lunes, 23 de marzo de 2015

Multiculturalismo: ¿éxito o fracaso?

José Luis Valdés Ugalde 22/03/2015

El más reciente número de Foreign Affairs (FA) dedica su sección principal al problema de la raza y el racismo en varios textos importantes (Foreign Affairs, The Trouble with Race, Vol 94, No. 2, Abril 1 de 2015). Con la llegada de Barack Obama a la presidencia pensábamos que en Estados Unidos había llegado el momento de la era posracial, que impactaría favorablemente las relaciones sociales y la cohesión social en EU y otros países del mundo occidental. No obstante, según Lawrence Bobo, en EU atestiguamos aún la prevalencia de lo que él llama Laissez-faire Racism. El desarrollo del concepto nos plantea un hecho: Estados Unidos podrá haber arribado a un momento histórico posracista, pero nunca a uno posracial.

La legislación a favor de los derechos de la minoría negra que inició JFK y continuó Johnson en los sesenta favoreció la creación de normas que dieron gradualmente a la población negra mayores derechos y libertades, al grado de que hoy el blindaje antirracista consagrado en las leyes ad hoc es total. No lo es, sin embargo, el prejuicio por razones de raza. Lo cual impacta negativamente a la población negra en temas como igualdad, empleo, salud y educación; se trata aún de una población desprotegida, expuesta, debido a los múltiples recelos que dominan la cultura de la tolerancia en EU y la percepción de sectores del poder y de la sociedad acerca de tal minoría, y que se identifican por la discriminación; como la que provocó en agosto pasado el asesinato policiaco en Ferguson en contra del joven negro no armado Michael Brown. Otros hechos similares ocurrieron en Nueva York y otras regiones de EU, que acabaron con la vida, incluso, de ciudadanos mexicanos.

La minoría negra “con derechos plenos” sigue siendo objeto de prejuicios en razón de su color y raza. El ejemplo más objetivo, que sin duda es y será tema en ulteriores análisis, es la llegada de Obama a la presidencia (un caso de derecho legal de un ciudadano con derechos políticos), al tiempo que se ha confrontado con limitaciones que le niegan el pleno ejercicio del poder político en virtud del hecho de que en la visión (soterrada e hipócrita) de amplios sectores de población blanca, incluidos políticos prominentes como John Boehner, el Speaker de la Cámara baja, su condición de negro le resta legitimidad a su investidura. Prevalece un acentuado pensamiento entre sectores de población blanca que no toleran que se contradiga la máxima histórica que reza: la Casa Blanca (construida con mano de obra esclava) no está destinada a ser ocupada por un Presidente negro. Obama, pues, no ha contado con el beneficio de la duda. Esto es lo que se llamaría habitar aún en un mundo no posracial en EU: el derecho legal para “ser ciudadano pleno” existe, pero no el reconocimiento legítimo para ello. EU vive aún en un apartheid cultural que repercute en la vida política y social.

Así, el multiculturalismo definido como el espacio social poblado por la diversidad racial, usualmente resultado de la migración, ciertamente ha ensamblado mejor en la sociedad estadunidense que en la europea. Según Kenan Malik (The Failure of Multiculturalism. Community versus society in Europe, en el FA ya referido), el término “envuelve tanto una descripción de la sociedad como una prescripción para manejarlo”. No obstante, aunque los pendientes en EU son grandes, países como Francia, RU y Alemania lo enfrentan más críticamente. El temor sobre el intenso reclutamiento de jóvenes europeos para militar en la yihad global es un hecho objetivo que ha desanimado a los Estados y a las sociedades para aceptar la inclusión. Los atentados en París contra Charlie Hebdo lo han demostrado. Pero también han hecho que se desenmascare el mito de la diversidad y de la inclusión de la minoría islámica, así como la urgencia de que se revise esta grave falla, toda vez que los migrantes no tienen un lugar asignado en la narrativa cultural de estas naciones, como sí ocurre en EU; es decir, los migrantes no han sido incorporados como agentes de cambio social. El multiculturalismo es una realidad compleja que está en crisis: estas manifestaciones en el seno del mundo occidental acuñó la filosofía multiculturalista como el espacio de la diversidad, son consecuencia de una “tolerancia” que, a la vez, intimida y coarta las libertades de los sistemas democráticos occidentales.

*Investigador y profesor visitante en el Lateinamerika–Institut, de la Freie Universität Berlin
                Twitter: JLValdesUgalde

lunes, 9 de marzo de 2015

El futuro de la política de Estados Unidos (II y último)

José Luis Valdés Ugalde 08/03/2015

Decía en la anterior entrega que en Estados Unidos se vive una lucha de poder en cuyo proceso se ha producido una seria crisis ideológica al interior del sistema político, en particular dentro del Partido Republicano (PR), que se juega su futuro frente a este tsunami ideológico; esto ha impactado negativamente en el curso de decisiones de Obama, tanto al nivel de la política interna, como en la arena de decisiones de la política exterior y en los avances de EU hacia una prevención efectiva de lo que considero una relativa, aunque gradual pérdida de poder a nivel global.

En este contexto vendrán las elecciones primarias. En el que será un largo preámbulo electoral, EU confronta una transición crítica entre las tensiones del pasado y una idea avanzada de futuro que, incluso, la pueden hacer fracasar desde la polarización pronunciada que se ha generado. La propuesta avanzada plantea que EU le tome el pulso a asuntos internos, como el de la reforma política y el sistema de salud, y al entorno global desde una posición menos determinísticamente hegemónica y sin mesianismos agonizantes. Pero sí desde una posición más realista y correspondiente con los nuevos tiempos del sistema internacional, que han ubicado a Washington en una posición de agudo, pero real y potencial declive, lo que afecta su potencial actuación como actor solitario y vigilante del sistema global en el nuevo siglo. Es decir, se trataría de que Washington renuncie al papel característicamente unipolar que lo distinguió desde la Guerra Fría.

