lunes, 24 de agosto de 2015

Trump, ¿para quién trabaja?

José Luis Valdés Ugalde 23/08/2015

El alto grado de complejidad que implicó la llegada de Barack Obama a la Presidencia de EU ha supuesto enormes desafíos para la política estadunidense, pero, también, ha revivido fantasmas que creíamos sepultados. Los pendientes de la sociedad estadunidense respecto de su pasado y tradición racista se mantienen vigentes y quizá más despiertos de lo que nos imaginábamos.

En regiones de ese país, así como en zonas tan profundas como oscuras de su sociedad aún se mantiene una mentalidad de Apartheid, que la hace ser, de entre los países industrializados, uno de los más racistas y retrasados. Así, una Casa Blanca con un Presidente negro en un país con sectores de población, mayoritariamente blanca y poseídos por delirios racistas, ha también provocado una profunda polarización social. Son muchos los ejemplos. El más reciente (sin subestimar los demás) es el ataque sufrido por un indigente latino en Boston la semana pasada, a manos de los hermanos Scott y Steve Leader, facinerosos civiles, quienes a pesar de que nunca leyeron los malos consejos del profesor Samuel Huntington en Quiénes Somos (ni mucho menos la Constitución de EU), en consecuencia, les fue suficiente con interpretarlo en la era de Trump y de su impecable, aunque esquelética narrativa reaccionaría, para volver al ataque. Este es el momento estelar de la derecha estadunidense en toda su historia, la que, además, ha sido arropada irresponsablemente, en su versión más autóctona y extrema por el Partido Republicano (PR). O cambia, se reforma y se mueve hacia la moderación democrática o se derrumba. Su momentum desestabilizador antiObama no ha tenido limites y aparentemente ha llegado a su fin, y rebasado la línea roja. Habrá que ver si esto es así en las precampañas; en todo caso se está estirando la liga del conservadurismo en EU. Al grado de que aún no se sabe el costo que su desbordado apasionamiento político tendrá para la salud de la democracia estadunidense, tal y como ha sido el caso de las democracias francesa, británica, austriaca, holandesa o noruega, hoy confrontadas con sus respectivos partidos extremistas de derecha, el Frente Nacional (FN), el Partido de la Independencia del Reino Unido (UKIP) el Partido de la Libertad Austriaco (FPÖ), el Partido de la Libertad Holandés (PVV), o el Partido del Progreso Noruego (PP). Todos ellos, al igual que Trump y compañía,  antisemitas, antiárabes  antinegros y antiinmigrantes.

Donald Trump, que trabaja para sí mismo y para su cada vez mayor número de acompañantes, es una lamentable falla geológica de la democracia estadunidense, la expresión de la descomposición política en EU y una grotesca caricatura de los sectores más reaccionarios en EU. Su personaje bufonesco es una construcción propia y colectiva. Se trata de un actor político que no esconde sus fobias racistas. Lo peor: él y los neoneandertales republicanos por fin acabaron secuestrando a su partido y santificando la agenda partidista más reaccionaria de la historia política de EU. El PR está ya al borde del abismo y por ahora ni el “moderado” Jeb Bush (el remoto favorito), ni Walker o Santorum (los más feroces come negros y come latinos) se han salvado de la tentación de disputarle a Trump la retórica de su cruzada ultramontana. Esto será malo para ellos, pero peor para el proceso político de EU. Por lo pronto, es muy posible que los demócratas estén felices presenciando el circo republicano y esperando ansiosamente que se despedacen sus contrincantes. En las actuales circunstancias es factible deducir que el PR no pueda ganar la Presidencia el año entrante. Ante la ventaja que esto representaría para una relación bilateral obamista tan desaprovechada por el gobierno mexicano, está por verse qué tan dispuesto estará México de hacer una política exterior de a de veras y subsanar el vacío dejado en nuestra embajada en Washington desde que se optó por la triste designación de Medina Mora y posteriormente por tardarse en nombrar al sustituto, dejando acéfala nuestra representación por tan largo tiempo. De haber tenido embajador allá y política hacia EU acá, ya podríamos haber empezado a contrarrestar al rabioso de Trump. De este tamaño será el reto de Miguel Basáñez una vez que lo ratifique el Senado como nuestro distinguido embajador en Washington.

martes, 11 de agosto de 2015

¿Qué sigue con Estados Unidos?

José Luis Valdés Ugalde 09/08/2015

Los pendientes heredados por el calderonismo aún nos cobran réditos en seguridad, democracia y política exterior. Soy de los que piensan que el expresidente y su muy mediano equipo de asesores en Los Pinos, secuestraron la política exterior lo cual causó severos daños a las relaciones internacionales de México, en particular la que sostenemos con EU.  


El antiimperialismo ramplón de FCH tuvo serias consecuencias en tanto que fue un fracaso si es que se intentó como una prenda de negociación de política interna y también lo fue en virtud de que minó la confianza entre algunos actores en Washington. La prueba: Cuba. México ya no es percibido como el actor/testigo de honor en medidas de tal audacia como el descongelamiento de las relaciones con la isla; Washington optó por su socio canadiense.

