lunes, 26 de junio de 2017

¿Qué hacer?

¿Qué sigue después de la nube que se nos montó, después de las elecciones en el Estado de México y en las otras entidades donde se repitieron, en versión moderna, los viejos vicios que nos persiguen desde que el sistema de partido único (y hoy el sistema pluripartidista) secuestró la vida y tranquilidad de varias generaciones de mexicanos?

25 de Junio de 2017

¿Qué hacer frente al marasmo que se presenta cada vez que, en periodo electoral, asistimos a un retroceso democrático y no al viaje hacia el progreso mexicano que bien podríamos lograr, de proponernos mirar hacia enfrente y no hacia atrás (como decía Paz cuando comparaba nuestra cultura política con la de EU), y sacudirnos varias lacras históricas que pesan desde hace siglos, hoy reproducidas en la peor de sus versiones dinosáuricas, prácticamente en todas esas entidades que se dicen de interés público, que son los partidos políticos; y, más aún, que pesan y penetran la infame cultura política mexicana?

Desde las alturas del Estado, pasando por lo más bajo del sistema de estamentos medievales a los que nos hemos sometido los mexicanos, lo que ya no se puede aceptar es que el laberinto socio-político-cultural mexicano nos siga sometiendo al nefando ogro filantrópico que de una manera u otra todos los mexicanos traemos en nuestro sistema, en los genes de nuestro ser nacional, nuestra política exterior y hasta en nuestros símbolos patrios; éste es un hecho tan irresuelto como retrasado.

Y ante el cual, la imaginación política de los actores tradicionales de la política mexicana no han logrado prefigurar con la prístina claridad en que sí lo hicieron en el pasado, aunque a la manera de sus tiempos y ópticas respectivas, personajes como Revueltas, Lombardo, Caso, Gómez Morín, Heberto Castillo y autores como Reyes o Paz, y tantas otras mentes de diversas ideologías, que se entregaron a la causa de pensar un México distinto para el beneficio de todos y no un Mexico en donde se usa a los mexicanos (voto incluido) para lograr concretar los beneficios de particulares cada vez más atrincherados en la protección de cotos de poder económico y político, no precisamente bien habidos: he ahí el eje Salinas-Slim y todos sus derivados pulpescos que lo rodean.

Además del fango vertido sobre la democracia, como lo escribió lúcidamente Roger Bartra, asistimos a un México con una sociedad lastimada por las pugnas políticas de arriba y que presencia desde abajo sin blindaje alguno, y por un régimen de sobrevivencia económica que de milagro no ha provocado erupciones sociales sistémicas y organizadas; eso sí, este deterioro lo han aprovechado bien los grupos informales, (como los cárteles a los que tanto oxígeno les dio la torpeza estratégica de Felipe Calderón). Los complejos tiempos e inequitativas condiciones de la globalización apartan, hoy por hoy (por diversas razones que no discutiré), del firmamento de la política, los escenarios de levantamientos revolucionarios a los que asistimos en décadas pasadas.

Sin embargo, como ha ocurrido en países desarrollados en donde se tuvo una gran inestabilidad social y efervescencia revolucionaria armada, como Italia, España, Alemania, los tiempos actuales exigen mejores condiciones de convivencia democrática y de equidad económica.

Si bien los políticos mexicanos lograron aplacar sus incendiados ánimos en el curso de la transición democrática largamente accidentada (que permearon a la sociedad civil), hoy el alto desánimo político, decepción emocional y baja autoestima que se ve en el seno de la sociedad, en sus organizaciones sociales y hasta en sus universidades públicas, exige respuesta de demócratas de verdad.

Continuar por el sendero de la complacencia va a empeorar todo y lo va a poner al rojo vivo. Los actores políticos lo tienen que entender. Ya Jalisco sentó precedente: bajar el presupuesto a los partidos y ahora, a subirles el tope mínimo de votación al 5% para conservar el registro, es lo mínimo -por ahora- que las instituciones del estado nos deben en esta ardua espera plagada de violencia, inseguridad e impunidad. Eso es lo que impera hacer. Después vendrá el control de daños.



Twitter: @JLValdesUgalde

lunes, 12 de junio de 2017

¿Autogolpe?

Donald Trump ha hecho de todo para llenarse el camino de espinas. Pero nunca se había visto, en la historia moderna de EU, a un Presidente que fuera tan eficaz en cavar su tumba en forma tan expedita. ¿Qué pasa con la Casa Blanca? Desde 2015, en que Trump se lanzó al ruedo por la grande, empezaron la serie de muy paradójicos autogoles. Primero, el autogol mexicano con el que nace su narrativa rupturista. Al día de hoy, no ha obtenido presupuesto para su tan cantado muro, ni consenso social para sacar a los 11 millones de indocumentados, lo cual, supuestamente, haría al entrar a la Casa Blanca.

