lunes, 27 de junio de 2016

Dios salve al Reino Unido


Los británicos, pero en su mayoría los ingleses y galeses (Escocia e Irlanda del Norte votaron en más de un 60% a favor de quedarse y Londres, metrópoli cosmopolita, también) le han dado un golpe potencial y latente, con su voto en contra de permanecer como miembro de la Unión Europea (UE), a la economía global. Al tiempo, se han dado un duro golpe a sí mismos.

26 de Junio de 2016

Estoy en contra de un mayor grado de integración,
pero nunca apearé a Gran Bretaña del tren europeo.

Margaret Thatcher, exprimera ministra.

De haber sido una nación de aventuras y conquistas (la pérfida Albión), vemos a un país en retirada, una nación isleña cada vez más y más pequeña. Lo verdaderamente duro está por venir. Por un lado, cuando la UE y Gran Bretaña (GB) negocien el “divorcio exprés” que ya demanda Bruselas y, paralelamente, cuando la nueva nación “independiente” (palabras del populista exalcalde de Londres y potencial candidato de la extrema derecha a primer ministro Boris Johnson) quiera reinsertarse al mundo de la geoeconomía y geopolítica mundiales.

El impacto exterior en su entorno de interés nacional inmediato vendrá cuando Escocia e Irlanda del Norte decidan emprender la retirada y separarse del Reino Unido (RU) y optar por pertenecer, ellos sí, a la UE. La primera ministra escocesa, Nicola Sturgeon, ya amenazó con iniciar un segundo referéndum para independizarse del RU. Lo que Der Spiegel (junio 24, 2016) ha denominado como una automutilación, más instintiva que racional, ha iniciado su desquiciada carrera el mismo día en que el populismo xenofóbico del político racista y líder del Partido Independentista británico, Nigel Farage, y de Johnson (el futuro Trump tory), han anunciado como un triunfo histórico. La UE no se salva de la crítica por no haber tenido nunca un plan abarcador de integración y otro de gradual contención de las fuerzas centrífugas de los extremismos egocéntricos eurófobos de izquierda, pero principalmente de derechas, entre algunos de los 28, que bien podrían ver esto como su oportunidad para consagrar su fobia antieuropeísta y retirarse del club. No obstante esto, la irresponsabilidad histórica de los dos líderes británicos y socios es enorme, toda vez que condujeron su campaña por el “leave”, con marrullerías y mentiras, que iban desde anunciar el fin de la soberanía económica británica, a prevenir a los británicos (viejitos) acerca de la invasión de las hordas de migrantes que arrasarían con los restos inmaculados y legendarios de la pérfida Albión. Resulta que la segunda gran potencia europea optó exitosamente por someterse al odio y la nostalgia, gracias a un antiguo proceso de ósmosis cultural: se apeló a una narrativa de temor a los extranjeros como divisa del voto democrático. Triste y dramático, pues nos recuerda los lamentables tiempos del nazismo. Los que aprendimos de la sólida tradición intelectual británica, hoy nos consternamos por esta autodegradación, antitética, frente a su notable historia política.

No es menor la responsabilidad de David Cameron, el derrotado primer ministro, quien, como dice Felipe González, “incendió la casa para salvar los muebles y se quedó sin casa y sin muebles”. Se trata tristemente del político del que más mal recuerdo se tendrá en GB y en la UE por haber bajado a GB del “tren europeo” (Thatcher, más conservadora que él, pero pragmática, no lo intentó siquiera). Su estrategia fue fallida. En aras de proteger intereses personales y de partido, en 2015 ofreció a los británicos un referéndum que en forma soberbia creía poder ganar. Lo perdió y hundió a GB en una larga incertidumbre de la que seguramente saldrá fracturada. La monarquía y la mayoría de la clase política británica ya lo tendrían catalogado como su gran enemigo, pues además de las implicaciones ya mencionadas, éste también puede ser el fin de la legendaria monarquía.

Por último, el resultado: 51.9% contra el 48.9% perdedor muestra a una nación partida en dos pero, además, representa una bofetada a las nuevas generaciones. El 60% de jóvenes de entre 18 y 24 años votaron por quedarse, mientras los votantes de entre los 50 y 65 años votaron, entre 48% y 60%, por salir. La votación la definieron los mayores de 50 años, quienes condenaron a los jóvenes en sus 20 y 30 a un mañana sin futuro. La población a la que le quedan en promedio 20 años de vida ganó por sobre aquella a la que le quedan 50 años por vivir. Paradójico: los viejos, que no tienen por qué querer garantizar su futuro, les negaron el mismo a sus hijos y nietos de todos los territorios del reino.

lunes, 13 de junio de 2016

¿Y ahora, qué hacer con Trump? (III)



El Tea Party y la derecha irracional no acertó en su diagnóstico cuando alertó, por la vía de su testaferro y bufón, Glenn Beck, que “la quinta columna marxista” regresaba con el arribo de Obama al poder.