Ahora que los republicanos han quedado tocados por el “efecto Trump” y se siguen corriendo cada vez más a la derecha, siguiendo el guión de los renegados del Tea Party (lo cual puede frustrar sus aspiraciones presidenciales), tal y como lo mostró el reciente debate de los precandidatos, urge que México haga pesar sus intereses en la relación bilateral, sobre todo, en el tema migratorio. El año que entra se elegirá nuev@ president@ y es muy seguro que la influencia de Obama, ahora proyectado en temas claves, como el pacto nuclear con Irán, la cuestión cubana, la migración, la Reforma de Salud y el debate sobre cambio climático (tema que los republicanos enfrentan medievalmente), impactará sobre sectores del electorado. Tanto Hillary Clinton como los republicanos tendrán más Obama de  lo que creen durante la campaña, toda vez que, a diferencia de otros tiempos, el presidente saliente se ha decidido a hacer política hasta el último momento, usando los temas mencionados y en los que parece no sólo no estar equivocado, sino con posibilidades de tener éxito. Se trata de un final de gestión inédito en EU, tanto en lo que toca a las temáticas de fondo como a las posibilidades de que la polémica que estas despiertan puedan ser capitalizadas por los demócratas ante el virtual rechazo del PR, que la opinión pública no reconoce, en tanto que favorece por mayoría el pacto con Irán y el reacercamiento con Cuba. Ante esta huida de la realidad de los republicanos, será muy probable que el centro político representado por Clinton (algo empujada hacia la izquierda por la presión de Elizabeth Warren y Bernie Sanders, representantes de la izquierda demócrata) tenga posibilidades de conservar la Casa Blanca. El debate demócrata ha demostrado ser más ecuánime que el republicano. Y la herencia de Obama más sana e íntegra que la de George W. Bush. Y esto pesará en la contienda al tiempo que se verá hasta dónde los votantes renuncian, como parece que ocurrirá, a apoyar a los extremos o a los excesos del Tea Party. La importante herencia política del obamismo nunca la entendió Calderón (como nunca entendió EU); tampoco la entienden otros en el continente, como Maduro, Correa o Evo, que van muy por detrás de Castro en los avances pragmáticos de su política hacia EU. Si el gobierno de México acaso ha tenido la visión de entender esta nueva opción neo-Rooseveltiana y se dispone a hacer política bilateral en serio, más vale que lo haga con la idea de acomodar sus posiciones en ese centro político que puede triunfar en 2016. Lo más importante para México y EU hoy será construir una plataforma de confianza que en tiempos electorales suele cuestionarse, cuando no minarse, por narrativas extremistas, ahora representadas por todos los precandidatos republicanos casi por igual. México tendrá que coadyuvar a lograr el convencimiento de amplios sectores de opinión en EU de que una Reforma Migratoria es tan necesaria como inevitable y apoyar en este sentido la posición de Obama que comparte Clinton. Por otro lado, se tendrá que apaciguar en sus impulsos nacionalistas, ceder soberanía y aceptar la extradición de los capos que EU quiere enjuiciar en su territorio. Ante la segunda fuga de El Chapo y el evidente fracaso del sistema de seguridad, esto se vuelve un imponderable. Junto con esta medida, entre otras, México ofrecería confianza, preservaría soberanía, garantizaría mayor seguridad y alertaría al crimen organizado. Sólo así se cerrarían filas con nuestro socio.

lunes, 3 de agosto de 2015

Obama ¿en retirada o de regreso?

José Luis Valdés Ugalde 26/07/2015

Las virtudes estratégicas del presidente Obama han sido patentes durante sus dos periodos como Presidente. Aun con una Presidencia con altibajos y boicots por parte del ala más radical de la derecha política estadunidense, Obama ha podido avanzar en temas complejos como el Obamacare o su política exterior en Irán y Cuba, entre algunos otros.

Lo intenso del debate sobre cuestiones internas y externas no ha impedido que EU avance y con él, Obama, hacia un estadio profundo aún desconocido en diversos asuntos sociales y políticos. En política interna, Obama logró un triunfo cuando la Suprema Corte de Justicia avaló su ambicioso plan de reforma de salud. Hemos podido observar, en los últimos siete años de esta Presidencia, muchos giros, ciertamente inconvenientes frente a su base electoral, tales como la falta de firmeza frente a los especuladores de Wall Street, quienes fueron rescatados sin haber nunca respondido con responsabilidad social; Elizabeth Warren, la combativa senadora de la izquierda demócrata, se ha encargado de recordárselo durante estos tiempos electorales.

La diplomacia secreta y el pragmatismo, los cuales ha dejado atrás por los atavismos doctrinarios que en política exterior han impactado negativamente los intereses nacionales de ambos países, han resultado ser un éxito. Tanto Castro como Obama, con la intermediación del Papa, han logrado un acercamiento histórico que ya escenificó la apertura de la embajada cubana en Washington y pronto lo hará la de EU en La Habana. No es poca cosa esta apertura: se reactiva la política de EU hacia las Américas, que mucho urgía; se edifica un puente diplomático que podría abrir espacios en el complicado proceso político cubano; se incide en la correlación de fuerzas en las relaciones interamericanas y se continúa con la flexibilización de las medidas impuestas sobre Cuba, así como también se influirá poderosamente en el debate preelectoral de EU. Nadie, ni Rubio, Cruz o Bush, precandidatos republicanos, podrá negar que una mayoría de ciudadanos en EU y Cuba ven con buenos ojos el acercamiento entre ambos países. Sus posturas principistas y demagógicas sobre Cuba serán derrotadas por la realidad, así como las de la migración se están convirtiendo en un boomerang, gracias a Trump. Es también en este terreno que la estrategia de Obama ha ganado terreno, ofreciendo a su partido una oportunidad de oro para capitalizar a su favor las contradicciones en las que sus contrincantes están cayendo día a día. Si bien, en 2016 Obama se despedirá de la Presidencia y Castro lo hará en 2018, éstos dejarán un legado difícil de rebatir e imprescindible de continuar de cara a la opinión pública de ambas naciones.

