lunes, 20 de mayo de 2013

Etnocidio en Guatemala: ¿juicio histórico?

Muy a propósito de las reflexiones hechas en otros espacios sobre la ética intelectual y política. Sobre la importancia de no perder la memoria ante la tragedia totalitaria; de cómo conservarla y preservarla en retrospectiva histórica tal y como nos sugirió hacerlo el destacado intelectual británico y judío, Tony Judt,  viene hoy a colación el juicio a Efraín Ríos Montt, ex-golpista guatemalteco ochentero. Se trata de un hecho de gran trascendencia que a todos nos sacude. Por un lado, se sienta un precedente sobre el exterminio masivo. Segundo, se condena que se haya hecho en nombre de la extinción de una etnia, la Maya, que en esta versión totalitaria del criollismo guatemalteco, no tenía derecho a existir, en tercero, se lanza una señal a todos los golpistas latinoamericanos de que un hecho así debe ser irrepetible y por último, pone en evidencia las graves responsabilidades de Washington en las matanzas. Este juicio es, a la vez que rémora, una lamentable herencia de guerra fría al más puro estilo bananero, como todo lo que sigue ocurriendo, por desfortuna, en América Central y el Caribe, en pequeñas pero significativas dosis de historia política (no olvidar el orteguismo nicaragüense, hoy por hoy la traición mayor a la política democrática y una aberración estético-política desde donde se vea). Hannah Arendt decía que "el más grande peligro de reconocer el totalitarismo como la amenaza del sigo pasado sería obsesionarse con este, al grado de volverse ciego a los numerosos pequeños y no tan pequeños males con los que el camino al infierno es pavimentado".
En efecto, el contexto histórico le da al hecho ocurrido su objetividad tan necesaria como inevitable. Le da también sus especificidad como un hecho único de la historia. El juicio a Ríos Montt es en sí relevante, diría que histórico. Aún así, hay que decir que el gran contexto sociopolítico que domina en ese y otros países, no es necesariamente mejorado por el evento. La condena a repetir el terror a la que nos expone a todos es latente. Así como en los últimos 13 años, la transición política mexicana (regreso del PRI incluido), no nos ha librado de la impunidad y la corrupción rampantes (incluso parece que aumentaron), ni del caos institucional de un Estado en crisis perpetua, las venas totalitarias en Centroamérica siguen abiertas y ocasionando el retraso perpetuo en nuestra vida política, económica y social: se trata de una región que sigue expuesta a la desgarradora disyuntiva de siempre: progreso o barbarie. Todo esto a pesar del juicio de marras.
Estudiamos y vivimos un pasado sin cuidar su memoria. Todavía dentro del subcontinente, pero yendo más hacia el fin del mundo, tenemos ahora a Argentina en una lamentable regresión que la está enfermando de resentimientos, de inflación y de desigualdad; condiciones todas que ocasionaron los tan trágicos golpismos en ese como en los demás países del Cono Sur. Recordamos nuestra historia sin "acordarnos" y sin "acordar" entre nosotros los términos de su entendimiento. De la misma manera en que retomo a Hannah Arendt, deseo reivindicar las noticias de Judt sobre el peligro de olvidar los hecho de la historia como resultado de las acciones del hombre. Es de él de quien depende qué tipo de espacio e interacción social construimos. Es también la humanidad la que ha sido actor, testigo y cómplice de las peores barbaries. Este y otros juicios han sido, aunque legítimos y procedentes, tardíos. Al igual que Eichman en Jerusalén, que Ríos Montt, o que de Videla, quien desafortunadamente murió sin pagar sus crímenes, la historia de la humanidad está y estará (en un sentido Hobessiano) plagada de exterminadores y hechos que atentan contra sí misma, como lo dijo Hosbawm al calificar el pasado como el siglo más sangriento de la historia.
La gran pregunta: que vendrá después de Ríos Montt: ¿más procesos contra todos los compinches que le acompañaron desde 1954, cuando se derrocó (e inició la tragedia) a Jacobo Arbenz, quien representaba el único modelo social demócrata potable en la subregión región de la época? Quedan muchos de estos personajes sueltos en nuestra región y otras. En todos lados y formas andan sueltos los destructores de humanidad. Sólo hay que recordar a Anders Behring, el asesino de socialdemócratas noruego, para recordar que la pasividad memoriosa le hace lamentable justicia a la máxima de Oscar Wilde cuando afirma que hay sólo un animal que siempre mata lo que más ama: el hombre.

miércoles, 15 de mayo de 2013

¡Goool!

En futbol un pase falso sirve para lograr que la defensa distraiga su atención y permitir que el repartidor haga el pase verdadero al jugador mejor plantado para así colocar el balón en las redes. No se me ocurre otra figura para iniciar el análisis de la visita de Obama. Esta visita nos deja con gratas sorpresas y con varias dudas. De pronto se transporta la relación México-EU a un nuevo plano: se pasa de lo rudo a lo sublime. Y desde luego no deja de ser sospechoso el gambeteo, aunque desde luego esto tiene alguna explicación.