11 de Junio de 2017

El autogol de su toma de posesión desangelada y que se reconfirmó no sólo con la contundente marcha de mujeres organizada al día siguiente, sino también con la evidente minoría mostrada —por los medios— que tuvo en comparación con las dos de Obama, mellaron su credibilidad, la cual no deja de tocar fondo (37% según Gallup). La marcha de las mujeres es consecuencia del autogol que se auto propinó cuando, en campaña, humilló a las mujeres en forma denigrante. Su islamofobia de campaña y sus ulteriores decretos presidenciales para vetar la entrada al país de ciudadanos musulmanes, fue otro autogol que le ha ocasionado la confrontación con jueces estatales y federales que los han detenido ocasionándole desprestigio interno y externo, así como el enfrentamiento con el Poder Judicial. Y el autogol más certero y que ha definido el marcador en su contra, es el Rusiagate. Estos días asistimos a una soap opera montada magistralmente por los medios y el Congreso, alrededor de las declaraciones del exdirector del FBI, en las que dijo dos cosas: Trump lo presionó para que terminara con la investigación sobre el general Flynn y el Rusiagate, a quien defenestró como Asesor de Seguridad Nacional, por haber mentido acerca de su asociación económica y delictiva con la intervención rusa en las elecciones. Comey, indicó también, que Trump (en total ignorancia de la división de Poderes y de la autonomía de las agencias de gobierno) le exigió lealtad incondicional, a lo cual aquél se negó, razón posterior de su despido. Más autogoles: Jeff Sessions, acusado de reunirse con el embajador ruso en tres ocasiones para participar en la trama del affair ruso, fue designado por Trump procurador General. Su yerno Jared Kushner, asesor estrella, también participó en el contacto ruso y no se duda de que, en el marco de la investigación sobre el asunto, se les vaya a citar a todos a comparecer pronto.

¿Qué más falta para completar el cuadro clínico del TrumPutinismo, que bien puede descomponerse aún más en las semanas venideras?: desde luego, el frente internacional. Durante la campaña, Trump cuestionó, en su usual estilo ramplón, a diestra y siniestra, la utilidad de la OTAN (no precisamente amiga de Putin), criticó a Alemania y China de abusar comercialmente de EU (México ya había sido acusado de esto). Ángela Merkel ya declaró que no se podía confiar en el Estados Unidos de Trump y que se proponía que Europa empezara a valerse por sí misma, incluso militarmente. Fuerte declaración de un aliado estratégico de Estados Unidos. ¿La aldea global en contra de la choza en la que se parapetó Trump, para vergüenza y enojo de sus conciudadanos? La insularidad en pleno siglo 21 cobra cuotas muy altas. En este sentido el proyecto económico diecinuevesco del TrumPutinismo
más pronto que tarde empezará a cobrar víctimas políticas. Y quizá, él sea una más de las varias que han caído.

Técnicamente lo que está ocurriendo es que el gobierno trumpista ha minado consecutivamente la eficacia real y potencial de las instituciones del Estado que se suponía debía administrar y dirigir. Más aún, ha atacado vulgarmente a las instituciones republicanas que tanto orgullo producen a los estadunidenses y tanta estabilidad socio política, y también económica, han logrado construir desde el siglo pasado. ¿Es esto un autogolpe producto de un plan demencial o de la estupidez política, que todos sabemos ha caracterizado a Donald Trump desde que se volvió bufón en jefe de EU?


Twitter: @JLValdesUgaldr

martes, 6 de junio de 2017

China desde las alturas

China no es subestimable en lo absoluto. El camino chino hacia la liberalización ha tenido como colchón de apoyo un crecimiento sostenido que ha transitado entre el 14 y el 6.5 por ciento. Impresionante ritmo de crecimiento estable el que ha tenido ese país y una evidencia de cómo se puede insertar un actor de este calibre en la globalización desde un modelo económico, aunque centralizado, alternativo y sumamente efectivo. 

28 de Mayo de 2017

Según datos del Banco Mundial (http://wdi.worldbank.org/table), el crecimiento anual de China fue de 9.9% y su PIB de 6.9%. En este mismo periodo los datos para EU fueron de 1.7% y 2.6%, respectivamente. Asimismo, siguiendo la misma fuente, el crecimiento del PIB per cápita en China y Estados Unidos fue de 6.9% y 2.6%, aunque al mismo tiempo el PIB total per cápita de China fue de 8 mil dólares y el de EU de 56 mil, lo cual habla de una superior distribución del ingreso en el caso estadunidense.

Por lo demás, los indicadores de estas dos potencias, una emergente y en vías de desarrollo, y otra, clara punta de lanza de la consolidación capitalista de este y el siglo anterior, son reveladores de cómo China avanza hacia el futuro a pasos agigantados. Por ejemplo, en exportaciones totales China alcanza 2,400 millones de dólares y Estados Unidos 2,261 millones.

En el rubro de crecimiento medio anual de la industria, China logra 11% y Estados Unidos sólo 0.7%. Y en los indicadores relacionados con el crecimiento medio anual de agricultura, China alcanza 4.2% y Estados Unidos 1.9%; en el rubro de crecimiento anual de servicios, China logra un impresionante de 10.7% y EU el 1.7%; y por último, en el capítulo del concepto total de reservas, China tiene un gran poder: 3,405,253 contra 383,728 millones de dólares estadunidenses.