En 2012, Obama declaraba: “He dicho que cuando se trata de prevenir que Irán obtenga armas nucleares, no dejaré fuera de la mesa ninguna opción y hablo en serio cuando lo digo. Eso incluye todos los elementos del poder estadunidense...; y, sí, un esfuerzo militar para estar preparado ante cualquier contingencia” (The White House, 4 de marzo de 2012). Entre 2012 y este año, en que se firmó el acuerdo nuclear con Irán, mucho ha ocurrido en la diplomacia internacional encabezada esta vez por Washington. El acuerdo fue avalado por el P5+1, que está conformado por EU, Gran Bretaña, Francia, China, Rusia y Alemania, es decir, todo el Consejo de Seguridad de la ONU más Alemania y la UE como observador. En mi opinión todo un acontecimiento en la política en Oriente Medio. Y también un tema que ya está en la cancha contraria a Obama. El Congreso con mayoría republicana que sigue combatiendo todo lo que proponga el demócrata tendrá en sus manos la difícil decisión de rechazar un pacto que también es favorecido por la mayoría en EU e Irán. Todos los firmantes han sido puestos a prueba, pero sobre todo Irán que tendrá que demostrar que, en efecto, no enriquecerá uranio con miras a obtener la bomba (tema polémico que abordaré pronto) y que estaría dispuesto a dejar de apoyar a Hezbolá y Hamás, así como al régimen sirio y apostar por el combate concertado con EU y sus aliados en su lucha contra el Estado Islámico y Al Qaeda. Aquí también se altera la correlación de fuerzas tradicional en la región. La pregunta es, pues, vigente: ¿Obama se va o perdura?

miércoles, 15 de julio de 2015

Nosotros los progres

Jose Luis Valdes Ugalde, 13/07/2015

Son misteriosos los intríngulis del debate ideológico propio de la cultura política mexicana, cuyo radar ha sido siempre oblicuo y su ubicuidad obtusa. Me referiré a la izquierda.

Desde las fusiones del PSUM-PMS-PRD existe un pleito exaltado en el debate entre la clase política “de izquierda” por demostrar quién está a la vanguardia de la causa; o cuáles son los grupos más ejemplares que la representan. Así, por ejemplo, el PT (hoy apéndice de Morena), partido tutelado por el salinismo y que tiene como senador a Manuel Bartlett, es de izquierda porque apoyó a Cárdenas o a AMLO; o Cárdenas es de izquierda porque se opone a la Reforma Energética y defiende el oro negro; o AMLO porque lucha contra la corrupción, pero se exime de hablar de sus ingresos y su situación fiscal, o acerca del aborto y los matrimonios homosexuales. Ésta es una izquierda norteada, aunque socorrida.

Omite los que creo son los temas centrales del debate global de la izquierda en diversas partes del mundo. En estos tiempos postideológicos y algo borrosos, en México se sigue confundiendo liderazgo fuerte, discurso nacionalista, lucha antisistema, defensa de los pobres, et al., como sinónimo de izquierda. A falta de una institucionalidad democrática fuerte, emerge el liderazgo mesiánico como alternativa (de izquierda). Esta debilidad se la debemos al autoritarismo priista que ha inoculado a la cultura política nacional: la izquierda que éste prohijó es esencialmente intolerante y desorientada.

En los que estimo son tiempos postideológicos, las izquierdas (no los extremismos de izquierda antirreformista o los movimientos anarquistas europeos que en el nombre de la redención del “buen salvaje”, se montan en el caballo chavista/bolivariano) se han actualizado respecto de los temas más sentidos entre la población: minorías, derechos humanos, derechos de las mujeres, de los homosexuales, de los viejos, de los infantes esclavizados; el aborto, el racismo, educación de calidad, el matrimonio tradicional, especulación financiera, concentración y generación de la riqueza, lavado de dinero, salario mínimo, economía y ecología sustentables, distribución del ingreso, equidades varias, etcétera. Son estos los temas que dominan el debate entre la izquierda racional y razonable europea y estadunidense. Hay, sin embargo, un misterio o una reiterada necedad en el hecho de que los aparatos populistas, como Podemos, no parecen haber entendido las claves del progreso político (como tampoco lo han hecho los liderazgos iluminados, de AMLO, Evo o Correa) ni, en consecuencia, la máxima hegeliana reinterpretada por Marx en el sentido de que toda vieja sociedad abriga las semillas de sus sucesores, al igual que todo organismo viviente abriga las semillas de sus descendientes. No hay, al parecer, claridad histórica para este sector (más informal) del llamado progresismo (como no existe entre algunos frentes de la socialdemocracia), sobre su origen y destino en la lucha por el poder.