El encuentro entre presidentes tuvo, por una parte, un rasgo sublime que nos toca a los interesados muchas fibras sensibles: el salvavidas sobre intercambio científico y tecnológico que lanza Obama muestra, por un lado, lo bien que esto resultará para la sostenibilidad del desarrollo nacional y lo coincidente que resulta con la propuesta de EPN de invertir 1% como porcentaje del PIB en esta materia. Las reflexiones sobre intercambio educativo van en paralelo a la reforma educativa emprendida por el Presidente. Ambos temas son desde luego puntales del desarrollo nacional, así como lo es dinamizar el libre comercio bilateral. Bien hasta aquí. No podría haber habido más coincidencia entre lo que siempre ha pensado Obama acerca del papel que debe jugar el Estado en estos temas y lo que parece empezar a pensar, a través del nuevo discurso del gobierno, el Estado mexicano. También significa un espaldarazo a los cambios y reformas que intenta realizar el nuevo gobierno. O sea, la visita no arrojó nada nuevo en el marco de lo que se dijo y en los términos de los apoyos expresados por Obama, pero sí sobresale aquello de lo que no se habló (o simplemente se mencionó tímidamente, seguridad). Y esto no es poca cosa si consideramos los altos costos que hemos pagado en vidas humanas y en la afectación sufrida a la integridad de la República. Tampoco lo es si recordamos el desastre que representó la relación con Calderón, quien secuestró para sí y sus mediocres asesores en Los Pinos la política exterior, despojando a la cancillería de sus prerrogativas. En rigor, la degradación sufrida por la política internacional y bilateral mexicana significó (a pesar de los esfuerzos de Obama y Clinton por evitar la defenestración de Pascual, por mencionar sólo un ejemplo) un retraso significativo sobre temas sustanciales que podrían haberse tratado multilateral y no unilateralmente.

El giro temático de la visita, apunta a priorizar dos temas fundamentales que deben de estar en toda agenda bilateral en donde sea. No obstante, en el tema de seguridad lo que en realidad se hizo, por acuerdo mutuo (y creo, con la renuencia de Washington), a fin de intentar no “contaminar” aún más su posterior y efectivo (esperamos) tratamiento: fue convertirlo en un invitado de piedra. Y es por esto que pesará más si no se le trata bien y pronto por el grupo de alto nivel. Así, se le degrada en el discurso, pero no en prioridades de corto, mediano y largo plazo, cuyos detalles operativos y resolutivos no conocemos aún. Es más, sugeriría que se trata del tema de más urgencia para EU y en consecuencia para México. Imposible será barrerlo de la agenda. Aún cuando Obama haya afirmado que la seguridad es un asunto de México y que EPN haya afirmado que migración es un tema interno de EU, se trata de otra distracción más. Los dos temas son de la competencia de ambos países y ambos tendrán que insertarlo en sus estrategias respectivas: ni uno ni otro quiere (EU) ni debe (México) mantenerse al margen. Y si se hace bien y en el marco de acuerdos racionales no se trataría de intervencionismo. Ya es hora de que en México nos deshagamos de este atavismo.

Algunos medios y analistas fueron fintados en un primer momento y recibieron el gol, todo lo cual, si mi hipótesis se corrobora, nos obliga a repensar y a exigir de ambos gobiernos, pero en especial del de Peña una definición sobre la manera en que atacará impunidad, corrupción, lavado de dinero, decadencia del sistema carcelario y de justicia, reorganización policiaca, todos temas prioritarios de la Iniciativa Mérida y que hoy se encuentran en el medio de un trágico fracaso y de una medianía operativa que no puede continuar.