Y toda esta numeralia, ¿porqué? Primero, porque China se ha convertido en una revelación global. Su sistema político, centralizado y dirigido por un partido único que controla las decisiones de Estado, ha logrado un revelador éxito económico que, además de ser paradigmático, se presenta como un desafío prospectivo para el control hegemónico de Estados Unidos que se acostumbró a vivir en cierta zona de confort, aceptando incluso excesos propios del capitalismo salvaje que Bush hereda a Obama y que le costó a Estados Unidos el septiembre negro de 2008, que tanto daño ocasionó a la economía y a las finanzas globales.

Segundo, porque China, históricamente ubicada en una franja estratégica para las potencias mundiales en el siglo 20 (principalmente la “perla de Oriente”, Shanghái), se convirtió en la ventana comercial de aquéllas entre los años veinte y treinta. Al tiempo en que, en medio de un maremágnum colonialista, China experimenta un desarrollo muy rápido como potencia comercial y financiera, además de ser un referente cultural para Occidente.

Y tercero, pero no menos importante, porque a partir de este bagaje occidental del cual China aprendió mucho y detentó una ya antigua condición de Metrópolis, convierte a China hoy en un desafío para la arrogante gran potencia estadunidense, que no previó escenarios de recuperación económica, que desde Roosevelt se concibieron para afrontar las crisis económicas del futuro.

Ver Pekín y Shanghái de cerca es revelador del mucho camino recorrido de esta potencia ascendente y de su voluntad de seguir su carrera hacia la conquista del futuro que nadie cuestiona al ver sus éxitos de cerca.

Esto me parece más claro al seguir el errático y arrogante camino que Donald Trump ha escogido a base de plantar zancadillas y empujones a sus contrapartes, incluso si son aliados. Está más claro que nunca que los vacíos que esto está dejando en el camino serán ocupados por potencias como China. O como lo advirtió Confucio: “El fracaso en perseverar en asuntos menores confunde el gran plan”.

El caso de un déspota poco ilustrado


A estas alturas de su Presidencia autodestructiva y desperdiciada, haga lo que haga, Donald Trump es percibido como falso, mentiroso y hasta perverso.  

14 de Mayo de 2017

Ya incluso se le considera como un sujeto bipolar. Es este, en suma, un periodo de gobierno de tal regresión en el que el gobierno estadunidense se encuentra no sólo hecho bolas, sino en una crisis institucional sin precedentes desde que Nixon despidió al fiscal especial Archibald Cox, como parte de su estrategia del “Madman” en los aciagos tiempos del Watergate y a través de la cual intentaba intimidar a sus contrincantes, aparentando un perfil de inestabilidad.

El martes pasado, Trump despidió abruptamente al director del FBI, James Comey, quien a su vez estaba a cargo de la investigación sobre el involucramiento del trumpismo en el contacto ruso. Ya ha trascendido que Trump intentó intimidar a Comey durante una cena privada en la Casa Blanca, exigiéndole lealtad absoluta y la garantía de que no había caso en su contra en el Rusiagate.

Ahora trasciende que el presidente le ofrece a Comey no divulgar la conversación, que presumiblemente grabó, a cambio de su silencio y abstención de declarar en los comités congresionales y en otras instancias en que esta investigación se lleva a cabo.

Al despido grosero de un personero que incluso había sido útil para permitir su triunfo al desprestigiar a Hillary Clinton, se añade ahora este nuevo escándalo de chantaje que rebaja aún más a este Presidente y su equipo a la medianía que lo distingue día tras día. Ésta fue su amenaza en Twitter: “James Comey desearía que no hubiese grabaciones de nuestras conversaciones antes de empezar a filtrar contenidos a la prensa”.

Las reacciones a este acto impune no se hicieron esperar. Adam Schiff, miembro del Comité de Inteligencia de la Cámara baja, comentó: “Para un presidente que acusó sin bases a su predecesor de haberlo espiado ilegalmente, sugerir que él mismo incurrió en una conducta similar es asombroso... el Presidente debería hacer entrega al Congreso de cualquier grabación, o admitir una vez más haber hecho deliberadamente una declaración desviada y, en este caso, amenazante”.

Día tras día, Trump está creando nuevas crisis. En su afán por combatir el establishment, no es capaz, debido a su terco narcisismo y a su supina ignorancia de la cosa pública, de entender sus obligaciones constitucionales y la división de poderes de la democracia estadunidense, que hasta ahora se ha mantenido gracias, principalmente, a las acciones de contención del poder judicial.

Es más, a su ausencia de sensibilidad, la cual es rebasada por su megalomanía, Trump se muestra como un sujeto sin convicción democrática alguna. Su estilo es personalista y autoritario. Se trata de un actor desequilibrado, en crisis emocional permanente, inseguro y paranoico que está poniendo en serio riesgo el orden constitucional estadunidense y de pasada los muchos arreglos institucionales locales y globales, que está desintegrando consistentemente. Es Trump y su ego contra el mundo y en contra de todo lo que lo cuestione. Se encuentra enfrascado en un juego de suma cero en defensa sólo de sí mismo y en el que el “ganar-ganar” es su único objetivo, no importando en todo esto, el interés nacional.