Por ejemplo, se percibe en los primeros un maximalismo demagógico (y una irresponsabilidad histórica), alrededor de la cláusula plebiscitaria o de la democracia directa, que no es otra cosa, siendo honestos intelectualmente, que una tergiversación democrática. En Grecia, por ejemplo, al convocar el primer ministro, Alexis Tsipras, el plebiscito sobre el rescate europeo a ese país, descargó toda su incompetencia en el pueblo griego y recurrió a la democracia de excepción, mejor conocida como democracia plebiscitaria. ¿En dónde quedaron los votos que llevaron a su partido, Syriza, aliado con los neonazis, al poder, con el mandato de gobernar en nombre de éstos? ¿Para qué entonces apelar a la democracia representativa? Imaginemos que Alemania o Francia tuvieran que hacerle al escapismo y llamar a plebiscito cada vez que se teme tomar una decisión de Estado. Esta noción de referéndum es la misma que usó AMLO desde el Gobierno del DF y es la zona de confort clásica para aquellos que desde su medianía no tienen imaginación o entereza política alguna para afrontar con categoría los desafíos del poder. Los que creemos en la necesidad de una izquierda democrática, original, audaz y auténticamente progresista, estamos convencidos de que la crítica a esta clase de izquierda es un imponderable de la democracia.

miércoles, 1 de julio de 2015

La herida racial y bandera a la baja

José Luis Valdés Ugalde 28/06/2015

El último ataque racista en Estados Unidos, en Charleston, Carolina del Sur, en una de las iglesias negras más antiguas del sur, un símbolo en la lucha por la igualdad racial atacado en numerosas ocasiones en la historia, nos obliga a retomar preguntas que han aparecido con frecuencia en el debate de las ideas políticas y filosóficas.

Más aun, si atendemos a aquello que John Stuart Mill denominó como “la moralidad de la nación” entendida ésta como una expresión de la fusión entre el poder del Estado y el mandato ciudadano: o bien, la relación equilibrada que en democracia debe haber entre poder y legitimidad con el propósito de beneficiar el bien colectivo. Esta compleja condición democrática en sus versiones más acabadas plantea una pregunta: ¿nos permite, a la luz de éste y de otros eventos de igual importancia en otras latitudes nacionales, afirmar que moral y éticamente el ser humano ha mejorado?
¿Somos los seres humanos instintivamente racistas como especie y como una forma de preservar nuestra condición particular; y renegamos del diferente, pero no de la diferencia? ¿Es un componente de la naturaleza humana temer a lo ajeno, a la otredad? Si es así, la idea central de preservación que el darwinismo propuso en el estudio de la convivencia entre especies, ¿se puede aplicar a la especie humana? El supremacismo racista, los guerreros raciales, ¿son una excepción o representan una extensión de la conciencia WASP, que no siempre expresa con claridad su fobia, “su racismo latente”, como dijo Obama, frente a la otredad y que, normalmente, aparece en la forma de actos “espontáneos” que no lo son tanto? Creo que en la fórmula política enunciada en líneas anteriores se encuentra el único espacio de partida para plantear racionalmente la solución a una crisis moral que afecta tanto a EU como a otras geografías del mundo occidental y no occidental.

En los tiempos más críticos de la segregación racial estadunidense en el siglo pasado, se montó un sistema de apartheid tan cruel como el sudafricano y cuyo propósito era suplantar al de la esclavitud. En el nombre de éste actuó el asesino de Charleston, Dylan Roof. Este joven blanco, de apenas 21 años, declaró que tenía “que cumplir una misión”, ya que la población negra se estaba apoderando del mundo y además “era estúpida”. Roof se agrega a la lista de perpetradores de crímenes raciales en nombre de la superioridad de la raza. La cuestión es si con el tiempo, desde que ocurriera la Guerra de Secesión, se ha logrado eliminar o detener el racismo y cancelar para bien esa etapa oscura que sufrió EU. Dados los cada vez más frecuentes crímenes raciales, el dramático incremento de grupos que instigan el odio racial, las armas que gracias a la segunda enmienda constitucional se les permite a los estadunidenses con mayoría de edad portar; estamos ante un coctel explosivo de enorme peligro por la manera en que se generalizará. Creo que Estados Unidos no se ha curado aún del racismo. Lamentablemente, la llegada de Obama al poder ha proyectado en forma por demás explícita y megalómana el odio y racismo ocultos en sectores de la “América profunda”, en lugar de asumirlo como un hecho celebratorio y un preámbulo a la total modernidad política. Creo también que la sociedad, la clase política y la Suprema Corte harían bien en debatir pronto el tema y convertir en delito de cárcel cualquier llamado o insinuación, verbal o de hecho, que promueva el odio racial, tal y como hace poco lo hiciera Donald Trump y como lo sigue haciendo el sector ultraconservador de la derecha política estadunidense cuando se refiere a los mexicanos y latinos en EU. Para empezar, se tiene que suprimir la bandera confederada en Carolina del Sur, que lo único que despierta y provoca, aparte del insulto artero a la población negra, es la reaparición del pasado más oscuro de la historia estadunidense: la esclavitud y todas las infamias que heredó. La salida del racismo “instintivo”, así como lo fue la de la “personalidad totalitaria” que Adorno reseñó brillantemente en el libro del mismo nombre, se podrá producir sólo cuando se logre un arreglo institucional democrático que enmarque, legisle y acote las conductas y las “tradiciones” que, está visto, están provocando una guerra intestina cada vez más brutal en EU.

martes, 16 de junio de 2015

Venezuela dolorida

José Luis Valdés Ugalde 14/06/2015

Rulers are the slaves of their resources
Richelieu

Venezuela y los venezolanos han sido expuestos al trance de la descomposición. Este peligro no proviene de los pérfidos imperios español o gringo, que pretenderían descastar al inmaculado Nicolás Maduro; sino que proviene de adentro.