lunes, 22 de abril de 2013

La política exterior y el entorno global


En los próximos meses se estarán definiendo las bases sobre las que descansará o debería descansar una nueva política exterior, moderna y acorde con los grandes retos que México deberá afrontar en el entorno global. Se trata de un momento en que resulta relevante elaborar algunas reflexiones sobre los contenidos y objetivos de la política exterior mexicana.
Pertenecer al mundo global del siglo XXI (más aún desde una región de alta importancia geopolítica como la que ocupa México), obliga no sólo a repensarse con responsabilidad como parte del mismo, sino también a construir una gran visión estratégica, clara en conceptos y acciones que gradualmente  México quiera y tenga que aportar gradualmente a fin de hacer la diferencia. Después de todo, la elaboración de la política exterior es una actividad necesaria del Estado moderno. Como todo en política, una política exterior no es inamovible como no lo es la realidad que circunda las decisiones estratégicas que se toman en defensa de intereses nacionales: constantemente se da el caso de que ésta tiene que modificar sus prioridades programáticas y de fondo en función de los cambios históricos. Pensar lo opuesto es ignorar los términos que la cambiante realidad internacional impone. Se trata de sugerir y eventualmente impulsar la elaboración de una estrategia de política internacional, no sólo comprensiva, sino encaminada a cumplir con la tarea que ésta siempre ha tenido en el mundo desarrollado: ejercer una vigilancia constante sobre los cambios permanentes que ocurren en la política mundial.
No se puede concebir otra forma de definir una política exterior estratégica, visionaria y de largo plazo, y que a la vez sea resolutiva. Es decir, que responda, con soluciones concretas, a las necesidades que le presentan los acontecimientos mundiales. En consecuencia, se vuelve imperativo, en primer lugar, proponerse que la nueva política exterior mexicana se recomponga y se le precise, claramente, una diferenciación de la antigua política del régimen autoritario de partido único que perduró en México por más de 70 años. Se trata de un viejo debate sobre las habilidades, méritos y verdaderas posibilidades de una política exterior que ha estado bajo el acecho de una contradicción: el tránsito del autoritarismo, del régimen de partido único, el cual practicó una política exterior de bastiones que retrasaron mayormente los propios avances democráticos internos y que incluso anquilosaron las prácticas políticas externas como desprendimiento directo de principios constitucionales en la materia, todos ellos universales y hoy de dudosa vigencia, a una democracia plena en la que se implementen políticas prácticas y prácticas públicas que trasciendan los delirios del México representado por el folklor de una clase política sumida en un pasado primigenio  y anquilosado; y desde donde el gobierno se empeñe, por el contrario, en sugerir y recrear el México del futuro.
      Para lograr este cambio es impostergable transitar con éxito el camino hacia una condición democrática plena que abra el camino hacia un desarrollo sustentable. Una política exterior moderna es producto del diagnóstico que lleve a decisiones de Estado necesarias y realistas. También es una muestra de la autoridad y el consenso logrado por un gobierno para implementarla de acuerdo a los tiempos que confronta. No hay política exterior vieja o nueva, sólo la hay contemporánea realista y actualizada. Tampoco se trata de que esta sea de izquierda o de derecha, la política exterior es representativa del conjunto de intereses nacionales que detenta el Estado. En consecuencia, los varios factores de decisión en asuntos internacionales deben de responder a una lógica terminante: representan la legitimidad lograda desde adentro y sus alcances deben de ser tan grandes como sus condiciones internas, objetivas y tangibles lo permitan. En otras palabras un país ostenta y merece la política exterior que su política interna requiere, necesite y también, merezca. Ojalá en este campo México pueda dar el salto que se le exige en la actualidad.

miércoles, 10 de abril de 2013

La cuestión coreana: entre misiles y Mickey Mouse


Hoy por hoy y no sorprendentemente ni por mucho tiempo, la cuestión coreana será el principal tema en las preocupaciones de Barack Obama. Más allá de las bravuconadas y la retórica belicista del presidente de Corea del Norte, Kim Jong-un, por cierto un gran aficionado a los videojuegos, al ratón Mickey y al Disney World de Tokio, hay varias razones de peso detrás de esta aventura militarista de Pyongyang, y desde las que subyace una preocupación central: la sobrevivencia del caduco régimen dinástico norcoreano.

En primer lugar, mucho hay de previsible en estas acciones que se remontan a las primeras pruebas nucleares, tres en total, ordenadas por Kim Jong-un, la última de las cuales, no obstante, fue merecedora de una fuerte condena del Consejo de Seguridad de la ONU (incluida China su eterno aliado) que enojó aún más al régimen, de aquí el reciente escalamiento contra Corea del Sur. Esta previsibilidad se explica en parte porque se trata de una tradición heredada por su abuelo y padre, quienes solían escalar así el conflicto a fin de obtener tajadas en negociaciones posteriores. Dada la inexperiencia del joven heredero esta muestra de frivolidad era de esperarse toda vez que es la única forma en que le será posible posicionar su débil liderazgo entre los mariscales de la vieja guardia. Autonombrado en julio pasado mariscal, que representa la máxima posición al interior de las fuerzas armadas y que a la vez significó el sorpresivo desplazamiento, y virtual desaparición de la escena púbica del vicemariscal Ri Yong-ho, hasta entonces jefe del Alto Estado Mayor de la Defensa, el sucesor de Kim Jong-il mostró más fragilidad que fuerza. A partir de ese momento se convirtió en una suerte extraña de reformista aperturista con desplantes belicosos que evidencian un potencial descontrol de conducción y debilidad política. En todo caso, dada su escasa experiencia militar (aunque estudió en la Academia militar nunca se alistó en las filas del ejército) intenta con estos aspavientos, hacerse del mando de la poderosa gerontocracia castrense.

