miércoles, 1 de julio de 2015

La herida racial y bandera a la baja

José Luis Valdés Ugalde 28/06/2015

El último ataque racista en Estados Unidos, en Charleston, Carolina del Sur, en una de las iglesias negras más antiguas del sur, un símbolo en la lucha por la igualdad racial atacado en numerosas ocasiones en la historia, nos obliga a retomar preguntas que han aparecido con frecuencia en el debate de las ideas políticas y filosóficas.

Más aun, si atendemos a aquello que John Stuart Mill denominó como “la moralidad de la nación” entendida ésta como una expresión de la fusión entre el poder del Estado y el mandato ciudadano: o bien, la relación equilibrada que en democracia debe haber entre poder y legitimidad con el propósito de beneficiar el bien colectivo. Esta compleja condición democrática en sus versiones más acabadas plantea una pregunta: ¿nos permite, a la luz de éste y de otros eventos de igual importancia en otras latitudes nacionales, afirmar que moral y éticamente el ser humano ha mejorado?
¿Somos los seres humanos instintivamente racistas como especie y como una forma de preservar nuestra condición particular; y renegamos del diferente, pero no de la diferencia? ¿Es un componente de la naturaleza humana temer a lo ajeno, a la otredad? Si es así, la idea central de preservación que el darwinismo propuso en el estudio de la convivencia entre especies, ¿se puede aplicar a la especie humana? El supremacismo racista, los guerreros raciales, ¿son una excepción o representan una extensión de la conciencia WASP, que no siempre expresa con claridad su fobia, “su racismo latente”, como dijo Obama, frente a la otredad y que, normalmente, aparece en la forma de actos “espontáneos” que no lo son tanto? Creo que en la fórmula política enunciada en líneas anteriores se encuentra el único espacio de partida para plantear racionalmente la solución a una crisis moral que afecta tanto a EU como a otras geografías del mundo occidental y no occidental.

En los tiempos más críticos de la segregación racial estadunidense en el siglo pasado, se montó un sistema de apartheid tan cruel como el sudafricano y cuyo propósito era suplantar al de la esclavitud. En el nombre de éste actuó el asesino de Charleston, Dylan Roof. Este joven blanco, de apenas 21 años, declaró que tenía “que cumplir una misión”, ya que la población negra se estaba apoderando del mundo y además “era estúpida”. Roof se agrega a la lista de perpetradores de crímenes raciales en nombre de la superioridad de la raza. La cuestión es si con el tiempo, desde que ocurriera la Guerra de Secesión, se ha logrado eliminar o detener el racismo y cancelar para bien esa etapa oscura que sufrió EU. Dados los cada vez más frecuentes crímenes raciales, el dramático incremento de grupos que instigan el odio racial, las armas que gracias a la segunda enmienda constitucional se les permite a los estadunidenses con mayoría de edad portar; estamos ante un coctel explosivo de enorme peligro por la manera en que se generalizará. Creo que Estados Unidos no se ha curado aún del racismo. Lamentablemente, la llegada de Obama al poder ha proyectado en forma por demás explícita y megalómana el odio y racismo ocultos en sectores de la “América profunda”, en lugar de asumirlo como un hecho celebratorio y un preámbulo a la total modernidad política. Creo también que la sociedad, la clase política y la Suprema Corte harían bien en debatir pronto el tema y convertir en delito de cárcel cualquier llamado o insinuación, verbal o de hecho, que promueva el odio racial, tal y como hace poco lo hiciera Donald Trump y como lo sigue haciendo el sector ultraconservador de la derecha política estadunidense cuando se refiere a los mexicanos y latinos en EU. Para empezar, se tiene que suprimir la bandera confederada en Carolina del Sur, que lo único que despierta y provoca, aparte del insulto artero a la población negra, es la reaparición del pasado más oscuro de la historia estadunidense: la esclavitud y todas las infamias que heredó. La salida del racismo “instintivo”, así como lo fue la de la “personalidad totalitaria” que Adorno reseñó brillantemente en el libro del mismo nombre, se podrá producir sólo cuando se logre un arreglo institucional democrático que enmarque, legisle y acote las conductas y las “tradiciones” que, está visto, están provocando una guerra intestina cada vez más brutal en EU.

martes, 16 de junio de 2015

Venezuela dolorida

José Luis Valdés Ugalde 14/06/2015

Rulers are the slaves of their resources
Richelieu

Venezuela y los venezolanos han sido expuestos al trance de la descomposición. Este peligro no proviene de los pérfidos imperios español o gringo, que pretenderían descastar al inmaculado Nicolás Maduro; sino que proviene de adentro.

Hay dos hombres a la cabeza de este estropicio: Maduro y Diosdado Cabello. Uno, presidente rotundo por orden de Chávez, el otro, jefe absoluto del Congreso. Ambos, de facto, cabezas de playa del golpe autoritario ejecutado por el ininterrumpido control del chavismo. El deterioro: gradual aunque veloz y contundente. No veo una sana recuperación posible en el contexto del clima abiertamente intolerante que ha provocado el gobierno, que será todo lo que Maduro vocifere, menos de izquierda democrática. El venezolano es un régimen cerrado, populista y conservador, encerrado en la vieja retórica chovinista y caracterizado por una narrativa nacionalista banal y demagógica. Es un régimen reaccionario y cuasi totalitario.

