Donald Trump entró a una guerra de lleno que nunca calculó que podría perder. En efecto, el secuestro del Estrecho de Ormuz por parte de Irán es una muestra de lo poco calculado que Trump, el Pentágono y Netanyahu tenían sobre las repercusiones de la toma y bombardeo de Irán, y de los riesgos que se corrían por la aventura bélica. Hemos dicho que los objetivos originales eran dos: el derrocamiento del régimen de los ayatolas y el desmantelamiento del programa nuclear que supuestamente tenía a Irán a meses de lograr un enriquecimiento de uranio suficiente como para hacerse de la bomba nuclear. A la fecha y frente a la crisis económica y energética que afronta el mundo por el conflicto se observan fisuras en la relación de Trump y Netanyahu. “Los objetivos que el presidente ha planteado son diferentes de los objetivos que ha planteado el gobierno israelí”, hizo notar la directora de Inteligencia Nacional, Tulsi Gabbard, a los miembros de la comisión de inteligencia de la Cámara de Representantes, cuando en una audiencia se le preguntó sobre la postura de la Casa Blanca ante el ataque, por parte de Israel, al yacimiento de gas de South Pars en Irán, uno de los más importantes del mundo. Trump se ha enfriado respecto al objetivo de Israel de eliminar a toda la dirigencia iraní y abrir la brecha para que los iraníes tomen el poder y derroquen al liderazgo actual, que, aunque descabezado, ha mostrado que tiene todos los recursos para sobrevivir. Lo contrario para Trump (que calculó pésimamente mal esto), podría ser una guerra larga que pondría en entredicho, primero su promesa de no embarcar a los estadunidenses en una nueva guerra y, segundo, su capacidad para derrotar a un contrincante en enorme desventaja de poder militar.
En una entrevista con Fox News Radio hace una semana Trump fue mucho más moderado que al principio de la guerra sobre el camino a seguir para los opositores del gobierno islámico, y expresó preocupación por la fuerza paramilitar Basij, que ha desempeñado un papel central en aplastar protestas recientes a nivel nacional, manteniendo su control como una fuerza amenazante en Irán. Declaró que incluso Netanyahu estaría de acuerdo: “Yo pensaría que Bibi también entendería eso”, agregó. Este escepticismo de Trump de que los iraníes estarían listos para tomar el poder y derrocar a las ayatolas, entra de lleno al debate de lo mal calculado de este objetivo, el cambio de régimen, por parte de los dos actores. En este escenario, Trump estaría a punto de recular y retirarse del teatro de guerra después de haber ocasionado el mayor desastre energético y económico a nivel global de la historia. Su supuesta fama de estratega y negociador, a la vista del resultado, está por los suelos. Ahora bien, respecto al segundo objetivo la destrucción del programa nuclear de Irán, este parece sostenerse en palillos si observamos los acontecimientos de las últimas fechas. Jonathan Powell, asesor de seguridad nacional británico, quien estuvo en las negociaciones de Ginebra, ha afirmado que Irán estaba a punto de firmar un acuerdo que hubiera evitado el inicio de la guerra. En este sentido, Powell abunda, Irán habría anunciado una oferta para el control de su programa nuclear “suficiente” para prevenir un conflicto. Aunque “no era un acuerdo completo”, si era suficiente como avance de lo que finalmente sería su oferta final; pero, sin embargo, Washington e Israel decidieron atacar dos días después de celebrado este encuentro y principio de acuerdo.
Este anuncio se dio casi simultáneamente al anuncio de la dimisión del director del Centro Nacional de antiterrorismo de Estados Unidos, Joseph Kent. En su carta de renuncia Kent argumenta que Irán no era una amenaza inminente contra EU. Y en la misma carta Kent afirma que Trump habría decidido iniciar la guerra gracias a “la presión de Israel y de su poderosos lobby estadunidense”. ¿Fractura en el sistema de seguridad?. Sí. Kent era miembro del equipo de Tulsi Gabbard, quien en diversas ocasiones también ha cuestionado los planes de Trump, pronunciándose en el mismo sentido en que lo hizo Kent hace pocos días. Kent es un ferviente seguidor de Trump y militante de MAGA (Make America Great Again), lo que hace que su renuncia sea doblemente significativa y habla de la falta de consenso que hay al interior del gobierno de Trump sobre los pasos a seguir en Irán. Sobre esto mismo, el organismo internacional de energía atómica (OIEA) ya había reportado que Irán no era un riego nuclear, toda vez que había verificado que el programa nuclear iraní no se desviara hacia fines no pacíficos, todo lo cual confirma que EU e Israel mintieron a la comunidad internacional sobre la prexistencia de Irán como un riesgo nuclear. Mientras tanto, las tensiones internacionales afloran. Destaca la disputa de Trump con la OTAN, que se niega a ofrecer su apoyo logístico para reabrir el Estrecho de Ormuz, arguyendo que la guerra de EU en Irán no es su guerra. Esto ha producido una grieta más al de por sí difícil trato que la OTAN ha tenido con EU en la era Trump. Así las cosas, conforme el conflicto se prolonga y Washington es renuente a pararlo, más difícil se avizora una salida digna, que sólo logrará distanciándose de su socio israelí. Una guerra más larga de lo que ya ha durado hará perder aún más votos a los republicanos y a Trump con miras a las elecciones intermedias de noviembre este año. El apoyo popular en EU a la guerra contra Irán (marzo 2026) es extremadamente bajo con encuestas señalando que sólo entre 7% y el 20% de los estadunidenses respaldan el conflicto armado, mientras que la mayoría lo desaprueba. El descontento se debe al impacto económico, el aumento de precios del combustible y la ruptura de promesas electorales. Esto hace pensar que Trump enfrenta un futuro cercano muy oscuro a nivel doméstico.
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