencia EU vivía una segunda gran depresión, se perdían 800 mil trabajos por mes, 5 millones de personas perdían su casa y 13 trillones de dólares en riqueza familiar se esfumaban. La industria automotriz estaba al borde del colapso. En 2016, la economía crece en forma estable aunque no al ritmo deseable, el sector privado, que ha gozado de 70 meses de estabilidad, ha creado más de 14 millones de empleos y la industria automotriz logró su mejor año de la historia. Datos duros que no han sido incluidos en el debate del PR. Es de mencionar que se ha logrado cubrir a 18 millones de estadunidenses por concepto de seguro de salud y si esto no es revertido por la inercia conservadora, podría apuntar a convertirse en un derecho universal. Hay otros temas de política exterior como el pacto nuclear con Irán o el restablecimiento de relaciones con Cuba, que se han convertido en baluartes de una política exterior conciliadora y no guerrerista como la que heredó Bush y que quieren retomar los republicanos. Lo importante aquí es la ausencia de debate abierto y democrático que están queriendo imponer Trump y sus colegas. Ante la ausencia de debate serio, los republicanos han calificado a Obama de “niñito” o “estúpido” apelativos que subsumen su desprecio racial contra el presidente afro estadunidense (tal diminutivo es de uso peyorativo en EU contra las minorías raciales) quien terminó con el reinado blanco de la presidencia estadunidense. ¿Qué sigue? Probablemente habrá una recaída después del caucus en Iowa en donde se perfilarán las posibilidades potenciales de los dos partidos para sobrellevar la crisis en la que se ha sumido el sistema de partidos en EU. No obstante, pasará algo más: seremos testigos de la capacidad que tendrán o no la mayoría de los estadunidenses de continuar con una buena tradición modernizadora de la política estadunidense y que es catapultada por un personaje, que a ojo de sus detractores es una anomalía, pero que a la de otros es un transformador con rasgos cosmopolitas y con una gran visión de la cosa pública. Habrá que decir que, en el fondo, a Obama se le quieren negar estos atributos. Y el tono maximalista del discurso de la derecha maltrecha, encabezada por un outsider como Trump, lo refleja nítidamente. De tal forma que, hábil o no, la estrategia de la invisibilidad ha resultado efectiva por el momento. En esta etapa de las primarias ha podido ocultar su verdadera cara. No obstante, su sonsonete insolentemente rancio y antimoderno no podrá pasar desapercibido en el mediano plazo y muy pronto mostrará su verdadero rostro que, de acuerdo con las encuestas, le es desagradable a la mayoría de los votantes estadunidenses (toda vez que voten todos). No optar por esta opción será de mutuo beneficio para ellos y para el público de todo el mundo que ve con preocupación cómo este lepenismo estadunidense adquiere peligrosa consistencia, nada menos que a nuestras puertas.

lunes, 11 de enero de 2016

Adiós a las armas




El presidente Barack Obama no se da por vencido en ninguno de los críticos temas que directamente ha introducido al ruedo político y frente a los que los republicanos, cautivos de una derechización rampante, se defienden como gatos boca arriba, cual dogma de fe, sin argumentos, sólo con consignas.

10 de Enero de 2016

Inventa mundos nuevos y cuida tu palabra;
El adjetivo, cuando no da vida, mata
Vicente Huidobro