El desafío de Kim Jong-un contra EU, Corea del Sur y sus aliados, al anunciar que pondrá en marcha las instalaciones nucleares de la central de Yongbyon, donde produce plutonio y enriquece uranio para bombas, y la retórica belicista contra Corea del Sur, están rodeadas de varias circunstancias geopolíticas que explican porqué el propósito de las provocaciones es reposicionarse en el escenario regional. Por un lado, China es liderada hoy por Xi Jinping, cabeza de una generación de reformistas sin apenas recuerdos de la Guerra de Corea. Además de la preocupación natural por la caída del régimen que arrojaría millones de refugiados norcorenos a China, Pekín también ha sido un factor de presión para que Pyongyang emprenda reformas para aliviar la pobreza de la población y de pasada facilitar el regreso del régimen a la mesa de negociaciones para frenar el programa nuclear y de paso obtener jugosos apoyos económicos chinos. De no ser así, China quedaría atada de manos ante la escalada militarista. Por otro lado, la llegada de la señora Park Geun-hye a la presidencia de Corea del Sur asegura un segundo mandato para los conservadores en los próximos cinco años, todo lo cual cuestiona aún más a su vecino norteño. Si a esto agregamos que en Japón Abe Shinzo ha regresado el poder al Partido Liberal Democrático, de corte conservador, se cierra la pinza de actores y vecinos que no estarían dispuestos a darle prioridad a Corea del Norte en sus planes de política exterior ni le permitirían más excesos. Por último, tenemos la relección de Obama, quien ha mostrado voluntad negociadora (buena manera de acercarse a China) para dirimir diferendos y llegar a un arreglo pacífico con los norcoreanos. Las complicaciones internas y el ajedrez geopolítico explican las provocaciones del régimen de Kim quien en el fondo está ofreciendo una disminución de la todavía escalada retórica como gesto de buena voluntad para ser de nuevo sujeto de financiamiento externo, tanto chino pero en especial estadunidense. Es probable pensar que los cometidos se lograrán en la mesa de la diplomacia, que la tensión bélica bajará de tono y que Kim Jong-un pueda pronto regresar tranquilamente a su cuarto de videojuegos y a soñar con Mickey Mouse.

miércoles, 3 de abril de 2013

Saldos de la reelección de Obama


La defensa es para tiempos de escasez,

el ataque para tiempos de abundancia.

Sun Tzu

 

El Partido Republicano (PR) está  preocupado por el futuro. A esto se le llama angustia de vivir fuera del jugoso presupuesto de la Casa Blanca en los difíciles años políticos que están por venir en EU. La lucha por el poder en Washington se pondrá más que candente e interesante ante la perspectiva de la sucesión de Obama, un presidente que ciertamente ha hecho historia. Obama se reeligió y el PR quedó malherido y descompuesto. El Tea Party apartó salvajemente al partido de Lincoln del electorado y de la causa democrática tan sufrida hoy en el país paladín de la causa de las reivindicaciones de John Stuart Mill y de Thomas Paine, que hoy vive vacíos políticos de gran calado. Seguramente a expensas del interés republicano por recuperar el poder presidencial, estos sectores minoritarios pero dominantes del PR, siguen haciendo de las suyas y han secuestrado las decisiones económicas y políticas más trascendentes (parar la ley de control de armas de asalto por ejemplo y el "sequester"). Hoy lo intentan de nuevo en política exterior y han querido aprovechar el viaje de Obama a Israel para ganar un terreno que creen suyo. A raíz de este viaje se da un realineamiento de las piezas de la geopolítica regional. EU refrenda a Israel como su principal aliado en un momento nuevo para ambos. Tanto Obama como Netanyahu son conscientes de que confrontan una correlación de fuerzas a nivel interno desfavorable y poco tiempo para superar un equilibro regional precario y peligroso para los planes de ambos. La pregunta relevante es, ¿cederá el presidente a las expresiones de Netanyahu en el sentido de atacar a Irán y pulverizará con ello la estrategia diplomática del poder inteligente concebida desde el comienzo de su mandato? Si así lo hiciera, ¿significaría que, de haber concebido acabar con el paradigma unilateralista de Bush e iniciar una nueva época multilateralista y transformadora de la imagen de EU en el exterior, las presiones heredadas a Obama, lo hicieron recular?

Tanto el haber ganado la presidencia significa ganancias como costos para Obama. Lo mismo ocurrirá con el PR. En el sistema presidencialista de EU, estos dos poderes se confrontan irreductiblemente cuando aquel partido que controla la Casa Blanca no lo hace en el Congreso. No obstante ante una situación local como global de equilibrios de poder precarios (Siria, Turquía, Jordania, África del Norte), de inestabilidad política económica y de fragilidad económica y financiera global, podríamos esperar más bien una tendencia hacia la mesura y la moderación en algunas de las decisiones que habrán de tomarse, más aún si ya hubo un retiro total de Irak y parcial de Afganistán. La exitosa mediación en el conflicto entre Israel y Turquía que realizó Obama en su reciente viaje es una muestra de que una nueva detente puede estar ocurriendo en la región. Y de aquí podrían desprenderse varias hipótesis: 1) la región seguirá como número uno en las prioridades de seguridad de EU, 2) Tel Aviv y Washington, aceptan, a pesar de la retórica estridente del primero, que volver al extremismo antidiplomático sería la reedición de una política que no fue sostenible, 3) Aunque Obama no aceptará la provocadora propuesta de balance nuclear sostenida por Kenneth Waltz ("Why Iran should have the bomb", Foreign Afairs, julio-agosto, 2012), no lo vemos orquestando un ataque militar directo contra Therán y reingresando al infierno de la guerra interminable y la desestabilización regional por un capricho israelí. Ni el establecimiento político ni presupuestario lo tolerarían. Menos aún los dos veteranos de Vietnam que hoy encabezan el Pentágono (Hagel) y el Departamento de Estado (Kerry), cuyas designaciones son claramente una señal en contrario. Ellos por su experiencia y todos por alguna razón de la vida, sabemos que hay una ley de la política, y la guerra es política, que indica que nunca es rentable entrar a una guerra que no estás seguro de que podrás ganar.