Hay dos hombres a la cabeza de este estropicio: Maduro y Diosdado Cabello. Uno, presidente rotundo por orden de Chávez, el otro, jefe absoluto del Congreso. Ambos, de facto, cabezas de playa del golpe autoritario ejecutado por el ininterrumpido control del chavismo. El deterioro: gradual aunque veloz y contundente. No veo una sana recuperación posible en el contexto del clima abiertamente intolerante que ha provocado el gobierno, que será todo lo que Maduro vocifere, menos de izquierda democrática. El venezolano es un régimen cerrado, populista y conservador, encerrado en la vieja retórica chovinista y caracterizado por una narrativa nacionalista banal y demagógica. Es un régimen reaccionario y cuasi totalitario.

El fracaso del chavismo es elocuente. Veamos. Venezuela vive la peor crisis de su historia reciente. Políticamente, ya lo dijimos, es persecutorio, acosa y apresa a quien se le opone. No respeta los derechos humanos de la ciudadanía. En lo económico es el país que menos ha crecido en América Latina, tiene la inflación más alta del mundo y un desabasto general de bienes que amenaza con hambrear a su gente y en consecuencia con una crisis social aún mayor. La pobreza estructural lo hace ser uno de los países más pobres del mundo; un venezolano muere cada 20 minutos debido a esto. El modelo económico chavista es, pues, a todas luces, un fracaso.

Hoy mismo, distinguidos políticos opositores a Maduro se encuentran presos, en aislamiento y algunos en huelga de hambre. Leopoldo López, líder de Voluntad Popular, es el más visible de todos, con más de 20 días en ayuno, se ha convertido en símbolo de la oposición: alrededor de 70 estudiantes y opositores en Venezuela y en el mundo entero (incluido el Vaticano y la ONU), están en huelga de hambre; se han convertido también en emblemas de la oposición al régimen. Hay que contar al exalcalde Daniel Ceballos, también preso y quien renunció hace días a su ayuno por riesgos mortales a su salud; hoy ha sido cambiado de prisión arbitrariamente. Antonio Ledezma, alcalde de Caracas y aliado del espíritu opositor de los anteriores políticos, que parece ser ya mayoría en Venezuela, fue sancionado con arresto domiciliario en febrero pasado bajo la acusación de golpismo. Estos casos serían el equivalente a que el gobierno de México encarcelara al jefe del GDF, Miguel Mancera, a Gustavo Madero, a Carlos Navarrete o a AMLO. El deterioro en Venezuela es un llamado de atención para todos. En nuestro discernimiento se perciben agobio y exasperación ciudadanas y cobardía oficial: tenemos, desde una ciudadanía dispuesta a usar todos los medios pacíficos para exigir sus derechos, hasta un Maduro que se acobarda para ver al Papa en plena crisis a sabiendas de que Bergoglio lo llamaría a cuentas y a un régimen que al exhibir su verdadero rostro intolerante recibe con vituperios al expresidente español Felipe González. La supuesta mezquindad de que se acusa a los “conspiradores” de adentro y de afuera no es más que la del propio liderazgo de Maduro que ha perdido toda la dignidad, honorabilidad y la gallardía que caracteriza al jefe de Estado: este puede ser ya el principio del fin político de un liderazgo caracterizado por su mediocridad y, eso, su mezquindad. Todo lo cual lo ha llevado a la autodestrucción.

La descomunal torpeza de Maduro, Cabello y su entorno han llevado a la sequía política, y a cancelar sus posibilidades de evitar la radicalización social, y la profundización de la crisis política, ante la cual han sido incompetentes. Los agravios contra estudiantes, periodistas y empresarios, así como el aprisionamiento generalizado de los opositores, son el gran lastre del chavismo. Las noticias desde Venezuela impactan ya en el ánimo internacional. La UE y EU han demostrado su desasosiego y reclamado por la violación a los derechos humanos. ¿Tendrá América Latina el arrojo de ponerse de pie y hacer el mismo reclamo al régimen chavista? La indolencia equivaldrá a acatar la sinrazón absolutista de un país hermano.

lunes, 8 de junio de 2015

El recurso del mono

José Luis Valdés Ugalde 31/05/2015 

Diríase “del insulto del mono” que es la parábola utilizada, sin cansancio, por la conciencia racista muy desde sus orígenes (desde Darwin), pero aún vigente en nuestros días.  


De acuerdo con Kant, en Von den verschiedenen Rassen der Menschen, “todos los hombres sobre la extensa superficie de la tierra pertenecen a una y la misma especie natural, puesto que todos sin excepción procrean entre sí niños fértiles, no obstante las enormes diferenciaciones que pudieran encontrarse en su aspecto” (la traducción es cortesía de Ana Tamarit).