Como diría el poeta chileno Vicente Huidobro, son esclavos de la consigna, así como lo son las izquierdas enredadas de nuestro continente y de otros territorios que sufren los coletazos extremistas de ambas corrientes ideológicas. En política, el propósito del estadista es el de ser, sobre todo, efectivo y, si de pasada se puede, también seductor. Obama es ambas cosas. En su entrevista del jueves pasado con Anderson Cooper de CNN y ante un público plural hizo una defensa honesta, cautelosa y analítica del control de armas en su país. Estableció claramente que su propósito no es desarmar a los estadunidenses, que en nombre de la segunda enmienda se abastecen de armas para protegerse, sino de evitar que caigan las armas equivocadas en las manos equivocadas. Habló también de la tendencia a desvirtuar su reciente acción ejecutiva por sus opositores en las cámaras y en el lobby más poderoso en favor de las armas, la Asociación Nacional del Rifle. Lo que Obama ha hecho ha sido provocar un debate nacional sobre un tema polémico que nadie había querido afrontar y, de pasada, hacer que sus oponentes republicanos y aliados demócratas se resbalen y se definan (adelantó que no apoyará a ningún candidato que no se pronuncie en favor del control de armas). Y no es poca cosa el tema en un país que tiene a la población más armada per cápita en el mundo, 30 mil muertes anuales por armas y que sólo en diciembre pasado consumió un millón 600 mil armas de todo calibre, la mayor venta en un mes en dos décadas.

Esto ocurre en momentos en que la violencia y las matanzas a manos de criminales, terroristas y también policías, llegan a un extremo intolerable. La masacre de San Bernardino, California, el reciente atentado en Filadelfia contra la policía a manos de un seguidor del Estado Islámico y los asesinatos de afroestadunidenses en Illinois y otras partes son algunos de los muchos hechos de violencia dirigida y casual que se han vivido durante la presidencia de Obama. Los partidarios de la portación de armas en forma indiscriminada, no regulada y sin la verificación de los antecedentes penales de los consumidores o del registro adecuado del vendedor, basan su resistencia en la segunda enmienda de la Constitución. Se trata de una defensa que ya no corresponde a los tiempos en que, previo a la revolución de 1760, lealistas (probritánicos) y patriotas (independentistas) se enfrentaron, armándose estos últimos para defenderse de la corona y de la tiranía. Esto ya no es una realidad vigente en la actualidad. Y Obama así lo ha palpado y el público estadunidense también: más de 60% de la población está con Obama en su propuesta de control de armas. Ni está sometido EU a una tiranía o imperio, ni nada tendría que hacer una agrupación de ciudadanos armados si la atacara el propio ejército estadunidense.

Al margen de este debate muy estadunidense hay que decir que resulta antiético en una sociedad democrática plantear la defensa de su seguridad con el argumento de las armas como primera escala estratégica. Ni la seguridad de la sociedad estadunidense está resguardada por poseer un arsenal e incluso una pistola de gran calibre, ni la posesión de armas garantiza que EU no pueda ser atacado por actores no estatales, como el Estado Islámico, tal y como ocurrió en 2001 y en 2015. Y, en esto, Obama tiene un punto en su favor que eventualmente prenderá en el seno del debate. Al introducir de nuevo otro tema que captura el interés nacional, el presidente Obama ha demostrado ser un buen político, lo cual se mide en parte por la gran cantidad de opositores que, desesperados, recurren a la diatriba y no al argumento racional para combatirlo. Así como la novela autobiográfica de Hemingway, que titula este artículo, tuvo 47 finales por la indecisión de su autor, la historia que inicia Obama sobre el tema, y casi al final de su mandato, empieza ya a tener desenlaces varios en EU. Es de esperarse que el que prevalezca sea el de la moderación y la cordura cívica de sus ciudadanos y dirigentes.

lunes, 4 de enero de 2016

Trumpland



27 de diciembre de 2015

Donald Trump intenta ahora reinventarse, una vez más, con un discurso islamofóbico. Sus variantes narrativas le han dado muy buenos resultados en las encuestas de opinión desde que empezó la precampaña republicana, primero denigrando a los mexicanos, luego a las mujeres y ahora a la población islámica en EU, con relativo éxito político.