12 de Junio de 2016

EU sigue siendo el país capitalista de siempre, inserto en la democracia liberal que le ha dado rumbo por más de dos siglos; el peligro nunca existió. Es esa democracia liberal la que ahora está amenazada por Donald Trump, mejor conocido comoTrumpkenstein. Este subproducto de la descomposición política que sufre el sistema político y algunos de sus miembros es el segundo grave error que comete el Partido Republicano (PR), gracias a que se dejó controlar por ese partido dentro del partido que ha sido, desde 2008 el TP, un tumor intratable hasta ahora. El “candidato inevitable” se convierte ahora en el pescado en descomposición que agria el aroma de las cocinas republicanas. El mal aire que se empieza a respirar ahí nos da cuenta de lo complicada que la tendrán durante la contienda, toda vez que su candidato, autoritario, antipolítico, antisistema, antiliberal y, además, xenófobo, misógino y mitómano incorregible no quiere ni parece que querrá cambiar su narrativa de odio y resentimiento. Este discurso tuvo éxito durante las elecciones primarias y fue apoyado por once millones y medio de seguidores. No se ve probable que los más de 200 millones de votantes del padrón lo avalarán.

Muchos actores políticos, del PR incluidos, como Paul Ryan, John Kasich y Mitt Romney, se muestran preocupados por el extremismo y la inconsciencia de Trump. Creen con razón que Trump no tiene remedio: unos lo apoyan con reservas, otros lo desprecian. Después de todo sus cartas credenciales no lo ayudan. Después de sus dos divorcios, dicen sus biógrafos, Trump quedó resentido y elevó el tono de su retórica escatológica contra las mujeres, a las que ha llamado cerdas y perras. Este candidato, famoso por los innumerables romances, piensa que “en realidad no importa lo que digan de ti, mientras tengas a tu lado un joven y hermoso trasero”. Esto en lo que se refiere a las mujeres, que no es poca cosa en tiempos en que la defensa de la dignidad e integridad femeninas tienen una enorme vigencia, legitimidad y legalidad. A la comunidad islámica, que aspira a entrar a EU, Trump propone cancelarles el derecho universal que su país honró cuando sus propios ancestros alemanes y escoceses hicieron uso del mismo; no se diga la amenaza de eliminar a familiares de los islámicos sospechosos de atentar contra de la seguridad nacional. En los últimos días, el malquerido Trump ha sido acusado de racista por destacados cuadros del Partido Demócrata (PD), empezando por el Presidente. Esto ocurre después de que Trump declarara desde el resentimiento, que el juez federal Gonzalo Curiel, de origen mexicano, tenía un conflicto de intereses al acusarlo de fraude por los presuntos malos manejos que hiciera en la extinta Universidad Trump. Lo acusó de resentido por el hecho de que se propone seguir con la construcción del muro fronterizo. El ataque más feroz provino de la senadora por Massachusetts y probable compañera de fórmula de Clinton, Elizabeth Warren, quien además de racista lo calificó como una “vergüenza”.

Lo interesante del proceso político es que mientras los demócratas suben al irreductible Sanders al carro del triunfo de Clinton, los republicanos quieren bajar a Trump del bizarro autobús de la victoria que se construyó a sí mismo y fuera del control republicano. Se avizora una mayor insatisfacción de los responsables republicanos con los “patriotas en silla de ruedas” de su partido y con la candidatura de Trump, quienes ya asumen la imposibilidad de domarlo y hacerlo correrse a una posición más moderada con respecto de los temas mencionados y otros más. Lo cierto es que Trump se autobombardeó al perder la moderación en temas de alta sensibilidad. El PR está a un paso no sólo de no ganar la Casa Blanca, sino de fracturarse y de pasada dañar enormemente el conjunto del sistema político. Su irresponsabilidad es ya enorme y aparentemente ellos mismos están pensando (y, seguramente, así votarán) en que la única tabla de salvación para su partido y la estabilidad del conjunto del sistema sea el triunfo de Hillary Clinton, aunque esto suponga sacrificar el poder presidencial. De ese tamaño es la gravedad de la crisis que los republicanos dejaron crecer.

lunes, 30 de mayo de 2016

¿Y ahora qué hacer con Trump? (II)


Donald Trump ha culminado con éxito una etapa más de su cruzada por la candidatura presidencial del Partido Republicano (PR).

29 de Mayo de 2016

Aún no se sabe el grado de apoyo con el que contará entre una dirigencia partidista dividida todavía sobre la conveniencia o no de impulsarlo en sus aspiraciones. Lo cierto es que ya alcanzó la cifra mágica de mil 237 de los 2 mil 472 delegados que se requerían para lograr la nominación. Esto le da ventaja y margen de maniobra para negociar lo que se ve fatalmente como una inevitable candidatura. Toca el momento de observar qué tanto un buen número de electores estará dispuesto a perdonar las injurias contra las mujeres, los mexicanos y latinos, los musulmanes y otros grupos que Trump ha convertido en blancos con el fin de engatusar a votantes ignorantes y lograr de ellos su voto para alcanzar la nominación. Es de calcular que Trump tenderá a moderar su discurso y correrse hacia el centro político, a fin de convencer a los votantes moderados de dentro y fuera del PR. ¿Qué tanto le dará esto buenos resultados? Eso dependerá del futuro judicial y político de Hillary Clinton y del papel conciliatorio que Bernie Sanders esté dispuesto a tener en caso de no ser el nominado y de si moderará su retórica guerrerista contra Clinton y contra la dirigencia del Partido Demócrata (PD) con la que se ha ido confrontando gradualmente desde los incidentes violentos provocados por sus huestes en días pasados en Nevada.