El fracaso del chavismo es elocuente. Veamos. Venezuela vive la peor crisis de su historia reciente. Políticamente, ya lo dijimos, es persecutorio, acosa y apresa a quien se le opone. No respeta los derechos humanos de la ciudadanía. En lo económico es el país que menos ha crecido en América Latina, tiene la inflación más alta del mundo y un desabasto general de bienes que amenaza con hambrear a su gente y en consecuencia con una crisis social aún mayor. La pobreza estructural lo hace ser uno de los países más pobres del mundo; un venezolano muere cada 20 minutos debido a esto. El modelo económico chavista es, pues, a todas luces, un fracaso.

Hoy mismo, distinguidos políticos opositores a Maduro se encuentran presos, en aislamiento y algunos en huelga de hambre. Leopoldo López, líder de Voluntad Popular, es el más visible de todos, con más de 20 días en ayuno, se ha convertido en símbolo de la oposición: alrededor de 70 estudiantes y opositores en Venezuela y en el mundo entero (incluido el Vaticano y la ONU), están en huelga de hambre; se han convertido también en emblemas de la oposición al régimen. Hay que contar al exalcalde Daniel Ceballos, también preso y quien renunció hace días a su ayuno por riesgos mortales a su salud; hoy ha sido cambiado de prisión arbitrariamente. Antonio Ledezma, alcalde de Caracas y aliado del espíritu opositor de los anteriores políticos, que parece ser ya mayoría en Venezuela, fue sancionado con arresto domiciliario en febrero pasado bajo la acusación de golpismo. Estos casos serían el equivalente a que el gobierno de México encarcelara al jefe del GDF, Miguel Mancera, a Gustavo Madero, a Carlos Navarrete o a AMLO. El deterioro en Venezuela es un llamado de atención para todos. En nuestro discernimiento se perciben agobio y exasperación ciudadanas y cobardía oficial: tenemos, desde una ciudadanía dispuesta a usar todos los medios pacíficos para exigir sus derechos, hasta un Maduro que se acobarda para ver al Papa en plena crisis a sabiendas de que Bergoglio lo llamaría a cuentas y a un régimen que al exhibir su verdadero rostro intolerante recibe con vituperios al expresidente español Felipe González. La supuesta mezquindad de que se acusa a los “conspiradores” de adentro y de afuera no es más que la del propio liderazgo de Maduro que ha perdido toda la dignidad, honorabilidad y la gallardía que caracteriza al jefe de Estado: este puede ser ya el principio del fin político de un liderazgo caracterizado por su mediocridad y, eso, su mezquindad. Todo lo cual lo ha llevado a la autodestrucción.

La descomunal torpeza de Maduro, Cabello y su entorno han llevado a la sequía política, y a cancelar sus posibilidades de evitar la radicalización social, y la profundización de la crisis política, ante la cual han sido incompetentes. Los agravios contra estudiantes, periodistas y empresarios, así como el aprisionamiento generalizado de los opositores, son el gran lastre del chavismo. Las noticias desde Venezuela impactan ya en el ánimo internacional. La UE y EU han demostrado su desasosiego y reclamado por la violación a los derechos humanos. ¿Tendrá América Latina el arrojo de ponerse de pie y hacer el mismo reclamo al régimen chavista? La indolencia equivaldrá a acatar la sinrazón absolutista de un país hermano.

lunes, 8 de junio de 2015

El recurso del mono

José Luis Valdés Ugalde 31/05/2015 

Diríase “del insulto del mono” que es la parábola utilizada, sin cansancio, por la conciencia racista muy desde sus orígenes (desde Darwin), pero aún vigente en nuestros días.  


De acuerdo con Kant, en Von den verschiedenen Rassen der Menschen, “todos los hombres sobre la extensa superficie de la tierra pertenecen a una y la misma especie natural, puesto que todos sin excepción procrean entre sí niños fértiles, no obstante las enormes diferenciaciones que pudieran encontrarse en su aspecto” (la traducción es cortesía de Ana Tamarit).

Sabemos que llamar a alguien “mono” es racista, pero es poco comprendido porque la imaginación de los europeos (y posteriormente de Occidente) asocia al “mono” con los indígenas o los descendientes de africanos. La narrativa cultural occidental dimensionó a los monos como figuras ambiguas, anticivilizatorias, tramposas, jocosas (el paradigmático Bono). Esto ocurrió al lado de la creencia de los evolucionistas de que el hombre provenía de los grandes monos y de África. Es decir, se asumía que el pasado del hombre se vinculaba con el continente negro, muy a pesar de la posterior plasticidad fenotípica que alcanzó la evolución humana. En el siglo XVIII, la idea de Dios impactó la manera de pensar sobre las especies. Aunque se aceptaba la idea de su unidad, se creyó que Dios había creado especies humanas separadas; de tal forma que se concebía a la raza blanca como la más privilegiados (más cercana a los ángeles) y la de los negros africanos y aborígenes como la menos privilegiada (más cerca de los monos). Una forma de racismo moderno se impuso en adelante. Esto ocurre porque en la tradición argumental de Europa, que vincula al hombre con el mono, se afianza una conexión ulterior: la cercanía de los africanos con los monos. Del siglo XIX en adelante, tanto en Estados Unidos como en el resto de las Américas, se asumió que aquellos de origen no europeo eran más monos que humanos. Dicha “categoría” muy arbitraria, pero normal dados los tiempos, incluía a los esclavos africanos, a los indios nativos y posteriormente a los chinos y los mexicanos; al tiempo que justificó la esclavitud en las plantaciones y el colonialismo. Fue una vía eficiente, utilizada por los europeos para diferenciarse cultural y biológicamente, con el objetivo de demostrar sus credenciales como raza superior. Desde el nazismo, el “racismo científico” fue depositado en las manos de la extrema derecha y aunque con variantes importantes, los prejuicios raciales aún no se han erradicado hoy del consciente colectivo occidental, sobre todo, por el hecho de que aún no se ha penetrado el sistema educativo primario y secundario con una enseñanza a fondo de la historia del hombre. De otra forma no se explica por qué “el insulto del mono” no desaparece en Estados Unidos, u otros “insultos” raciales predominan en Occidente.