Ante la posibilidad de que el PR opte por un candidato del establishment republicano como Jeb Bush, en el Partido Demócrata (PD) se ve como casi un hecho la candidatura de Hillary Clinton (candidata también del establishment demócrata). Esto podría convertir la contienda en un enfrentamiento, de nueva cuenta, entre un Clinton y un Bush, hecho que daría muy poca originalidad al proceso que carecería de las ideas que revitalizarían el debate que urge, al que muchos consideran como caduco sistema político. Se necesita un proceso competitivo, que alerte a los partidos tradicionales acerca de los graves pendientes. En el PD tendríamos a Elizabeth Warren, la más seria contendiente después de Clinton, y entre quienes una alianza sería una muy interesante novedad para sectores de votantes que nuevamente descreen de la política. También están Bernie Sanders, quien forzaría el debate sobre temas económicos, o Jim Webb, quien podría profundizar en el debate sobre la guerra y la paz. En la lista de posibles contendientes están dos exgobernadores influyentes: Martin O’ Malley, de Maryland, y Deval Patrick, de Massachusetts. Por otro lado, se está en espera de la decisión que el vicepresidente Joe Biden tome, la cual es muy probable que sea en el sentido de abstenerse de participar. A estas alturas no importa tanto quién desafíe a Clinton. Lo trascendental será que los demócratas entiendan la importancia que tendrán el desafío y los debates a fin de profundizar en ideas renovadoras que den al PD una verdadera base argumental y popular para retener la Casa Blanca y producir una nueva infraestructura electoral en estados como Iowa, las Carolinas y Texas (este último podría volverse azul si se convence a sectores de latinos y negros predominantes en el estado). Pero también que el Comité Nacional del PD entienda que debe fijar una agenda de debates que el PR ya tiene, así como promover la competencia a su interior.

Mucho tendrán que ver en esto las decisiones de Obama en los próximos meses. Más importante será, sin embargo, que los votantes puedan ver que hay una alternativa a la polarización y que las políticas de Obama (muchas de ellas fracasadas, pero deseadas) pueden tener una alternativa de sana continuidad frente a la ofensiva que representan las posiciones perniciosas del PR (el partido del “no”). Para que este resultado óptimo pueda obtenerse, habría que esperar, primero, que la señora Clinton anunciara sus intenciones y terminara así con el impasse y, segundo, como favorita que es, que establezca una comunicación inmediata con los contendientes mencionados, especialmente con Warren, a fin de lograr acuerdos políticos de trascendencia,  que incluyan unir al partido vía la participación plural y eventual alianza para definir la fórmula (¿Clinton-Warren?). Lo opuesto sería más de lo mismo y desperdiciar el capital político que ha supuesto la elección histórica de Obama.
*Investigador y profesor visitante en el Lateinamerika–Institut, de la Freie Universität Berlin

miércoles, 25 de febrero de 2015

¿El futuro de la política en EU? (I)

José Luis Valdés Ugalde 22/02/2015


A la memoria de mi amado padre, hombre honorable y valiente.

En 2015 y 2016, el proceso político estadunidense estará viviendo, si no es que ya la vive, una intensa etapa de campaña presidencial que será ruda y agitada. Antes de noviembre de 2016 veremos a un Ejecutivo empeñado en afianzar sus reformas y a un Congreso enconado, más por el odio siempre irracional en contra del presidente Obama y su proyecto político (en agonía, pero en mi opinión muy reivindicable), que de una voluntad estratégica por favorecer los intereses fundamentales de la ciudadanía estadunidense. Se trata de un Congreso dominado por la peor versión del Partido Republicano (PR). Circunstancia que nos permite recordar las ideas de Gore Vidal a fin de lograr capturar vívidamente el estado en que se encuentra (o se mantiene este partido): Vidal decía que el PR no era un partido, sino un estado de ánimo, como la Juventud Hitleriana, basada en el odio. El PR y su cúpula cedieron a la presión del Tea Party (o no la pudieron o quisieron contrarrestar) y esta facción lo atrapó en los momentos más críticos de la vida pública estadunidense desde Nixon y Johnson. Se puso en evidencia su crisis programática e ideológica, y se convirtió así en un partido etéreo cuya tendencia a extender su propia degradación al seno del atribulado espectro político estadunidense, en aras de quitar espacios a Obama, ha resultado incontenible, destructiva, casi perversa. Ha sido también un factor que suma al desprestigio de la imagen de EU en el mundo.

El PR y muchos de sus padrinos multimillonarios, como los hermanos David y Charles Koch, tercera fortuna estadunidense, quienes le han invertido más de 190 millones de dólares al PR y al Tea Party, están ensimismados y, en medio de su perturbación ideológica polarizante, han contribuido intensamente a la ceguera dogmática de esta inolvidable y arcaica derecha republicana que no acaba de perdonar que un presidente negro quiera poner en orden la política doméstica e internacional estadunidense. Se trata de una élite empeñada en enturbiar y degradar la acción política y la misión democrática fundamental que los padres fundadores encomendaron a la clase política estadunidense. Y nos quieren rematar, ahora que la dinastía Bush, sin empacho, dada la criticada herencia de George W., uno de los peores presidentes de EU, ya emplazan a su delfín Jeb, exgobernador de Florida, a quien la cúpula del PR, dominada por ésta y otras familias políticas de influencia, le empieza a abrir el camino. Esto ocurre al tiempo que se proponen eliminar potenciales contrincantes; por lo pronto, ya apartaron de la cancha a Mitt Romney, quien espantado ante el aviso de Jeb de competir, nos ahorró en las primarias venideras de los desvaríos delirantes de su narrativa política, propios de la profunda ignorancia que lo distingue. Es muy probable que esto ocurra también con otros contrincantes serios como Ryan, Paul, Rubio y Christie.