Ha llegado la hora de discutir el futuro, con Trump como candidato presidencial en el marco de la elección nacional. Si bien el candidato mismo no es fascista, su campaña ha mostrado muchos parecidos con el movimiento de Hitler. El nacional-trumpismo ha irrumpido como nunca en la vida política nacional y afectado seriamente la mentalidad en ese país. Ni en sus peores tiempos, los del macartismo, la consciencia colectiva de EU se había confrontado consigo misma de tal forma. Nunca la derecha de ese país (desde los tiempos de Barry Goldwater, Richard Nixon y Ronald Reagan) había suscrito las peores manifestaciones del extremismo chovinista que tanto daño causó a Alemania y al mundo y que, seguramente, causará a EU si se elige a Trump. Malos tiempos para nuestros vecinos y socios, y muy malos también para la sociedad internacional, que ve hoy con una mezcla de asombro y repudio cómo algunos estadunidenses encumbran en lo más alto a un encantador de serpientes, que se ha valido de la misoginia, la mitomanía y un discurso racista, de odio y resentimiento, para posicionarse en la escena pública.

Según una encuesta mundial de avaaz.org, que analizamos en CNN el pasado viernes, el estado de ánimo de la sociedad internacional no es favorable a la elección de Trump como presidente. Se trata de una encuesta realizada en los seis países más cercanos a EU: Gran Bretaña, Francia, Alemania, Japón, Canadá y México. En todos, sin excepción y en un porcentaje que supera el 75%, se piensa que el mundo será un lugar más inseguro con Trump en la Casa Blanca. Respecto a la economía en los tres países europeos, el 70% piensa que ésta irá mal si Trump gana. Preguntados por las ideas de Trump, el 41% de los encuestados mexicanos respondió que “les revuelve el estómago” y el 75% piensa que las políticas de Trump aumentan la probabilidad de sufrir un atentado terrorista como el ocurrido en París (más del 50% piensa lo mismo en los países europeos mencionados). La gran mayoría (92%) de los encuestados mexicanos se opone a que ideas como las de Trump se conviertan en algo cada vez más común en su país. Ricken Patel, director general de Avaaz, afirma: “La mayoría del mundo está de acuerdo con la mayoría de los estadunidenses, Donald Trump es peligrosamente estúpido: un sueño para ISIS y una pesadilla para todos los demás. La gente se está uniendo en todo el mundo contra sus políticas de división, porque saben que la única forma de enfrentar desafíos como el terrorismo o el cambio climático es estando juntos”. La encuesta pone en evidencia que si se votara a nivel global por la presidencia de EU, Trump nunca llegaría al poder, caso opuesto al de Obama, muy popular globalmente en 2008. La cuestión estará en observar cómo votarán los más de 235 millones de votantes estadunidenses. Nada que ver, desde luego, con los más de once millones de votantes que lo han empujado a la nominación y convertido en el mayor peligro para la seguridad mundial.

lunes, 16 de mayo de 2016

¿Y ahora, qué hacer con Trump? I



Donald Trump negocia con la dirigencia republicana respaldo a su esperada entronización como candidato del Partido Republicano (PR). Paul Ryan, excompañero de fórmula de Mitt Romney en 2012, es hoy jefe de la mayoría republicana y presidente de la Cámara baja. Es, él mismo, un conspicuo representante del sector derechista del republicanismo que quiere negarle a Obama su derecho a legar, con sus reformas, valor agregado a la famélica democracia estadunidense.

15 de Mayo de 2016

También, es un necio opositor a aceptar que el calentamiento global es consecuencia de la mano del hombre. Sin embargo, a diferencia del enclenque Marco Rubio, quien humillado y vapuleado por Trump, salió de la contienda primaria después de perder Florida, su estado, pero que ahora lo respalda sin pudor, Ryan la está pensando dos veces antes de ofrecerle su importante apoyo al magnate e ilusionista político. Cosas de la política del hueso.

Si Trump sale airoso de su esfuerzo unionista, estará acercando al PR a la esperada unidad y a su probable triunfo. Éste, no obstante se ve complicado si atendemos a las cifras nacionales del desafecto por Trump. Según Político, 75% de mujeres, 66% de independientes, 80% de adultos jóvenes y 85% de hispanos, no lo quieren. A nivel nacional y considerando todos los subgrupos, el 65% de población ve a Trump no favorablemente. No se diga el alto porcentaje de afro estadunidenses y de población musulmana, agraviadas ambas sin parar por Trump, que votarían en su contra. Existe, según The Washington Post, otro dato adicional que desfavorece al señor Trump. Si Hillary Clinton, la favorita de los demócratas, ganara Florida, que cuenta con 29 votos electorales (según Político, Clinton le ganaría a Trump por 13 puntos) y además, ganara los 19 estados que han votado por los demócratas desde 1992, más Washington, D.C., ganarían al PR con 271 votos electorales. El PR la tiene complicada: con sus 13 estados duros ganados en las últimas seis elecciones, obtiene sólo 102 votos electorales; es decir, tiene que buscar 168 votos para llegar a la cifra mágica de 270, todo lo cual, le resultará más complicado que obtener los 29 votos que ofrece la Florida a los demócratas. Si esto no fuera suficiente, tenemos que al interior de los grupos del PR, Trump tiene una impopularidad que va del 51% al 56%; sólo entre los grupos blancos evangélicos protestantes, Trump es visto mal por el 41% de este sector. En fin, el propio Trump es su propio enemigo y así lo ven los moderados republicanos que tiemblan cada vez que despotrica contra las mujeres, los hispanos y demás sectores que con esto se ven rechazados y, seguramente, se alinearán con los demócratas.