En su embate contra Comey, Trump ha sellado para mal su futura relación con el sistema de inteligencia, el cual le puede hacer mucho daño de continuar su cruzada en contra del FBI y filtrar la información que tan bien Trump ha ocultado, incluidos sus vínculos con Rusia, tiempo atrás con la mafia y el verdadero estado de su misteriosa situación fiscal, que se niega a revelar. Está también en entredicho el apoyo de los republicanos, quienes ya empiezan a mostrar signos de cansancio ante la ineptitud y múltiples patologías de Trump. El desgaste institucional provocado por el trumpismo ha provocado que el Presidente esté siendo devorado por todos los demonios que ha despertado. Ciertamente, consecuencia de la existencia de un déspota ignorante y grotesco.

domingo, 7 de mayo de 2017

México y China, frente a las trampas de Trump

Donald Trump usó de nuevo sus trampas megalómanas: declaró en contra del TLCAN, al día siguiente a favor y, por último, condicionó seguir en el mismo a reserva de garantizar los intereses estadunidenses. Sus bravuconadas no sólo reflejan la falta de oficio de este advenedizo presidente, sino que, a falta de éxitos a 100 años de su inauguración, intenta utilizar lo que sea para remontar este fracaso y su creciente impopularidad.

30 de Abril de 2017

A la memoria de Guillermo Lowenstein

México es usado como chivo expiatorio, lo cual afecta las variables económicas de nuestro país, entre ellas la estabilidad del sufrido peso. El impacto de la narrativa del desquiciado presidente afectaría menos los intereses nacionales, de contar nuestro país con una dirigencia con capacidad, dignidad y sin esqueletos en el ropero. El silencio y la falta de firmeza frente a Trump es la evidencia de que los valores referidos no son activos de la gobernanza de nuestros días ni de la política exterior. De nuevo, Trump usa de escudo a México, sitia al gobierno y éste nada de muertito.

¿Qué nos queda? Iniciar un proceso intenso de diversificación de nuestras relaciones multilaterales con miras a disuadir a Trump y de pasada empezar a despojarnos de una relación hoy traumática y frente a la cual México nunca se preparó debidamente, dada su falta de gran visión del sistema internacional y de lo que queremos hacer en él y de él. Así las cosas, México se encuentra en el límite de su resistencia sistémica (gracias al desgaste profundo de su modelo de desarrollo político y económico) para afrontar los desafíos que el futuro ya nos impuso. Ante el alarde trumpista frente a acuerdos como el TLCAN, se pretende provocar un escenario de múltiples modificaciones en la correlación de fuerza regional y global de Washington. Esto abrirá una brecha no conocida en la relación de EU con el mundo. No se diga el hecho de que los actores económicos se moverán hacia un acomodamiento que busque evitar afectaciones de fondo a su red de relaciones comerciales y sus respectivos acuerdos comerciales. Debido al panorama descrito, podemos ya decir que China se prepara para buscar nuevas alternativas en sus relaciones multilaterales. En este contexto, el liderazgo chino decidió estrechar lazos con varios países como México.

Será vital que México considere medidas de diversificación comercial con varios actores globales relevantes. Esto puede fortalecer relativamente su posición, haciendo más equilibrada su situación frente a negociaciones con otros mercados de destino, los cuales tendrían que estar concentrados principalmente en China, Japón, Corea y Alemania. El refuerzo del Acuerdo de Cooperación Estratégica con China será particularmente importante, pues con ello se contrarresta el efecto negativo de pérdida de mercados relacionados con el TLCAN, específicamente en EU. China es nuestro segundo socio comercial, mientras que México es el primero de China en América Latina. En el año 2015, el comercio bilateral fue de 74 mil 873 millones de dólares (mdd), un incremento de 3.7% con respecto al año anterior. Las exportaciones a China alcanzaron cuatro mil 885 mdd (1.3% del total de exportaciones de México), mientras que las importaciones sumaron 69 mil 988 mdd (5.6% del total de importaciones mexicanas), lo que representa un déficit evidente para México con China, que podría irse equilibrando de profundizarse el trato. Respecto a las empresas mexicanas más importantes dentro de China, están Bimbo y Grupo Maseca. En 2013, Bimbo empleaba a más de mil 400 trabajadores en la región de Pekín y Tianjin: casi el doble de los trabajadores que tenía en 2006. Por otro lado, Gruma (Grupo Maseca) abrió en 2006 una nueva planta en Feng Xian, cerca de Shanghái, gracias a factores como la alta concentración de población en esa zona y uno de los niveles de ingresos más altos. Ante este prometedor panorama comercial, por no mencionar el del intercambio cultural, ¿qué espera este gobierno para avanzar y mandar las señales que correspondan a Washington?