Como lo hemos comentado en este espacio, EU se encuentra en una crisis de credibilidad interna y externa que sorprendentemente no se asuma de la debida forma por la autocrítica de la clase política estadunidense. Es una crisis política y constitucional. Sorprenden especialmente las muy posibles violaciones a la XV enmienda, secciones 1 y 2 de la Constitución, cometidas por gobernadores y alcaldes en bastiones republicanos, quienes habrán negado muy probablemente el derecho al voto a las minorías, principalmente a la negra, por la vía de la redistritación de las demarcaciones electorales que podrían favorecer los intereses de los demócratas.

En este escenario, la posible candidatura demócrata se nos ofrece como una de las sorpresas más interesantes de esta contienda toda vez que ésta podría quedar decidida entre dos mujeres, Hillary Clinton, miembro muy conocido del establishment demócrata y candidata favorita por sus bases hasta ahora, y por la popular senadora Elizabeth Warren, quien ocupa el escaño heredado por Ted Kennedy, en Massachusets, y quien representa a la izquierda más comprometida del Partido Demócrata, pero quien también se ha negado persistentemente a ser candidata presidencial. Sobre éstos y otros pormenores del proceso político en EU nos concentraremos en próximas entregas.

*Investigador y profesor visitante en el Lateinamerika–Institut, de la Freie Universität Berlin

lunes, 9 de febrero de 2015

Extravío (III)

José Luis Valdés Ugalde 08/02/2015

 Unlimited tolerance must lead to the disappearance of tolerance.
 Karl Popper

Occidente frente al islamismo extremista y viceversa. La obsesión de cada cual con su opuesto ha llevado al límite las tensiones en la región, pero también ha contaminado el debate político y la seguridad internacional. En las capitales europeas se teme lo peor al tiempo que se rastrea al cada vez mayor número de ciudadanos de Occidente que se han afiliado al yihadismo del Estado Islámico (EI). El Reino Unido, Francia y España encabezan la lista y algunos como Alemania y Holanda los siguen peligrosamente. La estrategia de paz ensombrece frente a los desplantes de violencia terrorista. La narrativa de las partes ha adquirido un tono críticamente bélico. Después del asesinato de los editores, caricaturistas y empleados de la revista satírica Charlie Hebdo en París, el EI ha reiterado la fatwa que obliga a la ablación a más de un millón de mujeres en Mosul, territorio iraquí controlado por los extremistas. Quien no la obedezca será ejecutado. El colmo ha sido el sanguinario asesinato del piloto jordano Muaz Kasasbeh, quien fue quemado vivo por esta organización a principios de enero, incluso en tiempos en que Jordania se encontraba negociando con el EI el intercambio de prisioneros. Jordania ha declarado que su respuesta sería “terrible” y ya ha redoblado junto a los europeos sus esfuerzos en la alianza con EU para derrotar al terrorismo.

No se recuerda, ni siquiera en los momentos estelares del radicalismo armado del maoísmo en varios puntos de las Américas y en el sudeste asiático, entre otros sitios significativos, acciones maximalistas de la brutal magnitud a la que lamentablemente ya nos están acostumbrando los extremistas islámicos. Incluso en aquel entonces, existía algún punto de partida racional que explicara el conflicto y, eventualmente, la negociación para terminarlo. Con el EI y Al-Qaeda (AQ) esto no es ni será posible. En su oscuro confort ideológico plagado de interpretaciones excéntricas del Corán y de los supuestos designios del profeta Mohamed, que tanto desastre han causado al mundo musulmán moderado de Europa, para el EI y AQ la paz no es ni pensable ni viable ni deseable. Al contrario. Se trata de ejercer el radicalismo terrorista hasta que reviente la cuerda de la tolerancia en todas partes y así, entonces, poder justificar su existencia y declararse víctimas del ogro occidental. Ya lo advirtió Timothy Garton Ash en su llamado a no ceder ante la amenaza contra la libertad de expresión al día siguiente de los ataques de enero en París, y reiterado en su texto, Defying the Assassin’s Veto, publicado en el número más reciente de The New York Review of Books. Es imposible no convenir con Ash en su argumento fundamental: el mundo del libre pensamiento, del pensamiento crítico, no se puede permitir que la intimidación violenta en contra de la libre expresión gane la batalla. Se trata de un chantaje inadmisible, aun cuando esto implique serios riesgos. Ciertamente es una opción difícil de asumir y en algunos casos resulta dolorosa.