martes, 2 de abril de 2013

La pericia y el sabotaje


El fracaso esencial de la transición democrática de los gobiernos del PAN y la revelación manifiesta de su dirigente de que en doce años no fueron capaces de combatir lo que como oposición democrática criticaron, explica y explicará en mucho el desempeño del gobierno actual. Dos sexenios panistas incapaces de ejecutar políticas encaminadas a la reorganización de la institucionalidad democrática, garantizar el futuro exitoso y moderno de la gobernanza estatal, asegurar el blindaje contra el autoritarismo, la decadencia y la demagogia de adentro y de afuera de su propio partido, y de combatir la impunidad que carcome los fundamentos de la convivencia en México, apunta a dos componentes siempre presentes en la acción política desde Maquiavelo: la pericia y el sabotaje. Gómez Morín, fundador del panismo democrático y que sí leyó bien a Maquiavelo, se refería a la primera hablando de la técnica: "el deber es saber en qué estriban los males que reclaman acción, revisar urgentemente los conceptos y las instituciones y hacer de nuestra acción una acción ennoblecida. Dominar los medios de acción. Pericia en el procedimiento que haya de seguirse para transformar los hechos según el tipo que proporcione el propósito perseguido." Palabras de 1926 que podrían servir de apoyo ontológico básico a todos los políticos de hoy. En tiempos del abandono de una "acción ennoblecida", de la profunda decadencia en el actuar político de parte de la clase política que acompaña el incierto rumbo que siguen los destinos de la República, se vuelve imprescindible la reflexión honda y honrada. Esta la deberán hacer principalmente aquellos que se han encargado de envilecer en el período descrito, el pensamiento y la acción, deshonrando el compromiso hecho con la ciudadanía: no cumplieron y hoy ahondan en las heridas de su impericia recurriendo a una narrativa, si no soez, sí cínicamente justificatoria del fracaso. Gobiernan desde el congreso, afirman, ofreciéndonos desde luego la enorme tranquilidad de que al ser así, nos garantizan nuestra integridad ciudadana. En el fondo, lo suyo es una burla y también una afrenta contra el coro al que dicen representar, pero que traicionaron gradualmente cuando se convirtieron en los hechos en la antítesis activa de los fundamentos teóricos heredados por su fundador. Como en Santayana: olvidaron el pasado y se autocondenan a repetirlo.

Concediendo que los encargados de la política en los dos sexenios pasados hayan fracasado como producto de la ineficiencia, nos queda el sabotaje como otra explicación. O ¿se trata de una combinación de impericia y sabotaje lo que dominó su actuar desde el Estado y que explica la regresión provocada y la complicidad que mantuvieron con la impunidad? Si se trató de sabotaje entones hablamos de traición, al menos, a su electorado. Pero también a la Nación y a los principios básicos de la democracia liberal. Se volvieron esquiroles y engañaron al público de dentro y fuera acerca de su supuesta voluntad democratizadora. Muchos de ellos siguen aferrados al hueso y son capaces de cualquier cosa por protegerlo. Son hoy lo que detestaron ayer.

Así, no sorprenden las significativas decisiones pragmáticas de Peña Nieto. Siguiendo la pista de lo obvio el presidente encontró la veta de oro dejada por el panismo ineficiente e indolente: la corrupción corporativa con la que se aliaron Fox y Calderón y que hoy es "enemiga del Estado", y la violación a los derechos humanos, rémora que exige acción reivindicatoria inmediata con las víctimas. Tanto el Elbazo como el problema de los más de 20 mil desaparecidos (no hablemos de los muertos) que heredó la gestión de Calderón son evidencia del desastre, pero también de gobernanza posible. El presidente opta por mandar la señal esperada al decidir la inversión de los factores de la crisis mexicana, ambos causantes de la destrucción del tejido social: combate a la impunidad a cambio de postergar seguridad. Sin que esto tenga por qué ser celebratorio, si implica una apuesta capitalizable a largo plazo: el Elbazo es la evidencia de la gobernanza del fracaso.

Obama ante un nuevo mandato


Obama inició un segundo  mandato como el séptimo presidente de la historia en haber sido electo por dos veces consecutivas con más del 50% del voto. Quizás para algunos observadores esto resulte una redundancia, pero no es un logro menor que esto haya ocurrido así. Obama heredó de George W. Bush y de la gestión republicana, la peor historia recesiva de la economía desde Roosevelt; a una derecha con delirios de regreso al apartheid que EU fue (y no volverá a ser), sólo por no poder tolerar su rabia de tener que aguantar que un presidente negro y luego progresista dirija sus destinos; también hereda varias crisis acumuladas en el curso de su primer período, debido a su apuesta por la salud universal, la reforma migratoria (emplazada con poco ánimo en su primer periodo, por cierto), una política exterior multilateralista más sensible a los intereses de la comunidad internacional y a la emergencia de nuevos actores globales preeminentes que han puesto en cuestión el dominio absoluto de Washington en temas globales; y más recientemente, por la disposición de Obama en combatir la cultura militarista personificada nítidamente por la NRA y llevada al extremo por la tragedia de los pequeños niños asesinados en Newtown. La postura de Obama y su propuesta de ley para prohibir la venta de armas de asalto a particulares junto a más de 20 medidas significativas, representa una apuesta inédita y significativa en este inicio de mandato del presidente.