Sabemos que llamar a alguien “mono” es racista, pero es poco comprendido porque la imaginación de los europeos (y posteriormente de Occidente) asocia al “mono” con los indígenas o los descendientes de africanos. La narrativa cultural occidental dimensionó a los monos como figuras ambiguas, anticivilizatorias, tramposas, jocosas (el paradigmático Bono). Esto ocurrió al lado de la creencia de los evolucionistas de que el hombre provenía de los grandes monos y de África. Es decir, se asumía que el pasado del hombre se vinculaba con el continente negro, muy a pesar de la posterior plasticidad fenotípica que alcanzó la evolución humana. En el siglo XVIII, la idea de Dios impactó la manera de pensar sobre las especies. Aunque se aceptaba la idea de su unidad, se creyó que Dios había creado especies humanas separadas; de tal forma que se concebía a la raza blanca como la más privilegiados (más cercana a los ángeles) y la de los negros africanos y aborígenes como la menos privilegiada (más cerca de los monos). Una forma de racismo moderno se impuso en adelante. Esto ocurre porque en la tradición argumental de Europa, que vincula al hombre con el mono, se afianza una conexión ulterior: la cercanía de los africanos con los monos. Del siglo XIX en adelante, tanto en Estados Unidos como en el resto de las Américas, se asumió que aquellos de origen no europeo eran más monos que humanos. Dicha “categoría” muy arbitraria, pero normal dados los tiempos, incluía a los esclavos africanos, a los indios nativos y posteriormente a los chinos y los mexicanos; al tiempo que justificó la esclavitud en las plantaciones y el colonialismo. Fue una vía eficiente, utilizada por los europeos para diferenciarse cultural y biológicamente, con el objetivo de demostrar sus credenciales como raza superior. Desde el nazismo, el “racismo científico” fue depositado en las manos de la extrema derecha y aunque con variantes importantes, los prejuicios raciales aún no se han erradicado hoy del consciente colectivo occidental, sobre todo, por el hecho de que aún no se ha penetrado el sistema educativo primario y secundario con una enseñanza a fondo de la historia del hombre. De otra forma no se explica por qué “el insulto del mono” no desaparece en Estados Unidos, u otros “insultos” raciales predominan en Occidente.

He sostenido que el racismo estadunidense se exacerbó en ese país desde que Obama llegó al poder. Su presidencia se ha acompañado del comienzo de una era post racista, pero no post racial, que ha desfigurado los términos de la relación política entre el Presidente y sus oponentes. Los Obama han sido objeto del insulto del mono referido durante el mandato entero. Todo racismo es la expresión de una actitud cultural (también de corrupción moral) que proviene de una deficiente cultura educativa y formativa. En México, en donde no se discute ni sanciona el racismo (como sí se hace en Estados Unidos), ha dominado un sentido de superioridad y de discriminación por parte de las élites en contra de los indígenas, que parece no tener fin. Fuera del dominio blanco, mestizo o criollo de éstas, se ignora el nivel de detalle del racismo de los otros sectores de población. Lo que se sabe es que la narrativa dominante en la clase media y media alta mexicana (de donde provienen “las voces influyentes” en los medios o en la política) sigue siendo discriminatoria. Ya se ha visto que ésta es privativa de izquierdas o derechas. Sus personeros siguen menospreciando, por torpeza o arrogancia, desde el diminutivo compasivo, a la “otredad” que les es anómala: los indígenas son “inditos”, los chinos “chinitos”, los negros “negritos”, etcétera. Está en la sociedad y el Estado erradicar en la República los prejuicios de género, clase y raza que nos oprimen, y evidencian como un país primitivo y decadente.

martes, 19 de mayo de 2015

Espías en conflicto

José Luis Valdés Ugalde 17/05/2015

La historia del espionaje, con milenios de antigüedad desde Mesopotamia, sigue siendo motivo de polémica y conflicto entre los más importantes actores del entorno global, que por razones de sobrevivencia ejercen esta actividad, mejor conocida como operaciones de inteligencia.

¿Es confiable el que no espía o desconfiable el que espía? Ni una ni otra. Es un negocio en donde no hay ni malos ni buenos. El caso más reciente: el affaire entre la omnipresente Agencia Nacional de Seguridad de Estados Unidos (NSA, por sus siglas en inglés) y el Servicio Federal de Inteligencia Alemán o BND, que tiene a la canciller Ángela Merkel ante la urgente necesidad de dar explicaciones y/o de dejar caer a su ministro del Interior, Thomas de Maizière o al presidente de la BND, Gerhard Schindler. Se trata de una crisis que se inicia con una relación de colaboración entre Estados Unidos y Alemania a partir de los atentados del 9/11. Desde entonces el sistema internacional quedó circunscrito en forma crítica y tediosa a una dinámica compleja y con márgenes de maniobra estrechos. Tal es el caso del espionaje global. Las guerras del espionaje se volvieron guerras políticas.

Según publica Der Spiegel en su antepenúltimo número (02-05-2015), desde 2001 EU reclamó a Alemania no haber controlado debidamente la salida de Hamburgo de los comandos terroristas encabezados por Mohamed Atta, arquitecto de todo el complot que provocaría el acto más espectacular de demolición urbana no deseada conocido hasta hoy. Es una triste historia originada el 18 de mayo de 2000, cuando Atta solicitó una visa a Estados Unidos, que le fue concedida en Berlín. Resultaba surrealista no sólo que Atta y su grupo circularan por países de Europa Occidental y EU con toda libertad planeando un operativo terrorista de gran magnitud, sino también que ninguna autoridad detectara sus planes y movimientos, muy a pesar de que hay indicios de que el FBI seguía los pasos de algunos de los 19 miembros de los cuatro comandos, pero prefirió no actuar. Desde entonces, el susto de todos: Gerhard Schröder, canciller socialdemócrata (y con él el Estado alemán) ofreció colaboración total a Estados Unidos y se inició así el proceso gradual de supresión de la privacidad de sociedades y gobiernos del mundo entero, que quedaron a la deriva y expuestos a la voluntad no sólo de Washington, sino también de aquellos que, desde la Guerra Fría, se las ingeniaron para apuntalar su tecnología y recursos para obtener información de inteligencia. Tal es el caso de Berlín.