Con respecto al Partido Demócrata (PD), se puede observar un escenario complejo y una cierta polarización entre Sanders y Clinton. Después de su triunfo en Virginia Occidental, la campaña de Sanders se fortaleció. Aun así, todo parece indicar que Clinton se perfila como la ganadora y esto lo comprobará en las elecciones que quedan de mayo (Oregon, Kentucky y Washington), pero sobre todo las que se avecinan en junio, principalmente en California, estado decisivo. Así como se perciben prospectos de ruptura en el PR, en el PD es visible un escenario similar, si Sanders y sus muchos seguidores decidieran apartarse, formar un Frente Amplio y no otorgarle su apoyo a Clinton. Esto sería el peor escenario político para EU, toda vez que le daría el triunfo a Trump quien podría llegar muy sólido y con un partido unido. En ambos casos, no obstante, se observa la existencia de una corriente al interior que combate el statu quo partidista y no sorprendería que esto provocara el fin del sistema bipartidista conocido hasta hoy, si es que emergiera una tercera fuerza proveniente de cualquiera de las dos fuerzas políticas. La moneda está en el aire. Lo cierto es que el sistema político estadunidense ha dado de sí y esto lo evidencia el hecho de que los extremos insatisfechos están atizando el fuego. En todo caso, lo que está a la vista es cómo la política local e internacional podrían ser condenadas al naufragio si un mercenario político como Trump, quien dice cinco o más cosas distintas sobre un mismo tema cada vez que expela una ocurrencia, pero que, sobre todo, fomenta el odio y el resentimiento entre su base social, fuera electo presidente del país más poderoso (y con él, mucho más peligroso) del planeta.

lunes, 2 de mayo de 2016

El pleito



El partido republicano (PR) está enfrascado en un profundo pleito nunca visto antes. Y no es para menos. El oportunismo de Donald Trump y el extremismo cínico de Ted Cruz tienen a ese partido en la antesala de la ruptura. La dirigencia del PR ha dejado sentir su desconcierto con la candidatura del primero y la factibilidad de que sea el con-tendiente oficial.

01 de Mayo de 2016

Se habla de que si Trump no logra los mil 237 delegados necesarios para ser nominado, se recurrirá a una convención abierta en la que podrían emerger otros posibles candidatos, no necesariamente de buena calidad política, pero sí, al menos, candidatos de consenso. Suenan nombres como el de Paul Ryan (presidente del Congreso y jefe de la mayoría republicana en la Cámara baja), John Kasich, gobernador de Ohio y contendiente muy rezagado en las primarias. Incluso, se habla de Mitt Romney, el fracasado contendiente republicano contra Obama en 2012. En este escenario, al parecer deseado por la mayoría de las bases y la dirigencia del PR, Trump quedaría marginado como aspirante. Por otro lado, si lograra imponer su mayoría, sus posibilidades de derrotar al Partido Demócrata (PD) son muy bajas, sea contra Hillary Clinton o contra Bernie Sanders: las encuestas nacionales lo sitúan por detrás de ambos por hasta 14 puntos de diferencia. Por otro lado, si la fórmula de la convención abierta en la que se le rechazaría como candidato, funciona, Trump se rebelaría, se escindiría y se llevaría con él a sus seguidores, lanzándose como candidato independiente; lo cual le quitaría al PR un aproximado de 8% del voto nacional, alejándolo aún más del triunfo en su carrera por la Casa Blanca. Un primer y muy serio problema.

Por su parte, Cruz enfrenta graves problemas. A la evidente muestra de nerviosismo, escogiendo con mucha anticipación como compañera de fórmula a Carly Fiorina, única excontendiente mujer del PR y desagradablemente denostada por Trump por sus rasgos faciales, se agrega el desagrado que causa a la mayoría de la élite republicana, lo cual evidencia fuertes divisiones en ese partido con miras a definir la campaña, quizá más determinante de su historia moderna. Hace pocos días, el expresidente de la Cámara de Representantes, John Boehner, quien renunció debido a las presiones del Tea Party y de Cruz como uno de sus histriones, dejó en claro las divisiones en el PR, al clasificar al aspirante Ted Cruz como un diablo encarnado, entre diversos epítetos. Lo cito textualmente: Cruz, “es Lucifer encarnado. Tengo amigos demócratas y amigos republicanos y me llevo bien con la mayoría de ellos. Pero nunca en mi vida me tocó trabajar con un peor hijo de perra”, añadió, en referencia al ultraconservador aspirante presidencial. Duro, ¿no?. Se trata del político más odiado en el PR desde los tiempos del controvertido Richard Nixon, en un momento sumamente delicado para la política partidista y democrática en ese país. Como podemos apreciar, en cualquier escenario, la prospectiva de una ruptura se ve muy posible, todo lo cual pueden ser buenas noticias para los demócratas, pero pésimas para el equilibrio de poder para la democracia estadunidense.