Así como nunca un candidato es lo mismo que un presidente electo, tampoco nunca será lo mismo el primer período presidencial que el segundo. Esto ha ocurrido con todos los presidentes reelectos en EU. Paradójicamente el segundo mandato de Obama supone menos presiones pero también estará acotado, sobre todo por los tiempos y el clima emocional de la prospectiva sucesoria: el presidente en EU llega virtualmente al fin de su mandato al tercer año de su segundo período y tiene poco tiempo para llevar a cabo sus planes. En este tiempo su poder disminuye y es acotado por la pugna por el poder. También queda limitado por las condiciones que le impone la correlación de fuerzas en el poder legislativo. Es decir, el Jefe del Ejecutivo se convierte en un “lame duck” o pato cojo, como suele decirse, en el curso de su propio mandato.

No obstante, también se trata de un período en que el mandatario ya está liberado de los compromisos políticos tradicionales que caracterizaron el cuatrienio previo y más preocupado por dejar un legado de trascendencia. En este sentido, Obama tiene grandes posibilidades de dejar una huella profunda en la historia política estadunidense. Varios son los temas en que esto podría ocurrir. Muchos de ellos fueron delineados en su discurso del pasado 21 de enero (mismo día en que se conmemoró a Martín Luther King), quizás el más progresista y modernizador de todos los que haya pronunciado, esta vez con un más claro y fino toque retórico que recordó tanto a Lincoln (unidad nacional) como a Kennedy (“nuestra generación”), dos de sus presidentes más admirados. Obama se pronunció por mantener la unidad nacional, construir un esquema eficiente de distribución de justicia y equidad social; propuso la preservación de la paz mundial e, invirtiendo a Kant afirmó: “creemos que la paz y la seguridad verdaderas no requieren una guerra perpetua”; se refirió también al cambio climático, la migración y otros temas sociales que son ciertamente de alta sensibilidad en este momento convulso que vive la política estadunidense. Ante tal mensaje de optimismo renovador de Obama, habremos de ser testigos muy pronto el grado de sensibilidad de los actores políticos. Especialmente interesante resultará ver si los republicanos, herederos de Lincoln el abolicionista, y quienes han rechazado sistemáticamente reconocer los temas del programa social de Obama como parte de la agenda pendiente (¡han llegado a afirmar que el calentamiento global es un invento de los científicos para obtener más recursos!), son capaces de responder al gran reto de regresar a la civilidad política y abandonar el extremismo reaccionario que tan malos réditos le ha rendido electoralmente.

lunes, 25 de febrero de 2013

De espaldas a la historia

Los republicanos ante un dilema: ser vanguardia y coadyuvar a la salida de las múltiples crisis de EU o convertirse en el partido del eterno “no” a Obama y quedarse detenido en el pasado. En el inter Hillary Clinton sale del Departamento de Estado y entra en su lugar el experimentado legislador John Kerry. Al republicano moderado Chuck Hagel (igual que Kerry veterano de Vietnam) le escamotean la nominación y a cambio de su apoyo, McCain y otros senadores republicanos, le exigen a Obama más información sobre la muerte del embajador Stevens en Benghazi el año pasado: en realidad le están cobrando al Presidente la postura de Hagel en contra del chantaje de Israel para hacer de la política exterior de EU una a su gusto y del de la extrema derecha republicana, y su enfrentamiento con G.W. Bush y Cheney por la incompetente y arbitraria incursión armada en Irak. A John Brennan le condicionan su ascenso a la dirección de la CIA a cambio de más información acerca de los vuelos de los drones sobre los espacios territoriales en los teatros de conflicto en los que Washington está involucrado, tema que guste o no, es de gran aceptación entre los republicanos y sobre el cual no tienen objeciones serias. En su reciente discurso anual a la nación

 Obama emplazó a los republicanos a emprender una modernización integral de su país: abordó la crisis de un maltrecho sistema electoral en deuda con sus votantes, cuyas inconsistencias los republicanos quisieron utilizar para cometer un fraude, cuya intención era hacer perdedizos a seis millones de votantes; propuso modificar la cultura de las armas consagrada en la segunda enmienda y regular, en consecuencia, la venta de armas de asalto y de guerra a particulares; delineó un plan de reconstrucción y ampliación de la infraestructura carretera construida por Eisenhower, hoy vieja e insuficiente; planteó una revolución educativa que partiera de la educación primaria hasta la universitaria y también apostó por el mejoramiento de la infraestructura de investigación científica (p.ej., invertir en el estudio del calentamiento global y del funcionamiento del cerebro humano); propuso una reforma migratoria integral que daría a 11 millones de indocumentados la posibilidad de convertirse gradualmente en ciudadanos en ocho años; urgió a resolver el déficit fiscal tomando medidas de consenso bipartidista; se declaró pro europeo, al anunciar nuevas alianzas comerciales en el Atlántico, iniciativa que se agrega a la propuesta transpacífica (TPP) de ampliación global del comercio estadunidense; pidió un aumento al salario mínimo de hasta nueve dólares la hora y remató su discurso reivindicando los derechos fundamentales del ciudadano (citoyen) a vivir en paz y en prosperidad.