He sostenido que el racismo estadunidense se exacerbó en ese país desde que Obama llegó al poder. Su presidencia se ha acompañado del comienzo de una era post racista, pero no post racial, que ha desfigurado los términos de la relación política entre el Presidente y sus oponentes. Los Obama han sido objeto del insulto del mono referido durante el mandato entero. Todo racismo es la expresión de una actitud cultural (también de corrupción moral) que proviene de una deficiente cultura educativa y formativa. En México, en donde no se discute ni sanciona el racismo (como sí se hace en Estados Unidos), ha dominado un sentido de superioridad y de discriminación por parte de las élites en contra de los indígenas, que parece no tener fin. Fuera del dominio blanco, mestizo o criollo de éstas, se ignora el nivel de detalle del racismo de los otros sectores de población. Lo que se sabe es que la narrativa dominante en la clase media y media alta mexicana (de donde provienen “las voces influyentes” en los medios o en la política) sigue siendo discriminatoria. Ya se ha visto que ésta es privativa de izquierdas o derechas. Sus personeros siguen menospreciando, por torpeza o arrogancia, desde el diminutivo compasivo, a la “otredad” que les es anómala: los indígenas son “inditos”, los chinos “chinitos”, los negros “negritos”, etcétera. Está en la sociedad y el Estado erradicar en la República los prejuicios de género, clase y raza que nos oprimen, y evidencian como un país primitivo y decadente.

martes, 19 de mayo de 2015

Espías en conflicto

José Luis Valdés Ugalde 17/05/2015

La historia del espionaje, con milenios de antigüedad desde Mesopotamia, sigue siendo motivo de polémica y conflicto entre los más importantes actores del entorno global, que por razones de sobrevivencia ejercen esta actividad, mejor conocida como operaciones de inteligencia.

¿Es confiable el que no espía o desconfiable el que espía? Ni una ni otra. Es un negocio en donde no hay ni malos ni buenos. El caso más reciente: el affaire entre la omnipresente Agencia Nacional de Seguridad de Estados Unidos (NSA, por sus siglas en inglés) y el Servicio Federal de Inteligencia Alemán o BND, que tiene a la canciller Ángela Merkel ante la urgente necesidad de dar explicaciones y/o de dejar caer a su ministro del Interior, Thomas de Maizière o al presidente de la BND, Gerhard Schindler. Se trata de una crisis que se inicia con una relación de colaboración entre Estados Unidos y Alemania a partir de los atentados del 9/11. Desde entonces el sistema internacional quedó circunscrito en forma crítica y tediosa a una dinámica compleja y con márgenes de maniobra estrechos. Tal es el caso del espionaje global. Las guerras del espionaje se volvieron guerras políticas.

Según publica Der Spiegel en su antepenúltimo número (02-05-2015), desde 2001 EU reclamó a Alemania no haber controlado debidamente la salida de Hamburgo de los comandos terroristas encabezados por Mohamed Atta, arquitecto de todo el complot que provocaría el acto más espectacular de demolición urbana no deseada conocido hasta hoy. Es una triste historia originada el 18 de mayo de 2000, cuando Atta solicitó una visa a Estados Unidos, que le fue concedida en Berlín. Resultaba surrealista no sólo que Atta y su grupo circularan por países de Europa Occidental y EU con toda libertad planeando un operativo terrorista de gran magnitud, sino también que ninguna autoridad detectara sus planes y movimientos, muy a pesar de que hay indicios de que el FBI seguía los pasos de algunos de los 19 miembros de los cuatro comandos, pero prefirió no actuar. Desde entonces, el susto de todos: Gerhard Schröder, canciller socialdemócrata (y con él el Estado alemán) ofreció colaboración total a Estados Unidos y se inició así el proceso gradual de supresión de la privacidad de sociedades y gobiernos del mundo entero, que quedaron a la deriva y expuestos a la voluntad no sólo de Washington, sino también de aquellos que, desde la Guerra Fría, se las ingeniaron para apuntalar su tecnología y recursos para obtener información de inteligencia. Tal es el caso de Berlín.