En México se conocen los riesgos y las consecuencias de investigar y publicar acerca de esa violencia alarmantemente similar a la del terrorismo que representa el crimen organizado. También se conoció esto en España, en el RU e Irlanda del Norte, en Italia y Alemania cuando sus expresiones terroristas aniquilaron a miles de inocentes en el nombre de una causa ideológica. No obstante, aquellos conflictos de raíces locales fueron eventualmente resueltos por la vía de la negociación política. El extremismo del yihadismo, tanto en su vertiente local como externa, no da margen para el arreglo descrito. Esto obliga a Europa a replantear su muy fallida política de cohesión social, más en concreto, me refiero a los graves desaciertos cometidos en el proceso de integrar a la comunidad musulmana por parte de GB, Francia y España, principalmente. Por cierto, países de Europa en donde han ocurrido los atentados más dolorosos por parte del extremismo islámico. La lección: los aliados occidentales podrán legítimamente redoblar las medidas que garanticen la seguridad de sus sociedades; no obstante, políticas de seguritización sin políticas efectivas hacia la integración de la población musulmana en sus países serán inefectivas en el corto plazo, que es del que realmente se dispone a estas alturas. De otra forma el extravío de estos dos mundos podría llegar a ser irremediable y realmente virulento.

*Investigador y profesor visitante en el Lateinamerika–Institut, de la Freie Universität Berlin

domingo, 25 de enero de 2015

Extravío (II)

José Luis Valdés Ugalde 25/01/2015

¿Quién tiene más derechos, la prometida pureza del islam moderno, que a la vez se ha desvinculado de su esencia al tiempo que ha puesto en entredicho in situ  los valores ilustrados que le dan sentido a la cultura occidental, o esta última? ¿Cuál de los dos niega la política? ¿Cuál de los dos da vida e impulsa los derroteros de la modernidad? Tanto uno como el otro pretenden alcanzar el universalismo, uno fuera del contexto cultural que le dio su original sentido de pertenencia (el islam) y el otro en el contexto mismo de Occidente en donde la génesis de la Ilustración tiene lugar. Ya por su dogmatismo religioso como por la forma de practicar el Corán en una gran parte de casos, tanto en Europa como en sus territorios originarios, el Islam apela al pasado más que al presente o futuro. En Occidente, las tradiciones que hereda la Ilustración a la vida pública son, en su mayor parte, expresiones que buscan seguir con las transformaciones tecnológicas y políticas del tiempo presente. Son la excepción a esto instituciones políticas como el Frente Nacional francés o el Pegida alemán, entre otros, cuyos ejes programáticos condenan la diversidad, la pluralidad y la tolerancia: son totalitarios; como también en gran medida lo es el extremismo islámico, que recurre a las armas y al terrorismo para hacerse oír. Aquellos son islamofóbicos, racistas, excluyentes y, en mucho, autoritarios e intolerantes y con características fascistas, al igual que lo son el Estado Islámico y Al-Qaeda (EI y AQ).  Y todo esto está también contra los valores esenciales de la democracia republicana. Por lo demás, los movimientos islámicos en Europa o EU no están partidizados, mientras que los primeros sí. Desde el 9/11 estamos enfrascados en esta discusión que, en mi opinión, va más allá del choque de civilizaciones que anunció Huntington en el libro con igual título. No se diga desde los atentados del 7 de enero (7/01) en París, que significan el agravio más reciente contra la modernidad democrática por parte del islamismo radicalizado. Sin querer agotar el debate aquí, lo que está en el fondo del perol argumental es que en la actualidad la mayor fuerza de la tradición democrática en aquellos países que han sufrido ataques de este tipo, es que los credos en conflicto, los intereses y las maneras de ver el mundo, se pueden resolver a través de la negociación, mientras que lo único que no está a negociación es el uso de la violencia para dirimir diferencias. Y el islam fue incluido en este gran contexto como uno más de esos credos.

Grandes matices rodean el debate después del 7/01. No obstante, es precisamente el anterior argumento el que no acaba de quedar claro para la mayoría de ciudadanos islámicos (más o menos secularizados) en Occidente. Pero tampoco acaba de quedar claro para la clase política occidental hasta dónde la tolerancia que enmarca el multiculturalismo, cuya cuna ha sido precisamente Occidente, tiene verdaderos alcances frente a la sádica violencia que el yihadismo, en nombre del islam, ha provocado en el mundo entero. Ciertamente, la integración social (poco exitosa en Francia y en el RU), el respeto a la diversidad racial y cultural, valores nodales del multiculturalismo, deben  darse en el marco de la
reciprocidad. De esto dependerá que en Europa y otras partes del mundo, actores musulmanes y no musulmanes puedan alcanzar una convivencia civilizada. De otra forma estos valores se quedarán sin viabilidad, y expuestos a la verborrea demagógica y beligerante de diversos sectores sociales y políticos europeos. Históricamente ha sido la extrema derecha la que se ha opuesto a la tolerancia, abogando por el exterminio de cualquier señal o signo que amenace la “identidad occidental”. Ya la izquierda y el centro político empiezan a rasgar los velos de la corrección política para pronunciarse en forma crítica, aunque aún juiciosa, y cuestionar los verdaderos alcances que el multiculturalismo tendrá y si sobrevivirá en el marco de la guerra emprendida por el EI y AQ.

Los hermanos Kuachi, Amédy Coulibaly y todos los yihadistas detrás del 9/11 (EU), del 3/04 (España), o del 5/05 (Londres) sabían lo que hacían y ya lo lograron: llevar a su límite vital el derecho a la cultura de la tolerancia frente a su intolerancia y su violencia asesina.
              