Obama desmembró los temas clave y ofreció poner al Estado al servicio de la modernización estadunidense, con la clase media a la cabeza e impulsar así un nuevo desarrollo sostenible. Al hacerlo también está sugiriendo que está es la única vía hacia el crecimiento y la recuperación económica, y de pasada la posibilidad de que EU recupere los espacios de poder en el concierto global (hecho negado por Romney y Ryan ante la contundente presencia de los BRICS y de China). Los republicanos dicen no a cada una de estas propuestas y se niegan a apostar por un EU de futuro rentable.

La cuestión será hasta dónde estas negativas pichicatas dañarán de nuevo a los republicanos y les negarán por un largo rato su regreso al poder presidencial. O bien, está por verse si al contrario, el PR aprovecha la oportunidad y pondrá imaginación y audacia por delante de las ambiciones rupestres de sus miembros más extremos, y tratarán así de capturar los públicos que han perdido, apostando por la modernidad de su estructura partidista y de su país. En este nuevo tramo de la política obamista, tendrán que aceptar que el hábil Presidente les lleva ventaja y que cada retraso, por mínimo que sea, de mostrase proactivos por cumplir expectativas sociales que Obama ha leído correctamente, significará una muerte política gradual de enormes consecuencias.

lunes, 18 de febrero de 2013

La relación bilateral: la prueba del ácido

El entorno internacional del régimen político mexicano entraña grandes retos. La globalización de la política y la economía mundial vuelve impostergable que la política exterior de México se someta a una seria revisión si se desea cumplir con la necesidad de que México sobreviva con éxito a los cambios del sistema internacional después de la Guerra Fría y del 9/11. Son innumerables los temas de los que ha dependido y dependerá México en esta materia pero, sobre todo, serán muchas las exigencias que este contexto cambiante le planteará. No será ocioso, entonces, debatir con amplitud acerca de la naturaleza de la política exterior y sentar las condiciones para que se emprenda una reflexión sobre si ésta debiera proyectarse como una de intereses, de principios, o de una combinación sensata de ambos.

Después de todo, la elaboración de la política exterior es una actividad necesaria del Estado moderno. Como todo en política, una política exterior no es inamovible como no lo es la realidad que circunda las decisiones estratégicas que se toman en defensa de intereses nacionales: con frecuencia se da el caso de que ésta tiene que modificar sus prioridades programáticas en función de los cambios históricos; pensar lo opuesto es ignorar los términos que la cambiante realidad internacional impone. Se trata de sugerir y eventualmente impulsar la elaboración de una estrategia de política internacional, no sólo comprensiva, sino encaminada a cumplir con la tarea que ésta siempre ha tenido en el mundo desarrollado: ejercer una vigilancia constante sobre los cambios permanentes que ocurren en política mundial. Estimo que no se puede concebir otra forma de definir una política exterior estratégica, visionaria y de largo plazo, y que a la vez sea resolutiva; es decir, que responda con soluciones concretas a las necesidades que le presentan los acontecimientos mundiales.

El nuevo Presidente de México enunció en su plataforma de campaña que su política exterior priorizaría la región de América del Norte. También ofreció restablecer sus vínculos con América Latina y con nuestros cercanos vecinos centroamericanos y caribeños. De aquí que Peña Nieto ya haya realizado sendos viajes (creemos, vinculantes) a ambas zonas del continente y de los cuales aparentemente ha salido bien librado. No obstante, existe aún una percepción de desconfianza de ambos lados sobre el papel jugado por cada gobierno respecto a los muchos temas sensibles, entre los cuales destacan dos: seguridad y migración. Respecto al primero, y lo acabamos de ver hace tres días con el condicionamiento a la entrega de 234 millones de la Iniciativa Mérida (IM) al respeto de los derechos humanos en México, Washington sigue expresando su poca confianza en las instituciones del Estado mexicano. Con respecto al descalabrado asunto migratorio, Obama ya demostró voluntad política (porque ya puede hacerlo) para impulsar la reforma migratoria por todos esperada. Sin embargo, en esta ocasión sí se trata de un momento político en EU en que se vuelve imperativo que México apoye a Obama en este nuevo impulso. Frente a un legislativo hostil a la idea de legalizar o ciudadanizar a siete millones de indocumentados, una política consular audaz y un cabildeo cuidadoso e inteligente de Peña Nieto será, en efecto, relevante para la Casa Blanca. Es el momento de demostrar que la política exterior del nuevo siglo mexicano puede responder a realidades y necesidades políticas y sociales diferentes, y por tanto a nuevos fundamentos. Es decir, trascender el círculo perverso que ha limitado al régimen político, tanto por su carácter autoritario y retrasado, como por su dependencia asimétrica frente a la gran potencia. De haber estado atrapada entre un régimen cerrado y otro fallido, y a la defensiva frente a una política hegemónica por parte de EU, hoy en día las circunstancias han cambiado para la política exterior mexicana: se impone explorar vías alternativas para ejecutar una diplomacia eficiente y encaminada a perfilar a un actor que se haga oír y sentir, y asumir el liderazgo que desea sin falsas disyuntivas, en el concierto mundial y regional. La relación bilateral es, de nuevo, la prueba del ácido de la política exterior.