domingo, 23 de abril de 2017

La conjura de los necios

 Con Trump llegó a EU un momento estelar de la tragicomedia política que en el pasado remoto y cercano tuvieron a Hitler, Mussolini y Berlusconi como protagonistas estelares. Esta vez, el constructor de ilusiones de concreto, con sus tuits y su sintaxis atormentada, se asemeja, para demérito de Ignatius J. Reilly, personaje central de la gran obra que titula este artículo, al individuo inadaptado y anacrónico que sueña con que el modo de vida medieval, así como su moral, reinen de nuevo en el mundo. Gran novela tragicómica en todo su esplendor, escrita por John Kennedy Toole y la cual recomiendo ampliamente para adentrarnos en el surrealismo de cabaret al que el trumpismo ha sometido al mundo entero.
     
16 de Abril de 2017

El mundo al revés. Se pensaba, y Trump intentó convencernos de eso, que la era de Obama había producido el momento más polarizante en la relación entre Washington y Moscú desde los tiempos de la Guerra Fría. Durante su ruidosa campaña, Trump elogió la cleptocrática autocracia de Vladimir Putin como modelo, como un ejemplo de valentía e inteligencia. Prometió normalizar relaciones con el autócrata ruso y aliarse para confrontar los peligros comunes. Ahora, Trump bombardea Siria, aliado ruso, después de que Bashar al-Assad gaseara a más de 100 conciudadanos, niños y mujeres principalmente; y su secretario de Estado anuncia una campaña contra el lamentable líder por ser el victimario del pueblo sirio. Los rusos reaccionan y amenazan, junto a Irán, con serias represalias contra Washington en caso de que emprenda otro golpe militar. ¿En dónde quedó el TrumPutinismo que parecía que iría viento en popa en contra del pacto originario de la alianza occidental? Parece que, como todo lo que Trump toca, quedó enterrado en el pantéon trumpista de las muchas ofertas al vapor que el magnate hizo y que no podrá cumplir cabalmente. El asunto sirio es por demás grave, siniestro y lamentable desde todos los puntos de vista. Primero, es una tragedia humanitaria solapada por Rusia y Occidente antes y después de que se instaurara el nacionalismo árabe Baazista fundado por el padre del inclemente Al-Assad. Y, sin afán de adentrarnos en la historia del coloniaje franco-británico y posterior dominación estadunidense, diríamos que, en el presente, Siria sigue siendo una pieza clave del rompecabezas geopolítico de la región.

Bombardear Siria y después, ¿qué? Trump no lo sabe, no sólo por ser un ignorante funcional, sino por el hecho de que no tiene la más mínima idea de estrategia de combate, ni conocimiento del teatro de guerra. No es creíble el sentimentalismo usado por Trump para vengar a los niños gaseados, pero existe la posibilidad de que al bombardear pudiera lograr distanciarse del caliente Putingate en el que se metió cuando presumiblemente se alió con Putin para ganar la elección y con quien se ha enojado porque no le ha correspondido a sus mensajes amorosos. Y existe una última alternativa (por demás perversa, pero típica de un malvado de su talla) del porqué del bombardeo: ante su permanente caída en las encuestas (sólo 40% apoya su gestión) quiso recuperar, sin éxito, la credibilidad perdida. Trump y su desorganizado equipo quisieron ganar momentum y avanzar en su cruzada esquizoide. Lo que es cierto es que Trump ha podido reunir a su alrededor a un equipo dividido y que a la vez se le opone con sordina. Ivanka, su hija, pudo haber influido en el bombardeo de Trump. A pesar de que el general Mattis, secretario de Defensa, afirmara que el bombardeo fue un éxito, otras versiones de prensa e inteligencia estiman que de los 59 misiles lanzados, sólo una treintena atinó en los blancos. Su yerno ha sido comisionado como enviado especial en Irak y, por último, su tóxico consejero, Bannon, después de ser despedido del CSN, se expone ahora al embate de los neoconservadores que lo quieren fuera. Todo un desorden en el centro del poder global. ¿Una conjura de los necios en contra de su necio mayor? De pronóstico reservado, querido (a) lector (a).

lunes, 3 de abril de 2017

La espera



¿Es Trump una figura de transición, una falla de la geología política estadunidense? ¿O es punta de lanza de un movimiento de nacionalismo intolerante y autoritario de extrema derecha, que ha llegado para quedarse en el seno mismo del espacio de la política democrática? Las respuestas a estas preguntas dependerán de la medida en que sus políticas internas y externas tengan el éxito que prometió. Por otro lado, también dependerán del éxito que los movimientos afines al trumpismo tengan en los próximos comicios en Francia, Alemania y la fuerza que puedan tomar en el resto de los países europeos que están bajo la lupa del Kremlin y sus tácticas intervencionistas.