Para rematar, tenemos que una encuesta reciente del Pew Research Center muestra que el PR tiene hoy un 68% de rechazo contra sólo un 33% de aceptación entre el público estadunidense. Esto iguala la misma pésima calificación obtenida en 1992, cuando vivió una gran crisis. Sólo en octubre pasado, el PR tenía una aceptación del 37% contra 58% de rechazo. Un declive rápido y alarmante. Más aún, si consideramos que las cifras respecto al Partido Demócrata (PD) contrastan fuertemente. La misma encuesta nos revela que este partido tiene 45% de impresión favorable contra 50% desfavorable. Esta misma encuesta de abril 12-19, muestra además que los demócratas tienen, entre sus partidarios, 88% de aceptación (nueve en diez), lo cual contrasta la que encontramos entre los seguidores del PR: 68% de aceptación entre sus correligionarios. Es decir 20% de diferencia entre ambas bases electorales. Si alguien dudaba de la profunda crisis en el PR, aquí puede encontrar la respuesta. No obstante su crisis, ésta será también la de la estructura democrática de ese país, así como de la viabilidad de la gobernanza estadunidense.

lunes, 18 de abril de 2016

El nuevo siglo estadunidense



El nuevo siglo ha estado marcado por hechos extraordinarios y para los que la gobernanza internacional no estaba preparada. Desde el 11 de septiembre de 2001, cuando se atentó mortalmente contra objetivos civiles en Estados Unidos, se puso en evidencia la fragilidad de las instituciones internacionales, como la ONU, que quedaron expuestas a la negligencia de un gobierno in-eficaz y corrupto como el de George W. Bush, quien violentó a capricho los ordenamiento, globales en su obsesión de venganza.

17 de Abril de 2016

A la memoria de mi madre

El resultado: un sistema internacional lastimado como consecuencia del chovinismo de un actor que en ese momento se mostraba como no racional. El Leviatán liberal se desvanecía temporalmente y se alejaba del orden civilizatorio que había contribuido a fundar desde 1945. El establecimiento estadunidense habría de remontar este retraso y recuperar el centro racional de decisiones en política exterior.

La elección (2008) y reelección (2012) de Barack Obama es quizás la síntesis más acabada del sueño de Abraham Lincoln y tiempo después el de Martin Luther King. Lo cierto es que también fue en los hechos el desenlace menos esperado y deseado por algunos actores y sectores pertrechados en el extremismo ultramontano de la extrema derecha estadunidense. Al menos, en este aspecto del análisis de la democracia estadunidense, su elección es también evidencia y expresión (polémica incluida) de que el sueño americano, del que tanto hablan los clásicos, da cabida en la jefatura del Estado, incluso, a un representante de lo que tiempo atrás se catalogó como un ente anómalo (los afroestadunidenses han sido vistos en Estados Unidos como ajenos y parte de la “otredad” que históricamente le ha resultado tan repulsiva a los representantes más recalcitrantes de la ultraconciencia WASP). Simultáneamente, la democracia estadunidense se dispuso a preparar la hechura de una nueva política global acorde con las necesidades del siglo XXI que descansaría en los fundamentos teóricos y prácticos del poder inteligente. Hoy, de nueva cuenta, esta estrategia fundamental para conservar una relación global de avanzada y no del pasado, está expuesta por los excesos retóricos del Partido Republicano (PR), que aunque se lo propusiera como responsablemente debería haberlo hecho hace años, hoy no podrá ya contener la ofensiva de una derecha primitiva encabezada por Donald Trump, Ted Cruz y Paul Ryan, entre otros varios agentes políticos. Muy a pesar de los impulsos racistas que los han llevado al rechazo y repudio por Obama, los propios republicanos, principalmente los moderados, se verán forzados a reconocer que la de Obama es la alternativa racional más potable y que la única posibilidad de contener a cualquiera de los candidatos republicanos, será la de votar por los demócratas, muy posiblemente por Hillary Clinton, la candidata más elegible de entre las dos alternativas demócratas y quizá la única que pueda garantizar la continuidad de una política exterior de distensión. Se trata de la política más viable en estos críticos momentos en que el sistema internacional se ve amenazado por actores formales e informales. El regreso a la política exterior guerrerista y altanera que caracterizó la política internacional estadunidense de la Guerra Fría y que está detrás de la narrativa de Trump y Cruz se ve inviable y por demás inconveniente en estos tiempos, que además son también tiempos de declive hegemónico de la expotencia dominante. Este año habremos de ver si los estadunidenses le hacen justicia a los nuevos y desafiantes tiempos de este nuevo siglo y optan por una opción moderada, civilizada y un futuro promisorio para Estados Unidos y el resto del mundo que de una u otra forma depende de este resultado electoral.

lunes, 4 de abril de 2016

El mito bicicleto


Después de las santas pascuas, el regreso al infierno en la capital, la ciudad-mito. Este gobierno ha tendido, desde Ebrard hasta la fecha, a volverla ciudad mito y nos lo han vendido desde la más absoluta y engañosa falsedad argumental. Como toda aventura mítica, ésta acaba por ser desmantelada por la realidad.

03 de Abril de 2016

Esto ya ha ocurrido. Durante la Semana Santa pudimos disfrutar de una ciudad tranquila, limpia y descansamos de los recientes días aciagos de contaminación que nos han llevado a una severa crisis ambiental a los capitalinos, gracias a una pésima administración pública sobre el tema. Las contradicciones del gobierno de Mancera en materia climática son muchas y de alto riesgo para la sostenibilidad urbana y los estándares de salud pública. La CDMX es una ciudad en proceso irracional de construcción en gran escala, vive una regresión urbanística inaceptable. La gran obra privada (no la regeneración del espacio público) que construye restaurantes, hoteles, centros comerciales, complejos habitacionales de gran lujo en la zona sur y norte de la ciudad y que muestran indicios de corruptas componendas entre empresarios y el GCDMX, así como la pública, han apergollado las arterias más importantes que hoy nos ahogan. A cualquier hora del día, circulan camiones de volteo, revolvedoras de cemento y diversos vehículos al servicio de las constructoras que han obtenido permisos dudosos de construcción en zonas habitacionales. A estos elementos contaminantes hay que agregar los autobuses, microbuses, autos de particulares, madrinas, pipas de gas y demás transporte pesado, y lujosas patrullas de tránsito y ecológicas que no ponen en orden a los autobuses y microbuses que invaden, impune y descaradamente, todos los carriles de nuestras avenidas.