En 2012 los dos países firmaron un Memorándum de Entendimiento, en el que sentaron bases de colaboración para, con tecnología de EU, detectar riesgos a la seguridad nacional, provenientes del terrorismo y el crimen organizado, fundamentalmente. En el memorándum, se expresaba el acuerdo explícito de “no espiarse a sí mismos” y no pasar la “línea roja” de la sociedad civil ni, eventualmente, el espionaje industrial. En ambos casos la línea fue traspasada por el BND con ayuda de la NSA. En 2004 Estados Unidos le instala a la BND una central de espionaje en Bad Aibling, Bavaria, (BAS), base creada por los aliados en 1947 y administrada por la NSA. Todo un observatorio europeo al servicio de EU primero y de Alemania después. Una sociedad muy funcional a pesar de la retórica política de ambos. Según Der Spiegel, el presidente del BND sabía desde 2005 del espionaje industrial que se realizaba desde BAS. También se tenían claros “los conceptos” de búsqueda y “los selectores” que la NSA diseñó para el BND. En 2013 se habían encontrado miles de datos de búsqueda activos, de objetivos civiles y gubernamentales franceses y alemanes. Ante tal hallazgo, los operadores del sistema recibieron instrucciones superiores de borrarlos. Si Schindler o De Maizière fueron responsables de esta orden es muy malo, si no, aún peor por ser prueba de incompetencia o negligencia al tolerar una “autonomía” excesiva de la inteligencia alemana, lo cual indicaría que está fuera de control, tal y como ocurre con la NSA desde que Snowden revelara sus secretos. En ambos casos, como fue juzgado en EU en el caso del espionaje telefónico, se trata de una actividad ilegal y, eventualmente, de un grave problema de Estado. Ahora la canciller Merkel tendrá que reflexionar con cautela sobre su famosa frase de 2013: “A los amigos no se les espía”.

domingo, 3 de mayo de 2015

Hillary vs. Hillary

José Luis Valdés Ugalde 03/05/2015

Hillary Clinton se ha lanzado al ruedo electoral con el eslogan: “Todos necesitan un campeón. Yo quiero ser tu campeón”. Apunta como la favorita para obtener la nominación de su partido a la candidatura presidencial. Aunque están por definirse algunas precandidaturas, como la de Elizabeth Warren senadora por Massachusetts, ocupante de la curul que por mucho tiempo tuvo Edward Kennedy y representante de la izquierda demócrata, por el momento no se ven perspectivas claras de que vaya a ser desplazada. Al tiempo que es la candidata a vencer, la rival más importante para Hillary será Hillary misma.

Veamos por qué. Se trata de una política profesional con años de experiencia, como una primera dama proactiva (suyo es el primer esfuerzo por reformar el sistema de salud que Obama retoma), después como senadora por Nueva York, luego como precandidata perdedora frente a Obama en 2008 y como jefa de la diplomacia de EU. Es una política equipada con inteligencia y experiencia. Ha logrado obtener las simpatías de públicos amplios. De acuerdo con una encuesta de CNN, Clinton pasó de tener un apoyo popular de cerca de 67%, cuando era secretaria de Estado, a un nada despreciable 55%; curva de descenso debido a su transición como funcionaria a la vida civil. Cuenta con gran simpatía entre sectores de la población, cuyas causas de emancipación han sido explícitamente apoyadas por Clinton: cuenta con un apoyo por encima de 50% entre las mujeres, la población homosexual, la población no blanca, entiéndanse así las poblaciones afroestadunidense y latina (votantes demócratas fijos). Además, cuenta con el precedente sentado por Obama, primer jefe de Estado negro de la historia del mundo occidental, en donde la política democrática sigue dominada mayoritariamente por la clase política blanca. Esto pavimenta el camino para que Hillary se proyecte como líder de EU. Hay que agregar que del lado republicano le esperan contrincantes atrapados por el ultraconservadurismo, cuestión que los ubica en la premodernidad política acerca de muchos temas como el del aborto, la Reforma Migratoria, los derechos de las mujeres, los homosexuales y la población negra. Y esto puede representarle ventaja.

Por otro lado, Hillary tendrá que remontar algunos pasivos potenciales que la persiguen. El primero es si podrá quitarse de encima la sombra de su esposo, el expresidente Clinton (cuestión improbable dado que Bill Clinton y su popularidad significan más un activo, con todas sus desventajas). El segundo será defenderse de las críticas sobre su voto a favor que, como senadora, otorgó para emprender la guerra fallida de George W. Bush. El tercero y más reciente será el grado de responsabilidad a su cargo como secretaria de Estado por el ataque al consulado estadunidense en Bengasi, Libia, donde murió el embajador Christopher Stevens. Sobre esto la oposición republicana ha sugerido una supuesta mala administración de la señora Clinton de su cuenta electrónica privada, en la cual habría habido correos (aparentemente borrados) relacionados con esta crisis. Y el cuarto se refiere a un tema que Jeb Bush (el candidato del establishment republicano y muy probable candidato) también afrontará: el de su pertenencia a una “dinastía” que ha dominado el espectro político por más de tres décadas. Esto no tendría que ser raro en un país que ha tenido a los Kennedy o a los Roosevelt a cargo de segmentos importantes de la política estadunidense.

A Clinton le espera resolver el conflicto entre estos dos lados de su persona política. Como menciona The Economist (abril-11-17, 2015), lo que realmente importará en la campaña de Clinton, es cuál será su programa económico y social, así como su plan de política exterior. El precedente que le hereda Obama será determinante y como una palanca. No obstante, tendrá que distanciarse del Presidente para ser una alternativa creíble. Tanto esto, como pasar de ser celebridad a candidata y “campeona”, implicará un gran desafío: dos aspectos, que, de manejar bien, le pueden dar la presidencia de EU por primera vez a una mujer.

