Al presidente Vladimir Putin no le ha bastado con convertirse en el mayor déspota y peor carnicero que ha tenido su país desde Stalin. Ahora amenaza a Europa con usar su armamento nuclear para disuadir a la UE y la OTAN de apoyar a Ucrania. Los sanguinarios bombardeos contra la población civil ucraniana, lo han hecho distinguirse como un individuo sin escrúpulos en el teatro de guerra que dio inicio en febrero de 2022 cuando ordenó la invasión en lo que sería, según él, un día de campo en toda forma. Resultó todo lo contrario y hoy tenemos ahí una guerra europea que amenaza la seguridad del continente y quizás de algunas otras regiones del globo.
Recientemente, el 30 de septiembre de 2026, en medio de tensiones en el mar Báltico, mediante una nota informal que Moscú envió a la OTAN, Rusia advirtió que no dudaría en usar “todo el arsenal” que tiene a su disposición, incluidas las armas nucleares, si es que la OTAN intentaba aislar la región de Kaliningrado de Rusia. Las amenazas que había realizado Rusia no tenían una gran credibilidad; de hecho, Ucrania continuó recibiendo armas y apoyo de los países occidentales, e incluso recuperó territorios y realizó ataques con drones sin que Rusia ejecutara una escalada nuclear. El Kremlin hasta ese momento sólo se había limitado a reiterar las amenazas esperando que ese discurso fuera suficiente para poder influir exitosamente en las decisiones europeas.
Con la amenaza de septiembre de 2026 cambia el énfasis de las amenazas, toda vez que se mandó un mensaje específico que involucra a Kaliningrado, territorio ruso que se encuentra entre Polonia y Lituania países que pertenecen a la OTAN, y tiene una alta importancia militar gracias a que alberga misiles y otras capacidades que son parte del repertorio militar de Rusia para imponerse en la región del Báltico. Se trata de una ubicación vulnerable y por dicha razón podría ser más preocupante para Rusia que en un momento de alta tensión uno de sus puntos estratégicos se encuentre atrapado en medio de dos de sus enemigos, con los riesgos, hechos explícitos por Moscú, de que la OTAN lo cerque. No obstante, desde la perspectiva de la Alianza, las operaciones de vigilancia y protección de infraestructuras en el Báltico son medidas defensivas y benéficas para el resto de Europa. Concretamente se conoce que el nerviosismo de Moscú escaló porque la OTAN aumentó sus maniobras y movimientos militares en el Báltico cuyo propósito, oficialmente se expresó, era el de instaurar un método para proteger infraestructuras submarinas.
Por su parte, los países de la UE han denunciado los sabotajes, incendios, incursiones de drones, interferencias del GPS y campañas de desinformación que le atribuyen a Rusia. Entre otros hechos graves, los alemanes denunciaron recientemente el intento de introducir un dron explosivo en una zona restringida del aeropuerto de Leipzig, acción que posteriormente el gobierno alemán vinculó con Rusia después de una investigación, todo lo cual, como siempre lo ha hecho, Moscú negó. Para Europa, las amenazas de Putin, más que responder a la defensa de la soberanía de Rusia, son parte de una campaña rusa para intimidar, lo cual incluye, ahora vemos, la amenaza de usar el arsenal nuclear. Y todo esto ocurre en el momento en que Rusia declara el apoyo a Irán de mantener sus programas de enriquecimiento de uranio y avanzar en la utilización de la energía nuclear. Hasta el momento la OTAN ha respondido que las acciones realizadas no representan una amenaza para Rusia, y Mark Rutte, secretario general de la OTAN, pidió a Moscú que terminara con la invasión de Ucrania y abandonara su “retórica nuclear irresponsable”.
En todo caso y a pesar de que Putin haya declarado también el 1 de octubre que usará todas las armas disponibles durante el debate del Club Valdái, llegar a lo nuclear sería autodestructivo, pues en un entorno en el que varias potencias tienen el acceso a dichas armas, no habría un ganador. La moraleja sobre el combate de dos escorpiones nos dice que cuando un escorpión pica, el otro también lo hace, muriendo ambos en el encuentro. Lo mismo pasaría en una conflagración nuclear. Esto lo saben Putin y su estado mayor, de tal forma que lo más probable es que todo se trate de una retórica del presidente ruso para intimidar y para poner a la defensiva a Occidente. Por último, hay que hacer notar el silencio de Donald Trump a las amenazas de Putin a Europa, el cual muestra el distanciamiento que Washington ha impuesto en su trato con Europa y la forma en que esto favorece a Putin en el contexto del enfrentamiento de Rusia contra Ucrania. Una perla muy reciente es la declaración unilateral de la “tregua energética” que se inventó Trump y que Rusia no respetó obligando a Zelensky, ulteriormente, a seguir atacando refinerías rusas. La ofensiva declarada contra el presidente ucraniano por parte de Trump, que incluye su demanda de que renuncie a la presidencia le ponen a Rusia en bandeja de plata una ventaja relativa en el teatro de guerra que podría significar, eventualmente, la victoria de Moscú sobre Kiev.
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