Give me your tired, your poor, Your huddled masses yearning to breathe free.
Poema de Emma Lazarus, inscrito en la base de la Estatua de la Libertad en Nueva York



Aun cuando su lugar en las encuestas aún lo mantiene en punta con más de 30% de las preferencias republicanas, todavía no queda claro si la trumpmanía prenderá entre los votantes estadunidenses en esta etapa de la contienda, así como en la subsiguiente, cuando se dirima quién será el presidente o la presidenta electa a partir de 2016.

Lo que sí es cada vez más claro es que Trump ha reactivado a aquel sector de la población blanca estadunidense que ha representado históricamente un resentimiento racial y de clase que ha recorrido ominosamente los corredores del poder y de la sociedad estadunidense por décadas; se trata del estadunidense profundo que se identifica con las añoranzas delirantes y recalcitrantes del Tea Party. En esto, Trump ha tenido un triste éxito en tiempos en que las normas e instituciones nacionales e internacionales han diseñado exitosamente el blindajenormativo para preservar los derechos universales y democráticos, tanto de las minorías como de los desprotegidos de la tierra. Si bien el viraje al que está obligando Trump al Partido Republicano (PR) —y al sistema político en su conjunto— no será hacia el fascismo, como presagian equivocadamente algunos, su radicalismo, aparte de haber despertado fobias que se creían olvidadas, ha transformado —contaminándolo— el proceso político estadunidense.

Tanto la nomenclatura del PR, como sus precandidatos, han sido cómplices silenciosos de esta tendenciosa, por oportunista y farsante, trumpmanía, corriente política y discursiva que Trump inaugura, exclusivamente en aras de cosechar el mayor número de votos cautivos entre los sectores asustados por los atentados terroristas ocurridos en California recientemente y también por las olas migratorias que la guerra provocada por George W. Bush y aliados han acelerado en el Oriente Medio en los años recientes, pero en forma muy aguda en 2015.

El problema con Trump es que, con su corrosiva narrativa, ha impuesto un código de no ética e iniciado una carrera antiética en el proceso político estadunidense, que se antoja de no retorno. Se trata de un hecho inédito en la política de EU, toda vez que ha roto los equilibrios que el sistema político de ese país se había dado desde que los padres fundadores redactaron la Constitución. Trump y sus inevitables aliados (algunos renegados como Jeb Bush van en los últimos lugares en las querencias de los electores, precisamente por oponérsele) han arrasado con varias de las disposiciones constitucionales que hacían de ese país uno con enormes atractivos para el conjunto de las naciones. De ellos, el derecho constitucional a la nacionalidad estadunidense es uno de varios. El PR ha tolerado esta imposición a costa de las tradiciones democráticas y de esto tendrá que hacerse cargo cuando pierda toda posibilidad de acceder a la Casa Blanca, debido a los juegos peligrosos de la intolerancia y los prejuicios maximalistas de los sectores híperconservadores que dominan el teatro político en EU desde que, en 2008, ascendiera con fuerza el Tea Party y que han ocasionado la pérdida del centro de equilibrio que le es básico a todo partido político a fin de gobernar para todos. Es, en este sentido, que el PR es el artífice de la inauguración de una era de retroceso político que, en las actuales circunstancias de inseguridad que se viven a nivel global, sitúa a Estados Unidos en una de las peores encrucijadas de su historia desde Nixon, todo lo cual repercutirá en una mayor inseguridad nacional de continuar la narrativa incendiaria e intolerante que domina hoy el debate político en Washington. ¡Feliz año a todos los lectores!

lunes, 21 de diciembre de 2015

¿Recomienzo o fin de la política?


13 de Diciembre de 2015
 
En política la construcción de liderazgos incluye, fundamentalmente, articular un discurso coherente con la realidad dominante. Implica que las acciones de los actores sean también congruentes con las expectativas democráticas de la ciudadanía, quien paga, después de todo, por las instituciones de la política democrática.
               