En 2012 los dos países firmaron un Memorándum de Entendimiento, en el que sentaron bases de colaboración para, con tecnología de EU, detectar riesgos a la seguridad nacional, provenientes del terrorismo y el crimen organizado, fundamentalmente. En el memorándum, se expresaba el acuerdo explícito de “no espiarse a sí mismos” y no pasar la “línea roja” de la sociedad civil ni, eventualmente, el espionaje industrial. En ambos casos la línea fue traspasada por el BND con ayuda de la NSA. En 2004 Estados Unidos le instala a la BND una central de espionaje en Bad Aibling, Bavaria, (BAS), base creada por los aliados en 1947 y administrada por la NSA. Todo un observatorio europeo al servicio de EU primero y de Alemania después. Una sociedad muy funcional a pesar de la retórica política de ambos. Según Der Spiegel, el presidente del BND sabía desde 2005 del espionaje industrial que se realizaba desde BAS. También se tenían claros “los conceptos” de búsqueda y “los selectores” que la NSA diseñó para el BND. En 2013 se habían encontrado miles de datos de búsqueda activos, de objetivos civiles y gubernamentales franceses y alemanes. Ante tal hallazgo, los operadores del sistema recibieron instrucciones superiores de borrarlos. Si Schindler o De Maizière fueron responsables de esta orden es muy malo, si no, aún peor por ser prueba de incompetencia o negligencia al tolerar una “autonomía” excesiva de la inteligencia alemana, lo cual indicaría que está fuera de control, tal y como ocurre con la NSA desde que Snowden revelara sus secretos. En ambos casos, como fue juzgado en EU en el caso del espionaje telefónico, se trata de una actividad ilegal y, eventualmente, de un grave problema de Estado. Ahora la canciller Merkel tendrá que reflexionar con cautela sobre su famosa frase de 2013: “A los amigos no se les espía”.

domingo, 3 de mayo de 2015

Hillary vs. Hillary

José Luis Valdés Ugalde 03/05/2015

Hillary Clinton se ha lanzado al ruedo electoral con el eslogan: “Todos necesitan un campeón. Yo quiero ser tu campeón”. Apunta como la favorita para obtener la nominación de su partido a la candidatura presidencial. Aunque están por definirse algunas precandidaturas, como la de Elizabeth Warren senadora por Massachusetts, ocupante de la curul que por mucho tiempo tuvo Edward Kennedy y representante de la izquierda demócrata, por el momento no se ven perspectivas claras de que vaya a ser desplazada. Al tiempo que es la candidata a vencer, la rival más importante para Hillary será Hillary misma.

Veamos por qué. Se trata de una política profesional con años de experiencia, como una primera dama proactiva (suyo es el primer esfuerzo por reformar el sistema de salud que Obama retoma), después como senadora por Nueva York, luego como precandidata perdedora frente a Obama en 2008 y como jefa de la diplomacia de EU. Es una política equipada con inteligencia y experiencia. Ha logrado obtener las simpatías de públicos amplios. De acuerdo con una encuesta de CNN, Clinton pasó de tener un apoyo popular de cerca de 67%, cuando era secretaria de Estado, a un nada despreciable 55%; curva de descenso debido a su transición como funcionaria a la vida civil. Cuenta con gran simpatía entre sectores de la población, cuyas causas de emancipación han sido explícitamente apoyadas por Clinton: cuenta con un apoyo por encima de 50% entre las mujeres, la población homosexual, la población no blanca, entiéndanse así las poblaciones afroestadunidense y latina (votantes demócratas fijos). Además, cuenta con el precedente sentado por Obama, primer jefe de Estado negro de la historia del mundo occidental, en donde la política democrática sigue dominada mayoritariamente por la clase política blanca. Esto pavimenta el camino para que Hillary se proyecte como líder de EU. Hay que agregar que del lado republicano le esperan contrincantes atrapados por el ultraconservadurismo, cuestión que los ubica en la premodernidad política acerca de muchos temas como el del aborto, la Reforma Migratoria, los derechos de las mujeres, los homosexuales y la población negra. Y esto puede representarle ventaja.

Por otro lado, Hillary tendrá que remontar algunos pasivos potenciales que la persiguen. El primero es si podrá quitarse de encima la sombra de su esposo, el expresidente Clinton (cuestión improbable dado que Bill Clinton y su popularidad significan más un activo, con todas sus desventajas). El segundo será defenderse de las críticas sobre su voto a favor que, como senadora, otorgó para emprender la guerra fallida de George W. Bush. El tercero y más reciente será el grado de responsabilidad a su cargo como secretaria de Estado por el ataque al consulado estadunidense en Bengasi, Libia, donde murió el embajador Christopher Stevens. Sobre esto la oposición republicana ha sugerido una supuesta mala administración de la señora Clinton de su cuenta electrónica privada, en la cual habría habido correos (aparentemente borrados) relacionados con esta crisis. Y el cuarto se refiere a un tema que Jeb Bush (el candidato del establishment republicano y muy probable candidato) también afrontará: el de su pertenencia a una “dinastía” que ha dominado el espectro político por más de tres décadas. Esto no tendría que ser raro en un país que ha tenido a los Kennedy o a los Roosevelt a cargo de segmentos importantes de la política estadunidense.