martes, 21 de abril de 2015

Cuba a la vista

 
Por fin, Cuba está a la vista de todos. Y eso es bueno, más aún si juega en beneficio de su gente y compromete la voluntad del poder para profundizar reformas indispensables para la isla. La audacia del presidente Obama logra su primer cometido: el inicio del restablecimiento de las relaciones diplomáticas, rotas por 50 años. Esto ocurre a pesar de las resistencias de los patriotas en silla de ruedas, a saber, los republicanos y su extrema derecha que han secuestrado a la mitad de EU y de la agenda política. Sigo pensando que Obama, ciertamente muy distinto al Obama de 2008, ha sido una buena noticia para EU y el mundo, tal y como lo es el papa Francisco para el Vaticano y las relaciones internacionales (Bergoglio fue pieza clave en el acercamiento entre Castro y Obama; y eventualmente influirá en la esperable moderación a los excesos de Cristina Fernández). El presidente Castro también hace un movimiento aperturista; por un momento se aleja del dogmatismo ideológico y opta por el pragmatismo. La mayoría de cubanos y estadunidenses aprueban este paso gigante. La OEA, la ONU y la UE lo celebran. Se trata de un paso nodal para superar el que se piensa como último bastión de la Guerra Fría en el continente.

Obama y Castro dieron la gran sorpresa; la noticia no se esperaba, aunque se auguraba: el tema del acercamiento fue anunciado en el programa del demócrata en 2008 y 2012. Washington ya había enviado señales al haber moderado algunas políticas, como la de divisas e intercambio de visitantes. No obstante, hoy ya es obvio que a algunos actores les resulta incómoda la noticia. En EU, Ted Cruz, Marco Rubio y Jeb Bush se quedaron sin el protagonismo que esperaban en un tema de su interés, al tiempo que se oponen al acuerdo supuestamente hasta que el régimen castrista no se haga cargo de las conocidas violaciones a los derechos humanos y las libertades políticas. Aunque por supuesto éste, que es un tema de todos los interesados en una Cuba democrática, no debiera ser un patrimonio de la derecha estadunidense, quien lo usa a su conveniencia. La mismo ocurre con esos otros patriotas chovinistas y excéntricos en ratón loco, que usaban la retórica antiimperialista como recurso para salvar cara frente a sus diversos fracasos políticos y económicos en casa. Hoy han callado. Ahora ni Maduro ni el kirchnerismo ni Evo y menos Correa, a quien le cae el Papa de visita oficial muy pronto, y deben moderarse, no se atreverán a tocar a Obama tan fácilmente; ni a valerse de la antigua retórica para ganar la discusión: Cuba está de por medio y por el momento ésta ya está tejiendo una alianza estratégica con EU que modificará la correlación de fuerzas en el continente. En consecuencia, EU ya no será el único culpable de los males que vive la región.

El guiño ha sido histórico por las anteriores razones, y en buena medida porque ambas partes, pero sobre todo EU, han entrado en razón. EU ha reconocido el grave fracaso cometido con su vecino más cercano después de México y Canadá. Obama, en un meditado acto de lucidez reconocido por todos, se percató de esto, una verdad a voces, pero que nadie se atrevía a afrontar. El hecho de que lo haya hecho el jefe de Estado ofrece razones para el optimismo acerca de un avance amable de la política estadunidense. Estará en manos del Congreso (muy endurecido en sus posturas por la mayoría republicana) y de los duros en Cuba, que prefieren mantenerse en la línea del aislamiento con el fin de seguir capitalizando políticamente el bloqueo. Esto se ve remoto dado el profundo avance y penetración social que la noticia ha tenido en la propia Cuba, en donde ya esperan (con alguna ingenuidad) la derrama inmediata de beneficios económicos. Por lo pronto, hoy se puede constatar que EU, contra los pronósticos, sí tiene una política exterior para las Américas que el acercamiento con Cuba va a catapultar. Habrá que ver si los astros se alinean para que este curso siga su ritmo y pueda salvar los escollos que seguramente encontrará en el camino. Servirá también como paradigma frente a lo poco que en las Américas se ha hecho para resolver sustentablemente sus problemas sin necesidad de culpar al exterior de nuestras miserias y, justificar así, la ausencia de una política exterior coherente y consistente. Por lo pronto, el eje de conflicto EU-Cuba ha llegado a su fin en América Latina.

*Investigador y profesor visitante en el Lateinamerika–Institut, de la Freie Universität Berlin

lunes, 6 de abril de 2015

El laberinto multicultural europeo

José Luis Valdés Ugalde 05/04/2015

Suponíamos que el invento multicultural europeo hace 30 años alejaría de toda sospecha a los estados que, por norma, garantizaban la preservación de la inclusión y la diversidad, así como los derechos humanos de las poblaciones migrantes. Desde la formación de la Unión, Europa había apostado por basar su estabilidad social en el colchón multicultural que daba sentido a la coexistencia de sus inmigrantes. Aunque la patente de corso del multiculturalismo es angloamericana; Europa, de Gran Bretaña a Alemania, Francia y al sureste del continente, ha afrontado el permanente flujo poblacional, principalmente del sur, de Asia y del oriente del globo.