 
                          “El poder tiende a corromper
y el poder absoluto corrompe absolutamente”.
                                                     Lord Acton 

La gobernanza democrática es un asunto también de eficiencia, de calidad, de responsabilidad y honestidad en el manejo de los recursos y la cosa pública. Dicha gobernanza descansa en la política como instrumento de mediación para dirimir las diferencias entre las partes, sean las que fueren. No es un espacio monopólico de una fuerza política o una corriente ideológica. En democracia, la gobernanza es el arte de la representación política que debe de ser conducida con aplomo y sensibilidad. Lo que si no es: el espacio desde el cual se articule un discurso totalizador y excluyente, pues esto resultaría en la antítesis de la gobernanza democrática, que es conducida por estadistas que debieran ser no sólo demócratas, sino también visionarios con una convicción amable de servicio a la nación entera y siempre pensando en implementar políticas que satisfagan el bien común.

La gobernanza democrática no es cueva desde la que se pertrechen facciones del poder o de creencias ideológicas, para imponer a los demás su credo o voluntad política, ya por la fuerza o por el conjunto de trampas técnicas o logísticas que, bien lo sabemos, están siempre a la mano de los actores políticos que habitan regímenes democráticos. Esto es, también, una antítesis de la vida democrática que padecemos en forma generalizada en las Américas (incluido Estados Unidos). Es una gran falla geológica de la política democrática, pero que se puede salvar con instituciones republicanas que funcionen. Tal es el caso de la Suprema Corte de Justicia en EU, la cual interviene como la última instancia y dirime en aquellos conflictos que han rebasado las fronteras de la negociación deseable.

En Venezuela acaba de haber elecciones como también las hubo en Argentina. En ambos casos el oficialismo fue derrotado. En el primero el chavismo-madurista fue vencido en las urnas por la Mesa de la Unidad Democrática (MUD), una amplia coalición de fuerzas que hoy representa la demanda generalizada de venezolanos por el cambio: la MUD obtuvo 112 contra 55 del oficialista Partido Socialista de Venezuela. Con este resultado contundente, la MUD asegura la mayoría calificada para legislar, entre otros, respecto a temas, como el de la amnistía a los presos políticos, incluso, el desafuero del presidente  Maduro.

En Argentina, Mauricio Macri, candidato de la Unión-PRO (Propuesta Republicana) partido de centro conservador, derrotó al kirchnerismo, en medio de un estado de ánimo de fractura de consensos dentro del peronismo y de confrontación de aquél en contra del nuevo jefe de Estado. El estrecho triunfo de Macri es un hito en la historia argentina, dado que desde 1916, no había sido electo un Presidente no peronista o no radical. Por ahora, hemos visto ya, cómo frente a la propuesta conciliadora del nuevo Presidente, el kirchnerismo en el legislativo, más que el conjunto del peronismo, han decidido confrontarlo y no asistir (incluida la expresidenta) a la ceremonia de traspaso como respuesta al fallo judicial que adelantó el fin de la presidencia de Fernández y la toma de poder de Macri. Este hecho nos recuerda la recurrente polarización transicionista cuando de suceder a partidos de Estado se trata (recordemos el boicot priista al foxismo durante la fallida transición democrática de 2001).

Venezuela vive una polarización aún mayor. Ésta la ha desatado desde hace tiempo el tono intimidatorio de Maduro quien, en el fondo, no acaba de aceptar el resultado electoral. El aún Presidente ha declarado: “A mí no me va a parar nadie, ni la Asamblea burguesa ni la Asamblea de derecha. Esta batalla se pone buena”. A reserva de comentar pronto el futuro de Bolivia y de Ecuador, está visto que los procesos políticos en estos países han quedado desenmascarados y expuestos por su carácter poco democrático e incluyente. Por desgracia, no se ha visto el triunfo (el recomienzo) de la política democrática, la cual se lee con reserva por estos liderazgos, que en el fondo son conservadores. La demagogia bolivarista está cayendo en una espiral tanto de farsa como de tragedia. Al tiempo.