02 de Abril de 2017

Si juzgamos el “éxito” de Trump por los resultados en política interna, se puede augurar desde ya un fracaso estrepitoso. No sólo es el presidente más impopular de la historia en tan breve tiempo en la presidencia, también es el que menos ha logrado en función de lo que prometió. Revisando en retrospectiva nos podemos dar una idea del desastre trumpista. Al defenestrado asesor de seguridad nacional, Michael Flynn, le acaba de negar el Congreso su oferta de testificar a cambio de inmunidad. Oferta delicada, toda vez que es un signo intrínseco de la culpabilidad de Flynn, a quien se le acusa de haber recibido dineros rusos y de haber conspirado con el Kremlin para impedir el triunfo de Hillary Clinton e impulsar el de su
exjefe, de quien presumiblemente sabe más de lo que ha dicho con relación al complot ruso. Dado que la investigación sobre la intromisión de Rusia en política interna estadunidense continuará, este pendiente muy probablemente tendrá a Trump contra las cuerdas lo que resta de su presidencia y muy bien se puede convertir en su Watergate.

En otros temas, Trump no ha podido tener el éxito que se proponía. Su costumbre de hacer lo que le viene en gana con puñetazos sobre el escritorio o denigrando a sus críticos, se ha topado con pared. Y con la oposición de republicanos y demócratas en las cámaras, y del aparato de inteligencia, que lo ve como una amenaza a su integridad. Ya está visto que no podrá expulsar a 11 millones de indocumentados sin hacerle serio daño al mercado interno; Trump ya mintió a su gran público al declarar sobre el número de empleos creados en los últimos dos meses, mismos que fueron resultado de las políticas económicas de Obama; falló en la emisión de sus dos decretos en los que prohibía el viaje de ciudadanos musulmanes; difamó a Barack Obama respecto a la intercepción de llamadas y perdió aún más gravemente la poca credibilidad que le quedaba; engañó a todos al informar sobre el costo del muro; su promesa de acabar en 30 minutos con ISIS y en otro tanto con los talibanes, al tiempo que ofreció doblegar a Corea del Norte, sin entender ni prever que los chinos reaccionarían con la esperada dureza que ya mostraron. Y por último, la promesa de acabar con el TLCAN está en veremos por las graves implicaciones que tendría esto para la economía estadunidense, principalmente la fronteriza que depende primordialmente de la relación comercial con México. Un rechazo tras otro que muestra que, al contrario de como se suele vender, Trump ha resultado ser un pésimo negociador.

Si bien en Hungría (Fidesz) y en Polonia (Ley y Justicia) se han afianzado en el poder gobiernos con la misma plataforma extremista, xenófoba y antieuropea del trumpismo, las tendencias de votación cambiaron sustancialmente en Austria y Holanda en donde perdieron los Partidos de la Libertad, aliados de aquellos. Próximamente, en las elecciones de este año, veremos, si el Frente Nacional (FN) de Marine Le Pen y Alternativa para Alemania (AfD) pueden hacer avanzar sus posiciones ultranacionalistas excluyentes y autoritarias. Todo hace pensar que Le Pen ganará boleto para la segunda vuelta en mayo, pero es incierto si ganará la presidencia. Si estas fuerzas pierden en Europa es muy probable que elTrumPutinismo acabe derrumbándose y con esto termine la espera.

domingo, 26 de marzo de 2017

TrumPutinismo caótico III y último

Varios han sido los quebrantos que Donald Trump se ha autoinflingido en las últimas dos semanas.

19 de Marzo

¡Mil felicidades a Excélsior por sus 100 años!


Veamos de atrás para adelante: los jueces federales de Hawái, Derrick K. Watson, y de Maryland, Theodore D. Chuang, revocaron temporalmente la segunda intentona de imponer un veto a los viajantes de seis países musulmanes por considerarla violatoria de la primera enmienda de la Constitución que obliga al Estado a respetar el libre ejercicio de las creencias religiosas; estos jueces, al igual que en la impugnación anterior, consideran este veto como antimusulmán; Paul Ryan, presidente de la Cámara baja, reculó en la intentona trumpista por cancelar el Obamacare, dado el potencial peligro electoral en las elecciones intermedias para los republicanos, debido al hecho de que 14 millones de estadunidenses se quedarían sin atención médica; el contacto ruso sigue dando de qué hablar: Jeff Sessions, señalado como uno de los personeros de esta trama, se mantiene como fiscal general aunque en forma precaria; y Trump acusa a Obama de espionaje, lo cual negaron tanto el FBI como el propio Sessions.

Ante esto, Trump, muy en su estilo, ha insistido en afirmar, en tono delirante, que habrá “muchas cosas” que emergerán de este affaire de espionaje.

Por lo pronto, el Comité de Inteligencia del Senado lo contradijo y reveló que no existen bases para sostener su acusación del supuesto espionaje de Obama.

Así, Obama no se colgó del alambre del folclórico habitante de la Torre Trump: Trump mintió por enésima vez y además insiste en continuar con su absurda narrativa basada en esa patológica construcción discursiva conocida como “hechos alternativos”, elemento propagandístico característico de los regímenes totalitarios y, de manera muy especial, de los regímenes fascistas, y que consiste en negar la información que se produce como resultado del análisis de los hechos concretos que la realidad arroja y, en su lugar, esta realidad es deliberadamente suplantada por los “hechos alternativos” que proceden de la interpretación propagandística y adulterada por los voceros del poder trumpista: se trata del espíritu del Big Brother que George Orwell nos regaló en su máxima obra 1984, pero ahora en una dimensión más grotesca y peligrosa por la potencial destrucción que puede provocar (por cierto, esta obra está en la lista de las más vendidas actualmente en EU).