En suma, el caos vial más desolador, de las siete a las 21 hrs en toda la ciudad. Escribo esto con el anuncio de la imposición del viejo Hoy No Circula: después del niño ahogado se tapa el pozo. Un gobierno que se dice de izquierda y que no tiene una política ambiental estratégica progresista y coherente, que no hace parques y que además es obtuso y poco transparente en sus decisiones, no es nada menos, que más de lo mismo que padecemos nacionalmente. El Instituto de Ciencias Atmosféricas de la UNAM ha declarado que esta medida es un parche que no ayudará en forma seria a evitar las emisiones contaminantes. Estos mismos científicos han señalado que el nuevo Reglamento de Tránsito será, en alguna de sus partes, factor contaminante debido a que los absurdos límites de velocidad y la prohibición de la vuelta a la derecha provocan mayor combustión y emisión de partículas peligrosas. A menor velocidad mayor emisión, ante el alto total para doblar a la derecha y salir de los topes mayor aceleración, y por lo tanto mayor emisión. ¿Era tan difícil para la titular de la Semovi y para Mancera y asesores dilucidar esta elemental regla de tres? Además, este reglamento no lo regula nadie: no se ha visto, desde que se anunció, ninguna acción de los guardianes de la ley en contra de los agentes transgresores ya señalados. Es indignante constatar cómo las medidas contingentes de artificio van en contra de una ciudadanía suficientemente sufrida y harta de la ineficiencia del gobierno local.

Por otro lado, está el lamentable estado de salud del parque vehicular. No sólo los microbuses, autobuses, vehículos de carga y repartidores nos envenenan, sino también lo hacen los carros chatarra que desde el fallo de la Suprema Corte de Justicia de la Nación circulan en el valle. ¿Por qué no establecer una estrategia gradual de reciclamiento de estos autos viejos, incluidos los taxis? Quizá sea por la misma razón de que no se atreven a meterse con el pulpo camionero y ponerlo en regla. ¿Populismo, corrupción, o ambas? ¿Creía en serio la SCJN (y el gobierno de la Ciudad de México que abyectamente lo dejó pasar) que el fallo en favor de la no discriminación y de la libertad para circular, de contaminadores potenciales sería viable en una ciudad en la que la corrupción en los verificentros, en las delegaciones y en otras instancias es cuasitotal desde que el PRD y la mal llamada izquierda gobierna? La respuesta la tenemos en el revuelo que ha causado Mancera con sus miopes decisiones. Y claro, faltan los inocentes ciclistas. Que se les abran grandes ciclopistas para que caigan pronto como pajaritos envenenados. ¡En efecto, un mito formidable el que pregonan!

lunes, 28 de marzo de 2016

Los anticivilizatorios



A un año de su despido, un abrazo para Aristegui. Estados Unidos ha sido una nación de inmigrantes. Así nació, así se hizo y así sigue siendo. Es de un crisol de razas en cuyo territorio están representadas las diversas etnias que componen el planeta y también a la mayoría, si no es que a todas las naciones del globo.


20 de Marzo de 2016

Es, también, una nación que, habiendo tenido una triste historia de apartheid, avanzó, con dificultades, hacia el progreso y la recuperación del tiempo perdido desde que reprimió a las poblaciones nativas estadunidenses en aras de la conquista territorial y posteriormente esclavizó a los africanos que importó. Fue Abraham Lincoln (el favorito de Obama), quien en 1862 lanzó la proclamación de la emancipación. Según su biógrafo, David Donald (1996), Lincoln ha sido el estadista por excelencia “de la justicia racial y la reconciliación nacional”. Fue además presidente pionero y miembro del nuevo Partido Republicano (PR) que veía la luz a la par que ocurría el mayor acontecimiento político de la historia étnica estadunidense. Ciertamente un PR muy distinto al que hoy se hace el harakiri.

El sentido de identidad estadunidense ha sido motivo de preocupación y estudio frecuente. También, se ha distinguido por ser un fenómeno complejo. Aun cuando el espíritu de nación que prevalece en la narrativa social dominante es poderoso, se trata de un impulso que varía en función del grupo social y las coordenadas geográficas. Lo mismo ocurre con la religión, con la ideología y, desde luego, con los impulsos discriminatorios o sectarios que generalmente dominan en todas las naciones. No obstante, en EU han dominado algunas características, que si bien lo asemejan a algunos países europeos y a Rusia, le hacen ser un país dominante único, una de ellas es el sentido de excepcionalidad, la idea de ser el pueblo elegido que ha llevado a ese país a relacionarse con el mundo con un sentido de superioridad que en algunos casos le ha dado más problemas que ventajas. La otra es la forma en cómo históricamente ha tratado el disenso y en cómo se ha conducido con actores cuyas visiones difieren de las propias: para muchos estadunidenses las únicas maneras de lidiar con gente cuyas visiones difieren de las propias es aislarse de ellas (o a ellas de uno), convertirlos o destruirlos.