No obstante, existe una confusión en términos. Primeramente, es un mito que los gobiernos europeos adoptaron políticas multiculturales debido a que las poblaciones minoritarias deseaban afirmar sus diferencias, al tiempo que se “integraban” a las sociedades de adopción. En realidad era inefectivo que se partiera de esta idea en la implementación de las políticas multiculturales, debido a que el problema más grave que afrontaban las minorías indias, caribeñas o paquistaníes en el RU (todas ellas partes de la migración laboral) era la explosiva mezcla de racismo con desigualdad que, hacia finales de los 70 y principios de los 80, exacerbó los ánimos políticos y provocó revueltas de negros y asiáticos principalmente. No era la religión ni la etnicidad (no hay indicios de que los inmigrantes se plantearan la cuestión cultural políticamente), sino los derechos ciudadanos de diversas poblaciones integradas al mercado de trabajo, más no incluidas socialmente. A partir de entonces, y a pesar de sus miedos a que el “sentido de identidad” se contaminara o racializara y con el fin de evitar que los conflictos políticos crecieran, los británicos se animaron por incluir a las minorías en el ámbito de la política, vía el reconocimiento de organizaciones representativas de sus intereses. Esto implicó que minorías negras, indias y paquistaníes tuvieran acceso, tanto al nivel municipal como nacional a la participación política. El acento puesto en la etnicidad, por sobre los derechos sociales como origen del diferendo, era insuficiente para acallar la protesta y nivelar las diferencias. Este es el gran problema con el multiculturalismo en Europa.

En el caso alemán y el francés las cosas pintaron distinto. Alemania, después de la Segunda Guerra Mundial, sufrió el decrecimiento de su fuerza de trabajo, por lo cual se vio obligada a importar trabajadores. A diferencia de los británicos que importaron a los migrantes de sus excolonias, los alemanes volvieron su vista al sur: Grecia, Italia, España y Turquía, principalmente fueron países proveedores. Al tiempo que esto ocurría, esta fuerza de trabajo no arribaba como inmigrante, sino como Gastarbeiter (trabajadores huésped), quienes tenían que volver a sus países de origen una vez solucionado el problema para la economía alemana. El caso es que, como ocurre en EU, estos migrantes de ser una necesidad temporal se convirtieron en una necesidad permanente, principalmente los turcos. Francia, que junto al RU enfrenta hoy al radicalismo religioso, acogió inevitablemente a inmigrantes de sus excolonias, pero que, al igual que en Alemania, eran predominantemente seculares. No obstante, Francia opta por lo que Malik concibe como asimilacionismo, que es el polo opuesto de multiculturalismo, es decir los franceses han insistido en tratar a sus inmigrantes como “individuos”, en lugar de como miembros de una cultura o comunidad minoritaria dada. En todo caso, los tres países se encuentran igualmente divididos socialmente, a pesar de su diferentes políticas multiculturales. Y hoy más, debido al extremismo islámico.

Hoy los tiempos europeos nos muestran una nueva forma de confrontación no esperada. Siguiendo a Rieff, el multiculturalismo siempre ha sido una forma breve de referirse a ese futuro armonioso. Como sentimiento era irreprochable, pero como ideología nunca ha sido congruente. Los postulados del multiculturalismo no aciertan en cuanto a las categorías intelectuales. El multiculturalismo en Europa ha demostrado ser una doctrina para tiempos de paz y prosperidad económica, no para tiempos de transformación económica y política. Por tanto, Europa se encuentra, en el marco de una relativamente armoniosa y tolerante política de inclusión social, atrapada entre la dependencia de la fuerza laboral de los inmigrantes y la agitación que atraviesa el mundo islámico y subdesarrollado.
               
*Investigador y profesor de la UNAM
               
Twitter: @JLValdesUgalde

lunes, 23 de marzo de 2015

Multiculturalismo: ¿éxito o fracaso?

José Luis Valdés Ugalde 22/03/2015

El más reciente número de Foreign Affairs (FA) dedica su sección principal al problema de la raza y el racismo en varios textos importantes (Foreign Affairs, The Trouble with Race, Vol 94, No. 2, Abril 1 de 2015). Con la llegada de Barack Obama a la presidencia pensábamos que en Estados Unidos había llegado el momento de la era posracial, que impactaría favorablemente las relaciones sociales y la cohesión social en EU y otros países del mundo occidental. No obstante, según Lawrence Bobo, en EU atestiguamos aún la prevalencia de lo que él llama Laissez-faire Racism. El desarrollo del concepto nos plantea un hecho: Estados Unidos podrá haber arribado a un momento histórico posracista, pero nunca a uno posracial.

La legislación a favor de los derechos de la minoría negra que inició JFK y continuó Johnson en los sesenta favoreció la creación de normas que dieron gradualmente a la población negra mayores derechos y libertades, al grado de que hoy el blindaje antirracista consagrado en las leyes ad hoc es total. No lo es, sin embargo, el prejuicio por razones de raza. Lo cual impacta negativamente a la población negra en temas como igualdad, empleo, salud y educación; se trata aún de una población desprotegida, expuesta, debido a los múltiples recelos que dominan la cultura de la tolerancia en EU y la percepción de sectores del poder y de la sociedad acerca de tal minoría, y que se identifican por la discriminación; como la que provocó en agosto pasado el asesinato policiaco en Ferguson en contra del joven negro no armado Michael Brown. Otros hechos similares ocurrieron en Nueva York y otras regiones de EU, que acabaron con la vida, incluso, de ciudadanos mexicanos.