*Investigador y profesor visitante en el Lateinamerika–Institut, de la Freie Universität Berlin

 Twitter: @JLValdesUgalde

miércoles, 14 de enero de 2015

Extravío (I)

José Luis Valdés Ugalde 11/01/2015

Hay una mutación mortal en el corazón del Islam.
                Salman Rushdie

Recientemente Manuel Vicent escribía en el El País “que la cultura moderna consiste en que las agujas magnéticas de todas las brújulas se han vuelto locas y señalan en todas las direcciones al gusto de cualquier explorador, que se haya extraviado en la propia niebla. (...) Ya no existen agujas que indiquen el Norte, ni maestros que marquen con el dedo una enseñanza ni revolucionarios que guíen con el brazo de bronce nuestro destino”. En 1988, viviendo en Londres, atestigüé momentos cruciales para la cultura y la política occidentales. Dos que me marcaron: la fatwa de muerte emitida por el Ayatolah Khomeini contra Salman Rushdie por la publicación de Los versos satánicos; y la hospitalización de Pinochet en un hospital cercano a mi casa, así como la protesta tumultuosa de una masa que creció hasta su posterior confinamiento temporal en una casa de seguridad, a solicitud del juez Baltasar Garzón.

Pinochet ha muerto sin pena ni gloria, pero Rushdie sigue escribiendo en algún lugar del Reino Unido, vigilado por agentes de los servicios secretos británicos. Rushdie figura en la lista de los más buscados en Occidente por el extremismo islámico, en concreto por Al Qaeda (AQ), como el número dos, después de Stéphane Charbonnier, el editor masacrado el 7 de enero en París por dos gatilleros que presumiblemente reivindicaron con esto al profeta Mahoma, y que, además, asesinaron a 11 más, hiriendo a otros 11 que se encontraban en las instalaciones de la revista satírica, Charlie Hebdo, que dirigía Charbonnier.

El 7 de enero no se olvidará. Una nueva forma de totalitarismo religioso emerge, se mantiene y quiere tiranizar por medio de la violencia y las balas. Y este es el peor y más incontenible de todos de los que hemos tenido noticia: usa el terror como instrumento en contra de la ciudadanía, del arte, de la política, de la cultura en el nombre de una verdad única y excluyente. Busca arrinconarnos en la oscuridad y arrasar con los valores democráticos más esenciales. Y esto ocurre en el seno mismo del espacio físico, social y político que dio vida a la ilustración y a los principios fundacionales de la democracia occidental. La que también acogió en el siglo pasado y en el actual a la diáspora musulmana. La versión extrema del Islam, el yihadismo racista y fascista del Estado Islámico, AQ, grupos convergentes dentro y fuera de Occidente, así como todo lo que se solidarice o simpatice con ellos, se han convertido en el peor enemigo del Islam y son los principales enemigos de su preservación en el marco de una convivencia tolerante y civilizada.

Estos factotums de terror organizado y cobarde son enemigos del progreso civilizatorio, cuya vocación esencial es el laicismo, la libertad de la palabra, de la creencia, de la escritura y de toda manifestación estética que por definición gozan de la libertad universal. Charlie Hebdo satirizaba lo que encontraba que era digno de exponer. Se especializó en religiones. Más en concreto, se burlaba del extremismo islámico del que precisamente fue víctima. Sus portadas lo dicen todo. Los gatilleros de París fueron bien entrenados por AQ, presumiblemente en Yemen, y lejos de matar con balas sus contenidos, han inmortalizado el mensaje del semanario; mayor estupidez y ceguera sólo es posible en el territorio de los extremismos, todos ellos desfasados de la historia. Este atentado del fundamentalismo islámico en París no sólo nos expone a todos, sino que nos vuelve también sus víctimas. El silencio que se parapetó detrás de las amenazas al semanario y de este acto de “terrorismo de ida y vuelta”, como lo llama Garzón, es el mismo que se ha guardado por mucho tiempo frente al crimen organizado (CO) transnacional del que somos también víctimas los mexicanos y ante el cual han habido silencios, complicidades y graves omisiones. El CO, en tanto parte de una red globalizada de ejercicio mafioso de la violencia terrorista, es tan peligroso como el yihadismo, aunque se ejerza desde distintas fuentes: son actores y actos que atentan contra los cimientos esenciales de la vida en común de nuestra y de las generaciones futuras, a las que no les podemos heredar el extravío ni la imposición del secuestro a sus libertades como forma de vida.

*Investigador y profesor visitante en el Lateinamerika–Institut, de la Freie Universität Berlin

lunes, 29 de diciembre de 2014

2014-2015: entre el mundo de ayer y el que viene

José Luis Valdés Ugalde 28/12/2014

Son varios los temas del entorno global que nos ocuparon en 2014; y, en consecuencia, muchos los desafíos que confrontará el sistema internacional en 2015. Destacan tópicos emergentes que desafían la gobernabilidad global y eventos que provocaron una importante confrontación entre actores estatales y no estatales. En mi opinión, destacan tres de gran trascendencia, que afectan regional y mundialmente la política internacional: el radicalismo yihadista del Estado Islámico (EI), la violación de la legalidad internacional por parte de Vladimir Putin al invadir Crimea y aterrorizar a Ucrania, y el restablecimiento de relaciones diplomáticas entre Estados Unidos y Cuba después de 50 años de bloqueo de EU. Cada uno de estos momentos, a su manera, han movido constantemente el tablero estratégico en forma importante e impactado la política mundial y regional.