Donald Trump (Ted Cruz no se queda atrás) ha irrumpido en el proceso electoral de EU como un portavoz de ambas tendencias. Sólo que lo hace en un contexto en donde la “otredad” ya no es necesariamente “ajenidad”, toda vez que EU avanzó hacia la constitución de una sociedad plural, quizá la más globalizada del planeta. Al tiempo que, a través de la retórica despótica y nacional-chovinista de Trump y Cruz, descubrimos la existencia de una realidad civilizatoria que a través del tiempo pudo lograr el proceso político, social y cultural de EU, también asistimos a su violenta y banal negación e intento de destrucción. Se trata de un proceso de degradación política, como de inauguración de una forma distinta y nueva de ejecutar la acción política. Trump representa la intolerancia originaria que llevó a la quema de brujas en Salem, pero también a la reivindicación casi teológica de la unicidad patriótica que en 2016 representa un retroceso y una repulsa del sentido civilizatorio más acabado que pudiera haber logrado país occidental alguno. Su grosero discurso chatarra contra todo y todos los que le desagradan y cuestionan, lo hace un caso único de intolerancia, todo lo cual resulta ser también campo idóneo (paradójicamente) para que la fuerza de una sociedad plural lo hunda una vez que sea candidato. Trump representa el espíritu más primitivo del estadunidense profundo, nativista, supremacista y cuyo enojo y sed de venganza en contra del atrevimiento presidencial de Obama ha sido catalizado, hábil pero irresponsablemente, por el magnate y sus patriotas en silla de ruedas. Se trata de un machismo político que en nombre de decir las cosas como son estafa a todo el mundo con falsedades y distorsiones de diversos cuños.

Quedará a cargo de la mayoría de la polarizada sociedad estadunidense lograr sacudirse este lastre y de pasada librar al mundo de un peligro de seguridad enorme, si es que Trump, e incluso, Cruz llegan a la Casa Blanca. El retroceso civilizatorio que supondría se vislumbra como amplio y profundo. Recuperemos a Santayana cuando dijo que aquellos que olvidan el pasado están condenados a repetirlo.

lunes, 7 de marzo de 2016

El nuevo déspota americano



El 14 de junio cuando se celebrará la última elección primaria en Washington, DC, o incluso antes, podremos enterarnos de los resultados de las elecciones primarias estadunidenses. Si Donald Trump resulta ser el candidato republicano y es electo Presidente de EU (escenario ni propicio ni deseado), el mundo no se va a acabar, pero sí se va a estremecer.

06 de Marzo de 2016

Lo que, ciertamente, habrá ocurrido es que el debate argumental y político se habrá degradado enormemente en ese país. La vulgaridad y la ignorancia manifiesta que el propio Partido Republicano (PR) dejó crecer en el discurso y en la persona política de Trump no tendrá reversión en el tiempo. El daño hecho está. Trump representa a un sector extremista, pero también enojado, ignorante y prepotente de la sociedad estadunidense y nada de lo que ha propuesto puede siquiera ser materializado en los hechos. ¿O acaso revertirá el pacto nuclear firmado con Irán por las cinco potencias del Consejo de Seguridad de la ONU, más Alemania y avalado por la UE? ¿Cerrará la embajada de EU en La Habana, recientemente abierta? ¿Se confrontará con China? ¿Tirará una bomba nuclear en contra del Estado Islámico (EI) en Irak y Siria? Yo dudo que pueda y que el pueblo estadunidense lo deje. ¿O no? Trump representa al charlatán más espectacular que ha producido la historia política de EU. Se trata del nuevo déspota en el firmamento político de las Américas. El cinismo político, que en el nombre de la anticorrección política, muestra, es una expresión de su desprecio por la etiqueta política, por la política misma y por sus reglas democráticas que, incluso, Vladimir Putin (otro déspota al más puro estilo soviético y zarista) cumple aunque a medias. Se trata de un antipolítico devenido en político puro y subversivo frente a la cosa pública.

Pero también es el producto y la más grotesca expresión de la descomposición del PR, pero que no sabe cómo logrará deshacerse de él antes de que sea tarde. En efecto, los republicanos ven en Trump al mayor pasivo de su historia y el impedimento mayor para llegar a la Casa Blanca. Como se ha argumentado en este espacio, una facción extremista del PR y tolerada por su cúpula, ha sido responsable desde 2008, año en que se eligió a Barack Obama, del mayor obstruccionismo legislativo del que se tenga memoria y de la contaminación ideológica, tanto en el interior del legislativo como del propio partido. Los senadores Ted Cruz y Marco Rubio, quienes se erigen en salvadores del PR, atajando a Trump, han sido corresponsables del altisonante tono y del crecimiento exponencial de Trump. No sólo por representar posiciones retrógradas frente a Obama, sino or no oponerse desde el primer día a su narrativa incendiaria. Recordemos que Rubio, como miembro del Comité senatorial de relaciones exteriores, ha vetado el nombramiento de la embajadora designada en México, Roberta Jacobson, por haber sido fundamental en el restablecimiento de relaciones con Cuba. Y como estos, ha habido numerosos ejemplos de cómo el PR, tolerando las posiciones extremistas de sus cuadros, le ha permitido a su extrema derecha avanzar, al tiempo que ha creado grandes vacíos políticos. Estos vacíos han sido un regalo de oro para Trump, quien se ha posicionado hábilmente en ellos, ocupándolos con su retorcida retórica. Ayudado por esta enorme inhabilidad y cobardía política de la dirigencia republicana, Trump ha podido hacerse presente y vender sus venenosos productos. Se trata de un perfecto Frankenstein de los republicanos, de su prensa y de su clientela..