La minoría negra “con derechos plenos” sigue siendo objeto de prejuicios en razón de su color y raza. El ejemplo más objetivo, que sin duda es y será tema en ulteriores análisis, es la llegada de Obama a la presidencia (un caso de derecho legal de un ciudadano con derechos políticos), al tiempo que se ha confrontado con limitaciones que le niegan el pleno ejercicio del poder político en virtud del hecho de que en la visión (soterrada e hipócrita) de amplios sectores de población blanca, incluidos políticos prominentes como John Boehner, el Speaker de la Cámara baja, su condición de negro le resta legitimidad a su investidura. Prevalece un acentuado pensamiento entre sectores de población blanca que no toleran que se contradiga la máxima histórica que reza: la Casa Blanca (construida con mano de obra esclava) no está destinada a ser ocupada por un Presidente negro. Obama, pues, no ha contado con el beneficio de la duda. Esto es lo que se llamaría habitar aún en un mundo no posracial en EU: el derecho legal para “ser ciudadano pleno” existe, pero no el reconocimiento legítimo para ello. EU vive aún en un apartheid cultural que repercute en la vida política y social.

Así, el multiculturalismo definido como el espacio social poblado por la diversidad racial, usualmente resultado de la migración, ciertamente ha ensamblado mejor en la sociedad estadunidense que en la europea. Según Kenan Malik (The Failure of Multiculturalism. Community versus society in Europe, en el FA ya referido), el término “envuelve tanto una descripción de la sociedad como una prescripción para manejarlo”. No obstante, aunque los pendientes en EU son grandes, países como Francia, RU y Alemania lo enfrentan más críticamente. El temor sobre el intenso reclutamiento de jóvenes europeos para militar en la yihad global es un hecho objetivo que ha desanimado a los Estados y a las sociedades para aceptar la inclusión. Los atentados en París contra Charlie Hebdo lo han demostrado. Pero también han hecho que se desenmascare el mito de la diversidad y de la inclusión de la minoría islámica, así como la urgencia de que se revise esta grave falla, toda vez que los migrantes no tienen un lugar asignado en la narrativa cultural de estas naciones, como sí ocurre en EU; es decir, los migrantes no han sido incorporados como agentes de cambio social. El multiculturalismo es una realidad compleja que está en crisis: estas manifestaciones en el seno del mundo occidental acuñó la filosofía multiculturalista como el espacio de la diversidad, son consecuencia de una “tolerancia” que, a la vez, intimida y coarta las libertades de los sistemas democráticos occidentales.

*Investigador y profesor visitante en el Lateinamerika–Institut, de la Freie Universität Berlin
                Twitter: JLValdesUgalde

lunes, 9 de marzo de 2015

El futuro de la política de Estados Unidos (II y último)

José Luis Valdés Ugalde 08/03/2015

Decía en la anterior entrega que en Estados Unidos se vive una lucha de poder en cuyo proceso se ha producido una seria crisis ideológica al interior del sistema político, en particular dentro del Partido Republicano (PR), que se juega su futuro frente a este tsunami ideológico; esto ha impactado negativamente en el curso de decisiones de Obama, tanto al nivel de la política interna, como en la arena de decisiones de la política exterior y en los avances de EU hacia una prevención efectiva de lo que considero una relativa, aunque gradual pérdida de poder a nivel global.

En este contexto vendrán las elecciones primarias. En el que será un largo preámbulo electoral, EU confronta una transición crítica entre las tensiones del pasado y una idea avanzada de futuro que, incluso, la pueden hacer fracasar desde la polarización pronunciada que se ha generado. La propuesta avanzada plantea que EU le tome el pulso a asuntos internos, como el de la reforma política y el sistema de salud, y al entorno global desde una posición menos determinísticamente hegemónica y sin mesianismos agonizantes. Pero sí desde una posición más realista y correspondiente con los nuevos tiempos del sistema internacional, que han ubicado a Washington en una posición de agudo, pero real y potencial declive, lo que afecta su potencial actuación como actor solitario y vigilante del sistema global en el nuevo siglo. Es decir, se trataría de que Washington renuncie al papel característicamente unipolar que lo distinguió desde la Guerra Fría.

Ante la posibilidad de que el PR opte por un candidato del establishment republicano como Jeb Bush, en el Partido Demócrata (PD) se ve como casi un hecho la candidatura de Hillary Clinton (candidata también del establishment demócrata). Esto podría convertir la contienda en un enfrentamiento, de nueva cuenta, entre un Clinton y un Bush, hecho que daría muy poca originalidad al proceso que carecería de las ideas que revitalizarían el debate que urge, al que muchos consideran como caduco sistema político. Se necesita un proceso competitivo, que alerte a los partidos tradicionales acerca de los graves pendientes. En el PD tendríamos a Elizabeth Warren, la más seria contendiente después de Clinton, y entre quienes una alianza sería una muy interesante novedad para sectores de votantes que nuevamente descreen de la política. También están Bernie Sanders, quien forzaría el debate sobre temas económicos, o Jim Webb, quien podría profundizar en el debate sobre la guerra y la paz. En la lista de posibles contendientes están dos exgobernadores influyentes: Martin O’ Malley, de Maryland, y Deval Patrick, de Massachusetts. Por otro lado, se está en espera de la decisión que el vicepresidente Joe Biden tome, la cual es muy probable que sea en el sentido de abstenerse de participar. A estas alturas no importa tanto quién desafíe a Clinton. Lo trascendental será que los demócratas entiendan la importancia que tendrán el desafío y los debates a fin de profundizar en ideas renovadoras que den al PD una verdadera base argumental y popular para retener la Casa Blanca y producir una nueva infraestructura electoral en estados como Iowa, las Carolinas y Texas (este último podría volverse azul si se convence a sectores de latinos y negros predominantes en el estado). Pero también que el Comité Nacional del PD entienda que debe fijar una agenda de debates que el PR ya tiene, así como promover la competencia a su interior.