La emergencia del EI se debe básicamente a lo siguiente: después de la posguerra fría el sistema internacional no fue capaz de renovarse, los actores predominantes se dedicaron a prever sus propios escenarios como potencias en ascenso (China) o en declive. Por un lado, la clase política en EU, a partir de 2008 se dedicó a pelear las plazas con el afán de perjudicar a Obama y, por el otro, éste quiso hacer valer un proyecto de gobierno fracturado por los republicanos, aunque en forma reciente recuperado por la iniciativa ejecutiva del Presidente. La invasión a Irak en 2003 provocó una guerra fratricida, con un aproximado de un millón de bajas y un costo total para la economía de EU de tres a cinco billones de dólares. Además, le abrió un espacio a Al-Qaeda para operar. Aquí fue donde nació el EI como una escisión de aquélla, a grado tal que hoy se ha convertido en la amenaza más bestial a la seguridad internacional.

Desde las crisis provocadas por Stalin, Hitler o George W. Bush, no se había visto una violación al derecho internacional por un actor formal como la que Putin comete al apropiarse de Crimea a través de un referéndum patito y al armar a los separatistas pro rusos del este de Ucrania, provocando enfrentamientos que amenazan la seguridad de sus vecinos de la UE y los países bálticos. Putin no tiene interés en aprender que el ejercicio del poder está íntimamente vinculado con el respeto a la legalidad. Su propósito es parte de un delirio: recuperar los territorios soviéticos para restaurar lo que él considera como la peor catástrofe sufrida por Rusia en siglos: su desintegración como resultado del fin de la Guerra Fría. Con su narrativa nacionalista patriótica pretende volver al pasado, lo cual ya ha convertido hoy a Moscú en un pasivo para el sistema global.

En un anuncio tan inesperado como muy planeado por Washington y La Habana, nos enteramos de que ambos decidieron ofrecernos un regalo navideño y restaurar relaciones diplomáticas. Esto significa mucho más de lo que EU pudo haber hecho en su política latinoamericana en los últimos diez años. Significa el regreso a una muy demandada recuperación de la civilidad rota entre vecinos americanos. También significa el principio de una nueva correlación de fuerzas en el continente y el fin obligatorio de la narrativa antiyankee y antiimperialista de los sectores radicalizados de la izquierda procastrista, que hoy tiene menos futuro que nunca. Es obligado pensar que, al margen de los grandes beneficios económicos y políticos que habrá para Castro, las fuerzas armadas y parte del pueblo cubano, el hecho modifique la geopolítica de Guerra Fría que domina mente y política tanto de actores formales como de movimientos políticos que miran hacia el pasado y no el futuro. Las declaraciones muy solícitas de un satélite cubano, Venezuela, son más que demostrativas de esto. También lo son las hechas desde la Bolivia y Argentina, muy afectos a la demagogia catastrofista cuando de EU se trata. Obama ha hecho un gran servicio a la humanidad y a la causa de la modernización democrática del continente. Aparte de que se erige como el primer presidente renovador de una política anquilosada desde la Casa Blanca, se nos brinda una nueva pista de aterrizaje en donde la política se convierta en el instrumento de la resolución de controversias para dejar atrás la retórica retrasada de una izquierda latinoamericana atada al chovinismo y la demagogia, simplemente por no tener una estrategia política coherente con los tiempos que vivimos. Esto no significa que la mentalidad de Guerra Fría o “de Gulag” (como lo demuestra Putin) se haya consumado como vaticinan algunos ilusos. ¡Feliz 2015 a los lectores!

                *Investigador y profesor de la UNAM
                Twitter: @JLValdesUgalde

lunes, 15 de diciembre de 2014

El peligro del putinismo

José Luis Valdés Ugalde 14/12/2014

Así se titula una serie temática de artículos publicado en el antepenúltimo número de World Politics (WP Septiembre-Octubre de 2014). En coincidencia con esto, la última y antepenúltima edición de The New York Review of Books, dedican un amplio artículo de George Soros (“Wake Up, Europe”) acerca de la nueva lógica geopolítica que Vladimir Putin intenta orquestar en las inmediaciones de la frontera de la Federación Rusa, empezando con Crimea y luego con Ucrania y el peligro que, según él, esto supone para la UE. Asimismo, tanto en el NYRB, como en el último número de Foreign Affairs, se dedican al tema sendas reseñas a propósito del más reciente libro sobre el putinismo, intitulado, Putin’s Kleptocracy: Who owns Russia?, escrito por Karen Dawisha. En este libro se describe cómo ha sido que Putin, rodeado por una camarilla de políticos y nuevos empresarios, se han apoderado del Kremlin para reorganizar lo que denominan en ese centro de poder como un Imperio Euroasiático, que hoy incluye una unión aduanera, una unión económica y recientemente una Unión Euroasiática.

Ocurre ahora con Rusia lo que desde mediados de los 90 Yegor Gaidar, el arquitecto de las reformas de mercado en ese país, había advertido: “una unión entre la mafia y la corrupción burocrática puede crear un monstruo que no tiene equivalente en la historia de Rusia —un Estado mafioso todopoderoso, un verdadero pulpo”. Por su parte, Dawisha, relata hechos que podrían confirmar los temores de Gaidar. Su tesis principal es que el avance al poder de Putin no fue accidental, sino parte de un plan de grupo y un método predeterminado sobre los que comanda Putin. Se trata de “un grupo que no ‘se perdió’ en el camino democrático; nunca tomó ese camino”.  ¿Cómo se ejerció el control? Nos dice Dawisha: “transformando una oligarquía independiente del Estado y más poderosa que éste, en una estructura en la cual los oligarcas se han servido a placer con la complicidad de los funcionarios del Estado, quienes han ganado y ejercido control económico... tanto para el Estado como para ellos mismos”. El resultado: 110 individuos controlan el 35% de la riqueza rusa, de acuerdo con Dawisha. La autora describe cómo se gestó la fusión entre la policía secreta (no olvidar que Putin fue agente de la KGB en Dressden cuando la caída del Muro), la mafia y los oligarcas con tentáculos que abarcan casi cada aspecto de la vida en Rusia e incluso más allá de ésta. Nada que agregar, desde luego, de los controles absolutos que ejerce el Estado sobre los medios de comunicación, en especial de la televisión.

