Donald Trump entró a una guerra de lleno que nunca calculó que podría perder. En efecto, el secuestro del Estrecho de Ormuz por parte de Irán es una muestra de lo poco calculado que Trump, el Pentágono y Netanyahu tenían sobre las repercusiones de la toma y bombardeo de Irán, y de los riesgos que se corrían por la aventura bélica. Hemos dicho que los objetivos originales eran dos: el derrocamiento del régimen de los ayatolas y el desmantelamiento del programa nuclear que supuestamente tenía a Irán a meses de lograr un enriquecimiento de uranio suficiente como para hacerse de la bomba nuclear. A la fecha y frente a la crisis económica y energética que afronta el mundo por el conflicto se observan fisuras en la relación de Trump y Netanyahu. “Los objetivos que el presidente ha planteado son diferentes de los objetivos que ha planteado el gobierno israelí”, hizo notar la directora de Inteligencia Nacional, Tulsi Gabbard, a los miembros de la comisión de inteligencia de la Cámara de Repres...
A punto de alcanzar un acuerdo con Irán en las pláticas sobre el programa nuclear iraní en Ginebra, Estados Unidos decidió atacar, junto con Israel, a ese país. Según ha trascendido, aparentemente Irán estuvo dispuesto a ceder en la mesa de negociaciones en prácticamente todas las demandas de EU e Israel sobre la necesidad de acabar con el enriquecimiento de uranio y su programa nuclear. Y aún así, Donald Trump atacó con la presión de Benjamin Netanyahu incluida. Esto nos lleva a la hipótesis de que en realidad lo que se busca en Irán no es únicamente que este país abriera a los observadores sus instalaciones nucleares y eventualmente abandonara el enriquecimiento de uranio, sino perseguir un cambio de régimen en Teherán. Esta estrategia, según The New York Times fue respaldada, si no es que liderada, por Netanyahu quien en su visita a Mar E Lago en diciembre y posteriormente a la Casa Blanca, convenció a Trump de bombardear y deshacerse del máximo líder, el Ayatola Alí Jameneí y la cú...