Mucho tendrán que ver en esto las decisiones de Obama en los próximos meses. Más importante será, sin embargo, que los votantes puedan ver que hay una alternativa a la polarización y que las políticas de Obama (muchas de ellas fracasadas, pero deseadas) pueden tener una alternativa de sana continuidad frente a la ofensiva que representan las posiciones perniciosas del PR (el partido del “no”). Para que este resultado óptimo pueda obtenerse, habría que esperar, primero, que la señora Clinton anunciara sus intenciones y terminara así con el impasse y, segundo, como favorita que es, que establezca una comunicación inmediata con los contendientes mencionados, especialmente con Warren, a fin de lograr acuerdos políticos de trascendencia,  que incluyan unir al partido vía la participación plural y eventual alianza para definir la fórmula (¿Clinton-Warren?). Lo opuesto sería más de lo mismo y desperdiciar el capital político que ha supuesto la elección histórica de Obama.
*Investigador y profesor visitante en el Lateinamerika–Institut, de la Freie Universität Berlin

miércoles, 25 de febrero de 2015

¿El futuro de la política en EU? (I)

José Luis Valdés Ugalde 22/02/2015


A la memoria de mi amado padre, hombre honorable y valiente.

En 2015 y 2016, el proceso político estadunidense estará viviendo, si no es que ya la vive, una intensa etapa de campaña presidencial que será ruda y agitada. Antes de noviembre de 2016 veremos a un Ejecutivo empeñado en afianzar sus reformas y a un Congreso enconado, más por el odio siempre irracional en contra del presidente Obama y su proyecto político (en agonía, pero en mi opinión muy reivindicable), que de una voluntad estratégica por favorecer los intereses fundamentales de la ciudadanía estadunidense. Se trata de un Congreso dominado por la peor versión del Partido Republicano (PR). Circunstancia que nos permite recordar las ideas de Gore Vidal a fin de lograr capturar vívidamente el estado en que se encuentra (o se mantiene este partido): Vidal decía que el PR no era un partido, sino un estado de ánimo, como la Juventud Hitleriana, basada en el odio. El PR y su cúpula cedieron a la presión del Tea Party (o no la pudieron o quisieron contrarrestar) y esta facción lo atrapó en los momentos más críticos de la vida pública estadunidense desde Nixon y Johnson. Se puso en evidencia su crisis programática e ideológica, y se convirtió así en un partido etéreo cuya tendencia a extender su propia degradación al seno del atribulado espectro político estadunidense, en aras de quitar espacios a Obama, ha resultado incontenible, destructiva, casi perversa. Ha sido también un factor que suma al desprestigio de la imagen de EU en el mundo.

El PR y muchos de sus padrinos multimillonarios, como los hermanos David y Charles Koch, tercera fortuna estadunidense, quienes le han invertido más de 190 millones de dólares al PR y al Tea Party, están ensimismados y, en medio de su perturbación ideológica polarizante, han contribuido intensamente a la ceguera dogmática de esta inolvidable y arcaica derecha republicana que no acaba de perdonar que un presidente negro quiera poner en orden la política doméstica e internacional estadunidense. Se trata de una élite empeñada en enturbiar y degradar la acción política y la misión democrática fundamental que los padres fundadores encomendaron a la clase política estadunidense. Y nos quieren rematar, ahora que la dinastía Bush, sin empacho, dada la criticada herencia de George W., uno de los peores presidentes de EU, ya emplazan a su delfín Jeb, exgobernador de Florida, a quien la cúpula del PR, dominada por ésta y otras familias políticas de influencia, le empieza a abrir el camino. Esto ocurre al tiempo que se proponen eliminar potenciales contrincantes; por lo pronto, ya apartaron de la cancha a Mitt Romney, quien espantado ante el aviso de Jeb de competir, nos ahorró en las primarias venideras de los desvaríos delirantes de su narrativa política, propios de la profunda ignorancia que lo distingue. Es muy probable que esto ocurra también con otros contrincantes serios como Ryan, Paul, Rubio y Christie.

Como lo hemos comentado en este espacio, EU se encuentra en una crisis de credibilidad interna y externa que sorprendentemente no se asuma de la debida forma por la autocrítica de la clase política estadunidense. Es una crisis política y constitucional. Sorprenden especialmente las muy posibles violaciones a la XV enmienda, secciones 1 y 2 de la Constitución, cometidas por gobernadores y alcaldes en bastiones republicanos, quienes habrán negado muy probablemente el derecho al voto a las minorías, principalmente a la negra, por la vía de la redistritación de las demarcaciones electorales que podrían favorecer los intereses de los demócratas.

En este escenario, la posible candidatura demócrata se nos ofrece como una de las sorpresas más interesantes de esta contienda toda vez que ésta podría quedar decidida entre dos mujeres, Hillary Clinton, miembro muy conocido del establishment demócrata y candidata favorita por sus bases hasta ahora, y por la popular senadora Elizabeth Warren, quien ocupa el escaño heredado por Ted Kennedy, en Massachusets, y quien representa a la izquierda más comprometida del Partido Demócrata, pero quien también se ha negado persistentemente a ser candidata presidencial. Sobre éstos y otros pormenores del proceso político en EU nos concentraremos en próximas entregas.

*Investigador y profesor visitante en el Lateinamerika–Institut, de la Freie Universität Berlin