Putin es un hombre del pasado, deliberada, ideológica y funcionalmente. Considera inaceptable e injusta la disolución de la URSS y quiere “sus” antiguos territorios de regreso. Quiere volver al pasado en tiempos presentes en que la Guerra Fría terminó. Su intención y conveniencia es revivirla para tener campo fértil de acción en sus pretensiones por controlar la región y de pasada mortificar al resto de Europa (al grado de que Merkel ya no habla con él oficialmente). De aquí su belicosidad que lo ha llevado a confrontarse con Europa y EU. Al tiempo que sus ímpetus autoritarios se afianzaron.

El Estado ruso está compuesto por billonarios autócratas (World Affairs destaca el peligro al que está expuesto Putin dada su fortuna estimada en 40 billones de dólares y guardada en bancos de Suiza), una mafia fortalecida, un régimen policiaco y un gobierno personalista y autoritario que alucina con una nueva era de Guerra Fría y de nacionalismo patriótico. Lo cierto es que las políticas de Putin, desde la anexión de Crimea, han tendido a un mayor aislacionismo.

Las sanciones castigan los intereses económicos no de Rusia, sino de los rusos, toda vez que Putin ha ordenado al Banco Central inyectar millones de rublos para rescatar los sectores castigados por las sanciones de Occidente, que en realidad son los socios empresariales que ha reclutado con prebendas.
Lo cierto es que a pesar de la crisis de credibilidad de Putin, la sociedad rusa sigue poniendo sus esperanzas en el resurgimiento imperial ruso. A la luz de esto, cabe esperar que Putin continúe impunemente en el poder por un no muy largo plazo. No obstante, puede ocurrir antes que la jugada estratégica de Putin haya ya puesto a Rusia, a los rusos y a él mismo en una posición de zugzwang, que es un término del ajedrez que denota una condición en la cual el rey debe moverse, pero no se puede porque cualquier movimiento resultaría en jaque mate.

*Investigador y profesor visitante en el Lateinamerika–Institut, de la Freie Universität Berlin
Twitter: @JLValdesUgalde

viernes, 5 de diciembre de 2014

El derecho a los talentos

José Luis Valdés Ugalde 30/11/2014
 
A la memoria de doña Elena Fuentes de
Gómez Morin,
mujer ejemplar y entrañable

La fuga de cerebros puede ocurrir tanto cuando individuos que estudian en el exterior y terminan su educación no regresan a su país o cuando éstos son educados en su país y emigran en busca de mejores oportunidades. La segunda forma es la peor porque consume más recursos del país de origen, toda vez que los emigrados gozaron de la infraestructura institucional que proveen las universidades y otras instancias del Estado.
En la actualidad trabajadores calificados y profesionales son vistos desde una perspectiva distinta: muchos países desarrollados (EU y la UE los primeros) los aceptan con condiciones mínimas y algunos países incluso los atraen y convocan, ofreciéndoles oportunidades y condiciones atractivas que no encuentran en su propio país. Así, la inversión nacional en educación superior se pierde cuando un individuo calificado y preparado abandona su país sin regresar. La fuga de cerebros es ciertamente más problemática para naciones en desarrollo,  donde el fenómeno es extendido. En estos países la educación superior y la certificación profesional son vistas como el camino más seguro para escapar de una economía en problemas o una situación política difícil.

De acuerdo al reporte del Banco Mundial en la materia, “International Migration, Remittances and the Brain Drain”, la fuga de cerebros (brain drain) es masiva en países pequeños y pobres, mientras que en países más grandes y poblados la tendencia es mucho menor. La contraparte de la fuga de cerebros es la recuperación o repatriación de cerebros (brain gain), que ocurre en las áreas a donde migrantes talentosos van. EU es un ejemplo de país “brain gain”. De acuerdo con el Departamento de Asuntos Económicos y Sociales de la ONU, EU es el país que recibe el mayor número de inmigrantes en la materia: aproximadamente, 35,000 o más por año, lo cual representa arriba del 12% de la población total.

Los mexicanos están dejando México. Muchos más que antes se van. Y muy probablemente los emigrados nunca regresen. Pero ahora ya no son sólo nuestros albañiles, plomeros, electricistas y desempleados. Sectores de la clase media preparada y calificada se ha ido, se quiere ir, o de plano ya se fue. De entre éstos hay un número aún indefinido de académicos y científicos jóvenes y no tan jóvenes. Los números son tan inciertos como las agujas en un pajar. No podemos afirmar con absoluta precisión, ni cuántos se han ido, ni cuáles son sus disciplinas profesionales que los han llevado a EU, Europa, Australia, Nueva Zelanda, China o Japón. Urge el diagnóstico y el censo. Se trata de un problema de Estado que tiene que afrontarse con toda prontitud, profundidad, responsabilidad y amplitud, a fin de realizar un diagnóstico completo.