Con el trumpismo arribó al poder una nueva forma de observar e interpretar la realidad.

Además de maniquea, se trata de una construcción premeditada de una o varias realidades alternativas. Sobre esta base se construye sin tregua alguna un discurso alternativo desde el que se sanciona, reprime y castiga a quien lo niega o siquiera cuestiona, prensa, sociedad civil, sociedad política u opinión pública internacional.

Está visto que esto impacta todos los temas de la política local e internacional. Desde el calentamiento global hasta la existencia de la amenaza a la seguridad estadunidense. Asistimos a una nueva patología democrática que la democracia liberal (en crisis) no ha podido contener en EU y, aparentemente, en otros contextos del mundo occidental, por mencionar el espacio político cultural más representativo de este proceso histórico.

Ante este imperio de la mentira del poder, la más cínica, dañina y atentatoria de las libertades y los derechos ciudadanos que haya habido desde los tiempos de Nixon, la democracia misma se encuentra atrapada y aún sin un antídoto que contrarreste esta corrosión pública que se sufre en EU.

El totalitarismo de la narrativa trumpista está poniendo a prueba la institucionalidad democrática estadunidense.

La opinión pública, la prensa y los dos poderes que aún sobreviven a esta embestida antidemocrática habrán de sentar, en los tiempos que vienen, los precedentes que conduzcan este lamentable episodio con el mayor de los equilibrios posibles.

Algo anima este optimismo: una encuesta de RCP de hoy anuncia que sólo 41% del público aprueba el trabajo del señor Trump. Algo es algo.

lunes, 6 de marzo de 2017

TrumPutinismo caótico II

En su discurso del martes pasado ante el Congreso, Donald Trump bajó el tono provocador y quiso introducir contenidos programáticos y anunciar sin mucho éxito resultados de su primer mes en el poder; nos quiso mostrar a un "nuevo Trump".

05 de Marzo de 2017
                      
Simultáneamente a esto, un nuevo escándalo como el de Michael Flynn, exasesor de Seguridad Nacional de triste memoria, afloraba en el seno de su gabinete. Su recién nombrado fiscal general, Jeff Sessions, acaba de ser denunciado por haber tenido contactos con el embajador ruso, Sergey Kislyak, durante la campaña e incluso después del triunfo de Trump. También es acusado de haber mentido al Senado durante las audiencias de confirmación, sobre los pormenores de dichos contactos. Ya se sabía que otros miembros de la campaña trumpista, J.D. Gordon y Carter Page, se habían reunido con el diplomático ruso; de hecho, Page renunció por esto a la campaña el 26 de septiembre. Para rematar, se acaba de conocer que Jared Kushner, yerno y asesor especial de Trump, junto con el fallido Flynn se reunieron con el tal embajador en la Torre Trump, en diciembre pasado. De nuevo, la trama TrumPutinista persigue a la Presidencia más groseramente escandalosa, discriminatoria, mentirosa y mediocre que ha tenido EU desde Truman y Nixon.
Se hace cada vez más evidente que en algo anduvieron metidos los rusos, como para que de alguna manera se explique tal insistencia de parte de los trumpistas en hablar con el embajador, quien, a estas alturas, podría contar muchas historias; desde el complot contra la campaña de Hillary Clinton hasta el muy particular interés en lograr que su aliado Trump fuera presidente. Su currículum es rico en actividades en las que el acopio de información de inteligencia y las actividades de vigilancia han sido su fuerte. Las ya muchas reuniones de los hombres de más confianza de Trump con el embajador ruso obligan a pensar, por lo menos, dos cosas: uno, que celebrar tales reuniones en un lugar tan emblemático como es la Torre Trump hace sospechar en mucho que fueron instruidos por su jefe para encargarles cumplir con tan alta misión, de la que se tienen que revelar contenidos y, dos, que de los contenidos de los que seguramente el FBI guarda evidencia se descifrarán los muchos misterios de la operación TrumPutinista durante y después del proceso electoral, primero, para ganar la Presidencia y, segundo, para afianzar los múltiples resultados, hoy en secreto. Es más que seguro que la investigación habrá de continuar y cercará aún más a esta Presidencia tan impredecible.
Dado que los escándalos y la mitomanía trumpista no cejan en asolar a un gobierno del cual no queda claro qué tan cohesionado quedará después de tantas sacudidas, Trump se propuso distraer la atención e intentó hacer un discurso de Estado ante el Congreso y, por lo visto, no le salió muy bien. Presumió un aumento de los empleos que en realidad ocurrió durante el gobierno de Obama; además, este dato no es corroborable, debido a que el reporte oficial del Departamento del Trabajo anunciará hasta el 10 de marzo los informes de febrero, primer mes completo de gobierno. Respecto a migración, construcción de infraestructura, gasto militar y gasto social escuchamos puras generalidades y no se sabe aún con precisión cómo hará Trump para pagar un aumento en el gasto militar de 54 mil millones de dólares, más mil billones (un trillón en EU) en la construcción de infraestructura y el reemplazo del programa de salud de Obama, y al mismo tiempo reducir impuestos. A lo que sí apuntan estas medidas, por lo menos en el tema militar, es a que Trump emprenderá acciones de fuerza para negociar desde la dureza; también se avizoran nuevos tiempos de unilateralismo en política exterior, si seguimos su narrativa aislacionista a todos los niveles de su política internacional. No se había visto en tiempos recientes en EU tal desorden político-administrativo que no augura nada sano. Dentro de todo, lo que sí parece que se mantendrá al acecho de Trump es la sombra rusa.