miércoles, 9 de enero de 2013

El último hombre

Yo no soy yo, ¡yo soy un pueblo, carajo!
                                                             Hugo Chávez
Ni los hermanos Castro ni el propio Hugo Chávez, hoy en un estado de salud incierto, podrían haber calculado tan buenos resultados en el proceso político de ese país. Entre el anuncio difuso de su padecimiento, la primera operación en Cuba y la desaparición más reciente del mandatario el 10 de diciembre pasado, se ha construido un ambiente por demás excepcional en que el puro mito ha sido capaz de llenar su ausencia. Y pareciera que entre más se prolonga esta ausencia más poder adquiere el mito entre algunos sectores de la sociedad venezolana. Sin tener por que llamarnos al azoro —se trata de un proceso montado ágilmente desde que Chávez garantizara su inmortalidad—, la perpetuidad del chavismo, si Chávez fallece, parece garantizarse, incluso más allá de la norma constitucional al respecto, que cada quien está interpretando como mejor le conviene. Hanz Dietrich, ideólogo marxista alemán y asesor de Chávez ya lo anunció: “Habrá chavismo sin Chávez”. Se trata de un juego político en el que Chávez es el primer y último hombre de la Revolución Bolivariana, de la política venezolana y de un proceso de deificación que oportunamente Chávez logra capitalizar con enorme eficiencia al apropiarse de Simón Bolívar tal y como Fidel y Raúl Castro lo hicieran con Martí, independentista liberal al fin; y de aquí, al diluvio. Y también un símbolo paradigmático de cómo el caudillismo y un régimen cerrado se pueden imponer con tal habilidad en pleno siglo XXI y con un marco normativo que, aunque no parece que se respetará, sí ha abonado a que se mantenga el régimen y el control que el chavismo ha ejercido gradualmente sobre los tres poderes en forma cuasi vertical desde hace 14 años. Todo lo cual le daría al chavismo (ya en la forma de Nicolás Maduro, vicepresidente, o de Diosdado Cabello, presidente del parlamento o Asamblea Nacional) garantías de permanencia “ad eternum”.

Tony Judt escribió en Pensar el siglo XX, que la historia es la oportunidad propicia para cumplir con su gran objetivo: la dilucidación de la verdad. Se trata, pensaba Judt, de aclarar “que la verdad de la autenticidad es distinta a la verdad de la honestidad”. No pretendo hacer un reclamo contra el uso legítimo (aunque demagógico y catastrofista) de la política para obtener y retener el poder consumado por el chavismo desde 1998. Lo que me parece delirante es que, en el marco de una bien disimulada división interna, catapultada por la gravedad de Chávez, el chavismo haya perdido la autenticidad frente a sí mismo y sus observadores en la medida en que se está extraviando, en el medio de un drama de una cursilería superlativa y que degrada al propio Chávez, quien ahora probablemente agonice en su clínica cubana. Esto desde luego incluirá los mecanismos (líder carismático incluido) por medio de los cuales el populismo chavista se volvió el tótem renovado de una vieja tradición latinoamericana. No está claro que Maduro o Cabello lo puedan revivir y mantener sin causar un baño de sangre que, ciertamente, y a pesar de la represión a los opositores, el liderazgo de Chávez contenía relativa aunque eficazmente.

La Constitución diseñada por el chavismo como el autorretrato imprescindible hacia la perpetuidad de un liderazgo, es hoy manipulada por el liderazgo chavista. Y no me refiero sólo al caso del artículo 230 que es ambiguo en los límites sobre el número de periodos reeleccionistas. Se trata más bien del 233 que establece que el 10 de enero se realice la toma de posesión la que, si somos serios, la tendría que encarnar el propio Chávez. De otra forma y ante esta ausencia física del titular de la presidencia, ésta la tendría que asumir el presidente del Parlamento. La advertencia de Maduro de que el 10 de enero seguirá adelante sin la presencia del líder (que es toda una provocación para Cabello y el Parlamento, a menos que planeen actuar en contubernio), abrirá un hueco constitucional que no sólo sentará jurisprudencia en su contra, sino que puede destruir al chavismo para siempre. Lo único que les quedaría posteriormente sería el franco golpismo totalitario