Si México quiere internacionalizarse, debe hacerlo quintuplicando los esfuerzos para recuperar a nuestros talentos mexicanos en el exterior y prepararse para bien venirlos; o bien, incorporarlos a las redes que ya existen, que es ciertamente ya un esfuerzo encomiable de la actual administración del Conacyt. De otra forma el drenado provocará vacíos muy graves que nos seguirán imponiendo una crítica realidad, respecto de la cual Juan Ramón de la Fuente se ha pronunciado recientemente: México no es parte de la sociedad del conocimiento. Está fuera de ella. Y el costo será cada vez más grave si nos quedamos estacionados en tan desventajosa posición. En este siglo más de un millón de mexicanos altamente calificados residen en el extranjero. México ocupa el cuarto lugar, dentro de los países de la OECD, con mayor fuga o expulsión de cerebros.

¿Qué hacer? Seguir los pasos de la UE, EU, Brasil, India, China y Corea del Sur. El caso chino e indio son por demás notables ya que logran recuperar la experiencia, por ejemplo, de ingenieros enviados al extranjero y lograr atraerlos nuevamente a sus países de origen. A este caso se le conoce como “Chindia”. Ambos países tienen cerca de 3.5% de sus graduados viviendo en el exterior y los recuperan casi al 100%. Esta es una situación similar en Brasil, Indonesia y Rusia que también reportan un positivo plan de retorno. México tiene que hacer movimientos similares y programar una hoja de ruta proactiva para llenar los vacíos dejados y asegurar así la senda de la sostenibilidad científica, tecnológica y productiva. Es un derecho soberano sobre el que debemos debatir con urgencia.

                *Investigador y profesor de la UNAM
                Twitter: @JLValdesUgalde

lunes, 17 de noviembre de 2014

El fin del muro y el reestreno de la nación

José Luis Valdés Ugalde 16/11/2014

Now what belongs together will grow together.
                Willy Brandt

Escribo aún con la experiencia fresca de las vívidas celebraciones por el 25 aniversario de la caída del Muro de Berlín. La partición de Berlín y de Alemania fue un hecho de enormes consecuencias: partió en dos a una ciudad, a un país, a un continente y al mundo entero provocando vaivenes sumamente peligrosos para la paz y la estabilidad internacionales mientras duró, lo que el catedrático irlandés de la LSE, Fred Halliday, denominó como “guerra caliente” por Guerra Fría, como comúnmente se conoció al periodo entre 1945 y 1989 en que prevaleció la bipolaridad. En noviembre de 1989 esta ciudad y este país vivió en carne propia una de las más notables y originales experiencias transformadoras que las transiciones a la democracia pueden ofrecer. La celebración del cuarto de siglo del fin del muro representa aún hoy, para la gran mayoría de alemanes, el reestreno de la nación y para todos nosotros la demostración de que ésta fue indiscutiblemente una transición a la democracia exitosa que recuperó el sentido de unidad que años antes atrofió el fascismo; al tiempo que sepultó al nazismo en lo más hondo del piso que hoy caminan sus ciudadanos en la apacible capital alemana. Antes, pero más después de la construcción del adefesio de concreto y acero, que aún podemos recorrer en algunas de sus partes, se vivió y sufrió la separación real y objetiva de familias, parejas y amigos, que dejaron de verse por más de dos décadas. La sociedad civil, que no era reconocida por el socialismo real como tal, como no lo era tampoco la democracia representativa, se impuso a la STASI y al resto del aparato represivo de la RDA. La Ostpolitik que buscó el acercamiento con Alemania del Este y que fue ideada por Willy Brandt, finalmente tuvo éxito y con ella la transformación de Alemania y el mundo.

Para lograr una transición democrática efectiva, Alemania se valió de la base estatal existente en la RFA, así como del modelo económico que hoy ha transformado a este país en una de las cinco potencias globales y la primera de Europa. En efecto, la caída del socialismo real fue un triunfo de una estrategia, fundamentalmente encauzada por Brandt y que causó una gran polémica entre la derecha y la izquierda del influyente Partido Socialdemócrata Alemán; pero que en su concreción demostró ser históricamente correcta y políticamente efectiva, a grado tal que encontró en Mikhail Gorbachev, último líder de la URSS (por cierto, aclamado calurosamente el pasado 9 de noviembre aquí en Berlín) a un aliado estratégico para la transición alemana. También demostró que el sistema de Estado prevaleciente en la zona occidental de Alemania era lo suficientemente fuerte como para resistir y encarnar esta transformación hacia la democracia plena, dejando detrás el Estado represivo heredado por el estalinismo. Toda una lección para la transición mexicana (hoy con un Estado en el ocaso) que no deja de dar pasos para atrás.

En este sentido, la dolorosa separación y después la jubilosa y generalizada celebración por la unificación en 1989, así como su rememoración en su 25 aniversario, significan dos cosas fundamentales: que las nuevas generaciones de alemanes se encaminan hacia la culminación del trauma que ocasionó primero el terror nazi y luego, el totalitarismo estalinista. De tal forma que en este movimiento los alemanes se han ido deshaciendo, a la vez, del nazismo heredado como parte de un acontecimiento con una grave carga de culpa colectiva incluida, así como de la tiranía soviética que tanto daño y opresión causó a Europa, principalmente. El proceso alemán es ciertamente un caso paradigmático de cómo pavimentar lo mejor posible el camino hacia la transición política. Los pendientes de Alemania en varios temas aún son muchos, pero lo que no se puede negar es cuánta felicidad puede causarle a la gente el éxito de la política, entendida ésta como el espacio al que la opinión pública pertenece para valerse de ella a fin de garantizar sus derechos y deberes democráticos. Esto es un valor agregado para la buena marcha de un sistema político, que con ello garantiza su funcionalidad y su consolidación.

*Investigador y profesor visitante en el Lateinamerika–Institut, de la Freie Universität Berlin
Twitter:@JLVAldesUgalde