jueves, 23 de febrero de 2017

TrumPutinismo caótico

El general Michael Flynn, asesor en jefe del Consejo de Seguridad Nacional y máxima voz en la Casa Blanca sobre el tema, tuvo que renunciar por la supuesta exigencia del magnate. Lo hizo por la misma razón por la que lo corrió Obama de la Agencia de Inteligencia para la Defensa: por su mitomanía y propensión a sostener teoría conspirativas, siendo una de ellas aquella de que Obama era un "yihadista" que "lavaba dinero" pata los terroristas musulmanes; una perla muy al estilo de las que suelta su propio jefe en forma permanente.

19 de Febrero de 2017

Esta vez, sin embargo, su desgracia fue consecuencia de su participación en la muy temida conexión rusa que el equipo de Trump inició antes de ser electo. Más aún, ya siendo Trump presidente electo, Flynn, conversó con el embajador ruso en EU sobre la posibilidad de levantar las sanciones que Obama le impuso a Moscú como consecuencia de las acciones conspirativas de Rusia en contra del proceso electoral. Y sobre esto mintió al vicepresidente Pence y quizá al propio FBI, que está a cargo de la investigación. ¿Será posible pensar que Trump y su grupo compacto de campaña, ahora en la Casa Blanca, hayan cometido traición a la patria al aceptar que un gobierno extranjero emprendiera un complot contra el sistema político de EU? ¿Ordenó Trump que se emprendieran estos contactos antes de ser Presidente? ¿Sabía Trump que Flynn mentía? Todas éstas son preguntas que están ya rondando las puertas del poder y que parecen provenir desde todos los ámbitos de la política partidista, la prensa, el aparato de seguridad y amplios sectores de la sociedad que temen que esta alianza TrumPutinista comprometa la gobernanza de EU en el corto plazo.
De las respuestas que arrojen las investigaciones ya emprendidas en diversas instancias acerca de la conexión rusa, se verá hasta dónde la violación de la norma constitucional por Trump merecerá el proceso de destitución (impeachment) que ya empieza a mencionarse en esta muy temprana hora de su gobierno. La de Trump es la Presidencia que más rápido (ocho días) logró una desaprobación del orden del 50%, todo un récord en la política presidencial; sólo para contrastar con cinco de sus antecesores: para llegar a este índice de desaprobación, a Reagan le tomó 727 días, a Bush padre 1,336, a Clinton 573, a Bush hijo 1,205 y a Obama 936 días. Y así como esta tendencia sigue en picada, toca mencionar que es también la primera Presidencia que se expone en forma tan rápida al desafuero congresional, que constituye el primer paso para la destitución del poder. Está por verse si la conexión rusa y el visible caos gubernamental apuntan hacia allá en las próximas semanas.
Tal caos y el rechazo que han causado las múltiples órdenes ejecutivas nos llevan a sospechar si (especialmente sabiendo ya del sadismo que ha distinguido a Trump) no se estará usando el caos como un arma táctica. O si también éste es resultado de la franca incompetencia del nuevo gobierno.
El senador republicano, John McCain, parece apuntar a lo último cuando reclamó la disfuncionalidad del aparato de seguridad nacional y acusó a la Casa Blanca de ser un lugar donde “nadie sabe quién está a cargo y nadie sabe quién está definiendo políticas”. El general Tony Thomas, cabeza del Comando de Operaciones Especiales, expresó recientemente su preocupación por la visible convulsión en el gobierno. Así lo dijo: “Nuestro gobierno continúa estando en una increíble confusión. Espero que lo resuelvan porque somos una nación en guerra”. Ya se conocía la ausencia de racionalidad política en Trump, pero no esperábamos ver una descalificación de la opinión pública tan fulminante a raíz, por ejemplo, de la descalificación a los jueces que rechazaron su ilegal decreto de viaje a varios extranjeros y a quienes responsabilizó de próximos ataques terroristas.
A raíz de esto, Paul Krugman ha dicho que Trump parece desear que estos ataques ocurran, lo cual mostraría a todos lo estúpido que ha sido que restrinjan su poder. Caótico y terrorífico.