Se caracteriza por un temperamento despótico que no es previsible que cambie ni siendo candidato, ni presidente. Su mexicanofobia e islamofobia; sus insultos a las mujeres, a los minusválidos y a los veteranos de guerra; sus amenazas a la prensa crítica; su desprecio por un juez latino por su origen; sus veladas advertencias a los donantes de otras campañas de reservarse ese derecho; su admiración por Putin, Mussolini y los responsables chinos de la masacre de Tiananmen, son factores que hacen palidecer a otros déspotas históricos del continente americano y de otros latitudes. Pero también dan paso a lo que George F. Will ha denominado como “autoritarismo anticonstitucional”. La sola idea de que los estadunidenses lo elijan para ocupar la silla más poderosa del planeta pone los pelos de punta y amenaza con hundir a EU en el mayor de sus desprestigios.

lunes, 22 de febrero de 2016

El carambolista


¿Vivimos en un mundo hobbesiano, cuyo “estado de naturaleza” nos arroja de nueva cuenta a una guerra de “todos contra todos”, como nos lo anunciara Thomas Hobbes en su Leviatán? Eric Hobsbawm en Age of Extremes, se refería al siglo XX como el más sangriento de la historia: dos grandes guerras y varias más de carácter regional, así como conflictos armados de carácter más informal.

21 de Febrero de 2016


Tú detestas a todos los que hacen el mal
y destruirás a los mentirosos.
San Agustín


En el siglo XXI, aún sin una gran guerra, hemos quedado expuestos a un desorden que se instala en nuestras vidas desde el mismo 9/11 y que se ha pronunciado con el estallido de problemas varios en Oriente Medio, región en disputa entre el Estado Islámico y Al-Qaeda, y los aliados de Washington; en países de África en donde Boko Haram aterroriza a mujeres, niños y ancianos; al sur de la antigua zona de influencia soviética, en Crimea y en Ucrania, que Vladimir Putin ha invadido e intentado controlar, respectivamente. Además, la crisis de los refugiados de guerra provocada por el genocidio sirio y la guerra en los diferentes frentes de Irak y otros países, ha empezado a impactar en el debate sobre el tema, pero, sobre todo, en las políticas migratorias y de asilo de Occidente —existe también la guerra sucia del discurso, cuyo ejemplo es Trump a quien el Papa le acaba de dar un mazazo en esa lengua pedestre y gangrenada.

Sin agregar el calentamiento global, las hambrunas en África, las epidemias, la inestabilidad financiera y la estatalidad limitada, diría que estos son algunos de los casos que procede mencionar por ahora, sobre la crisis del desequilibrio global. No obstante, tenemos en casa y en otras regiones del mundo la amenaza del crimen organizado (CO) que ha provocado como nunca antes destapar la caja de Pandora del Estado, que ha quedado al desnudo: en México, su inoperancia, vinculada a su corrupción e impunidad ha dificultado enormemente la gobernanza eficaz y democrática que ya sería hora de que los mexicanos se regalaran sin cortapisas. Para nuestra mala fortuna los aparatos e instituciones estatales no han quedado inmunes al virus bifásico, corrupción-impunidad (exacerbada por el CO) que ha expuesto al máximo la sana convivencia social, así como la legitimidad obligada que habría de haber en la relación Estado-sociedad.

El mundo de hoy carece de liderazgos que inspiren, acompañen y coadyuven a la solución de estas severas crisis que provocan carencias. Estoy cierto, como quien cree en la razón y en la ciencia, que el papa Francisco, cuyo liderazgo de masas no se pone en duda, ha hecho presencia y ha logrado transmitir lúcidamente a las instituciones relacionadas, incluida la Iglesia, una rotunda evaluación crítica por su ceguera e inoperancia frente a los problemas que no sólo están a su alcance, sino ante los cuales tiene que ser proactiva. La vocación reformista de Bergoglio (casi revolucionaria, dadas las pobres condiciones del papado que hereda) ya se había puesto de manifiesto desde 2013 en que asume. Fue factor de concordia en la reanudación de relaciones diplomáticas entre EU y Cuba, su encíclica sobre el medio ambiente (“Laudato si: sobre el cuidado de la casa común”) lo dice todo y sus pronunciamientos respecto a los derechos religiosos de las minorías, especialmente los niños expuestos a la infame pederastia de la curia católica, son temas destacados de su gestión. Antes de llegar a México pasó por La Habana y, después de mil años de distanciamiento, firmó ahí la paz con el patriarca Cirilo (“somos hermanos”), máximo líder de la Iglesia cristiana ortodoxa, lo cual puede coadyuvar a cambiar la correlación de fuerzas en Oriente Medio. La proactividad del Papa lo revela como un astuto político que conoce el oficio y lo utiliza para beneficio de la paz y el bien común. Generalmente tiene una valoración de la realidad que le permite tener una visión estratégica que lo lleva a concatenar hechos en forma lúcida. Ignoro si habrá jugado carambola, pero se ha revelado como un carambolista político, lúcido y tenaz; como un modernizador progresista. Se trata de un liderazgo fresco y necesario en el convulsionado y tenso mundo de hoy. En México dejó claro al Estado, clero y sociedad que no se vale seguir eludiendo la realidad. Que urge afrontar los problemas y que urge desterrar la mentira y el chanchullo que degradan la vida nacional y su futuro institucional. Habrá que esperar y ver si no nos entró por uno y nos salió por el otro.