A Clinton le espera resolver el conflicto entre estos dos lados de su persona política. Como menciona The Economist (abril-11-17, 2015), lo que realmente importará en la campaña de Clinton, es cuál será su programa económico y social, así como su plan de política exterior. El precedente que le hereda Obama será determinante y como una palanca. No obstante, tendrá que distanciarse del Presidente para ser una alternativa creíble. Tanto esto, como pasar de ser celebridad a candidata y “campeona”, implicará un gran desafío: dos aspectos, que, de manejar bien, le pueden dar la presidencia de EU por primera vez a una mujer.

martes, 21 de abril de 2015

Cuba a la vista

 
Por fin, Cuba está a la vista de todos. Y eso es bueno, más aún si juega en beneficio de su gente y compromete la voluntad del poder para profundizar reformas indispensables para la isla. La audacia del presidente Obama logra su primer cometido: el inicio del restablecimiento de las relaciones diplomáticas, rotas por 50 años. Esto ocurre a pesar de las resistencias de los patriotas en silla de ruedas, a saber, los republicanos y su extrema derecha que han secuestrado a la mitad de EU y de la agenda política. Sigo pensando que Obama, ciertamente muy distinto al Obama de 2008, ha sido una buena noticia para EU y el mundo, tal y como lo es el papa Francisco para el Vaticano y las relaciones internacionales (Bergoglio fue pieza clave en el acercamiento entre Castro y Obama; y eventualmente influirá en la esperable moderación a los excesos de Cristina Fernández). El presidente Castro también hace un movimiento aperturista; por un momento se aleja del dogmatismo ideológico y opta por el pragmatismo. La mayoría de cubanos y estadunidenses aprueban este paso gigante. La OEA, la ONU y la UE lo celebran. Se trata de un paso nodal para superar el que se piensa como último bastión de la Guerra Fría en el continente.

Obama y Castro dieron la gran sorpresa; la noticia no se esperaba, aunque se auguraba: el tema del acercamiento fue anunciado en el programa del demócrata en 2008 y 2012. Washington ya había enviado señales al haber moderado algunas políticas, como la de divisas e intercambio de visitantes. No obstante, hoy ya es obvio que a algunos actores les resulta incómoda la noticia. En EU, Ted Cruz, Marco Rubio y Jeb Bush se quedaron sin el protagonismo que esperaban en un tema de su interés, al tiempo que se oponen al acuerdo supuestamente hasta que el régimen castrista no se haga cargo de las conocidas violaciones a los derechos humanos y las libertades políticas. Aunque por supuesto éste, que es un tema de todos los interesados en una Cuba democrática, no debiera ser un patrimonio de la derecha estadunidense, quien lo usa a su conveniencia. La mismo ocurre con esos otros patriotas chovinistas y excéntricos en ratón loco, que usaban la retórica antiimperialista como recurso para salvar cara frente a sus diversos fracasos políticos y económicos en casa. Hoy han callado. Ahora ni Maduro ni el kirchnerismo ni Evo y menos Correa, a quien le cae el Papa de visita oficial muy pronto, y deben moderarse, no se atreverán a tocar a Obama tan fácilmente; ni a valerse de la antigua retórica para ganar la discusión: Cuba está de por medio y por el momento ésta ya está tejiendo una alianza estratégica con EU que modificará la correlación de fuerzas en el continente. En consecuencia, EU ya no será el único culpable de los males que vive la región.

El guiño ha sido histórico por las anteriores razones, y en buena medida porque ambas partes, pero sobre todo EU, han entrado en razón. EU ha reconocido el grave fracaso cometido con su vecino más cercano después de México y Canadá. Obama, en un meditado acto de lucidez reconocido por todos, se percató de esto, una verdad a voces, pero que nadie se atrevía a afrontar. El hecho de que lo haya hecho el jefe de Estado ofrece razones para el optimismo acerca de un avance amable de la política estadunidense. Estará en manos del Congreso (muy endurecido en sus posturas por la mayoría republicana) y de los duros en Cuba, que prefieren mantenerse en la línea del aislamiento con el fin de seguir capitalizando políticamente el bloqueo. Esto se ve remoto dado el profundo avance y penetración social que la noticia ha tenido en la propia Cuba, en donde ya esperan (con alguna ingenuidad) la derrama inmediata de beneficios económicos. Por lo pronto, hoy se puede constatar que EU, contra los pronósticos, sí tiene una política exterior para las Américas que el acercamiento con Cuba va a catapultar. Habrá que ver si los astros se alinean para que este curso siga su ritmo y pueda salvar los escollos que seguramente encontrará en el camino. Servirá también como paradigma frente a lo poco que en las Américas se ha hecho para resolver sustentablemente sus problemas sin necesidad de culpar al exterior de nuestras miserias y, justificar así, la ausencia de una política exterior coherente y consistente. Por lo pronto, el eje de conflicto EU-Cuba ha llegado a su fin en América Latina.

*Investigador y profesor visitante en el Lateinamerika–Institut, de la Freie Universität Berlin